Felicidad de plastilina
Cosas que pasan

Felicidad de plastilina

Escribí este relato (en ruso) cuando era una niña. Hoy, casi 20 años después, me gustaría compartirlo con vosotros.

- Oye, papá, ¿qué significa “infinito”?

- Es algo que nunca se acaba.

- Ahá, entiendo. Entonces “infinito” es como vuestras discusiones con mamá.

Vika caminaba descalza por un asfalto calentado por el sol. Su papá la llevaba de la mano. Tenía ya cinco años o, como decían los adultos, “añitos”. Ellos no entendían que ella también era adulta. O, al menos, que ya no era una cría.

- ¿Qué discusiones, cariño? Somos una familia tranquila.

- Si es así, ¿por qué mamá te dijo ayer: “Pues vete con ella si crees que estarías mejor”? ¿Tienes alguna otra mamá?

- No, tengo otra gata, aparte de la nuestra, Kitty. Vive en el sótano, debajo de mi oficina. Mamá está celosa, porque sabe que no sólo compro comida a Kitty, sino también a Lucy. Ya sabes, ella adora a Kitty.

- Aaaah, entiendo- dijo Vika y le guiñó un ojo. Pero ella era adulta. Ella entendía que su padre le ocultaba algo. Seguramente él no tenía dos gatas, sino tres. Qué pillín.

Vika, llena de orgullo, continuaba paseando por el asfalto con SU padre al lado. De vez en cuando se quemaba los pies, pero disimulaba. No podía permitir que su padre se diese cuenta de que era una adulta débil. Estaba feliz. ¡Que les vea todo el barrio! Su padre era muy guapo. Ella se parecía mucho a él. El tonto de Iván le envidaba. ¡Ja! Normal, él no tenía padre.

Volvieron a casa. Las habitaciones olían a croquetas. Le encantaban las croquetas. Su madre, pálida y cansada, estaba en la cocina. Su padre arrugó la nariz, se quitó los zapatos, se puso unas zapatillas y caminó hacia el comedor. Unos segundos más tarde encendió la tele: daban las noticias de la tarde.

“¿Por qué no ayuda a mamá?”, pensó la pequeña adulta, asomando la cabeza al comedor mientras se quitaba un pequeño sombrero rojo que le había regalado su abuela. “Otra vez dicen esas palabras complicadas en la tele. Papá es muy inteligente: las entiende todas. Y mamá hace croquetas. ¡Qué ricas!”

Vika se puso a jugar con Kitty. Decidió no decirle nada sobre Lucy. No quería que la gata se enfadase y dejase de querer a papá.

Vika notó el olor a humo. Agarró a Kitty y fue a investigar a la cocina: “Mamá habrá quemado las croquetas.” La puerta de la cocina estaba cerrada, pero pudo ver a través de cristal que mamá estaba fumando. ¿Mamá? ¿Fumando?  ¿Y papá? Papá está moviendo los brazos y abriendo la boca. ¡Se está ahogando!

Vika abrió la puerta para salvarlo.

-  … deberías aclararte, querido.

Tatiana apagó el cigarro:

- Vika, ¿qué haces aquí?

- ¡Mamá! ¡Papá se está ahogando! ¿No lo ves?

Vika estaba a punto de llorar.

- No, cariño, papá está ayudando a ventilar la cocina. He quemado las croquetas.

Vika sonrió. Papá estaba bien. Volvió al recibidor, puso a la gata en el suelo y volvió a jugar con ella de nuevo.

Al día siguiente, mientras paseaba por el parque con su padre, era la adulta más feliz del mundo. De nuevo. Cuando se sentaron en un banco, Vika sacó una pequeña cajita de cartón del bolsillo de su vestido.

- Papá, quiero regalarte este pequeño elefante. Lo he hecho con mis propias manos. Es de plastilina.

Lo miraba fijamente, intentando memorizar cada gesto de su amor.

- Gracias.

Su padre sonrió. Apenas. De lado. ¡Pero sonrió al fin y al cabo! Vika, saltando de alegría se fue a jugar con los demás niños del parque. ¡Papá la quería!

- Ivan, he regalado a papá un elefante.

- ¿Para qué va a querer tu elefante?

- ¡Ja! Tú no tienes padre. Por eso te enfadas. ¡Tonto!

Ivan se echó a llorar y se fue corriendo.

Por la noche, después de cenar, su padre le regaló una muñeca nueva. ¡La que le gustaba hace tanto tiempo!

A mamá otra vez se le quemaron las croquetas. Papá, de nuevo, le ayudó a quitar el humo. Debería haber sido bombero. ¡Es tan valiente!

Y, a la mañana siguiente, cuando Vika se despertó, vio a su madre llorando:

- Mamá, ¿dónde está papá?

-  Se ha ido.

- ¿Cuándo va a volver?

- Nunca.

Mamá estaría de broma. Vika jugó con su nueva muñeca un buen rato. Pero su padre no volvía.

- Mamá, ¿es porque papá tiene otra gata?

- No, cariño. Es porque papá tiene otra familia.

La pequeña adulta se despertaba cada día con la esperanza de volver a encontrar a su papá. “Se habrá perdido”, pensaba mientras salía a jugar al parque. Ivan la miraba con alegría. Las amigas de mamá, con tristeza.

¡No! Papá no puede tener otra familia. Ni otra mamá. Ni otra Vika. Ni otra Kitty. Vika no creía que papá se hubiera ido. La quería. Lo buscaba por todos lados: en los parques, en las calles, detrás de las ventanillas de los coches. Pero parecía que su papá se había perdido mucho.

Vika volvió a casa en la que, como de costumbre, olía a croquetas. Buscó a la gata detrás de la puerta de entrada, donde Kitty solía esconderse, y encontró una pequeña bolita azul.

Era su elefante de plastilina, arrugado por un mano fuerte…

ruso

 

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Engaño  Infancia  

4 comentarios

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“Entonces “infinito” es como vuestras discusiones con mamá.”

4 COMENTARIOS

  1. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Es un relato muy triste.

    Solemos idealizar la infancia y recordarla como un remanso de paz y felicidad perfectas, cuando la realidad es muy distinta y las pobres criaturas, aun cuando no sufran un abandono como el que describes, se ven expuestas al estrés, al miedo, al desprecio y a la ansiedad que produce la necesidad de encajar, igual que todo el resto de los seres humanos.

    ¿Volveríais a la infancia? Yo ni por todo el oro del mundo aunque solo sea porque no fui del todo feliz hasta que no tuve el control absoluto sobre mi propia vida y fui dueña de mis decisiones y libre de cometer mis propios errores o mis propios aciertos sin rendirle cuentas a nadie.

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