ahora lo entiendo todo
Entrevistas Sexo

Gabriel J. Martín: Ahora lo entiendo todo

“Estos son los típicos casos que la prensa sensacionalista califica como de 'mujer que se ha convertido en un hombre', cuando en realidad nunca hubo tal conversión”.

Necesitaba verme con alguien que podría hablarme del tema con claridad y, tras varios días de una relación estrecha con el Google, me topé con Gabriel J. Martín, entrevistado por varios medios nacionales. Gabriel siempre fue hombre pero, por un error médico, tuvo que ser Patricia a lo largo de muchos años. Pasaron varios días más hasta que pude localizarlo y ofrecerle vernos para que me cuente su historia.

Curiosamente Gabriel aceptó enseguida y nos encontramos en un bar típico de abuelitas, al lado de Sagrada Familia. Gabriel me enamoró por su forma de ser, su cercanía, sus ganas de responder mis mil preguntas (y eso que tenía que estar agotado de explicarlo una y otra vez). Tras hablar durante unas tres horas, quedamos para vernos otro día y grabar la entrevista. Aquí el resultado.

Esta vez nos sentamos en una terraza de un restaurante. Una copa de vino, grabadora en la mano y yo llenándolo de preguntas:

Explícanos, ¿a qué te dedicas?

Soy psicólogo y desde hace algo más que cuatro años me dedico exclusivamente a pacientes homosexuales. En la consulta solamente atiendo a los chicos gays.

Cuéntanos tu historia. Naces. Los médicos te miran y le dicen a tu madre: “Felicidades, tiene usted ¿un… una…”?

Una niña.

Y tu madre le responde…

Se llamará Patricia. ( se rie)

La pregunta que, sospecho, te habrá hecho todo el mundo: ¿eras una niña-niña o una niña-niño? ¿Qué eras? ¿Y por qué no se han dado cuenta de lo que estaba sucediendo?

(Gabriel sonríe, mira al vacío y responde):

Patricia pequena

Nací con un caso muy extremo de intersexualidad. Cuando hablamos de intersexualidad, siempre se hace como una graduación: hay diferentes niveles de gravedad. Algunos nacemos con unos síndromes que tienen una caracter­ística morfológica que se presta más a la confusión. Hay bebés que nacen con los genitales un poco más ambiguos: así es más fácil de darte cuenta que algo sucede. Pero hay casos en los que los genitales son aparentemente claros de un sexo, pero que no corresponden realmente al sexo del individuo. En mi caso concreto, los genitales internos- como próstata y demás- estaban bien (nunca tuve útero, por ejemplo): yo tenía los testículos alojados en las ingles. Pero el proceso de virilización no se había completado por fuera. Y eso hacía que yo, al nacer, tuviera un hipospadias (un agujerito por donde sale la orina) más grande de lo normal y que, si no lo mirases con detalle, parecía una vagina del bebé. El pene era muy pequeño y podía pasar por un clítoris. Este fue el motivo de la confusión: los genitales externos, aún sin ser femeninos, tenían la apariencia femenina.

Actualmente es imposible que suceda, pero nos olvidemos que hablamos del año 1971 y que yo nací en un Hospital Militar de un pueblo de Andalucía en el que la atención sanitaria no era la mejor.

A partir de ahí empieza tu vida como Patricia. ¿A qué edad tuviste tu primera duda o sospecha de que algo “fallaba”?

Dudas y sospechas no tuve nunca, porque para tener dudas necesitas tener algún conflicto. Durante muchos años yo vivía sin ningún tipo de conflicto, eso sí: mi mundo era masculino. Yo siempre me imaginaba a mí mismo como un niño. Lógicamente yo no entendía por qué sucedía, pero ni siquiera me planteaba que tenía que entenderlo. Para mí era lo natural y no lo cuestionaba. El conflicto surge cuando te das cuenta de que un niño tiene que verse a sí mismo como un niño, y una niña como una niña.

¿Y a qué edad pasa esto?

Más o menos a los 10-11 años, en el período entre la infancia y la adolescencia. A los 14 años me dije: “Patricia, mentalízate: eres una chica y jamás serás un chico, así que deja de imaginarte cosas.”

Patricia

¿Cuál fue la primera burla que sufriste por parte de los niños?

Yo jugaba a fútbol en el equipo femenino del colegio (fui la mejor delantera centro). Hacía calor y me quité el pantalón de chándal para jugar con el pantalón corto. De repente las chicas del banquillo empezaron a reírse de mí: “¡Mira qué piernas tan peludas tiene Patricia! ¡Parecen las piernas de un tío!” Ahí es cuando me di cuenta de que algo no estaba bien: hasta entonces yo no cuestionaba mi cuerpo porque no podía compararlo con el de nadie.

Así que varios años más tarde, decidiste hacer algo para que dejen de reírse de ti y fue… ¿echarte un novio?

Sí. Eso fue con 15 años, yo ya tenía un aspecto muy masculino y estaba harta de las burlas. De hecho, no sólo se reían de mí: me pegaban, me escupían en las fiestas, me insultaban… Tras vivir tantas situaciones violentas, decidí salir con un chico. Un niño del colegio hizo una apuesta con sus colegas de que sería capaz de salir con Patricia (estaban convencidos de que yo era lesbiana). A mí me fue de perlas. Salimos juntos durante dos semanas, pero no aguanté más. Me metía mano constantemente (normal para aquella edad), pero me daba miedo que notase que yo tenía erecciones.

Entonces ya tenías claro que eras un hombre, ¿no?

Por supuesto. Piensa que cuando llegas a la pubertad y las hormonas están en pleno funcionamiento, tus genitales se desarrollan. En mi caso me había crecido un pene. No era un pene grande, pero no dejaba de ser un pene al que era imposible confundir con un clítoris.

Te voy a hacer una pregunta un poco personal, pero supongo que la mayoría de los lectores querrían hacértela… ¿Tus padres? ¿Qué reacción tuvieron? Era evidente que no crecías como una niña normal. Básicamente porque no eras una niña, claro. ¿Qué dicen ellos sobre el tema?

Estamos hablando de los años 80, de una familia que vivía en un pueblecito del interior de Andalucía, que no tenía apenas estudios. Sin embargo ya habían vivido un caso parecido: en los años 20, el hermano- hermana de un abuelo mío nació con ambigüedad genital- presentaba características de ambos sexos- y decidieron que iban a crearla en femenino para que no tuviera que hacer el servicio militar (fíjate por dónde).

Así que detestaban hablar sobre el tema, ¿cierto?

Así es. No querían conflictos. Lo que hicieron fue lo siguiente: negar que existe algún tipo de problema, intentar no prestarle atención. Cuando la cosa se agravó, tuvieron una actitud muy cobarde, las cosas como son. Decidieron que cuando yo cumpliese 18 años, podría irme y solucionarlo por mi cuenta.

No hablabais del tema ¿verdad?

No. Yo tenía mucha vergüenza de mi cuerpo y no me atrevía pedir ayuda. Lo intenté, pero recibí una respuesta de “Vete por ahí, ya harás tu vida”. Y desde entonces no lo intenté más.

Me pregunto: ¿dónde buscabas la información? Hoy en día es fácil: entras en Internet y buscas en Google, aunque el acceso a tanta información variada también puede ser dañina pero, como mínimo, puedes comunicarte con las personas que tienen el mismo problema. ¿Qué podías hacer tú en los años ochenta?

Ya ves, la biblioteca de mi pueblo no era nada del otro mundo. Ahora te vas a quedar a cuadros (me guiña el ojo). Encontré la información en dos sitios muy curiosos: por un lado en las revistas pornográficas; por otro lado en un libro que fue muy popular en los años setenta que, además, siempre ha estado en mi casa. Se llamaba “El libro de la vida sexual” de Lopez Ibor y se regalaba a todos los matrimonios. Al ver el índice, leí: “Trastornos en la formación de los genitales”. Y allí encontré la descripción de mis genitales y de cómo me sentía. El párrafo que se me quedó en la cabeza fue éste:

“Estos son los típicos casos que la prensa sensacionalista califica como de ‘mujer que se ha convertido en un hombre’, cuando en realidad nunca hubo tal conversión”.

Por cierto, me acuerdo del chiste que decía: “cuando un matrimonio se casa, entra en la cama, se quita la ropa, apaga la luz… -¿Y qué hacen ?- Pues no sé, porque ya no pueden ver qué más dice el libro”.

Gabriel Barcelona

Hiciste el gran descubrimiento. (Gabriel sonríe y asienta con la cabeza). ¿Se lo contaste a alguien?

Lo leí en octubre del 1987 y en febrero del 1988, a punto de cumplir 17 años, lo compartí con mis amistades. Fui a tomar algo con una amiga, se emborrachó porque le había dejado el novio y no paraba de decirme: “No hay nadie más desgraciado que yo”, y le respondí: “Oh, sí, ¡yo soy más desgraciada!”. Se lo expliqué y se le pasó la borrachera enseguida (se ríe hasta llorar). Me dijo: “Ahora lo entiendo todo”, y esa fue la frase que más escuché durante todos esos años.

¿Cómo se lo tomaron tus amigos?

La respuesta de la gente fue extraordinariamente positiva. Yo pensaba que aquello iba a ser una catástrofe, y no. Nada más lejos de la realidad.

Al cumplir los 18 años tú decides que se acabó lo de ser mujer.

Sí. Fue muy bueno. Llegué al médico con mi volante. Salió la enfermera, miró por encima de mi cabeza y me preguntó: “Niño, ¿Patricia dónde está?”. Y le digo: “No, Patricia soy yo”. Su cara fue un poema. El médico que me tocó fue muy buen profesional. Me hizo muchas pruebas para demostrar que era un hombre. Es más, viendo el problema con mis padres, me ayudó a buscar los abogados. Fue como un padre para mí.

Una vez superadas las pruebas, tuviste que hacer el cambio de nombre.

Sí, el proceso tardó dos años, porque la justicia de este país es muy lenta. Pero una vez llegó el juicio, el juez me dijo: “Hombre, tú eres Gabriel”, y le respondí: “Eso depende de Usted, señoría”.

¿Sabes lo que me fascina? Que te quedaste en tu pueblo. ¡Con un par de cojones! Y mira que pensaban que no los tenías…

Te digo una cosa: cuando hay un escándalo, la gente habla durante una temporada. Pero llega un punto en el que se cansa y necesita otra noticia. Pensé: si me voy, dejo a toda mi gente. Si me quedo, se va a armar un escándalo. ¿Cuánto va a durar? ¿Un mes? ¿Dos? ¿Un año? ¿Qué es un año en la vida de una persona?

Cierto. Te quedas y por fin empiezas a vivir tu vida como un hombre. Un hombre heterosexual. Y conoces a una chica…

Sí, a los 18 años me eché una novia. Y estuvimos juntos durante once años. Pero no todo fue tan fácil. A los 23 me di cuenta de que me gustaban los hombres.

Me estás viendo la cara, ¿verdad?

Sí, sí, fue una “tragedia” detrás de la otra. Una amiga mía me dijo que pensaba que yo era una leyenda urbana, porque en mi pueblo decían: hay una tía que se ha convertido en un tío así porque sí, sin hacerse nada.

Te admiro, Gabriel. Si para una persona que crece en unas condiciones normales el hecho de “salir del armario” ya es complicado, lo tuyo fue un drama: tú, un hombre que fue mujer por error, que salía con hombres y luego, tras la “trasformación”, empezó a salir con mujeres, ENCIMA tiene que confesar a su novia que es gay.

(Gabriel suelta una carcajada): Ya ves, ¿qué vida es ésta, eh? No, ahora en serio: no fue tan dramático. Aunque al principio pensé que toda mi historia me dejó secuelas. Estaba hecho una mierda. Creía que me gustaban los hombres porque en mi adolescencia no pude ser uno de ellos.  Y durante mucho tiempo hice lo que hace cualquier gay a los 12 años: negarlo.

¿Qué le dices a tu novia?

Que soy bisexual. Unos meses más tarde tuve una experiencia sexual con un hombre y se lo tuve que decir. Ese fue el detonante para romper una relación que nunca fue satisfactoria. Yo tenía muchas mochilas personales, ella también, y nos habíamos juntado siendo dos personas muy perdidas. Y no. No funcionó.

¿Tras de separarte de Anna, tu novia, enseguida empezaste a salir con hombres?

Qué va. Tenía relaciones con algunos hombres, pero aún y así me costó un tiempo aceptar que era gay. Me mudé a Barcelona y conocí a un chico que estaba aquí de vacaciones. Me enamoré (fue un amor de verano). Sin embargo, resultó ser algo que necesitaba para darme cuenta de que ya había sentido algo así. Por mi compañero de trabajo, Nacho, pero que mis sentimientos estaban enterrados bajo las capas de censura. Me acepté tal y cómo soy a los 37 años.

Y tu vida cambió…

Sí, me di cuenta de una cosa: si tú estás mal, te rodeas de la gente que también está mal. Si tú estás mal, es imposible que progreses a nivel laboral. Si tú estás mal, es impensable que te relaciones de una manera sana con los demás. En el momento en el que me sentí bien conmigo mismo, toda en mi vida se puso en orden. De repente todo encajó. Abrí mi consulta (ya había estudiado psicología varios años atrás) y me dediqué a ayudar a los jóvenes homosexuales.

Gabriel Conferencia

Voy a hacerte una pregunta para resumir la entrevista. Para la gente a la que no le ha quedado claro: ¿cuál es la diferencia entre intersexualidad y transexualidad?

La identidad sexual está en el cerebro. Los genitales suelen ser indicadores del sexo que tiene una persona, y suelen concordar con la identidad sexual que tenemos en el cerebro. Pero no siempre. Los genitales se forman en un período de embarazo y estas áreas cerebrales en otro período diferente. La transexualidad es una situación en la que la persona tiene unos genitales que corresponden a un sexo: están claramente definidos pero que no corresponden con la identidad sexual de una persona. En el caso de intersexualidad, al margen de que tenga definida su identidad sexual: es hombre o es mujer, sus genitales no se han formado de una manera estándar y tienen un aspecto que puede generar una confusión.

Hoy en día, si no consiguen averiguarlo de inmediato, se hacen unas pruebas para definir qué sexo, probablemente, tendrá ese bebé. A veces se aplican tratamientos hormonales.

Es importante que sepáis que desde el 2006 existe  el “Consensus Statement On Management Of Intersex Disorders” (en español aquí), que explica cómo actuar, paso por paso: qué tienes que hacer en el caso de que un bebé nazca intersexual para que éste tenga una vida satisfactoria.

Y por último, la pregunta que siempre hacemos a nuestros entrevistados: ¿qué es lo que dirías a los lectores de Intersexciones?

Que miren a su alrededor sin ningún tipo de preconcepción. Porque hay un montón de personas que nacieron con intersexualidad (la tasa de casos de intersexualidad es más alta que la tasa de mujeres transexuales). Mirar alrededor sin ningún tipo de prejuicios facilitará mucho que las personas puedan hablar del tema con más confianza y que se sientan apoyados, queridos y respetados.

Las personas no somos lo que aparentamos. A veces escondemos sorpresas.

Gabriel toma el último trago y sonrie. Su historia tuvo un final feliz. Las historias de muchas personas están en nuestras manos.

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Homosexualidad  Intersexualidad  Psicología  

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“Si tú estás mal, es impensable que te relaciones de una manera sana con los demás.”

5 COMENTARIOS

  1. La GraduadaLa Graduada

    Impresionante entrevista. Te felicito a ti, Alena, pero muy especialmente a Gabriel.

    Me he quedado de piedra. Estoy sin palabras… Cómo se puede ser TAN PERO TAN VALIENTE. Yo que soy de pueblo, y nací en los 80, no puedo ni siquiera llegar a imaginar cómo de dura debió ser la vida de este hombre, sin contar con el apoyo de sus padres (sí, padres cobardes que no se atrevieron a cuestionar el orden establecido, pero de esos hay tantos… mis padres habrían encajado perfectamente en ese prototipo), de sus amistades, sin contar con Internet… Y aún así, y a pesar de la adversidad, salir adelante, mantener la cabeza bien alta, luchar por lo que es un derecho. Hoy en el 2013 todo sería infinitamente más sencillo, pero entonces…

    La verdad, es uno de los ejemplos de mayor superación personal que he leído últimamente.

    Creo que esto te hace grande Alena, un día escribir de relaciones de un modo cómico, deslenguado o irónico, y al siguiente publicar una entrevista de gran profundidad como esta…

    Saludos.

  2. Gabriel JGabriel J

    Bueno, yo creo que debo dar las gracias a Alena por su entrevista y por el ojo tan tierno con el que ha mirado mi historia, creo que eso se refleja en el resultado. También agradecer los comentarios que habéis dejado aquí. Fue una historia muy dura y fue muy difícil vivirla con dignidad. Afortunadamente una vida así enseña mucho y poder emplear, en mi trabajo con los demás, todo lo que me enseñó esa vida, hace que esta historia tenga no uno, sino muchos finales felices. Y eso es verdaderamente emocionante y me hace sentir afortunado. Gracias de nuevo :)

  3. Avatar de Anita Patata Frita

    Me ha encantado, no tenía ni idea de lo que era la intersexualidad, he visto en la tele y en revistas casos parecidos pero no sabía que este era el término para referirse a ellos, y así contado tan claro y tan “en tertulia de amigos” me ha gustado mucho leerlo y aprender algo nuevo.

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