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Sociedad

Hay que probarlo todo

Mi amiga Julia estaba algo confusa cuando quedamos un mediodía para ir a comer. Su novio le había propuesto hacer un trío.

La primera vez fue a los 8 años. Se trataba del queso Roquefort.
La segunda, a los 17. El vino fue la propuesta.
La tercera vez me ofrecieron algo más serio. La cocaína.

Rebobinemos.

A los ocho años de edad, cuando yo vivía en Libia, mi vecino Donatas, (es un nombre lituano, no te rompas la cabeza) insinuó que si no probaba el queso Roquefort, era idiota. Porque, según él, no existía nada más rico que el Roquefort. El olor a pies no me despertó la esperada gula. Y no lo probé. Donatas pasó un año entero llamándome “miedica de mente cerrada”.

Cuando tenía 17, mis amigos me pusieron delante un vaso (sí, vaso) de vino. Lo olí. Me entraron arcadas. Quise parecer adulta e hice un trago. Odié el vino durante los próximos cinco años. Por suerte se me pasó.

Unos años después, cuando estaba en la Universidad, mis compañeros y yo nos reunimos una noche en mi piso para preparar un examen. A medianoche empezaron con las rayas de cocaína.

- ¿Quieres una?- Me pasaron un billete enrollado.
- No, gracias.
- ¿Lo has probado alguna vez?
- No. No me gusta.
- No puedes decir “no me gusta” sobre algo que jamás has probado.
- De acuerdo. Lo digo de otra manera: no me apetece probarlo.
- En esta vida hay que probarlo todo.

Ya estamos con la frasesita. Casualmente era la misma que me dijo Donatas. La misma que me habían soltado los amigos del vino barato.

Hace unos años, en una cena de amigos, unos chicos empezaron a hablar de la bisexualidad. Según ellos- y dale la burra al trigo-  todas las mujeres somos bisexuales. Los hombres no lo son, por supuesto. ¿Cómo podía siquiera haber sugerido algo semejante? Sin embargo ellos afirmaban que todas las mujeres podríamos acostarnos con una mujer. Es más, que nos encantaría hacerlo.

- ¡Ja! Os encantaría vernos haciéndolo. Pero de ahí a afirmar que todas las mujeres estamos deseando follarnos a otra mujer, hay un trecho- les respondí.

- ¿Pero tú alguna vez te has acostado con una tía?
- No.
- ¿A tu edad?
- Coño, ¿y tú con un hombre?
- Yo no, por supuesto.

Por supuesto. Menudo imbécil. Pero dejemos ese tema aparte y volvamos a la pregunta “¿a tu edad?”. No hace falta que os diga cuál fue su conclusión. Exacto, “en esta vida hay que probarlo todo”.

¿De veras hay que hacerlo?

Mi amiga Julia estaba algo confusa cuando quedamos un mediodía para ir a comer. Su novio le había propuesto hacer un trío. Curiosamente, le había dicho que le daba igual si la tercera persona fuera hombre o mujer. Ella se negó rotundamente, pero se quedó con la duda:

- No sé, Alena, todo el mundo me dice que hay que experimentar. Que hay que vivir la vida porque solo hay una. Nadie te dice que tienes que viciarte con cualquier cosa, pero sí aseguran que para opinar sobe algo, deberías haberlo probado. A mí me gusta opinar, pero no estoy segura de que me gustaría verle a mi novio follándose la otra. Tampoco me gustaría hacerlo con otro delante de él. Pero mi novio dice que no puedo saber si me gustaría o no, si no lo intento. ¿Qué hago?

Veamos. La gente, en general, se cree muy lista. Sobre todo la gente “experimentada”. Los que se han drogado toda la adolescencia, los que se follaron a tres cada hora, los que viajaron por todo el mundo, los que tuvieron hijos, los que estuvieron casados, los que trabajaron en veinte empresas diferentes, los que viajaron a la Luna… Más experimentados sí son. Más listos… no sé yo. Y como la superioridad de la inteligencia de la gente experimentada no está demostrada, no creo que su verdad sea la universal. Y, sinceramente, aunque sí resultasen ser más listos, su verdad seguiría siendo solamente suya.

¿Hay que probarlo todo en esta vida? Por supuesto que no. ¿Hay que experimentar algo para saber si nos gusta? Por supuesto que sí. Pero la verdadera pregunta es otra: ¿Es imprescindible saber lo que nos gusta y lo que no en todas y cada una de las situaciones? No. No es necesario. Hay una cosa que la gente experimentada no llega a entender: no sé si me gusta la cocaína porque no la he probado. Pero lo que sí sé es que no me gustaría probarla. Y no se trata de la edad. Se trata de necesidades, de prioridades, de principios, al fin y al cabo. De opiniones. De percepciones. Y sí (¿por qué no?) de la propia conciencia. No eres más inteligente por haberte acostado con cuatro personas a la vez. Pero sí lo eres cuando esto no se convierte en tu baremo para apreciar o despreciar a los demás.

Si una persona no quiere hacer un trío y nunca lo va a hacer en su vida, no es más estrecha por ello. Hay personas para las que una infidelidad es imperdonable. Para algunas otras la infidelidad es una forma de mantener una relación. Hay los que tienen un orgasmo gastronómico cuando comen gambas. Y a mí me dan asco tan solo olerlas. ¿Debería comérmelas tapándome la nariz? ¿Debería mi amiga follarse a otro hombre o a otra mujer con ojos cerrados? ¿Deberíamos drogarnos para sentirnos más experimentados?

Si, la vida hay solo una. Pero vivirla forzándote a experimentarlo todo no es una buena opción. No vivirás menos intensamente. Vivirás más a gusto contigo mismo.

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“No eres más inteligente por haberte acostado con cuatro personas a la vez.”

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