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Sociedad

Estar en paz conmigo mismo. ¿En serio?

A veces me sorprendo dudando hasta de las únicas cosas de las que creía estar seguro.

Acabo de volver de hacerme mi primera limpieza dental. El que me conoce sabe que siempre llevo conmigo un tubito pequeño de pasta y un cepillo plegable para lavarme los dientes hasta cuando como fuera, pero nunca antes me había hecho una limpieza en un dentista. He ido con mucha ilusión porque había una pequeña mancha en una de las paletas inferiores- prácticamente inapreciable, pero uno, que está harto de verse al espejo todos los días, se da cuenta de todo- que llevaba tiempo molestándome ver, y estaba deseando quitármela del medio y lucir sonrisa. Pensaba que iba a salir de la consulta contentísimo. Madre mía, parece que acabe de conocerme a mí mismo hace dos días.

Yo nunca salgo contentísimo de ningún lado.

Nada más acabar, la dentista me ha pasado un espejo para que viese los resultados. Expectante, cuál ha sido mi sorpresa al notar que entre las dos paletas inferiores ahora había un hueco que antes no existía. “No sabía que tuviese las paletas separadas“, he comentado. “Tranquilo, suele pasarle a mucha gente. Tenías un sarro que para ti era inapreciable o parte del propio diente y, al retirarlo, se ha quedado el hueco. Te acostumbrarás“. Los cojones, lo que pasa es que la tía esta es una inútil y se ha pasado limando, ¿o me vas a decir que he vivido 23 años sin saber que tenía las paletas inferiores separadas? Venga ya. Le he dado las gracias hipócritamente y he salido pitando para casa.

Me he pasado todo el camino mirándome en la pantalla del móvil, cagándome en todo lo que me tenía que cagar y pensando que maldito el momento en el que había decidido quitarme esa mancha minúscula que, en realidad, tampoco me molestaba tanto. Genial Dave, donde antes tenías algo inapreciable ahora tienes un socavón por el que caben dos camiones. Te pareces a la tonta esa que anuncia pintalabios de L’Oreal y tiene una paleta en Almería y la otra en Burgos. Fantastique.

Ha sido cuando he pensado lo de los camiones- porque lo he pensado realmente- que me he dado cuenta de lo exagerado que estaba siendo y de que ni la dentista era una inútil ni el problema estaba en otro lado que no fuese mi cabeza. Aún en el supuesto de que hubiese salido de allí encantado, dudo que hubiese tardado más de un día en encontrar algo, otra cosa nueva sobre mi aspecto con la que obsesionarme. Y es que yo, como mucha gente, soy así. Es otra de las cosas que envidio de los que superáis los treinta: si supiérais lo que me entra por dentro cada vez que hablo con alguno de los amigos que hace ya unos cuantos añitos que llevan un tres- o un cuatro- delante en las velas y me dicen cosas del tipo “qué quieres que te diga, yo es que por primera vez en la vida me siento en paz conmigo mismo. Me siento bien y estoy a gusto de ser como soy“… los quiero mucho, pero qué guantazo bien dado les daba en ese momento.

Yo ni estoy en paz ni a gusto conmigo mismo, qué coño. Y si lo estoy, ya me encargaré de dejar de estarlo. Creo que lo que me pasa es algo similar a la aparición del vello en mi rostro: que llega con retraso. De adolescente mi barba y las crisis existenciales brillaron por su ausencia: siempre tuve las ideas muy claras, la autoestima de hierro y la piel con menos pelo que una Barbie de los chinos. No obstante, y lejos de reforzarse, esa actitud garantizadora del éxito ha ido desvaneciéndose con los años hasta casi- casi, he dicho- desaparecer por completo.

Y no me reconozco.

A veces me sorprendo dudando hasta de las únicas cosas de las que creía estar seguro. Lloro, de lo absurdo que me siento. Y me río, de lo mucho que me gusta trasladar la teatralidad a la vida. Y, sobre todo, me pregunto dos cosas: cuándo va a acabar esta montaña rusa de hormonas y emociones- ¿con 23 se puede seguir usando la excusa de las hormonas?- en la que vivo y si realmente quiero que lo haga. ¿De verdad quiero “alcanzar la paz”? Suena más a tener un pie en el otro barrio que a tener los dos en éste y usarlos para bailar.

No sé si algún día lograré librarme de mis miedos, inseguridades y esa manía de tener siempre algo por lo que acomplejarme, pero lo que he observado hoy viéndome desde fuera es que, sin lugar a dudas, estoy completo, completísimo. No me falta ni un sólo Dave, los tengo a todos: el Dave consciente de su valía que transmite seguridad y aplomo, y el que reescribe un artículo una y otra vez y lo compara con los de otros por miedo a no estar a la altura; el Dave tolerante y compasivo, y el déspota y prejuicioso; el Dave que sueña con tener una carrera de éxito y vivir sólo en el centro sin tener que rendirle cuentas a nadie, y el que aprovecha que los niños están en el colegio para pintar las puertas de su casa en las afueras. No sé si orgulloso es la palabra, pero pensar en lo completo que me siento dentro de mi vacío, en cómo hoy quiero esto y mañana lo contrario y en cómo ni yo mismo me entiendo ni aguanto, me hace sentir bien. Me resulta gracioso.

Tengo muchos vértices, algunos contradictorios entre sí. Y es gracias a ellos que, aunque no siempre me de cuenta, estoy disfrutando así del camino. Me gusta ser real y no un concepto idealizado de mí mismo. No creo que necesite una vida en la que no tenga nada de lo que quejarme ni por lo que sentirme acomplejado.

Imagináoslo. Menudo aburrimiento, ¿no?

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Dave SantlemanPor
Dave Santleman

Diseñador de moda y estilista. Andaluz, pero trotamundos. Habré tocado techo cuando me propongan rodar el anuncio de Navidad de Canal Sur.

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3 COMENTARIOS

  1. Avatar de CarolinaCarolina

    Hola Dave, cada edad tiene sus peculiaridades, y es cierto que a medida que vas cumpliendo años y viviendo experiencias llega un momento en que tu prioridades cambian y lo único que quieres es estar lo más tranquilo posible. A pesar de esto, y considerando que soy una de las que tiene un “3″ delante en su edad, te diré que dicha montaña rusa vuelve a aparecer en momentos determinados. Lo importante aquí es hacer lo que te haga sentir bien y sin parecer un libro de autoayuda te diré que disfrutes (las treintañeras también bailamos), no le des tantas vueltas a la cabeza y tranquilo… escribir se te da muy bien.
    Un saludo.

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