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Relaciones

Enamorarse duele, pero…

Los accidentes amorosos te dan la oportunidad que los aéreos no pueden darte...

Ahora que no nos oye nadie os voy a contar un secreto: tengo pánico a los aviones. Me podéis hablar de las estadísticas, del funcionamiento de esos bichos volantes, de que, probablemente, me moriré antes por fumar que por volar. Lo sé. Y todo lo encuentro muy lógico, muy convincente, muy cuerdo. Pero me da igual. Es más, mi padre era piloto y viajaba a países de guerra, sigue vivo y disfruta de su jubilación plantando rosas en el jardín de nuestra casa de verano. Todo esto es cojonudo, pero yo tengo miedo a volar.

Para ser exactos, tengo miedo al despegue. Una vez estoy allí arriba, me tranquilizo bastante.

Sé que si el avión decide caerse al despegar, no tengo nada que hacer y no tiene sentido ponerme nerviosa por ello. Aunque hace poco me he dado cuenta de que en realidad no tengo miedo a morir. Tengo pánico de enterarme de que me estoy muriendo: estar ahí dentro y ser consciente de lo que está sucediendo. No puedo con ese pensamiento. Si pudiese elegir, me gustaría morir como mi vecino de arriba: un día se fue a trabajar, se sentó en el banco de una parada de autobús y se le paró el corazón. Ya está.

Cada día conozco a más gente que tiene el mismo miedo, pero trasladado a la hora de conocer a alguien después de haber pasado por varias rupturas dolorosas y, a primera vista, inolvidables. Sus enamoramientos son tan desagradables y tan desesperantes como mis despegues. Cuando yo hago un viaje, me vuelvo eufórica pensando en lo feliz que estaré cuando llegue al destino, pero sé que antes tengo que aguantar el vuelo. Les pasa exactamente lo mismo: tienen ganas de que esa persona sea LA persona, de vivir muchos momentos bonitos a su lado, pero antes… Antes toca despegar, volar, superar unas cuantas turbulencias, aterrizar y sólo después deshacer las maletas y disfrutar.

Y lo más jodido es que a veces todo este sufrimiento va seguido de un viaje que no cumple con las expectativas. Como fueron, por ejemplo, mis vacaciones en Oslo.

Enamorarse es bonito, dicen. Lo es, pero… ojalá fuese todo tan fácil. Los miedos, las dudas, los mensajes que nunca llegan a la hora, las primeras veces fallidas, la eterna incógnita de “y si no siente lo mismo que yo”, los “¿le llamo o me llama?”, las decisiones acertadas y otras no tanto, las lágrimas, la felicidad desbordante y la tristeza más profunda cuatro días después. Las pasiones y las decepciones, los pensamientos molestos y las ganas insostenibles de acabar el día laboral para verlo. Las ansias de agradar y los miedos a no estar a la altura. Todo esto es insoportable.

Enamorarse es sentirse vulnerable. Enamorarse es tener un sueño y saber que, quizás, nunca se cumplirá. Enamorarse es agotarse de tanto esfuerzo y tanta incertidumbre. Enamorarse es desear que pase la época de adrenalina y euforia. Enamorarse es jodido, pero… es precioso. Enamorarse es una lección de autocontrol. Y, sobre todo, es una clase magistral de generosidad.

Puede que, tras estamparte, pienses que enamorarse no sirve para nada. Pero te equivocas. Enamorarse es viajar. Y viajar es vivir.

Cada vez que subo en un avión, sé que podría ser la última vez. Pero jamás dejaré de viajar por ello.

Despega.

Vuela.

Disfruta.
(O no).

Pero vuelve a volar.

Los accidentes amorosos te dan la oportunidad que los aéreos no pueden darte: la de volver a despegar poco tiempo después de la catástrofe.

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Dolor  Enamorarse  Miedo  

13 comentarios

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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13 COMENTARIOS

  1. Criss

    Leer cosas así justo cuando las estás pasando… la verdad que como tú dices, viajar es vivir, enamorarse también, pero cómo duele estrellarse y cómo cuesta volver a ponerse en pie. La verdad al final a una se le quitan las ganas de todo…

  2. Avatar de VirginiaVirginia

    Me siento completamente retratada. Tengo pánico a enamorarme…a sentir que esa persona me tiene cogida del corazón y que en un apretón me puede dejar tiesa emocionalmente. Te recuperas, sí, de todo se sale, pero el proceso al menos en mi caso es largo. Lo bueno de estar en la treintena es que aprendes a no engañarte a ti misma, sabes que si encuentras a alguien que parece la luz de tu vida hay una sombra detrás que no conoces…sus defectos pueden ser el motivo por el que debes alejarte de él.

    La verdad es que el enamoramiento no es el problema, el problema es la persona de la que te enamoras, pero es jodidamente difícil dar con la persona adecuada…

  3. Avatar de PSPS

    Creo que sí Alena, somos much@s los que no nos resignamos a dejar de volar solo por miedo a estrellarse. Nadie mejor que tú en este post había descrito mi opinión al respecto. Cuando afirmo que creo en el amor, mucha gente me trata de fantasiosa, soñadora, cursi,… me canso de escuchar ¿Para qué? ¿Para sufrir? Siempre contesto lo mismo, no, para sentirme viva. Con la emoción de los primeros encuentros, con las primeras palabras cariñosas, el primer beso, esos momentos en los que te olvidas del resto, esas ganas de tocarse, esos whatsapp de buenos días, las sorpresas, pero también con la decepción, la tristeza y las dudas, la ansiedad, y la confianza que utilizas para superar esos momentos y que verdaderamente no indican otra cosa de que tienes la inmensa suerte de sentir emociones, que tu vida no es un pasar de los días cada uno igual que el otro.
    Me he enamorado varias veces en mi vida, con más o menos intensidad y con más o menos duración pero de todas ellas, hasta la más decepcionante por no ser correspondida, he logrado volver a despegar con más ganas si cabe, con la lección aprendida y la certeza de que si alguna vez vuelve a sucederme, no es tan grave, conseguiré superarlo.
    Gracias por el post Alena, de verdad me alegra ver que no soy la única kamikaze que se lanza a la piscina del amor sin miedo a ahogarse.
    Ah! Y también tengo pánico a volar!!! Aun así he cruzado el Atlántico alguna que otra vez…

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