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Sociedad

La educación sentimental

Seguro que hay grupos terroristas más compasivos que un grupo de whatsapp de madres.

Hola. Soy la nueva. Me hago llamar Sashimi Blues. Es un guiño a Murakami y a mi comida favorita.

Me gusta la sencillez y sofisticación del pescado crudo y de las cosas que me rodean. Alena y yo nos conocimos justo cuando iba a ser madre. Nos leíamos mutuamente y compartíamos gustos, coincidencias y cierta visión sobre la vida. De esa admiración nació el cariño, y viceversa. Mis pocas ganas de etiquetarme como mami al uso y su rebeldía innata hicieron buenas migas. Hace poco me pidió que escribiera en el blog, aportando mi experiencia como madre. Bueno, y como mujer. Porque lo uno no está reñido con lo otro, aunque a veces lo parezca. Así que, a modo de presentación, os voy a contar cómo he llegado a este punto de mi vida y qué quiero cambiar de la misma.

Yo me crié en los ochenta. Una época de estilismos confusos y peinados imposibles en la que ser niña implicaba tener una colección de barrigutas, una Nancy Primera Comunión y no perderte ni un viernes el “Un, dos, tres”. Si a eso le sumamos que estudié en un cole de monjitas y que éramos 42 chicas por clase, se puede decir que intentaron hacer de mí toda una señorita. Malo. A mí me gustaban los pantalones, el pelo corto y llevar pistola de juguete a clase. Niños, pocos. Vecinos con los que correr tras un balón y llorar mucho.

Luego, en el instituto público, ya en clases mixtas, aprendí a convivir con aquellos seres peludos y malolientes que tanto me atraían. Todo ello, arrastrando una educación nula en sexualidad y en feminismo, negando cualquier tipo de deseo y con el miedo de ser señalada por hacer algo indebido. Las chicas esperaban meses, incluso un año para tener relaciones sexuales con su novio por el miedo a ser abandonadas tras el “acto”, o eran condenadas al ostracismo más duro por hacer uso legítimo de su cuerpo. Con este panorama, y pensando dónde me encuentro ahora, tengo la sensación de haber hecho un recorrido solo equiparable al hombre que llegó a la luna.

Con esa mochila a mi espalda, una larga temporada en Francia y más traspiés que aciertos, me encontré un día viviendo una vida estable. ¡No! No me imaginéis como una señora acomodada, familia perfecta y mechitas rubias. Mi día a día es más parecido a una película de cine mudo, donde los personajes van a cámara rápida y apenas entiendes lo que pasa.

Tengo pareja, una niña pequeña, soy profesora de secundaria, me muevo en transporte público y, a veces, me pongo tacones. Sí, soy una de esas amigas que te dicen que no tienen tiempo ni para sentarse, que sacan del bolso las toallitas de bebé o que se van al supermercado a hacer la compra para tener un momento de evasión. Y aunque cumpla bastantes de los requisitos, no quiero que se me tache de superwoman. Simplemente soy una mujer. Ni quiero ni debo ponerme una etiqueta que me esclavice. Sí, soy capaz de hacer varias cosas a la vez, de ser encantadora y de no despeinarme casi nunca. Pero también me desespero, me equivoco, sufro, me agobio y me pongo calcetines desparejados.

La sociedad nos impone un canon de perfección femenino imposible de alcanzar. ¡Y ni os cuento cuando eres madre! Dietas posparto, dietas preparto, crianza con apego, la liga de la teta, que si estimulación temprana, que si elegir el colegio perfecto… Seguro que hay grupos terroristas más compasivos que un grupo de whatsapp de madres. Sí, madres, porque somos nostras las que nos exigimos, criticamos, etiquetamos y aplicamos el machismo más cruel, queriendo abarcar el grueso de las tareas y apartando a nuestra pareja por creerla menos capacitada.

Así que contemplemos el panorama. La mía, es una generación criada en la anulación del placer, en la responsabilidad abnegada, que ha tenido que subirse al carro de las tecnologías en marcha y que se impone metas inalcanzables. En resumen, nos estamos volviendo locas. ¡Y yo me planto! Lo mismo que hemos entrado en este círculo de mentiras y autoengaños, podemos salir de él. ¿A qué esperamos?

Como madre que soy, quiero que mi hija tenga una buena vida, que sepa afrontar las dificultades y que pueda elegir libremente su camino. No deseo que sea feliz, porque no lo será siempre, sino que sepa vivir con plenitud lo que le toque vivir. El mayor triunfo sería que pueda ver el salto generacional entre ella y yo.

Quizás, dentro de unos años, también le dé por escribir y publique un artículo que se titule “Mi gran educación sentimental”.

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19 comentarios

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Sashimi BluesPor
Sashimi Blues

Madre, esposa, profesora de secundaria y otras etiquetas al uso. En Intersexciones doy mi visión sobre esa vida estable que algunos anhelan y otros demonizan.

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19 COMENTARIOS

  1. Ana

    ¡Bienvenida! Me ha gustado muuuucho, estoy en el momento conejo de mis amigas, venga traer niños al mundo, y sinceramente han cambiado algunas a un nivel de madre pro que dan miedo. ¿Dónde están todo lo modernas que eran? Ahora son madres y señoras de, deberían leer esto.

  2. Avatar de CarolinaCarolina

    Realmente mi nombre no es Carolina ,pero una de mis canciones favoritas lleva ese nombre .También me gusta Murakami , me crié con las Nancys , veía el un , dos , tres y fui a colegio de monjas exclusivamente femenino . Desde muy pequeña era más de baloncesto que de gimnasia rítmica (la rítmica era lo más para las de mi clase , por cierto 42 ) y siempre me he sentido mejor entre hombres que entre mujeres . Luego pase al instituto público mixto y arrastré la misma educación nula en cuanto sexualidad , era un tema casi prohibido en casa. Me dí cuenta que lo único femenino que tenía era el nombre y que, menos mal ,me sentía atraída por ese sexo del que desconocía absolutamente todo, aunque entonces era casi invisible para ellos . Nunca me han gustado hacer “cosas de chicas”. Imaginaros dieciséis , más bien chicazo, y todavía sin regla por mi cabeza pasaban todas las posibilidades. Luego , pegue el cambio , como decimos por aquí y cultive mi lado más femenino .Termine la Universidad , encontré un trabajo , un compañero de viaje y fui madre . Una madre más , que se esfuerza todos los días por dar el nivel que se le pide socialmente no solo como madre ,sino como profesional y como mujer. Una madre más , que todos los días, lo único que le echa en cara a su madre , es que la educase en la responsabilidad . Esa frase que tanto repetía ” primero la obligación y luego la devoción ” . Porque te das cuenta que a veces ,muchas veces , tanta obligación no deja tiempo a la devoción . Y que con 45 cumplidos , se te escapa la vida , como el agua entre las manos y no lográs sujetarla . Y que te quedan muchas cosas por hacer , por ver , por disfrutar ……Y tu sigues ahí , intentando dar el nivel según te han enseñado . Porque somos el producto de nuestra educación , porque somos esclavos de nuestra educación

  3. Cristinaanonymous

    Pues si .
    Y ¿cómo es la presión de las redes sociales , petada de madres PERFECTAS ?
    A mi me entra un poco la risa , tías súper estilosas que tienen unas habitaciones infantiles que son como bosques encantados, preparan unas cenas que las salchichas llevan trench hecho con bacon y tienen ojitos todas las frutas, hacen mantas de ganchillo nude y mint y unas fíestas infantiles cuando sus bebes cumplen un año que a Gatsby ( si , el Gran ) le parecerían excesivas ….
    Qué asquito, por Dios .

  4. Avatar de CaroCaro

    Pues yo si me llamo Carolina ^.^ y estoy con Alena, esa frase está hecha para ser tuiteada….XD

    Aun no soy madre así que no puedo dar ese punto de vista, pero también crecí en los 80 y me siento totalmente identificada con el oscurantismo sexual en que crecíste, así que sí, niña, que hemos recorrido un camino largo pero que somos la leche…joder, y sí nuestras hijas jamás podrán decir la frase de es que a mi no me enseñaron nada sobre el sexo y los sentimientos mis padres.

    Olé!

    Chuuu!!!

    1. Avatar de Sashimi Blues

      Crecí en una familia donde recibí, y recibo, mucho amor. Ese no es el problema. Creo que era que no se contemplaba la opción de criar en la aceptación y disfrute de nuestra sexualidad. Y con ello no solo me refiero a las relaciones en si, sino a comprender y amar lo que eres. Bastante tenían nuestros padres con criarse en una dictadura. ¡Menudo salto generacional!

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