Esta sola en la habitacion
Cosas que pasan

Estás sola en la habitación

Entonces quieres sentir. Sentir algo. Mojas el dedo y te tocas. Pero te quedas igual. Necesitarías un beso para poder seguir. Pero no hay nadie más en la habitación.

Y entonces te das cuenta de que nada es igual. Lo sabes nada más despertar. Todavía sigues con los ojos cerrados, pero eres consciente de que estás despierta. Te engañas a ti misma y te haces la dormida, sin que tenga algún tipo de sentido. Y respiras. Si pudieses, dejarías de respirar y todo se habría solucionado por sí solo. Pero no. Sabes que no es una solución. Al menos para ti no lo es. Tampoco es lógico permanecer en la cama y fingir que tienes sueño.

No hay nadie más en la habitación.

Por un momento te observas a ti misma desde arriba. Un cuerpo débil, acurrucado, pálido. Una cara que hace semanas no expresa absolutamente nada. Estás tumbada allí, en una enorme cama, en sábanas de color rojo, desnuda y desgraciada, suspirando en silencio y pensando que nada- absolutamente nada- tiene ningún tipo de sentido. Te das pena. Culpas al mundo en todos los problemas: en las decisiones incorrectas, en las personas equivocadas, en los acontecimientos injustos, en los suspiros interminables y en las noches llenas de vino y lágrimas. Te indignas. No lo entiendes. No te entiendes.

Abres los ojos. Te sientas en la cama. Apartas con el pie la montaña de ropa acumulada en el suelo y te pones delante de un espejo. Te miras de arriba abajo: la espalda curvada, las ojeras marcadas, la piel seca y descolorida, ojos rojos, cicatriz en la rodilla izquierda, los dedos amarillos de la nicotina. Eres tú, pero no eres tú. La de antes tenía exactamente lo mismo, pero todos aquellos defectos tenían su parte sexy. A la de ahora la hacen más vulnerable.

Te sientas en el suelo, rodeas tus rodillas con los brazos, bajas la cabeza para no volver a ver ese horrible reflejo, y lloras. Lloras porque sabes que nada ha cambiado y que todo ha cambiado. Lloras porque notas que tu reflejo no eres tú. No eres tú, la de antes, la que superaba cualquier tipo de bache, la que estaba segura en lo que hacía, la que luchaba porque sabía muy bien el objetivo de la batalla, la que no era desgraciada sino experimentada, la que adoraba las críticas viéndolas como algo en qué trabajar, la que descartaba las personas insignificantes y la que estaba segura de que, tarde o temprano, conseguirá hacer lo que quiere. La de antes saltaba por encima de las dificultades, sonreía, les guiñaba el ojo y pedía a gritos que los baches fuesen más grandes para disfrutar del salto. Esa era la de antes. La de ahora se cansó de saltar y se rompió el tobillo. Se tumbó en la cama, se tapó con un nórdico y sollozó para que le ayudasen. Pero nadie la escuchó.

Porque no había nadie más en la habitación.

Suena el teléfono. No lo coges. No te apetece hablar con nadie porque sabes que nadie será capaz de entenderte. Te dirán algo como: “No tienes motivos para estar así”. Los más experimentados te asegurarán que el tiempo lo cura todo y los más concienciados mencionarán a los niños que mueren en África. Y te sabrá muy mal por todo aquello que le pasa a los demás, por el hambre y por la gente que no tiene posibilidad de vivir. Te dolerá pensar que desaprovechas tu tiempo y te sentirás todavía más imbécil, pero seguirás sin poder hacer nada: tumbada en la cama y soñando con no tener que levantarte nunca más. Es por eso por lo que hace tiempo no respondes las llamadas. No te van a ayudar. Intentas vocalizar lo que te está pasando y la voz se te queda a medio camino. Como cuando  tienes una pesadilla, necesitas gritar y sueñas con que te quedas afónica en medio de una carretera.  Es tan sencillo como esto: no te pasa nada, pero te ocurren muchas cosas.

La música te molesta. Si te obligas a leer, horas más tarde sigues en la página 32 recordando lo mucho que te ha dolido aquella frase, o aquella persona, o aquella broma, o aquel encuentro, o aquel despido, o aquella vida.

Empiezas a tararear una melodía, pero te da asco tu voz.

Entonces quieres sentir. Sentir algo. Mojas el dedo y te tocas. Pero te quedas igual. Necesitarías un beso para poder seguir.

Pero no hay nadie más en la habitación.

Paras de llorar porque no te quedan lágrimas. Y te vuelves a mirar. Tienes miedo de volver a caer cuando te das cuenta de que estás sentada en el suelo. De que no hay nada más abajo. De que así nunca te vas a caer, pero si no lo haces, jamás podrás levantarte.

Y te levantas. Das dos pasos, te tropiezas con los bocetos inacabados en el suelo y con el portátil lleno de polvo. Los miras. Los apartas con el pie derecho, el que lleva la zapatilla puesta.

Te arrastras hacia la cocina, preparas una taza de café con leche y te paras delante del cuadro que pintaste hace unos meses. Estuviste dos meses, noche tras noche, viviéndolo, expresando en él cada célula de tu negra alma, cada lágrima con sabor a ácido, cada grito con olor a vino, cada decepción con intento de anularte, cada amor con amenaza a larga recuperación, cada pesadilla jamás contada, cada una de las vidas que habías vivido a tu temprana edad. Plasmaste todo lo que tenías. Todo lo que tienes y todo lo que vas a tener. Se lo enseñaste al experto.

- Todo el mundo quiere ser diferente.  Casi todo el mundo quiere ser el mejor. Pero pocos lo consiguen. Dos o tres de cada generación. Pero tú no serás una de ellas. ¿Por qué no pruebas escribir o cantar? Por hacer algo diferente. Ya me entiendes.

Volviste a casa, lo colgaste en la pared, abriste una botella de vino, llamaste a tu mejor amigo y, mientras te atragantabas con el humo del tercer cigarro seguido, escuchaste: “Tranquila, no es el fin. Quizás tiene razón y eres buena en alguna otra cosa”.

Te fuiste a la cama y no pudiste salir de ella hasta hoy.

Escuchas el contestador. Tu madre. Está preocupada. Te acuerdas de cómo un día te dijo: “Quizás nunca tengas la suerte de encontrarte con las personas que creen en ti. Pero no lo necesitas. Puede que no seas tan buena como te gustaría ser. Pero no importa lo buena que eres, sino la intención de ser la mejor. Cuando todo el mundo se centra en hundirte, jódelos. Es divertido. Ponte los tacones, píntate y rodéate de gente, a pesar de que es lo que menos te apetezca. Hazlo para pasar por encima de ti misma y estar por encima de los demás. Porque “los demás” que no te ven capaz, no son nadie”.

Sonríes, recordando el rostro arrugado de tu madre. Esos ojos con una pequeña chispa dentro. Tú siempre fuiste capaz de verla.

Acabas el café. Vuelves a mirar la pared con la frustración enmarcada en la madera desgastada.

Recoges las ropa del suelo de tu dormitorio, limpias las copas sangrientas, vacías los ceniceros, quitas las sábanas para lavar, pones la música, te vistes, te maquillas y te miras en el espejo. Eres tú, la que no sabe organizarse, la que se queja cuando tiene anginas, la que dice tacos, la que llora al ver un paisaje bonito, la que sufre paranoias en primavera, la que bebe demasiado café, la que tiene una mancha de nacimiento en el pie derecho, la que cada vez que come chocolate, vomita, la desastre, la eterna adolescente, la que odia los conejos y la que tiene miedo a las mariposas.

La que ha vivido las ocho vidas anteriores. La que quiere tener alas, pero mientras las fabrica, está aprendiendo a andar.

No eres la mejor, ni la que tiene más suerte. De momento.

Miras a tu alrededor.

No cabe nadie más en la habitación.

¿TE GUSTA?  

+25 -0

Decepeción  Soledad  Sueños  

11 comentarios

COMPARTIR


Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

ÚLTIMOS POSTS

“Quieres tener alas, pero mientras las fabricas, aprende a andar.”

11 COMENTARIOS

  1. CristinaCristina

    Nadie somos la mejor .
    Nadie la que tenemos más suerte .
    Y muchas veces en la vida estamos solas en una habitación
    A veces es verdad que no cabe nadie , otras cabría sólo “alguien” y la mayoría de las veces que entre quien quiera .
    Pero estamos vivas …..a ver …..qué más ……..mmmmmnnnnnnn…….pues eso .
    Viva .
    Nada menos .
    Con eso ya podemos hacer algo .

    Un beso pedazo de escritora

  2. rizzorizzo

    Impresionante. Muchos textos me han ayudado a reflexionar sobre mi propia vida. Pero éste es el mejor con diferencia de todos los que has escrito. Enhorabuena.
    Todos tenemos momentos así, demasiadas veces. Pero sólo tú te puedes sacar.
    Un beso

  3. Avatar de AguamarinaAguamarina

    Alena , gracias por expresar claramente situaciones que vivimos de forma tan similar. Como dices, ante personas que no te valoran o te minusvaloran porque si y te dejan sin aliento. En un primer momento me duele y me lamento de mi “suerte” .. Pero al día siguiente resurjo, me arreglo más que el día anterior y sonrío ante quien intenta que no sea así. Y hacia adelante, porque llegarán tiempos y personas adecuadas que me acompañarán en mi sueño. Yo lo seguiré intentando

Deja un comentario

TE PUEDE INTERESAR

rechazos
Relaciones

Mujeres holandesas de Amsterdam

Por Edu Batet | 13 mayo, 2016

Dice Joaquin Sabina que amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño. Igual no hace falta llegar hasta el amor. A veces, e...

CONTINÚA LEYENDO >
relaciones toxicas
Relaciones

Yo soy tóxica. Pero tú también

Por Alena KH | 9 mayo, 2016

Hay tres cosas que están muy de moda últimamente: meditar, comprar libros para fotografiarlos y aislarse de las personas tóxicas. Lo de meditar tie...

CONTINÚA LEYENDO >