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La triste vía de escape

Nos ayuda más una fotogénica taza motivadora llena de café con espuma que un abrazo.

Hace un par de días me fui a tomar algo en una de mis coctelerías favoritas. Tocaban jazz en directo y yo necesitaba unas horas de desconexión. Me pareció un buen plan.

Me senté en un sofá rojo y pedí un Dry Martini. La sala empezó a llenarse para el concierto. Tres chicas jovencitas se sentaron a mi lado. No tendrían más de veinte años. Las tres iban vestidas igual: un pitillo negro y alto con las rodillas al aire, camiseta corta que dejaba ver su abdomen plano, zapatos con una suela muy ancha (yo presumía de unos parecidos a finales de los 90, qué curioso), y un par de anillos en cada dedo. Todas tenían el pelo largo y lo llevaban suelto. Lo único que las diferenciaba eran los tatuajes. Bueno, no. Todas llevaban tatuado el mismo triángulo, pero en diferentes partes de su cuerpo: en la clavícula, en la muñeca, en la parte interior de antebrazo.

Pidieron algo para beber, pero no se hablaron entre ellas en ningún momento: estaban muy ocupadas solucionando algo que estaba pasando en Facebook. Tenían caras de preocupación absoluta.

Cuando apareció el camarero con unos cócteles rocambolescos, empezó el show. El show de selfies. De repente lo estaban pasando de puta madre, levantaban las copas tres veces por segundo, ponían morritos, sacaban la lengua, se besaban entre ellas… Cada vez que acababan con una sesión, repasaban el resultado, no quedaban satisfechas y volvían a empezar. Todo el bar les estaba mirando, pero a ellas les daba absolutamente igual. Sacaban una foto detrás de otra, y otra más, y otra por si acaso. Me quedé completamente ciega de tantos flashes (aquello parecía la entrega de los Oscar).

También hicieron fotos a las bebidas, después fotografiaron unas a otras y al camarero del local que se sintió muy molesto y lo manifestó. Ellas le sonrieron y seguían con lo suyo. Para rematar, me pidieron que les hiciera una foto más. Se la hice a regañadientes.

Una vez se quedaron satisfechas con el resultado, dejaron los cócteles en la mesa y, sin intercambiar una sola palabra, se pusieron a retocar las fotos y a colgarlas en Instagram.

Quince minutos más tarde, se acordaron de las bebidas y se pegaron a las pajitas.

Una de ellas le preguntó a la otra:

- ¿Has visto a tu churri esta semana?
- No, por lo que veo en su Instagram, está de viaje con la zorra de su mujer.

Fue lo único que se dijeron en todo el tiempo que estuvieron en el local.

Terminaron con las copas, pagaron y se marcharon.

Es una situación bastante típica, me temo. Pero no me deja indiferente.

¿En qué momento las redes sociales dejaron de ser una diversión para convertirse en la necesidad vital? ¿Cuándo habíamos dejado de compartir los momentos para inventarnos la vida que nos gustaría tener?

Nuestra vida ya no es interesante si no tiene cinco filtros y cientos de likes. Disfrutamos más de hacerle foto a un desayuno que de comerlo después. El grado de nuestra felicidad depende de la vida que tenemos detrás de la pantalla. Nos compramos la misma ropa que tienen las chicas afortunadas que viajan mucho y tienen éxito. Menospreciamos a nuestra pareja si ésta no es tan detallista como la de @fulanita, queremos ser una madre siempre bien maquillada que vive en una casa blanca con los niños que jamás ensucian nada. Ya no nos influye la conversación con un amigo, sino el Influencer de turno con su foto de piruleta. Nos ayuda más una fotogénica taza motivadora llena de café con espuma que un abrazo.

Ya sé que no acabo de descubrir el mundo. Que no es nada nuevo. Que, en cierto modo, los engaños en las redes sociales son nuestra vía de escape. Pero yo soy de las que piensan que en vez de escaparse de algo, primero hay que intentar mejorar lo que ya tienes. Y que a veces es tan fácil como apagar el móvil.

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17 comentarios

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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17 COMENTARIOS

  1. Avatar de JaumeJaume

    Como decirlo…

    No puedo estar mas de acuerdo, hace un tiempo vi un video (Creo recordar que era en Facebook) que no era más que una representación de la mentida que vivimos todos en las redes sociales. En los que nos importa más los likes de las fotos, que si verdaderamente lo has disfrutado.

    Triste la vida que nos espera, preveo un aumento de trabajo para los psicologos…

    Jaume.

  2. essostreessostre

    Mi opinión tal vez no sea muy válida, hace tiempo que no salgo y además ya tengo cierta edad… Pero creo que lo que cuentas es solo una moda pasajera, una fiebre, una banalidad que sustituye a una vana conversación que tampoco aportaría nada más. No creo que esas tres sean distintas de las que hace pocos años hablaban sin escuchar y se juntaban para ampararse frente al rudo mundo que les rodea. La juventud se cura con el tiempo.

    1. Alena KHAlena KH Autor

      Ojalá fuese cierto. Ojalá sólo fuera una moda. Por desgracia, veo que cada día la cosa va a peor. Sobre todo en los adolescentes. Me preocupa que la autoestima de los más jóvenes dependa de los comentarios de unos desconocidos.

    2. Avatar de EditaEdita

      Mi madre hace poco ha descubierto el facebook y está contentísima. Más contento aún está mi padre porque ya puede ver el futbol tranquilo, y más contenta aún estoy yo, porque ella ya no tiene necesidad de hablar conmigo cada día. Curioso, los libros nunca le han gustado a mi madre, pero el faceBOOK – si. Todo lo contrario a mi.
      Prefiero ver el lado positivo en este asunto – es muy tarde, no quiero pesadillas :)

      1. Alena KHAlena KH Autor

        Te voy a contar algo más curioso. La madre de una amiga mía, cuando se hizo de Facebook, no entendía bien bien cómo funcionaba (como muchas otras madres, claro). Entonces la señora pensaba que todo lo que apetecía en las “últimas noticias” estaba allí porque le hablaban a ella. Y nos respondía a todos.

        Un día publiqué una foto mía en la playa, en bikini, y ella le dice a su hija (mi amiga): “No entiendo por qué Alena me envía una foto con tetas casi al descubierto, en bikini”. Mi amiga le explico: “Mamá, que no te lo envía a ti, lo publica para todos”.

        La señora se escandalizó: ” ¿La foto en bikini se la envía a todos? ¿Por qué?

        Pues oye, qué razón tiene…

        1. Avatar de EditaEdita

          Si hay gente que usa algo que no sabe cómo funciona, ¿de quien es la culpa?
          ¿Es la culpa de un semáforo si alguien lo pasa en rojo y le atropella un coche?
          ¿Es la culpa de los vendedores de fruta si alguien la come sin lavar y después tiene diarrea?
          ¿Es la culpa de correos si alguien no recibe una carta porque al remitente se le olvidó a pegar un sello?
          Si voy a un club que no conozco y de repente veo que la gente empieza a desnudarse, ¿qué hago? Empiezo a gritar: “¡¿Pero qué pasa?!PORQUE lo hacéis?” No, no voy a gritar que dejen a desnudarse, entenderé que debería de haber leído en la entrada que tipo de sitio es y saldré.
          Ignorantia juris non excusat (‘la ignorancia no exime del cumplimiento de la ley’) dice el principio de Derecho. Y muy bien que lo dice porque hay muchas personas que siempre buscan culpables de sus acciones, porque ellos nunca tienen la culpa.
          Si no sabes nadar – no te metes al agua. Y si ya estás dentro y empiezas ahogarte, es recomendable gritar “¡Ayuda!”
          Porque gritar “¿PORQUE?” y culpar el agua y el gobierno por lo que te ha pasado, no te va a servir mucho.

  3. Avatar de Kruzio BaalKruzio Baal

    Buenas! Llevas toda la razón, al menos en Bilbao y alrededores se ve demasiado, incluso llegando al extremismo.

    Fui fotógrafo de discoteca un par de años, y la verdad me gustan las fotos al natural o totalmente retocadas de tal forma que no sea un “photoshopeo eres l oque no eres”, sino algo como quitar todos los colores cálidos y cosas por el estilo. Lo lamentable es que importa más la apariencia por la falta de autoestima, falta de cariño paterno-filial… no soporto las escenitas chorras de llamar la atención, y menos en fotos.

    Hace bastante tiempo que solo me dejo caer por la vida nocturna si algún evento o cumpleaños de alguna amistad me reclama, pero ne cuanto a la juventud, será que estoy como Aristóteles: arisco y cansado de lo que llevo viendo. ¡Más y mejores abrazos y menos filtros!

  4. Avatar de Marcel AlbornozMarcel Albornoz

    Al fin y al cabo, las redes sociales (en especial Facebook o Instagram, ya que Twitter creo que tiene, mayoritariamente, otro espíritu) en este sentido no son más que una herramienta para la expresión paroxismal del esnobismo más insoportable y patético: he ahí la esencia del problema. Siempre ha existido, pero con estos canales de comunicación (ligados a la tecnología móvil, no lo olvidemos) se potencia hasta el infinito.

  5. monsieur le sixmonsieur le six

    Creo que todo son etapas en la vida, y depende de lo que busques en cada una. Yo hace algunos años también ponía fotos por Internet; no tanto en facebook porque aún no se conocía o estaba en sus comienzos, pero sí en foros, etc. Pero claro, eran los días de vida social, de ir de aquí para allá, de mañana un concierto y a la otra semana un viaje a no sé dónde para quedar con unos amigos… Y en ese contexto, tenía un cierto sentido, puesto que las redes sociales están en parte para vencer la distancia y conseguir que, por ejemplo, cuando vas a Madrid a quedar con alguien, nuestros amigos comunes en Granada puedan ver cómo nos fue, sin necesidad de ir enviando a cada uno las fotos por correo, por ejemplo.

    Ahora, con menos vida social y más de pareja, cuelgo muy pocas cosas. La dinámica familiar no acompaña tanto para ir compartiendo lo que haces, y de hecho las cosas que haces tampoco son tan llamativas. Creo que esto también tiene sentido.

    Otra cosa son los modernillos que se creen los reyes de la fotografía o los nuevos filósofos capaces de captar la belleza de un instante, y le echan fotos hasta al café con leche con croissant de la mañana y lo suben a las redes. Ellos sabrán.
    También caso aparte son los adolescentes hipertecnificados, que han crecido rodeados de móviles táctiles y redes sociales, y parecen creer que la vida es algo que se ve en una pantalla, y que tu propia vida en realidad la contemplas y la muestras en tus fotos. Son actitudes difíciles de valorar porque jamás antes en la Historia se tuvo esa posibilidad, y no conocemos realmente sus consecuencias, ni positivas ni negativas.

    Pero creo que se les pasará. Llegará un momento en el que vivir tan conectado con el resto del mundo ya no les resultará tan práctico y disminuirán el nivel de publicaciones. De hecho yo noto en muchos de mis contactos que, igual que yo mismo, ya publican muy poco y sólo cuando realmente quieren compartir algo con los demás.

    1. Avatar de EditaEdita

      ¿Pero porqué lo hacéis si os parece algo negativo? ¿Simplemente porque “todos lo hacen”, porque es la moda? Es que algo aquí yo no entiendo – sois parte de lo “malo” pero seguís haciéndolo y lloráis: “Que triste…”
      Lo siento, no lo entiendo, es una forma de masoquismo moderno, ¿o cómo llamarlo? No sería lo correcto si todos los que lo entendéis lo que está pasando es triste, primero dejarais vosotros mismos de hacerlo?

      1. Avatar de EnricEnric

        Quién dice que lo hacemos? Una cosa muy distinta es utilizar las redes sociales y otra muy distinta no saber dejar de hacerlo. A mí nadie me ha enseñado a utilizarlas, pero el sentido común me dicta que mi vida es prioritaria respecto de las vidas de los demás y del número de likes que recibo.

        Me parece triste que haya gente que opine que valen lo que valen sus likes.

  6. Avatar de EditaEdita

    Como has dicho que “cada vez PRESTAMOS menos atención a nuestras vidas y más a las fotografías en las que los demás nos muestran la suya”, entendí que te incluyes a ti también entre los “adictos”.
    Me alegro que no sea así :)

  7. Avatar de ZarcoZarco

    Lo peor es que no es cosa de adolescentes.. No me queda lejos la treintena, y mi tablón facebook es una continua pelea.

    Chicas con la edad de cristo subiendo fotos (a diario!!) en el gimnasio, el que se va a correr menos de 4 kilómetros y te clave 3 selfies sudando como un gorrino, la que te sigue recordando en Abril que en Agosto fue a Ibiza o Londres, el que sube fotos de sus cubatas en cualquier lugar y circunstancia.. Eso si, el que mas me mata, es el de la típica que acompaña un selfie “por que si” con una frase con moraleja o reflexiones rollo “solo quien me conoce puede juzgarme” .

    Nos preocupa mas aparentar ser felices que serlo. Y que te lo reconozcan.. Herramientas que pueden complementar una vida estupenda se convierten en tu losa, en tu único objetivo y modo de felicidad.. Escenas como la que cuentas del club de jazz son las habituales. Yo he sufrido quedadas sin fondo con 600 fotos, cumpleaños con chicas sentadas y aburridas en una discoteca, solo interrumpidas con sesiones de fotos cada media hora.

    Vale que las redes sociales te pueden servir para un chutillo de autoestima, pero hay límites. El otro día me comentaba una amiga, la cual tiene una amiga suya que siempre me hizo gracia. Le dijo que echa de menos mis likes en sus fotos, que qué pasaba. Y la hablas y pasa. ¿En qué quedamos? ¿Te pone más un like que un polvo?

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