No-me-gusta-nadie
Cosas que pasan

¡Estás cargada de puñetas!

Tania está llena de amor, está cargada de ganas de tener pareja, pero… no le gusta nadie.

«Estás cargada de puñetas», me dicen mis amigos cuando les hablo de la comida. No entiendo por qué me machacan tanto: ¡hay tan poca comida que detesto! Estoy enfadada. No me entienden. ¡No soy tan complicada! Les miro seriamente y les digo:

- No me gusta el marisco. No es que no me guste el marisco: no me gustan algunos tipos de marisco. Y ya está.

- ¿No te gusta el marisco?- me miran como si estuviese loca. Pero yo no estoy loca.
- Sí, ¿y qué? No todo el marisco,- repito.
- ¿Qué es lo que no te gusta?- insisten (pesaos).
- Da igual. Me gusta todo.
- Habla, va.
- Me gusta todo salvo bogavante, cigalas, gambas, langosta y langostino. Me parecen cucarachas de mar.

Se ríen. Se ríen mucho. Me miran con pena.

Me enfado y me voy a dar un paseo. «¡Va, Alena, vuelve!», gritan para que vuelva, pero yo no quiero hablarles. Son unos intolerantes. Pongo los auriculares y llamo a Marta, otra amiga del grupo que hoy no ha venido a comer con nosotros. Le cuento lo de mi enfado y el marisco. Marta permanece callada un rato. No es la reacción que espero. Tiene que decir que nuestros amigos son unos capullos, a pesar de que son sus amigos también, pero eso no importa ahora mismo. Tiene que decirme que tengo todo el derecho del mundo de enfadarme. Para eso le he llamado, joder.

Marta suspira y noto que quiere decirme algo, pero no se atreve. Probablemente no se atreve porque sabe que es peligroso: mi mala leche asusta, y Marta no es una suicida.

- A ver, cariño- empieza Marta. Sí, le doy miedo. Me ha llamado “cariño” y es porque sabe que me voy a cabrear con lo que me va a decir. – Ellos no se han reído de ti porque no te guste el marisco. Se han reído porque saben que no es sólo el marisco. Estás cargada de puñetas con el tema de la comida.

Le cuelgo.

Esto no me está pasando de verdad.

Me siento sola. Completamente sola. Soy una incomprendida por toda la humanidad.

No entiendo por qué me machacan tanto cuando hay tan poca comida que detesto. Estoy enfadada. No me entienden. ¡No soy tan complicada! Tan solo no me gusta el marisco. Bueno, también odio los dátiles y el coco. Y las anchoas (ay, qué asco las anchoas). No como cordero, pero es por mi infancia en Libia. Y el conejo, porque es bonito. Vale, suena fatal. Pero ya está. Quizás no me hacen demasiada gracia las manzanas o los cacahuetes. O el chorizo, pero ya está. Los lácteos no me sientan muy bien, pero no es culpa mía. Y a veces no como algo de pescado. No me acuerdo muy bien qué tipo de pescado no me gusta. Nunca he sabido distinguirlos y acordarme de sus nombres en castellano: tengo una libreta en la que lo apunto. A veeeer, aquí lo pone: merluza sí, bacalao sí, mero no… Cuando me lo preguntan, miro en la libreta y ya está.

Paro un momento. Joder, ¡estoy cargada de puñetas!

Vuelvo con mis amigos. Les digo que ya no estoy enfadada, que se me ha pasado. Bueno, que tienen razón y que es verdad que no como muchas cosas. Yo prefiero una comida simple y preparada sin demasiadas salsas. Disfruto enormemente con unas verduras al vapor y con un trozo de pavo a la plancha. Pero yo soy feliz así. Y es por eso por lo que nunca voy a los restaurantes de muchas estrellas y cosas: porque me sabe mal no poder disfrutar de las cosas, cuando se supone que la gastronomía es un arte. Me sabría mal ofender a los cocineros. Y, sinceramente, prefiero ir al mercado y comprarme muchas verduras para una ensalada.

Nos reímos un rato y cambiamos de tema. Hablamos de lo de siempre: de viajes, de libros y de problemas amorosas de Tania, una chica del grupo. Más bien hablamos de sus problemas no-amorosos, porque su principal problema es éste: no encuentra a quién querer. Está llena de amor, está cargada de ganas de tener pareja, pero… no le gusta nadie. Conoce a muchos hombres, tiene millones de citas al mes. Tantas, que ni siquiera se acuerda de los nombres de todos los hombres a los que quiso amar y no pudo.

Tania nos saca su libreta y nos habla de las últimas 20 citas. Siempre hace lo mismo y nos lo pasamos muy bien, riéndonos de sus “fracasos”:

- Alex, 32 años, arquitecto, demasiado serio. Juan, 30 años, pintor, demasiado loco. Sergio, 38 años, mecánico, tiene un hijo. Pedro, 35, recién separado con problemas con la ex. Lot, 39 años, en paro, ¿quién le puso ese nombre? Valentín, 33 años, profesor, muy bajito.

Y así un buen rato.

- Pero… igual alguno de ellos valía la pena- le decimos.
- No. Yo tengo muy claro lo que no me gusta en un hombre: odio a los hombres demasiado serios y aburridos, pero también a los locos artísticos. Detesto a los ñoños y a los llorones. Jamás estaría con un tío con hijos. Tampoco me gustan los hombres cuya altura me obliga comprarme zapatos planos.
- Oye, yo soy bajito y tengo un hijo- le dice Pepe, el tipo más encantador de nuestro grupo de amigos.
- Vaaaa, no compares- se ríe Tania- a ti te lo perdonaría todo, pero estás ocupado.
- ¿Perdonarme? Ya te vale.
- No te enfades.
- No me enfado, me indigno. Que sepas que yo jamás saldría con una tía como tú.
- ¿Como yo?
-Sí, como tú: intolerante a pesar de estar llena de defectos. Como todos.

Peligro, peligro. Eso huele a tormenta.

- Va, chicos, no os enfadéis- les digo- ¡Si estamos de cachondeo!

Tania me mira con cara de asco y suelta un “¡Ja!”, añadiéndole desprecio a la cara de asco que ya de por sí es bastante descriptiva:

- ¡Y me lo dice ella! La señorita Sencillez. La que acaba de montar un circo por preguntarle por qué no come el marisco. ¡Idos todos a la mierda!

Se enfada y se marcha.

«Estás cargada de puñetas», grito mientras se está alejando. Simulo que lo hago riéndome de mí misma. Pero en realidad es mi venganza por su cara de desprecio.

Nos quedamos callados, esperando que Tania vuelva. Pero no vuelve. Yo acabo mi plato y me siento satisfecha, y a la vez culpable. Satisfecha, porque ya nadie habla de lo tonta que fui con mi enfado. Culpable, porque me comporté como una niña pequeña.

- ¡Qué rica la ensalada!- digo chupándome los dedos e intentado cambiar de tema. – De las mejores ensaladas que he probado jamás.

Pepe me mira con asombro. Todos se ríen.

- ¿Qué pasa ahora?- les pregunto, molesta.
- Era una ensalada de gambas.

Joder.

Me despido de todos y cojo el coche para ir a casa de Tania. Quiero pedirle disculpas por mi chiquillada. Y, una vez me perdone, contarle lo de las gambas.

Y es que tenerlo todo tan claro nos impide ser felices. Porque si tuviésemos tan claro lo que nos hace felices, seríamos siempre felices. Estamos cargados de puñetas.

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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4 COMENTARIOS

  1. Avatar de Kenalanonymous

    Está muy bien tener las cosas claras, pero es necesario conocer lo realistas que son nuestras expectativas para no vivir en un engaño. ¿Sabe tu amiga el % de hombres que cumplen sus requisitos?

    Por poner un ejemplo sencillo:

    Imaginemos que tu amiga quiere un hombre que mida 1,85m y que tenga estudios superiores. Después de leer el artículo ya nos podemos imaginar que tu amiga tiene un listado de requisito bastante más amplio, pero tomemos esto como un ejemplo ilustrativo.

    ¿Cuál es la probabilidad de que un hombre mida 1,85m o más?

    La altura medía de un hombre español es de 178cm. Con este dato y viendo lo que hay por la calle yo diría que el porcentaje de hombres por encima de 1,85m es aproximadamente de un 15%.

    Yo mido 1,87m y rara vez veo a alguien más alto que yo, así que estoy siendo bastante generoso con este porcentaje, ya que es muy probable que sea inferior a un 10%.

    ¿Cuál es la probabilidad de que un hombre tenga estudios superiores?

    En España un 34,2% de hombres tienes estudios superiores. Ahora bien, como a tu amiga no le gustan los hombres en paro, vamos a considerar sólo a aquellos hombres que se hayan formado en algo con buenas expectativas laborales (ingenieros, médicos, abogados, etc.). Siendo generosos vamos a tomar una tercera parte estos hombres, es decir, aproximadamente un 11%.

    Si el 15% de los españoles miden 1,85m o más y el 11% tienen estudios con buenas expectativas laborales la probabilidad de encontrar a un hombre que cumpla ambos requisitos es de un 1,6%.

    Por cada 100 hombres que se encuentra por la calle sólo 1 cumplirá estos dos requisitos. Pero claro, de estos, ¿cuántos están solteros…?

    Ahora imagina que en lugar de tener en cuenta sólo estos dos requisitos tenemos el listado completo de tu amiga: divertido pero no demasiado payaso, sin hijos, seguro que también lo quiere guapo, que la trate como a una princesa, etc. Ah, y que esté soltero, imagino que esto también será importante.

    Si el lugar de tomar sólo dos requisitos tomásemos todo el listado, o al menos aquellos de los que tengamos datos para sacar la probabilidad, estoy seguro que tu amiga está buscando a 1 hombre entre 10.000 como mínimo, y además rezando para que no esté ya casado o emparejado.

    Creo que muchas personas, hombres y mujeres, confunden el mantra de “tengo las cosas claras” con pedirle la carta a los reyes magos.

    Suerte a tu amiga y muy divertido tu blog.

    PD: el problema de esta analogía comida/hombres es que si a ti no te gusta el pescado puedes comer carne o verdura, pero en el caso de tu amiga al no encontrar “EL HOMBRE” que cumpla todos sus requisitos, se niega a rebajar sus expectativas y pedir otro plato; así que sólo le queda pasar hambre.

    1. Avatar de pilarpilar

      Hola,

      Me he quedado sorprendida por todo tu analisis estadistico de hombres disponibles bajo las premisas de la chica, jajaja, te lo has currado tanto que seguro podrias ser un candidato estupendo, en el caso de que fueses soltero y sin hijos.

      Pero es malo tener las cosas claras?, yo tengo clarisimo lo que no me gusta y me dejo sorprender por todo lo demas; el sábado pasado cuando salí de copas con una amiga, un señor (porque era un señor, aunque yo no sea una niña ya, no me gustan los hombres con aspecto de señores, entre otras cosas jaja), se encapricho de mi y no dejaba de mirarme, acercarse a intentar tener una conversacion y de piropearme, le di las gracias en repetidas ocasiones y quizas me mofe un poco de aquella situación, y el señor con mas moral que el alcoyano, no se daba cuenta que no queria nada en absoluto con el, pobre hombre; pero que hago si no me gusta como va vestido, no me gusta su cara, su forma de hablar, su sonrisa, su estatura, su pelo, su mirada, sus bromas y su conversacion????, tengo que abrir campo a todo?????; hoy se lo contaba a otra amiga y me decia…y ese no te gustaba no nena?, pues no, nada jajajaja, me gustaba el de hace mes y medio y del que no se nada hace varias semanas, la vida se rie de mi.

      Me gusta el que me robo un par de besos en la puerta del coche y me pidio el telefono, el alto, delgado y medio guapo, con conversacion y lo mas importante que entienda mis bromas y me haga reir, pero ese me ha chuleado jajaja y el pequeño señor seguro que seria un hombre entregado y docil, pero yo no soy docil y me aburriria, porque voy a abrirle campo?; creo que la cuestion es porque conformarme con este mismo si tengo claro lo que me gusta y ya esta.

      La entiendo perfectamente y en algun sentido me parezco a esa chica, tengo mucho amor por dar, pero lo dare a quien me pinche la tripa, no al primero que me diga bonita por tal de no estar sola.

      Un saludo!!!

  2. Ana

    Pues yo veo muy reflejadas a todas las mujeres en Tania, a TODAS, pero luego aparece uno que “vete tú a saber que pintas/estudios/posición tiene” y te desmonta el chiringuito y pierdes las bragas por él, el problema es que todavía no lo conoce, pero tiempo al tiempo, tiempo al tiempo…

  3. Avatar de CaroCaro

    Yo es que casi prefiero ni pensar lo que comenta anónimo arriba…Estuve un tiempo tonteando con Ok cupid y llegué a la conclusión de que soy tan pickie a estas alturas que mejor quedarme en casa leyendo…XDDD

    Me he sentido totalmente identificada con la lista de Tania…Mal de muchas…

    Chuuuu!!!

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