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Sociedad

Envejecer es para valientes

En la era de la imagen y la foto uno ya no puede envejecer. Eso es así.

Bueno, pues sí. No puedo negarlo. Mis ídolos de juventud son auténticas momias. Hemos ido trampeando entre todos esta realidad hasta que ya se ha hecho insoportable, y no toca otra que bajarse del burro y aceptarlo.

Rozando los cuarenta me doy cuenta de que una generación por encima me está marcando el camino que uno nunca quiere tomar. El camino de tener que aceptar que entre los cuarenta y los cincuenta, un agujero negro nos engulle y nos escupe directamente contra el suelo.

Algunos lo salvan con más suerte, otros con más dignidad, incluso hay alguno que logra mantenerse con una habilidad pasmosa a secarse como un papiro, pero la realidad es como un portazo en la cara. Cuando estás un tiempo sin ver a esa estrella de cine que te hacía suspirar como un loco, sabes que aparecerá una foto que te romperá el corazón en pedazos.

Y es que encima ahora se ha puesto de moda cambiarse la cara directamente. Eso es algo que realmente acojona y está pasando cada vez más. Porque una cosa es envejecer y llevarlo más o menos bien, y otra muy diferente ponerse otra cara. Es de locos.

Y suele pasar siempre los lunes: abres el ordenador y la primera imagen que aparece es aquella estrella de cine que te fascinaba, pero con su nueva cara de goma. Durante unos segundos te cuesta reconocer a alguien entre los retoques de moflete y estiramientos de la gallina pocha, pero cuando entre el amasijo de chicha ves aparecer a esa persona, no puedes hacer otra cosa que taparte la boca y exclamar muy fuerte como si fueras una madre.

En la era de la imagen y la foto uno ya no puede envejecer. Eso es así. Y la broma de todo esto es que uno no puede mantenerse estupendo toda la vida ni a golpe de bisturí. Porque te pondrán una cara nueva, pero estará hecha un culo en nada. Y entonces te tendrán que poner otra cara que nacerá del error de la anterior y sumará moflete y goma de chancla en lugares donde tu rostro jamás había planeado tener volumen.

Ponerte otra cara porque sí. Cambiarte la careta como si tu vida fuera un puñetero carnaval.

Malditos cirujanos plásticos del horror, malditas narices prensadas, malditas patas de gallo estiradas, malditas arrugas convertidas en piel de tambor, maldito Instagram. Maldito el día en que una persona decidió meterse en una sala de operaciones cuando en realidad lo que necesitaba era un abrazo.

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Envejecer  Estética  Siglo XXI  

3 comentarios

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3 COMENTARIOS

  1. NadaramaNadarama

    Qué razón tienes Edu, yo me estoy cuestionando incluso si los cirujanos de Hollywood son terroristas yihadistas encubiertos. El FBI debería hacer algo al respecto. Yo me considero defensor a ultranza de la cirugía estética, y de vez en cuando me hago un apaño, pero nunca iría a un cirujano con una foto de Kim Kardashian diciendo: “necesito 1 millón de seguidores en Instagram para ayer, quiero que mi cara se paezca a este culo”. Me pregunto qué necesidad tenía Uma Thurman de hacerse una rinoplastia a los 44 años después de una carrera luciendo orgullosa su apéndice nasal. Quizás destrozarse la cara es el nuevo “bajarse del coche sin bragas” de las celebritys.

  2. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    La cirugía estética es cirugía, verdad de perogrullo que hay quienes parecen no entender. Como tal, puedes salir tonto o muerto de la anestesia (aunque sea poco probable), sufrir una infección, no cicatrizar bien,… Mi madre instrumentó quirófano muchos años y contaba cosas tremendas. Luego, aparte, está el mejor o peor gusto del cirujano, que cada uno tiene el suyo, y la ética, que a veces escasea. Los dolores y moletias de los postoperatorio tampoco son demasiado conocidos.

    Ahora, hay gente que no puede vivir del complejo y cuando se opera florece. Puedes pensar que mejor que vayan a un psicólogo pero no es así. Yo conozco dos chicas. Una se operó la nariz (horrible) y adiós complejos. Otra se redujo el pecho, le dejaron un culopollo que si me lo dejan a mí no paro de llorar en veinte años, pero ella estaba feliz.

    Los riesgos son indiscutibles. La elección sobre si se deben correr o no es muy personal. Sí pienso que se debería divulgar más sobre en qué consisten las operaciones, los riesgos, postoperatorios y el mantenimiento posterior, para que quien elija lo haga con toda la información en la mano.

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