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Sexo

¿Hay placer en el dolor?

Nada más abrir la boca sobre mis gustos (reales) en la cama delante de mis amigas, me arrepentí. Sobre todo por la forma en que me miraron, casi casi como si fuera un bicho raro primero.

(NOTA: Hoy tocaba porno, pero lo vamos a dejar para la próxima. Ah y una cosita: Este post NO viene, en ningún caso, inspirado por esa ñoñez que os han vendido como porno BDSM y que se hace llamar 50 sombras de Grey. Faltaría más.)

- A mí lo que más me gusta es que me acaricien con las manos abiertas.
- A mí, el sexo oral. Me vuelve loca.
- Pues a mí lo que me pone de verdad es que me diga guarradas.
- ¿Sabéis qué me gusta a mí? Un buen azote en el trasero, o que me tire del pelo.

 

Silencio absoluto. Eso fue lo que sucedió el pasado fin de semana cuando, charlando tranquilamente de sexo en casa con unas amigas se me ocurrió revelarles lo que de verdad me gusta en la cama. Que te pongan a cien prácticas relacionadas con el dolor en mayor o menor grado no está todavía demasiado bien visto (y eso que la cama es libre, cada uno puede hacer lo que quiera siempre que tenga el consentimiento del otro y experimentar, en el sexo, es una de las cosas más placenteras que hay) y, por regla general, en las conversaciones no suele ser habitual que alguien confiese que sí, le gusta que la pongan mirando a Cuenca y le hagan “caricias” con una fusta en el trasero, o que la aten a la cama, o que es a su chico a quien le gusta que le torturen deliciosamente con cera caliente para provocarle un orgasmo extremo.

Hace unos días, la sexóloga Sylvia de Béjar pedía en Twitter a sus followers (lo pongo en inglés porque suena mucho más sexual que en castellano) que le comentaran esas fantasías sexuales relacionadas con el dolor que, además de ponerles a mil, les hacían sentir culpables.

Y es que, además de resultar una fuente de vergüenzas y pudores varios, tanto las fantasías como las prácticas sexuales “fuertes” en sí, las que se salen del sexo rosa y romanticón que nos han vendido culturalmente por activa y por pasiva, producen culpa. Nada más abrir la boca sobre mis gustos (reales) en la cama delante de mis amigas, me arrepentí. Sobre todo por la forma en que me miraron, casi casi como si fuera un bicho raro primero. Con condescendencia después. Con esa expresión de… “Ya está ella con sus extremismos, qué graciosa”. A veces te dan ganas de decirle a más de una que le hace falta un buen cachete… dentro de la cama, especialmente.

Volviendo al dolor placentero, mucha gente no se atreve a probar prácticas de este tipo por miedo. A que el dolor sea demasiado intenso, a que su pareja no se detenga si duele demasiado como se había acordado previamente pero, sobre todo, a lo desconocido. Y es que… ¿a quién no le asusta montar en bici sin ruedines la primera vez o coger el coche o la moto el primer día después de aprobar el carné? Pero como todo en esta vida se puede aprender y, en cuestión de sábanas, cuanto más aprendamos mejor, esta semana tomamos nota de unos cuantos consejos a la hora de probar con un poquito de BDSM (que es como se llama ahora al sado de toda la vida) o de bondage, que no es otra cosa que el arte (nunca mejor dicho) de atar a nuestra pareja (o de que nuestra pareja nos ate) para tener sexo.

Lo primero es convencerse de que no tiene nada de malo que nos gusten los cachetes, los azotes, el dolor o los roles de sumisión y dominación en la cama.

Al fin y al cabo, el sexo es como la vida y el día a día lo rigen los roles de poder. De hecho, el BDSM hunde sus raíces en la prehistoria, según algunos estudios, ya que tiene un gran componente instintivo y animal. El psicólogo venezolano Alberto Barradas comenta en su blog Psicovivir que “no hay nada de malo en el sadomasoquismo, siempre y cuando no se pasen los limites, sean consensuados y no sea lo único que se hace en la cama”. Esto es así porque “el sexo es un acto amoroso pero agresivo, sobre todo en el clímax. El sado potencia esa agresividad hasta niveles exagerados”.

Lo segundo, es hablar con la pareja, sinceramente y sin tapujos, sobre nuestros gustos en la cama. Quizá te lleves una sorpresa y a él (o ella) también le atraiga la idea de meter un poco más de “acción” en vuestras relaciones. A mí me pasó algo así con un chico con el que estuve saliendo. Me daba corte decirle que me apetecía que me tirara del pelo o que me azotara las nalgas mientras lo hacíamos. De repente, un día, hizo lo segundo sin decirme nada, cuando más excitada estaba. Mi reacción positiva fue tan evidente, que desde entonces intercalábamos polvos más cariñosos con otros en los que nos dejábamos llevar por la pasión… porque a él también le gustaba que fuera yo quien dominaba de vez en cuando (y le daba algún que otro cachete).

Y una vez que lo tenemos claro… ¿qué hacemos? Bien. Aquí viene lo bueno. Los sexólogos y escritores americanos especializados en sado, Janet Hardy (más conocida como Lady Green) y Jay Wiseman recopilaron hace unos años una serie de consejos para principiantes en la web www.leathernroses.com. He seleccionado para vosotros los diez más útiles, para que empecéis a probar poco a poco… y veáis si os gusta. Vamos allá.

BDSM para principiantes:

  1. Practica BDSM únicamente con personas a las que conozcas mucho y con las que te lleves bien. Hazlo sólo cuando ambos estéis en buena disposición (no es aconsejable haber tomado drogas o alcohol antes).
  2. El BDSM no es una forma de castigar a la pareja por alguna cosa que haya sucedido en el “mundo real”. Dejad eso fuera de la cama si queréis jugar duro durante el sexo, o tendréis problemas después.
  3. Prepárate para las emergencias (recuerda que las velas pueden producir quemaduras e irritaciones o que, en el frenesí, los arañazos pueden causar cortes). Ten a mano todo lo necesario, incluido un pequeño kit de primeros auxilios, un extintor y una linterna. Toma algún curso de primeros auxilios, por si acaso.
  4. Si vas a practicar BDSM con alguien nuevo, díselo a algún amigo. Especifica dónde estarás y a qué hora, por si acaso. Las precauciones siempre son buenas. Comunícaselo a tu compañero/a de cama.
  5. Acordad por adelantado lo que se va a hacer. No es momento de defraudar expectativas. Considerad asuntos como conducta sexual, sexo seguro, tipo y grado de bondage, límites físicos y emocionales, y todo por adelantado. Se debe permanecer en estos límites mientras se juega. Si la sesión va bien, siempre puede haber otras oportunidades. Después, comentar sobre lo experimentado, por ejemplo, al día siguiente. Comentad qué fue bien y qué fue mal, y qué se puede hacer la próxima vez.
  6. ¿Cómo parar si ya estáis en harina y la cosa no va todo lo bien que debería? Podéis acordar una o dos contraseñas. Serán frases o palabras especiales que indicarán que la actividad verdaderamente necesita ser ralentizada, cambiada o detenida.
  7. Evitad juguetes con bordes afilados o esquinas. El resto de objetos, como látigos o fustas, deben ser usados con mucho cuidado. Se trata de recibir placer, no de pasarlo mal.
  8. Comienza suavemente, e intensifica despacio. Un incremento demasiado rápido en la intensidad física o emocional del juego es causa directa de muchos problemas.
  9. El bondage deja al sujeto peligrosamente vulnerable. Te recomendamos que permitas que te aten, te cieguen o te amordacen solo después de haber tenido un par de experiencias satisfactorias BDSM que no hubieran tenido que ver con el bondage. Además, nunca atéis tan fuerte una parte del cuerpo como para que se duerma y tened a mano unas tijeras que corten bien, por si hubiera que liberar a la pareja rápidamente.
  10. Si el dolor no es placentero, la práctica no es positivo. Ésta es la regla más importante. Si los juegos dejan de resultar placenteros para cualquiera de los dos, hay que parar inmediatamente.

Quizá os estéis preguntando qué pasa con los juguetes. Bien. También para eso hay consejos de nuestros expertos. En cuanto a las fustas y látigos, mejor que sean de cuero natural que sintéticos. Las velas, mejor que sean de parafina de las de toda la vida, ya que las de adorno pueden causar quemaduras serias. Podéis usar pinzas de la ropa como pellizcadores de pezón o los genitales (mucho cuidado siempre al quitarlas). Y las manos son un excelente instrumento para causar un dolor… muy placentero.

Y vosotras, mis queridas y perversas criaturas de la noche ¿habéis probado a meter el dolor en la cama, a ver qué pasa? ¿sois de los que necesitáis unos buenos azotes de vez en cuando, si os los da un buen amante mejor, o lo de pegarse ni mentarlo? ¿Alguna vez habéis sentido curiosidad por el BDSM? Estamos ansiosos por leeros.

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11 comentarios

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CasiopeaPor
Casiopea

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“Al fin y al cabo, el sexo es como la vida y el día a día lo rigen los roles de poder.”

11 COMENTARIOS

  1. CristinaCristina

    A mi me horroriza .
    Pero no es un tema de tener miedo ,
    Vamos , que me dan un codazo pequeñito en la cama y me cabreo .
    Me espeluzna el dolor (¿será una deformación profesional?) y no lo relaciono con el placer ni me pone nada , de nada .
    Estoy deseando leer vuestros comentarios y me parece buenísimo el post porque quizá haya personas que se sientan culpables o no se atrevan a tratar esto con naturalidad , yo no te veo como un bicho raro sino como alguien con unos gustos distintos a los míos .
    Felicidades por esta entrada .
    Eres valiente
    Para todo .

  2. Alena KHAlena KH

    Bueno, me encanta el tema y todavía más el comentario de Cristina, porque, a pesar de no estar de acuerdo con el tema en sí, ella se atrevió a decirlo. Ojalá así todas.

    Me temo, querida Casiopea, que no vamos a recibir muchos comentarios al respecto. Ojalá me equivoque.

    Pues yo voy a hablar.

    A mí personalmente me encantan los azotes, que me cojan del pelo, que me aten y unas cuantas cosas más. Por supuesto que si me pegaran todos los días, tendría un serio problema, pero para cada cosa su momento.

    No encuentro nada vergonzoso ni subnormal en ello. Pero, viendo el éxito de la famosa trilogía de “50 sombras…”, no me queda otra que suspirar. Según el post de Nada Importa sobre el libro, estos son los acontecimientos:

    “Pag. 220: Christian baja al pilón.
    Pag. 293: Le ata las manos con su corbata barata, beben Bollinger.
    Pag. 493: Se la folla tras atarla a un poste.
    Pag. 524: Le de un par de azotes en el culo con una regla sobre una mesa de billar.
    Pag. 759: Le mete el dedo en el culo.”

    Qué quieres que te diga: ¿leer 523 páginas para llegar al azote? Así nos va.

    Yo, igual que Nada Importa, no he leído más de X páginas, porque con cada una de ellas me cabreaba como una mona.

    En fin: está claro que nadie obliga a probar algo que no te atrae de inicio, faltaría más. Pero tampoco hay derecho de decir “no me gusta” de algo que jamás has probado.

    A mí no me escucharás asegurar que no me gustan las drogas, porque nunca me dio por probar alguna. Otra cosa es que no me despierten curiosidad, que oye, de maravilla.

    Así que, leyendo también el comentario de Patricia en el FB de Intersexciones, entiendo muy bien el porqué de tanto odio a lo desconocido. Educación basada en definir lo bueno y lo malo.

  3. merii

    A mi también me gusta que me azoten, me tiren del pelo … Todo hasta un límite que, por supuesto, pongo con mi pareja. pero me pasa lo mismo que a Casiopea, en cuanto lo cuentas a algunas personas te miran como si estuvieras depravada. Lo más gracioso de todo es que cuando se aburren con sus parejas en la cama acuden a mi para que les de consejos e ideas nuevas. Curioso verdad??

    En fin, la gente creo que se rige mas por el que dirán y no intentan disfrutar y conocer lo que les puede gustar de verdad. Una pena, pero es así en algunos casos

  4. Avatar de Sashimi Blues

    Ese es el porno que vende 50 sombras? En el nuevo Vale son más extremos!
    Yo, puestos a elegir, me pongo del lado sádico. Prefiero dominar a ser dominada. Me cuesta perder el control y soy un poco mandona.
    Un gran amigo me llamaba Martita Mussolini.
    Pues eso!

  5. monsieur le sixmonsieur le six

    Supongo que en cierto modo este es mi post, porque fue el marqués de Sade (a quien en la cárcel llamaban monsieur le Six, por estar en la celda 6, y cuya efigie podéis ver en mi avatar) quien acabó dando la mitad del nombre al sadomasoquismo.

    De hecho, lo que hoy en día se llama BDSM es en realidad una sublimación de lo que él cuenta, una especie de juego, una fantasía sexual basada en el sadismo de épocas antiguas, en las que verdaderamente se practicaban el esclavismo y la tortura (bueno, hoy en día también se practican en algunos lugares, pero ya me entendéis). No es, por tanto, lo mismo que narra Sade en sus obras. Pero desde luego tampoco es lo mismo que se narra en aproximaciones chapuceras como 50 sombras de Grey, obra que no he leído, pero que gracias a las numerosas críticas que voy leyendo por todas partes, creo adivinar muy bien por dónde va.

    En realidad nunca he practicado BDSM como tal, salvo de alguna manera muy ligera, más o menos como la que describe Alena; pero sí es un tema que me interesa, y podría estar horas escribiendo. Intentaré moderarme y dar sólo unas pinceladas, porque es un tema muuuy amplio, y también muy importante, hasta tal punto que creo que la esencia misma del sexo se le escapa a quien no sea capaz de comprender, aunque sólo sea superficialmente, la dominación-sumisión.

    El artículo de Casiopea se centra en recordarnos que no somos marcianos si nos gustan estas cosas (parece mentira que a estas alturas del siglo XXI haya que recordarlo, pero es así), y en dar los clásicos consejos introductorios (que nunca está de más recordar). Voy a ampliarlo un poco con unas cuantas aclaraciones y curiosidades:

    1. No hay un solo tipo de BDSM. En realidad, es una colección de prácticas, algunas de ellas sin apenas relación, que simplemente se engloban bajo esta etiqueta por apartarse bastante del sexo “habitual”. Las propias siglas BDSM son en realidad una combinación de tres fantasías diferentes: BonDage, Dominación-Sumisión y SadoMasoquismo. Cada una de ellas es, a su vez, un mundo con increíble cantidad de variantes.

    2. Muy a menudo se asocia el BDSM con un tipo bastante concreto de fetichismo visual: esposas, fustas, vestidos de determinados materiales (vinilo, cuero, latex), botas de mujer muy altas, etc. En realidad, una cosa es toda esa parafernalia visual, que no es más que un fetichismo (como el de quienes se excitan con los trajes de enfermera, por decir algo), y otra muy distinta la práctica misma de la sumisión o el dolor. Personalmente no soy muy amigo del fetichismo visual; creo que centrarse en él desvirtúa lo que realmente es el BDSM.

    3. Los que practican sadomasoquismo habitualmente llaman burlonamente “sexo vainilla” al sexo “normal”. Como si se tratara de un sabor más flojo frente al “chocolate”, que sería el BDSM, si no recuerdo mal. Si ambos se combinan, se habla de vainilla-chocolate, exactamente igual que si pidieras un helado.

    1. caro

      Wow nunca me paso por la mente que tu “nickname” tuviera relacion con el marques. Eso me pasa por no haber investigado mas sobre el autor de mi primer libro favorito.
      Me he picado igual con tu comment que con el post!

  6. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Yo estoy con Cristina, no me va el dolor ni en el sexo ni fuera de él. Un azote ruidoso o un tirón de pelo no me parecen dolor, de todas formas, es como que te aten o te digan algo fuerte al oído o jugar a hoy mando yo, divertimentos que no tienen tanto que ver con el BDSM como con echarle un poco de teatro al asunto.

    Personalmente no me atrae probar cosas más complicadas, yo soy tirando a simple para el sexo y cuanta menos parafernalia lleve incluída, mejor me lo paso. Si tengo que estar muy pendiente de “accesorios”, me puedo echar una risas pero, para entendernos, donde esté un clásico con polvo-boca-manos, preferiblemente en pelota picada y en la cama o el sofá, que se quiten los aderezos mecánicos, de vestuario y las puestas en escena.

    Y supongo que sí es complicado que alguna gente entienda determinados gustos sexuales pero a mí me han contado de todo con la máxima naturalidad. Tenía una amiga a la que le gustaba que la ataran y que encontró a su marido en un chat BDSM. Aún me acuerdo lo emocionada que estaba cuando él se “comprometió” y sacó la maleta de las cuerdas (sic) del maletero del coche para dejarla en un armario en casa de ella. Tengo otra que cuenta con toda la naturalidad que a veces echa de menos a su primer novio porque a él le gustaba que le hicieran “mucho, pero mucho daño”.

    ¿Lo probaría? Seguramente si me hubiera encontrado con alguien que me lo hubiera propuesto le habría dado una oportunidad al asunto, pero no ha sido así y por iniciativa propia tampoco me llama. Dudo que me hubiera gustado, de todas formas, porque es oír pinzas para pezones y se me erizan los pelos del lomo.

  7. EspoirEspoir

    Ligando ligando, me encontré hace años con un tío que se ganaba la vida como amo profesional (cosa que compaginaba con un empleo como profesor de análisis de sistemas en una prestigiosa universidad, no daremos más pistas). Me he pegado unos cuantos paseos por the wild side, y me ha dejado la misma sensación que un fin de semana en el campo: de vez en cuando está bien por cambiar y por pura curiosidad, pero yo soy muy de ciudad…

  8. Avatar de NaokoNaoko

    A mi primer novio le gustaba bastante lo de atarme, darme algún cachete suave y cogerme del pelo y la verdad es que yo disfrutaba también. Pero nunca fui más allá, tendré que apuntarlo a mi lista de cosas pendientes, primero tendré que encontrar a alguien de confianza y con quien me sienta a gusto. Lo que sí que tengo claro es que me gusta el sexo un poco salvaje y mal hablado, el “aquí te pillo aquí te mato”. Sobre todo si se trata de un polvo de una noche, no hay nada que me ponga menos que follar con un tío que apenas conozco y que se ponga a susurrarme ñoñerías varias al oído, “tío, vas a tener más éxito conmigo llamándome puta que princesa”.

    Me ha gustado el post y me ha encantado todavía más que expreses tu opinión sin tapujos. Soy muy respetuosa con las personas que no quieren hablar sobre sus preferencias sexuales pero no soporto a las que se echan las manos a la cabeza cuando escuchan algo así, que muchas veces son las mismas que dicen eso de “yo no me he masturbado nunca”, fin de la conversación jaja.

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