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Relaciones

La Cartilla de Garantía anti devoluciones

Es épica la anécdota de una vez que pelearon por algo que nadie recuerda ya, y Luisa Isabel dejó de hablarle a Orlando por tres meses.

Hace más de 46 años, Isabelina, pocos días después de que Orlando pidiera la mano de su hija Luisa Isabel, le dijo a ésta “quiero hablar cuanto antes de algo muy serio contigo y con tu prometido”.

Luisa, de 18 años, llamó a Orlando y le dijo que su futura suegra quería hablar con ellos. Orlando, como es natural, se acojonó porque pensó que Isabelina pondría un ‘pero’ inesperado al compromiso.

Sin embargo, Orlando, de 23 años, no tenía nada que temer. Isabelina siempre había pensado que era un buen muchacho. Sus credenciales le avalaban: joven, graduado universitario con honores y con una prometedora carrera en la industria petrolera. Además, Luisa Isabel y Orlando ya eran novios desde 1962, cuando que ella tenía 15 años y él 19.

Isabelina estaba más que complacida con el compromiso. Luisa Isabel y Orlando estaban bendecidos. Excepto por un detalle. Lo que Isabelina tenía que decir podría causar un efecto contraproducente en la pareja.

Orlando entró al pequeño apartamento en la urbanización Bello Monte de Caracas. Los ojos de Luisa Isabel brillaban con una mezcla de ilusión y miedo. Los jóvenes rozaron brevemente sus manos y se dirigieron al salón, donde sentada, sin cruzar las piernas, Isabelina esperaba, en una postura perfectamente recta y ojos escrutadores, tras unas profundas gafas de ver.

Luisa Isabel se sentó al lado de su madre y Orlando, hizo lo propio, en un sillón al frente de ellas. –Usted dirá, Doña Isabelina-. Dijo Orlando con voz firme y sin vacilar.

Lo que vendría se convirtió en una tradición familiar desde entonces. Se trata de la “Lectura de la Cartilla o Librillo de Garantía”. Isabelina no quería correr ningún riesgo y por ello dijo lo siguiente:

Verá joven. Yo sé que usted quiere mucho a mi hija. Pero ustedes ya tienen algún tiempo frecuentándose e imagino que algunas de las cosas que le diré no serán ninguna sorpresa. Pero, por si las moscas, las diré para que quede constancia que le he dicho los defectos de Luisa Isabel.

Ella puede ser muy dulce, pero es una muchacha muy difícil. Cuándo se molesta sale fuego de sus ojos y no perdona. Es muy fuerte y firme, pero a la vez es orgullosa y rencorosa. Sé que Usted cree que nunca le dará razones para enfadarse, pero eso es lo que Usted cree. Ella se enfada por todo y Usted se dará cuenta de lo que hablo.

Sé muy bien que lo que diga en este momento servirá de poco porque están enamorados. Y cuando se es joven y se está enamorado, uno no atiende a razones. Yo he cumplido con mi parte, le he dicho su principal defecto y me eximo de cualquier reclamación o devolución al respecto de lo comentado. Esta ha sido la lectura de La Cartilla de Garantía de Luisa Isabel. La decisión está en sus manos.

Orlando sonrío con dulzura y miró a Luisa Isabel, que miraba en silencio endemoniado a Isabelina, lo cual borró la breve sonrisa del joven. Él miró a su suegra y asintió diciendo “No tendrá de que preocuparse, lo nuestro será para siempre”

Isabelina no estaba equivocada, Orlando tampoco. Cuenta la historia que, en sus primeros años de matrimonio, los problemas cotidianos no tardaron en llegar. Orlando también venía con defectos de fábrica (aunque nadie le advirtió nada a Luisa Isabel). El joven ingeniero era muy bueno en todo, ridículamente bueno en todo lo que hacía. A sus 70 años de edad lo sigue siendo, despertando esa extraño sentimiento que mezcla admiración divina con envidia cochina.

Orlando y Luisa Isabel fueron de recién casados, y aún lo son, de esos que siempre tienen la razón. No porque lo digan ellos sino porque lo demuestran con sus acciones. Eso, al principio, fue una bomba de relojería. Se enfrentaban, se confrontaban, se desafiaban. Es épica la anécdota de una vez que pelearon por algo que nadie recuerda ya, y Luisa Isabel dejó de hablarle a Orlando por tres meses. Él, tan o más orgulloso que ella (pero con mucha más fuerza de voluntad) decidió que tampoco le hablaría y no cedería ante el berrinche. Así pasaron 90 días de ayuno comunicacional en una pequeña casa del pueblo petrolero de Anaco, en Anzoátegui, Venezuela.

Con el tiempo pudo el Amor. Con más tiempo, como suele ocurrir con las parejas, se fueron mimetizando y dejaron de luchar como carneros y empezaron a jugar en equipo teniendo siempre la razón, como siempre, pero ahora sobre las mismas cosas, compartiendo aciertos y equivocaciones. La clave en una relación es el jugar en equipo con una visión compartida. Ellos lo lograron.

A los tres años nació José Orlando (1969), luego Luisabel Sofía (1972) y finalmente, tras volver a la capital, nació Rafael Orlando (1977).

En 1996, el primogénito, Abogado de la República, decide casarse con la embarazada Verónica. Luisa Isabel, de 49 años, se sentó con José Orlando y Verónica y le leyó la Cartilla de Garantía. Quería dejar claro cómo era (y es) su hijo: amiguero, amante de la noche y del baile, y con poco margen de cambio de actitudes. Le dijo “Síguele el ritmo, y lo veo difícil con un bebé por venir. Él seguirá saliendo y divirtiéndose. Contigo o sin ti”.

Así fue, Jotica, como le llaman, no cambió ni un ápice en su nueva condición de casado. Verónica no pudo seguir sus pasos y al poco tiempo se divorciaron.

Luego fue el turno de Luisabel, que sería llevada al altar por su novio de más de 9 años. Carlos Leopoldo, el futuro yerno de Luisa Isabel se sentó a escuchar. Le dijo: “No te desvíes del camino. Ella es más grande que tú y si, en el futuro, aunque tengan muchos hijos, ella nota algo que no le guste, agarrará a sus muchachos y empezará una nueva vida, dejando atrás”.

Por fortuna, Carlos Leopoldo es otro grande entre los grandes y al sol de hoy siguen juntos y felices en una familia de serial de televisión tipo los Brady.

Respecto ha José Orlando, ha habido dos lecturas más de Cartilla. Sí, Jotica ya va por su tercer matrimonio. El segundo con Massiel, madre de su segunda hija y ahora (desde 2007) vive  en matrimonio con La China (Doris), quien hasta ahora no solo le sigue el ritmo sino que baila más que él.

Rafael Orlando también se ha desposado. Al igual que el tercero de José Orlando, se ha casado en 2007. Pero su mujer, Irene Alicia no recibió el beneficio de la lectura de Cartilla de Garantía.

No queda claro si fue un olvido o una decisión concienzuda para evitar que Irene Alicia se echara atrás en un cambio inesperado de los acontecimientos. Lo cierto es que posiblemente así hubiese sido, porque Luisa Isabel, aún cuando sabe que Rafael Orlando es una versión 3.0 de su prole, también reconoce sus defectos: ególatra, egocéntrico y con un toque de sociópata megalómano. Pero sin temor a equivocarme, eso es precisamente lo que atrae a Irene Alicia hacia él.

¿En vuestras familias también existen garantías de reclamo o devoluciones cuando entregáis a algún miembro a otra persona? ¿Creéis que la Lectura de La Cartilla o Librillo de Garantía exime de responsabilidad los progenitores? ¿Cuántas veces os habéis preguntado por qué nadie os advirtió de los principales defectos de vuestras parejas?

Epilogo:
Este post está dedicado a mis padres Orlando y Luisa Isabel que este 23 de Diciembre de 2012 han cumplido 46 años de casados y en Agosto de 2012, 50 años desde que se hicieron novios. Aún son novios y enamorados adolescentes, a sus 70 y 65 años respectivamente.

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7 comentarios

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MendezPor
Mendez

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“La clave en una relación es el jugar en equipo con una visión compartida.”

7 COMENTARIOS

  1. RigarRigar

    Me encanta, sin más, Mendez.
    Son muy interesantes las preguntas con las que rematas el artículo, tanto que mejor no quiero ni pensar en las respuestas.
    Por suerte hoy nos podemos permitir ,sin que se nos mire mal, tener las parejas que creamos ncesarias para poder evaluar si realmente tenemos futuro o no en esa relación, luego está por ver qué pasará, que como suelo decir más a menudo de lo que debería: “Seguro en la vida sólo es la muerte”.

  2. Alena KHAlena KH

    Yo voy a responder a tu pregunta: “¿Cuántas veces os habéis preguntado por qué nadie os advirtió de los principales defectos de vuestras parejas?”

    Ninguna.
    Los defectos que puede verle mi futura ex suegra, pueden llegar a ser virtudes para mí. Es más, me acuerdo una vez que una de mi ex suegras me dijo: cuidado, que es un culo inquieto: siempre quiere hacer cosas y no parea. Creo que fue una de las parejas más divertidas que tuve.

  3. Avatar de anonymous

    Querido Mendez tienes toda la razón del mundo. Ojalá mi suegra me hubiera avisado de que mi novio es sonambulo. Pensareis que soy cruel pero es inaguantable. Es una enfermedad mas que un defecto pero estoy asqueadisima. Se levanta cada noche a pasear, tengo que cerrar la puerta con llave y estoy acojonada. Lo amo pero no sé que hacer. :(

  4. CristinaCristina

    ¡Menuda soy yo para que me adviertan de nada!
    Y no . Tampoco avisaron a mis parejas de mis defectos …
    Cuando estas en ese estado de imbecilidad transitoria da igual lo que te digan , sólo ves lo que quieres ver .
    Pero …la historia es preciosa .
    Te felicito por el post .
    Me ha encantado .

  5. monsieur le sixmonsieur le six

    Nunca presupongo la perfección en nadie. Cuando empiezo con una mujer, soy perfectamente consciente, sin necesidad de que me lo diga ninguna suegra, de que tendrá defectos, que habrá días en los que se me hará insoportable o cansina, y que llegarán incluso momentos en los que me plantearé qué diablos hago con ella, con la de chicas maravillosas que hay por el mundo. Es más: si no llegasen esos momentos, me mosquearía. Me resultaría sospechosa tanta perfección.

    Es más: como bien señala Alena, quizás aquello que mi suegra considera un defecto es para mí algo maravilloso, mientras que lo que ella piensa que es una cualidad excelente, a mí me saque de quicio.

    Cuando llevas un tiempo tratando con ella (y sobre todo conviviendo), casi seguro que has descubierto sus manías y sus gracias, así que sabes a qué atenerte.

  6. inmahlinmahl

    Mi madre es especialista en destacar mis puntos negativos. Además siempre me ha taladrado la cabeza con que cuando mi novio se de cuenta de “quien soy de verdad” (refiriéndose a mí cabreada) me dejará, muy maja. De momento llevo 5 años y oye, creo que ya me conoce bastante y no le importa ;) Pero sí, las madres en general creo que tienen esa manía.

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