Relaciones

Killer Love Karaoke

(Importante saber de qué va el vídeo para entender bien todo el post)

Maldito karaoke. Algún día ocuparás el puesto de honor que mereces en el ranking de los inventos más dañinos de la Historia de la Humanidad. Ahora me doy cuenta. Yo he sido una víctima más de tu perversa brujería musical. Tantos años de frustraciones amorosas, de expectativas sentimentales incumplidas, de príncipes azules desteñidos… Todo ha sido fruto de aquellos domingos por la tarde en los que, junto a mi pandilla, invocábamos sin saberlo al diablo del amor romántico micrófono en mano, en la segunda planta de un pub karaoke de nuestro barrio.

Fran, Blanca, Rafa, Susana y yo, éramos adolescentes en un tiempo anterior a la existencia de Whatsapp; de Internet incluso. Por incómodo que parezca, en aquella época estábamos obligados a interaccionar entre nosotros de manera presencial, y nos reuníamos casi a diario en un banco color verde oliva virgen, situado justo enfrente de mi casa. Comer pipas Churruca era nuestra actividad preferida. Hasta que un aciago día, y siguiendo un mutuo propósito de abandonar nuestra salada adicción, nos entregamos a la sunday evening fever del momento: el Karaoke.

Nuestro debut fue un éxito a medias. Después de un primer tema elegido al azar, descubrimos que individualmente sonábamos igual que Katy Perry sonaría años después en directo: como una manada de gatos callejeros sodomizados. Pero lejos de abandonar nuestra incipiente carrera musical, y con la adrenalina del público espectador ya corriendo por nuestras venas, decidimos darnos una segunda oportunidad uniéndonos todos juntos en un tema cuyo título  redundaría en la fusión de nuestras poco privilegiadas voces: “Juntos”. Desde aquel día, domingo a domingo, y de la mano de Paloma San Basilio, nos emborracharíamos de éxito durante meses en petit comité, implorando con nuestro mantra musical un amor para dos, amor en buena compañía. Y alguien o algo nos escuchó.

Una vez rebasada la adolescencia, mis amigos y yo nos separamos, pero la fuerza del destino quiso que Fran y yo nos volviéramos a reunir. Fran estaba bastante desmejorado, no parecía el empotrador futbolista de antaño. Sus dedos amarillentos delataban su severo tabaquismo, y al borde del ahogamiento bebía un café tras otro.

- Con mi novia me paso el día con un café para dos, fumando un cigarrillo a medias, en la misma cama y un bocadillo a media tarde -me explicó.

Por un segundo se me heló la sangre. Y no porque tuviera frío, sino porque he visto muchas pelis de Stephen King. Le pregunté por Susana, y aunque no supo darme una dirección concreta, me puso en la pista hasta llegar a su paradero. Susana tampoco había podido conservar la vitalidad que la había caracterizado durante su juventud. Más bien parecía una vagabunda desquiciada y solitaria; y no me equivocaba. Su fatal situación se desencadenó por su incapacidad de mantener un trabajo estable debido su manía de hacer del lunes otro sábado. Ahora vivía de la mendicidad, y su único momento de felicidad durante el día era cuando se sentaba junto a un extraño y, sin que éste se diera cuenta, leer a medias el periódico .

Mis peores temores se estaban confirmando. Le pregunté a Susana si ella sabía algo de Rafa y Blanca.

- Al poco tiempo de irte tú del barrio se mudaron al sur y se casaron, – me dijo.

Buena noticia. Si estaban juntos llegaría antes al final de mis conclusiones. Sólo me faltaba saber dónde encontrarme con ellos.

- Ah sí, siguen juntos. En el cementerio durmiendo el sueño eterno; pero juntos.

Y sin poder cerrar la boca, Susana me relató el terrible accidente que les quitó la vida. Al parecer, Rafa y Blanca eran aficionados a los deportes de riesgo urbano: andar a saltos entre el tráfico, cruzar en rojo los semáforos Hasta que un día arriesgaron demasiado. Para Susana, ellos se lo habían buscado y hasta se lo merecían por representar un peligro público:

Fígurate, dos locos sueltos en plena calle.

No necesitaba más información. Había descifrado el código San Basilio. Mis amigos y yo habíamos sido víctimas de una interpretación del amor en pareja excesivamente literal. Mientras nos divertíamos cantando hasta quedar afónicos, estábamos dando forma a nuestro propio payaso Pennywise. 

Pero yo sigo aquí, amor mío. He sobrevivido porque siempre desconfié de que le fuera bien en el amor a una mujer tan viajada como Paloma. Ni siquiera seguía los subtítulos, sólo cantaba íntegramente el na, na, na, na, na, na , na… Pero te pido que me apoyes en esta cruzada que empiezo hoy para salvar a otros que sí han sido víctimas de aquel karaoke asesino. Y vamos a hacerlo…

Juntos, un día entre dos, parece mucho más que un día
Juntos, amor para dos, amor en buena compañía
Si tú eres así, que suerte que ahora estés junto a a mi.

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