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Cosas que pasan

Hace años que no cumplo anos

A eso se sobrevive. Si una fiesta está bien montada, hasta te hace ilusión: los ves a todos juntos, sabes que lo han planeado con tiempo y te sientes querido. Es lo que importa, no nos engañemos. Lo malo es cuando el organizador no tiene ni idea de lo que es tu vida.

Hace años que no cumplo anos. Sí, sí. Desde que inventaron los smartphones, ya no me llegan los legendarios SMS de “Feliz cumpleanos, Alena!”  Mi asombro no tenía límites: ¿cómo era posible que si insertabas una “ñ” en el SMS, esa ocupaba 90 caracteres? Entonces yo, como todos los demás, sumaba “anos”. Tras cumplir muchos anos, aparecieron los smartphones, la época de los anos tenía pinta de llegar a su fin cuando, de repente, los ususarios del Blackberry (por cierto, ¿sigue en el mercado?) han decidido ser nostálgicos. Para conseguir una “ñ” había que aprietar la “n” durante varios segundos. Pero no. Seguían con los “anos” y, en cierto modo, me hacían sentir algo más joven.

Tengo 31 años. Sin embargo me quedé en los 25 anos. Que no está mal.

Ayer fue mi aniversario y tuve una grata sorpresa: no hubo fiesta sorpresa. Por la primera vez en los últimos seis años. Ese fue el trato con mis amigos: “Quiero tener la sorpresa de no tener una fiesta sorpresa”.  “Qué tía más desagradecida”, pensarás.  Un poco sí. Pero oye, qué gracia tiene el asunto, si sabes perfectamente que va a pasar lo siguiente: tú llamas a tus amigos para tomar una copa el día de tu cumpleaños. “Casualmente” todos- absolutamente todos- te dicen que no pueden verte porque tienen que: cuidar de la abuela enferma, preparar un examen, entregar un trabajo, reunirse con un cliente, ir a buscar a un amigo inglés al aeropuerto, ir al dentista y mil tonterías más que no se las creen ni ellos. Te das cuenta de que no puede ser que todas estas cosas sucedan el mismo día que, por si fuera poco, es el día de tu aniversario. Claaaaaaro.

Según el guión, tú tienes que hacerte el enfadado:

-  Chicos, pero es mi cumple, ¡joder!

-   Ya, ya, lo siento mucho, pero ya lo celebraremos más adelante.

Ya lo tenemos: habrá una fiesta sorpresa. El desarrollo de la estrategia tiene varias opciones: uno de los amigos te ofrece venir a su casa para tomar algo, o te lleva a un bar, o insiste venir a tu piso (eso sólo es válido si vives con más gente que, a su vez, ya habían liado a los demás), y cosas por el estilo. Llegas al lugar y… ¡oh, sorpresa! Resulta  que no existe amigo inglés, ni una abuela enferma. Todo están allí. Y tú no sospechabas nada. Noooo, qué vaaa. Tú estás feliz y agradecido. Ellos se sienten orgullosos por ser tan originales.

Pero la intención es lo que cuenta.

A eso se sobrevive. Si una fiesta está bien montada, hasta te hace ilusión: los ves a todos juntos, sabes que lo han planeado con tiempo y te sientes querido. Es lo que importa, no nos engañemos. Lo malo es cuando el organizador no tiene ni idea de lo que es tu vida.

Mi peor fiesta sopresa fue en el año 2009. La organizaba un amigo temporal. ¿Sabes quiénes son los amigos temporales? Son los nuevos amigos que tienen pinta de no durar ni dos meses. En este caso se trataba de un chico gay que me adoraba sobrenaturalmente y me llamaba “diva”. Claro, ¿a quién no le gusta que le llamen “diva”? Él me adoraba por diva y yo lo adoraba por adorarme tanto sin entender el porqué de tanta adoración por su patre. Es importante mencionar que cuatro meses más tarde se enamoró de otra diva que, por cierto, tenía de “diva” lo mismo que yo. Así acabó nuestra eterna amistad.

Mi Divo decidió que por conocerme 30 días estaba en su pleno derecho de organizarme una fiesta sorpresa, obviando que tenía unas cuantas personas bastante más íntimas que él y que se morían por hacer lo mismo. Al no conocer mi entorno, hizo una pequeña investigación por Facebook anotando, en una libreta de color fucsia, los nombres de todas las personas con las interactué últimamente (no hace falta decir que con mis amigos más íntimos no hablamos por Facebook). Mis amigos de verdad, como cada año, me dijeron que no podían verme. Así que no sospeché nada raro: olía a una fiesta sorpresa. Por eso, cuando me llamó mi mejor amigo y me dijo “¿Nos vemos para tomar algo?”, le respondí “Voy a tomar algo con el Divo”, insinuando que ya me estaban llevando al lugar de la fiesta. Cuál fue mi sorpresa (esta vez de verdad) de encontrarme en una fiesta con 30 amigos de Facebook a los que no veía desde hace mil años e, incluso, no me acordaba de sus nombres, y en la que no estaba ningún “amigo de verdad”. Unas horas más tarde me enteré de que había otra fiesta sorpresa, a tres calles de la de los de Facebook, a la que yo, lógicamente, no había llegado.

Lo curioso fue que los treinta no-amigos se esforzaron para venir a mi fiesta. Me quedé atónita. Como decimos por aquí: la intención es lo que cuenta.

Pero hay otras cosas que me ponen nerviosa el día de mi Cumpleaños: la cena con UN solo amigo (o UNA sola amiga). Aquello de que una persona te dice: oye, cenamos mañana tú y yo, robándote de esta forma a todos los demás amigos. Yo me siento muy incómoda, porque pienso: le digo que sí,  luego me llamará Fulanito para ofrecerme lo mismo y ¿qué hago? Mis amigos más amigos apenas se conocen entre sí. Descarto la opción de una cena con los más íntimos, porque acabo sintiéndome culpable por quererlos a todos por igual. Algunos, incluso, se ponen un poco celosos. Ahí es cuando empiezo a echar de menos las fiestas “sorpesa”: en las que hay tanta gente que no les queda otra que comunicarse entre ellos.

Tú les dices que no, que prefieres cenar cualquier otro día y, mientras tanto, esperas la llamada de tu “más mejor amiga”. Pero no te llama para cenar. Y te quedas sola. Por gilipollas.

Pero eso no es nada. La parte “guay” del cumpleaños son las felicitaciones por Facebook, mensajes, llamadas y whatsapps.  De acuerdo, si no quieres que te feliciten por Facebook, quita la fecha de nacimiento de tu biografía. Pero oye, hace ilusión. ¿Qué sucede? Que empiezas a recibir mensajes en tu muro y respondes, respondes, respondes… hasta que llega el momento en el que no das abasto. Yo eso nunca lo he entendido. Si tienes tiempo de agregar a 400 personas a Facebook, ten tiempo de responder a todos. No con un “like” (¿qué tipo de educación es ésta?), sino con un comentario como Dios manda. No importa si le contestas “Gracias, pendiente ese café” que tú y yo sabemos que jamás tendrá lugar, pero responde. Porque aquel “amigo” número veinte que acaba de publicar en tu muro con toda su ilusión no tiene culpa de que tú, tras responder a los 19 “amigos” anteriores, estás agotado. A currar, querido.

¿Y Twitter? Me fascina sobrenaturalmente. Vamos a ver, el momento en el que empiezas a poner un “FAV” en las felicitaciones, ya eres un tuitstar oficial. ¡Hay que joderse! ¿Anuncias tu propio cumpleaños a los diez mil seguidores y luego no tienes tiempo de contestarles? ¿Pero de qué vas? Cada una de esas personas ha invertido su tiempo en felicitarte, capullo. Si tienes tiempo de estar en Twitter para hacerte con esa cantidad de followers, tienes tiempo para atenderlos a todos. Porque, al fin y al cabo, son personas que no te conocen de nada y, sin embargo, te tienen aprecio (por lo que muestras ser). Es para agradecerlo. Como mínimo.

Si hablamos del teléfono, me joden los cumpleañeros que lo apagan. Yo, en el sofá, mirando la tele para no dormirme, esperando que sean las doce de la noche para ser la primera persona que te felicite, te llamo y… ¡lo tienes apagado! Rabia es poco.

Os dejo para seguir comentando las felicitaciones en Facebook. Soy moderna, pero no maleducada.

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14 comentarios

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“¿Anuncias tu cumpleaños a los diez mil seguidores y luego no tienes tiempo de contestarles?”

14 COMENTARIOS

  1. Avatar de Anita Patata Frita

    Jajaja… el año pasado Facebook me ocultaba la mayoría de felicitaciones para no colpasar el muro y claro la mitad ni las vi en su día una penica pena eso de estar más conectados nada, y luego en twitter idem ya no sabía a quien respondía y a quien no, un puñetero caos, ahora que a mi lo de la fiesta sorpresa NUNCA me ha pasado y que sepas que me muero por una y por lo tanto jamás me tocará, es ley de vida.

    Este año no pienso hacer planes (como todos los anteriores) solo deseo que no termine planchando sola en casa como el del año pasado ¬¬ que sí mucha felicitación en Fb y Tw y luego nadie me llamó ni para una triste caña, ¿tuistar? ¡los cojones!

  2. SilmerleySilmerley

    ¡Felicidades, Alena! ¿Sabes lo que he hecho “ipsofactamente” después de leer este post?? ¡Pues agradecer a cada uno de los ciento y pico amigos que me felicitaron en facebook el 10 de abril! XD
    P.D: soy la que te vio de verdad un día cerca de l’Illa y de mentira el otro día en Enrique Granados ;)
    ¡Buen finde a todos!

  3. anitaanita

    Yo soy muuuuy maleducada.
    Odio que me llamen para mi cumpleaños, no soporto esas conversaciones sobre qué has hecho de especial o qué te han regalado, y como la mayoría de mis amigos lo saben, me hacen un favor felicitándome por whatsapp.
    También soy de las que quité la fecha de cumple de facebook porque así evito alguna llamada, jajaja.
    Eso sí, sólo una vez tuve una fiesta sorpresa y como no lo esperaba en absoluto, casi me da un infarto cuando llegué de comprar y aparecieron 30 personas en mi cocina! Pero me encantó.

  4. La GraduadaLa Graduada

    Qué bueno lo de tus fiestas sorpresa… Lo de la fiesta con el Divo y los treinta no amigos del facebook es increíble, de novela, pero como la realidad siempre supera a la ficción supongo que será verdad. :D

    MUUCHAS FELICIDADES. Y ahora espero que me respondas con un “gracias” como mínimo ;) (que no, que es broma).

    A seguir muchos años con el blog!

  5. Avatar de TamarTamar

    Ay Rusi,mas vale tarde que nunca…
    Muchas felicidades,valiente!
    que dices muchss veces lo que más de un@ pensamos(y si no es asi, haces que nos replanteemos y argumentemos nuestro postura).

    Por cierto,lo que me pone negra del tema cumpleaños es “y qué se siente.con un año más?” . Uff. Too much.

  6. CristinaCristina

    A mi me pasa como a Anita .
    Odio que me feliciten por teléfono , tengo una familia gigantesca y en son muy dados a cantarte el cumpleaños feliz ¡entero! sin ningún asomo de sentido del ridículo , así que aprovecho para leer el periódico y poner los ojos en blanco .
    Y mis amigos los he escogido yo , así que he procurado que no fueran de los hiperactivos que te preparan fiestas sorpresas ( quizás me he pasado escogiéndolos un punto sosos de más )
    Jamás me han hecho una .
    Cuando cumplí 50 tacos me la hice yo misma y me encantó controlar todo y haber ido a la pelu , ir genial vestida , la ampolla de Germinal ……

  7. Avatar de Sashimi Blues

    A mí nunca me han hecho una fiesta sorpresa (carita triste) y me encantaría!!!
    Soy una chica muy agradecida: me gustan las llamadas, los mensajes con corazones, el muro del FBK, los regalos imposibles… Si alguien se toma la más mínima molestia por mí, merece todos mis respetos!!

  8. Avatar de MardyBMardyB

    Mi primera fiesta sorpresa fue este año y espero que no se repita nunca más, entre lo poco que me apetecía, y que una de mis “amigas” organizadoras de la fiesta se medio lió con el chico que me gustaba (toma sorpresa!), no quiero repetir nunca más!
    Felicidades Alena un día antes.

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