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Relaciones

La verdad de quienes no saben querer bien

Desafortunadamente, es un mal muy extendido y, afortunadamente, aceptado.

Para los que no lo supierais, Ana Obregón posó la semana pasada en la piscina de olas del parque Warner de Madrid y hoy el telediario ha dicho que Andalucía tiene ya un noventa por ciento de ocupación en gran parte de sus hoteles. Señoras y señores, el verano ha llegado sin que nos hayamos dado ni cuenta y yo ya estoy escribiendo mis artículos en calzoncillos y con un ventilador al lado. Like a boss.

Además de pasar calor, y teniendo en cuenta que ahora mismo no estoy trabajando- ni intención de hacerlo hasta llegado Septiembre, francamente-, mi objetivo para este verano no es otro más que intentar, una vez más, poner mis ideas en orden y asentar un poquito la coherencia en mi vida. A ver si esta vez tengo suerte, que falta me hace.

Como algunos sabéis, hace no mucho estuve un tiempo de ruta por los Estados Unidos. Uno de los últimos sitios que visité fue la ciudad de Salem, donde la amiga con la que viajaba insistió en que fuésemos a que nos echasen las cartas. Yo siempre he sido bastante escéptico de estos temas, y no porque no quiera creer, sino porque nunca me ha pasado nada que justificase el que lo hiciera. Pero irte de allí sin visitar al menos un museo y sin que te echen las cartas es casi un sacrilegio, de modo que con todo el dolor de mi alma pagamos treinta dólares por cabeza y allí estábamos.

Una de las cosas que me dijo el señor, que me inspiraba cero confianza por su falta de parecido con Sandro Rey- que es la imagen que se nos viene a la cabeza a todos cuando pensamos en un vidente, admitámoslo-, fue que tenía que eliminar por completo de mi vida a las personas que no fuesen estrictamente necesarias en ella. Que el dedicarles tiempo me perjudicaba más de lo que me beneficiaba. Probablemente fuese una frase estándar que utiliza con todo el mundo, vale… pero vi algo de verdad en ella, y desde que he regresado a España sólo he quedado y mantenido contacto con aquellos con quienes realmente me apetecía hacerlo. Y oye, me ha hecho apreciar mi suerte al tener gente- poca- que me quiere de la forma en la que lo hace teniendo en cuenta lo mal que se me da a mí querer.

Porque querer sabe cualquiera, pero no cualquiera sabe querer bien.

Las personas que no sabemos cómo querer bien no tenemos nada de extraño, poseemos exactamente la misma capacidad de querer que los que sí y el mismo derecho a ser queridos. Ni que decir tiene. Pero sí es cierto que fallamos, sobre todo, a la hora de transmitir ese sentimiento y de gestionar eficazmente nuestras relaciones, sean del carácter que sean. Por eso mismo considero que, paradójicamente y a nuestra manera, apreciamos el amor de manera más especial: porque somos conscientes de lo difícil que a veces resulta para otros querer a alguien como nosotros.

Sí, aunque no siempre sepamos hacerlo latente somos más apreciativos que otros del amor que tenemos en nuestras vidas; y es de las pocas ventajas que recibimos a cambio de todo el bagaje con el que tenemos que cargar, supongo. Porque el no saber cómo querer bien y ser consciente de ello supone un reproche constante a ti mismo, una guerra contra la que no sabes cómo luchar. “¿Por qué somos así?”, nos preguntamos. Estamos peleándonos con alguien a quien queremos, sabemos que lo que estamos a punto de soltar por la boca va a hacerle un daño irreversible y aun así, lo hacemos. “¡Idiota, que eres idiota!”, nos reprochamos. Queremos ayudar a alguien que lo necesita y, por nuestra nula capacidad de tacto y sentido del timing, terminamos consiguiendo y sin pretenderlo el efecto contrario. “Pero mira que eres torpe”, admitimos. No podemos controlarnos: decimos y hacemos las cosas equivocadas en el momento menos adecuado, y que Dios nos pille confesados si después intentamos arreglarlo. Lo único que logramos es echar más lodo al barrizal.

Por supuesto, estoy hablando a rasgos generales. Cabe destacar que esta gran etiqueta que estoy colocándole a los que no sabemos querer bien tiene sus matices y excepciones, y no a todo el mundo puede incluírsele dentro de este grupo. Porque hay gente que, directamente, es cruel; y eso ya poco tiene que ver con saber o no querer adecuadamente. Esa gente es tóxica y punto, hay que alejarse de ella e incluso me atrevería a poner en tela de juicio que tuviesen capacidad de querer alguna. No confundamos churras con meninas.

En resumen, hay dos clases de gente nada más: los artistas y todos los demás. No, ya en serio. Referencias a Concha Velasco aparte, tengo algo que deciros a cada clase: a los que no sabéis querer bien, tranquilos. No estáis solos. Desafortunadamente, es un mal muy extendido y, afortunadamente, aceptado. Habrá gente que sabrá mirar más allá de vuestras desacertadas palabras e infortuniosas acciones y os querrá igualmente. Somos gente empática, todos tenemos a alguien en nuestra vida que no sabe cómo querernos y, a pesar de ello, nos quiere tanto como nosotros a él. Y a los que sí sabéis querer bien, dos cosas: en primer lugar paciencia, tened por favor mucha paciencia con nosotros; y, en segundo, no os vengáis de rositas tampoco. Que también tenéis lo vuestro y ya iré a por vosotros en otro artículo.

Este artículo surge a raíz de la discusión con una amiga y de mi necesidad no por justificarme, sino por ser comprendido. A los que me queréis a pesar de todo mi equipaje, gracias. Como cantaba mi amiga la Adele, “the people I’ve met are the wonders of my world“.

Y a los demás, ya sabéis: quered bien o quered mal, pero queréos mucho.

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Amar  

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Dave SantlemanPor
Dave Santleman

Diseñador de moda y estilista. Andaluz, pero trotamundos. Habré tocado techo cuando me propongan rodar el anuncio de Navidad de Canal Sur.

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8 COMENTARIOS

  1. Lotta

    Estoy de acuerdo. La verdad es que yo soy todo lo contrario al tipo de personas de las que hablas, pero he de reconocer que mis últimas parejas eran precisamente así… Mientras estuve con ellos lo pase mal, pero cuando acabó todo y tome perspectiva, me di cuenta de que me habían querido ( y me quieren, o eso creo) a su manera, y que es su forma de querer, sin más… No es una decisión, es un hecho.
    Ya te diré si me siento identificada con el artículo “revancha” que vas a escribir….o si yo soy de “….todos los demás…” , aunque me siento muy artista…

  2. monsieur le sixmonsieur le six

    Será casualidad, pero tu artículo me llega justo en un momento en que me viene como anillo al dedo. Son momentos en los que haces daño a gente que quieres pero que, o no se dejan ayudar, o tú tampoco sabes cómo hacerlo, o las dos cosas.
    Tampoco tengo la solución al problema de no saber querer bien, pero al menos ya me siento menos solo.
    Gracias.

  3. Penélope

    Me encanta la honestidad con la que escribes…Defines muy bien lo que es pertenecer al grupo de los que no sabemos querer. Gracias por tus palabras de aliento y que bien que tengas tan buen gusto músical, es otra cosa que compartimos… Saludos desde Venezuela.

  4. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Mi primer novio decía que me quería. Mis amigos opinaban que me quería. Cuando lo dejamos, pasó un año horrible, se deprimió y me contaban que estaba tristísimo. Sin embargo, mientras estuvimos juntos, yo no era su prioridad ni mucho menos y casi siempre ponía por delante a su familia, sus amigos, su trabajo, sus aficiones e incluso, que es lo que hizo estallar la relación, sus aspiraciones políticas de medio pelo y sus ganas de trepar. ¿Me quería? Aun hoy, cuando habla de mí, él jura que sí, así que he llegado a la conclusión de que “te quiero” no significa lo mismo para personas distintas, y hay gente con la que diverge tanto que es parecido a si te lo dice un alienígena, tipo “¿qué me querrá decir con te quiero este tío verde con 8 ojos de Alfa Centaurii?”. Así que mejor no pensar que no te quieren sino que su manera de querer no se te adapta y no te hace feliz, ni lo hará nunca, que, como dices, te quieren mal o, al menos, mal para lo que tú necesitas. Que sigan, por tanto, su camino, y así podréis encontrar ambos quien os quiera como necesitáis.

    1. Dave SantlemanDave Santleman Autor

      Pues sí Ronronia, a veces nos aferramos a un imposible y no nos damos cuenta de que, si no estamos dispuestos a aceptar las cosas que no podemos cambiar, nos quedamos estancados en un punto y hacemos de todo menos avanzar ni dejar al otro que lo haga. ¡Gracias por comentar! :)

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