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Vosotros

Huí para encontrarme

Asfixiado de llevar una vida que no era la que quería. Asfixiado de conocer a tanta gente y no conocer a ninguna de esas personas.

La casa donde vivía era un espacio sencillo. Sin pasillos, sin adornos deslumbrantes, sin trabas excepto unas escaleras verticales. Un espacio que cuando recibía alguna de las pocas visitas que llegaban hablaba de alguien que apenas pasaba tiempo allí.

La gente suele pensar en su casa como su hogar, su refugio; un sitio en el que sentirse seguro, en paz, relajado.

Mi casa me vio llorar cuando llegué de Chicago. Se convirtió en una prisión repleta de esperanzas rotas, sueños arrancados, golpes de realidad, ahogos de incomprensión, recuerdos retorcidos. Todas las mañanas escapaba, todas las tardes regresaba truncada la fuga.

Recuerdo el día en que aterricé. Había ido a Chicago a planificar el resto de mi vida junto a Ella pero Ella ya había hecho sus planes y yo no entraba en Ellos.

Cuando crucé el umbral de la puerta, mi nueva prisión, fría en el mes de marzo, sin adornos, las paredes vírgenes de clavos que esperan recuerdos enmarcados, me esperaba con una atmósfera hostil.

Cuando crucé la puerta la llamé. Le conté que el vuelo había sido largo, que en algún momento nos dieron de cenar e hice caso de su consejo: una copa de vino y una Dormidina para dormir durante el viaje, pero que no funcionó. Mi cabeza quería seguir reviviendo el momento en que ella dejó clara su intención de separar nuestros caminos. Le conté que había llegado a Madrid a las 9 de la mañana y que me había ido directamente a la oficina a trabajar, que entre el cansancio, la pastilla, el cambio de horario y que era lunes, mi cabeza parecía estar todavía en Chicago mientras que mi cuerpo intentaba sacar energías para llegar al final del día sin sufrir demasiado.

Recuerdo que llegué a casa. Recuerdo el cansancio, la pastilla, el cambio de horario, que era lunes, que mi cabeza seguía en Chicago, que todo se juntó en una sobredosis de realidad y lloré. Lloré y la llamé.

Y le dije que la amaba. Que no concebía cómo aquellas cuatro paredes que estaban destinadas a albergar nuestro sueño común ahora tuvieran como única intención mantenerme en vela esperando que ella retrocediera. Esperando que alguien me dijera que todo había sido un sueño y que ella volvería a mi vida. Pero eso nunca llegaba.

Y los días se acumulaban, y las estaciones pasaban, y Las Rozas Majadahonda El Barrial Pozuelo Aravaca y Príncipe Pío. Y nadie brillaba lo suficiente. Y nadie me atraía lo suficiente y me enamoraba de todo el mundo. Y la improvisación. Y el teatro. Y la psicóloga. Y corrí. Y huí.

Huí de mi temor a estar solo, de conocerme a mi mismo, de encontrarme con el reflejo de mi propia personalidad, de no soportar la idea de no haber sido lo suficientemente bueno para ella. Huía permanentemente hasta que un día me detuve asfixiado.

Asfixiado de llevar una vida que no era la que quería. Asfixiado de conocer a tanta gente y no conocer a ninguna de esas personas. Asfixiado por mi propia estupidez y falta de perspectiva. Asfixiado por haber recorrido las estaciones primavera verano otoño e invierno y no haber parado en ninguna de ellas. Así que me detuve.

Eché el ancla, miré a mi alrededor. Era fin de semana. El primero que pasaba en mi casa desde que mi vida había dejado de ser mi vida. Desde que mi corazón se había roto. Desde que mi cabeza no estaba en mis hombros.

Recuerdo la casa donde vivía. Veo la casa donde vivo desde que ese fin de semana rompí conmigo.
La casa donde vivo es un espacio sencillo. Sin pasillos, sin adornos deslumbrantes, sin trabas excepto unas escaleras verticales. Un espacio que da la bienvenida a su morador todos los días que este vuelve, no como prisionero atrapado, sino como amante libre que deseoso de tocar tu piano, de cocinar en tus fogones, de sentarse en tu sillón, por fin se miró en tu espejo y vio su reflejo. Una sonrisa le devolvía la mirada y supo que ahí se encontraba: mi nuevo yo.

_________________________________________

Enviado por: Mike

Os recordamos que este texto pertenece a la sección “DÍA 1″: puedes enviar tu relato al mail dia1@intersexciones.com y podrá salir publicado el día 1 del mes.

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4 comentarios

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4 COMENTARIOS

  1. Avatar de MarMar

    Me has llegado al corazón Mike. Cuántas veces hemos tenido que encontrar nuestro nuevo yo….a veces, en demasiadas ocasiones. Pero bueno, así es como nos conocemos mejor, aprendemos y evolucionamos.
    Fantástico relato.

    Un abrazo!

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