Estilo de vida

Adele también compra en Carrefour

Adele, por su propio pie, entra en un bar de chicas que prefieren la compañía de otras chicas, y se planta en la barra como si fuera la camarera pidiendo 2 mojitos para la mesa 6. ¡Mira que suerte!

“Maravilloso. Espectacular. Me he emocionao al verlo.”

Había escuchado tanto y tan bueno sobre La Vida de Adele, la última ganadora de la Palma de Oro en Cannes, que el día que me dispuse a verla por fin, planifiqué aquel visionado como quien prepara un ritual en la noche de San Juan. Tenía el vino descorchado, el móvil sin batería, y el helado cheesecake de imitación. Pero después de 3 horas de película, al llegar los títulos de crédito, mi vida siguió siendo la misma. Muy bonita sí. Pero tan cercana a la autenticidad como los 2 kilos de naranjas del Carrefour. Presentar La vida de Adele como una fotocopia realista del universo bollo me parece engañar al público. 

Es más, creo que el hecho de que sean 2 mujeres las protagonistas es totalmente caprichoso; podrían haber sido un chico y una chica perfectamente, sin que eso afectara a la trama narrativa, porque en La vida de Adele ni se plantean los conflictos personales de alguien que está descubriendo su homosexualidad, ni se reflejan algunos de los pormenores de una relación homosexual.

La historia que yo vi (spoilers sin fin)

Adele tiene 15 años y está muy buena. Ella lo sabe porque cuando folla lo hace con total seguridad en su cuerpo, como quien oposita para estrella porno, pero disimula su vanidad con expresiones de bebé atontado y ese tic nervioso que algún día la va a dejar calva.

Adele película

En su instituto están llevando a cabo un experimento sociológico sobre adolescentes y adicciones tecnológicas, supongo, porque nadie tiene teléfono móvil, así que todos se comunican como los seres humanos hacían antiguamente: hablando. A pesar de lo maja que es Adele, sus compañeras de clase lógicamente la odian, porque en otro instituto ellas serían simplemente feas, pero al lado de Adele se sienten como orcos en la Tierra Media; así que vigilan todos sus movimientos para ver cuando pueden pillarla en un renuncio.

Un buen día, en el camino de Adele se cruza una chica de pelo azul llamada Emma. Emma es de las que va gritando por los 4 costados: “soy guays”. Me recuerda muchísimo a una bollera pija que había en mi uni que se comía la boca con su novia en la cafetería ante un numeroso público, pero que en privado no se acercaba a un coño ni con una pinza en la nariz (saludos Laura si estás leyendo esto). Pensé: ojalá Adele se haya girado a mirarla porque la ha confundido con Marion Cotillard. Pero no. Esa misma noche se hace un dedal pensando en la guays del pelo azul.

Adele cree que algo va mal. Ella misma lo confiesa a su amigo gay, pero el temor ante la posibilidad de ser lesbiana le dura lo que los plátanos del Mercadona fuera de la nevera. Adele, por su propio pie, entra en un bar de chicas que prefieren la compañía de otras chicas, y se planta en la barra como si fuera la camarera pidiendo 2 mojitos para la mesa 6. ¡Mira qué suerte! La del pelo pitufo también está aquí, así que se ponen a hablar de las artes pictóricas, que es sábado y estamos de fiesta joder.

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Adele y Emma empiezan algo, algo tan evidente que hasta las trolls de sus compañeras aciertan a ver. Si tuvieran iPhone no habrían ni levantado la vista para ver con quién se va del instituto, pero la ausencia de tecnología las obliga a insultarla en su cara en lugar de hacerlo por Twitter. Puede que ésta sea una historia sobre bullying, pero no, el instituto no vuelve a aparecer, y podemos disfrutar de la relación de Emma y Adele. Ellas, como chicas de su tiempo que son, pasan el tiempo en exposiciones y hablando sobre las enseñanzas de Sartre. Imagino que en su televisor no tendrán sintonizada Tele5.

Adele es tan guapa y dulce que a su lado Emma no parece tan gilipollas. Por momentos, cuando las veo, en mi cabeza suena esa canción…”La fuerza del destino” de Mecano, sin que sea yo fan ni nada de eso, y paso por alto cosas tan poco sutiles como la comparación entre comer marisco y hacer un cunnilingus. Adele y Emma se aman como ángeles y follan como diablesas, y viendo el tutorial que se montan sobre cómo hacer una buena tijera, entiendo por qué Steven Spielberg les dio la Palma de Oro, y si hubiera hecho falta el Globo, el Oscar, y la corona de Miss España.

 

Pero en toda relación hay un punto de inflexión. En la de ellas ese punto viene durante una fiesta organizada para los amigos de Emma. Habéis adivinado, nadie ha venido disfrazado de Raffaella Carrà ni hay cocaína, pero como en toda fiesta que se precie, hay proyecciones de cine mudo y charlas filosóficas sobre el orgasmo femenino. Todos se quieren comer la pasta que ha cocinado Adele, y a Adele también, pero para Emma, su apetecible novia empieza a resultarle un tanto mediocre.

Y empieza el declive. Adele se siente sola porque Emma está cada vez más ausente, así que decide subir un escalón más en su camino hacia la madurez, y se tira al tío más feo que encuentra en su lugar de trabajo. Cuando se entera Emma, se pone en plan Van Gogh y Gauguin, como ella misma explicaría, y Adele se libra de la chica del pelo azul muy a su pesar. A partir de ahí el moqueo de Adele se vuelve más abundante, y a todas horas llora que llora por los rincones, ella que siempre reía y presumía de que partía los corazones.

Ni un fogoso reencuentro en una cafetería consigue volver a unirlas. Emma ya está con otra, con una rubia amiga suya que además es madre, lo que le da nuevas perspectivas para posturear sobre la maternidad y el arte; pero como buena perra del hortelano que es, invita a Adele a su exposición para que vea lo feliz que está sin ella. Tía, vete a la mierda ya. La pasión de Adele es tan intensa, su amor tan dependiente, que por un momento creo que se va a sacar una navaja del bolso, va a rajar todos los cuadros, y después va a hacer lo propio con el cuello de Emma y con el suyo, llegando a un final a la altura de las circunstancias. Pero no, Adele se aleja de la sala de exposiciones con un cigarro en la boca, borracha de emociones y, sin que ella lo sepa, perseguida por uno de los muchos que sueñan con tirársela.

Y fin.

Adele

La vida de Adele me resulta un ejercicio cinematográfico contemplativo, al que le sobran 35 minutos de pretenciosidad, y en el que toda la emoción gira en torno al buen hacer de una interpretación para la posteridad como la que ofrece Adèle Exarchopulos.

Si eres lesbiana y militante seguramente te indignes. Si eres hombre y heterosexual prepara la caja de Kleenex, y no precisamente para llorar. Pero que nadie espere que le sean revelados los misterios del amor entre mujeres.

Es verdad que con la aventura vital de Adele podemos hacernos una deliciosa naranjada, pero si ponemos en una báscula el saco de naranjas que hemos utilizado para hacer el zumo, los 2 kg que marca la etiqueta se quedan en 1,70.

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9 comentarios

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9 COMENTARIOS

  1. Avatar de LnLn

    OOO que curioso! A mi me encantó la peli. De hecho me gusto exactamente lo que a ti te resulta raro: podría ser entre una mujer y un hombre. Pues si! Se habla de amor y no de homosexualidad, el amor en esencia debe ser lo mismo en un caso que en otro. Me gustó la peli, me gustan las colores, llore como una magdalena con Adele por que yo tambien he sentido que mi mundo se paraba cuando se pierde al que amas. Me parece tambien que esta peli trata más de diferencias sociales que de homosexualidad. En fin, para gustos los colores, pero a mi me encantó :P

  2. Avatar de maitemaite

    a mi la pelicula me gustó mucho pero es verdad que podía ser la vida de un homosexual como la de un heterosexual, Aunque eso también está bien porque se supone que el mundo tiene que ir abanzando y la gente tiene que ver todas las posibilidades como normales no=?

      1. Avatar de DelDel

        No te quejes hombre ;) Digo yo (por experiencia) que tanto un primer romance lésbico como heterosexual… se pueden empezar con dudas que terminan en dos días o con dudas que no terminan. Cada persona es un mundo! y Adele… lo tenía más bien clarito.

        1. NadaramaNadarama Autor

          Bueno muy claro no lo tendrá cuando a los 3 años de relación todavía presenta a Emma en su casa como una “amiga”. Otra muestra de falta de veracidad en la película: ¿3 años de relación y Emma no ha exigido un nombramiento oficial como novia?

  3. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Hay un subgénero de cine francés que yo clasifico como “de director fascinado por una lánguida “. La lánguida está supuestamente buena, quizás un punto demasiado delgada para que se vea que su tumulto interno no le permite echar culo y pone caras de lánguida que me dan unas ganas inmensas de atizarle una colleja acompañada de un “¡Espabila ya, pavisosa”.

    Mi superejemplo de peli francesa con lánguida es Azul (y ahora ya podéis empezar a tirarme piedras por cateta anticinematográfica que nadie me convencerá de que 5 minutos de plano picado de un café con leche es arte).

    Y obviamente no he visto la peli pero eso no me iba a privar de opinar ¿no? :-P

  4. CristinaCristina

    Jajajaaaaaaa
    No he visto la peli , pero no creo que disfrutase tanto con ella como con esta crítica .
    Te perdono los spoliers del tirón porque me he mondado .
    Y no se que tiene el coco de Ronronia que casi siempre estoy de acuerdo con ella , en esta ocasión también .
    ¡Que bien me lo paso en este blog!

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