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Cosas que pasan

En un desierto también hay ladrillos

Desarrollar una estrategia te obliga a crear unas expectativas de que ésta funcione. Tener expectativas conlleva a llevarte un disgusto en caso del fracaso de tu táctica.

Hay dos formas de vivir la vida: vivirla o “ir tirando”. Hay dos formas de “ir tirando”: suponer que algún día sucede algo maravilloso o planificar las cosas con la seguridad esperanza de que la estrategia funcione (y de mientras, ir tirando).

Pero hay una sola manera de vivir la vida: viviéndola. Todos lo que siguen con vida están vivos. Algunos, además, la aprovechan.

Hace años yo envidiaba a la gente que tenía estrategias para todo. Esa gente me parecía exitosa. Me parecía segura de lo que hace, terrenal, inteligente y afortunada. Esa gente me parecía disciplinada.

Pero no era más que un engaño. Esa gente me engañaba y sigue intentándolo. Pero los he pillado. Fue un descubrimiento tan estúpido que me sentí todavía más idiota que cuando me enteré de que el “blazer” y la “americana” eran lo mismo.

Esa gente vivía creando estrategias constantemente: incluyendo amores, trabajos, amistades, dinero, familia. Hasta para tener éxito en las redes sociales. Lo llamaban “estrategia de marketing” y todo sonaba muy bonito y muy asombroso. Me daba la impresión que, planificando las cosas, éstas siempre saldrían bien. Al menos es lo que ellos me vendían. O lo que yo les compraba.

Ellos seguían planificando cada parte de su vida. Yo los observaba, mientras seguía viviendo “a lo loco”, y creía que se me escapaba algo. Idiota de mí.

Pero el rotundo éxito de sus estrategias era de mentira. Obviamente. El descubrimiento que os he mencionado antes fue sencillo: sus estrategias que terminaban con un fracaso se enterraban inmediatamente en los cajones de “mala suerte”, mientras que las exitosas saltaban de sus bocas y nos salpicaban a todos. Nos escupían con su éxito. Nos daban asco y nos despertaban admiración.

Ahí es cuando entendí que yo estaba siguiendo la única estrategia que siempre funciona: la de no tener ningún tipo de estrategia.

Desarrollar una estrategia te obliga a crear unas expectativas de que ésta funcione. Tener expectativas conlleva a llevarte un disgusto en caso del fracaso de tu táctica. Si por un cúmulo de cosas, la maniobra te sale bien, tu alegría es auténtica, pero tu vida, no. La autenticidad de un ser humano está en su espontaneidad. Cualquier tipo de estrategia impide que seas natural.

Creer en estrategias te hace sumergirte en un mundo de estadísticas, de conclusiones equivocadas y de generalización inevitable. Te hace sentirte superior. Te da la sensación de estar respaldado. Pero llega un día en el que, paseando por un desierto, te cae un ladrillo en la cabeza. Sí, un ladrillo. En mitad del desierto. Y ahí es cuando tu supuesta inteligencia y lógica jamás sabrán explicar de dónde puede salir un puto ladrillo en un puto desierto. Pero a veces cae. Sin más. En tu cabeza. Y te perfora el cráneo. Tú, calculador y sabelotodo, te quedas allí, en medio de una montaña de arena, con esa cara de gilipollas y con la frente sangrando. Y mientras te estás muriendo, poco a poco,  no paras de preguntarte: ¿qué es lo que no he podido prever?

Yo te respondo: nada.

Ahora puedes morir.

Bueno, no. Antes te explico un par de cosas. Tienes dos opciones. Siempre hay dos o más opciones en absolutamente todo. En caso de las estrategias la cosa se viste de blanco y negro: o sigues una estrategia, o no la sigues. Si optas por lo primero, que no te sorprenda morirte en medio del desierto. Si vivieras sin ningún tipo de planificación, probablemente el ladrillo caería igual. Pero apuesto lo que sea que: 1. No te habrías quedado pensando en el fallo del cálculo, sino que buscarías una solución. 2. Aunque no haya ningún tipo de soluciones, te morirías igual. La diferencia está en que la poca vida que hayas vivido antes del accidente, la habrías vivido de verdad. Planifiques o no, un día u otro recibirás hostias. Pero esas hostias no saben igual. En el primer caso te destrozará la frente. En el segundo, además, hará sangrar a tu ego.

Las estrategias en el trabajo son de inútiles. Esperar que te asciendan de puesto es de gilipollas. Trabajar más para que esto suceda es ilógico: tú has aceptado un puesto: con un sueldo y un horario. Si decides trabajar más, es tu problema.

Las estrategias para ganar más dinero son de avariciosos. Seguramente son las más comprensibles. Sin embargo yo me pregunto: ¿de verdad tu vida depende del dinero que llevas en el bolsillo? Que sí, que es importante comer, beber y disfrutar. Tu día a día es dinero. ¿Pero tu vida en general? ¿Sí? Pues vaya mierda de valores que tienes.

Las estrategias para tener mas influencia en las redes sociales son de ilógicos. Que me perdonen todos los social media del mundo, pero un simple mortal o una marca no van a tener más influencia porque siga una estrategia. Seguramente tendréis mil argumentos muy válidos para demostrarme lo contrario. Pero no hablo de números, hablo de influencia. Es decir, de lo poco/mucho que llegáis a influir de verdad en la vidas de las personas y en sus opiniones respecto a algo. Porque, si os fijáis, el que tiene más seguidores no suele ser el que más habla, sino el que más calla. La gente diplomáticamente correcta, la que no opina sin pelos en la lengua, es la que más followers tiene. Pero también es la que menos dice hablando. Y, desde luego, la que menos influye en las mentes.

Las estrategias en el campo amoroso es de insatisfechos. Una estrategia amorosa está basada en función de lo que tú eres. De lo que tú harías, de lo que tú quieres que haga la otra persona para hacerte feliz de la manera que te hace más feliz a ti. Pero cada uno tiene su forma de hacer feliz a los demás: puede que la suya no sea la que más te conviene. De acuerdo. ¿Para qué sigues empeñándote en algo que nunca te va a satisfacer? Todo el mundo tiene su propia forma de amar. De ti depende escoger la más apropiada. La que te hace sentir a gusto.

Porque mientras haces tus croquis, dejas de vivir el presente. Mientras los aplicas, dejas de vivir el presente. Y cuando todo se va a la mierda, tú no lo has vivido. Los amores no se planean. Los amores no entienden de estrategias. Los amores o suceden, o no.

No tener estrategias. En nada. No esperar nada. De nadie. No vivir planificando.

Vivir.

La vida es la espontaneidad. La espontaneidad es la naturalidad. La naturalidad es la única forma de vivir.

Ya he terminado. Ahora sí. Muere. Te lo mereces.

¿TE GUSTA?  

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Amor  Espontaneidad  Estrategias  Trabajo  

15 comentarios

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“Los amores no se planean ni entienden de estrategias. Los amores o suceden, o no.”

15 COMENTARIOS

  1. La GraduadaLa Graduada

    Dios mío Alena, ¿de verdad que la americana es lo mismo q un blazer? ¡No lo sabía! (pensaba q el blazer era más largo, o qué sé yo…)

    Segunda cosa: GUAU. Por post como este me alegro de ser premium en este blog. Qué tonta era yo con veinte años, pensaba que esas chiquitas que tenían todo claríiiiisimo, que nunca dudaban en nada, y que respondían muy bien a la pregunta de: ¿qué vas a hacer cuando acabes la carrera? eran mucho más afortunadas que yo.

    Si pudiera volver atrás le diría a mi yo de veinte años cuatro cosas (entre ellas “tu filosofía es la correcta, aunque sea minoritaria”), y después le daría a leer este post. Qué pena que no podamos volver atrás… Pero por lo menos, espero que estas opiniones sí puedan valerle a los veinteañeros de ahora.

    ¡Saludos!

  2. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Uy, uy, uy, lo que has dicho. ¿Una pedazo de “controlitos” como yo quieres que vaya por la vida sin tratar de prever cada eventualidad hasta sus menores consecuencias?

    Menos mal que la vida no le hace ni caso a mis neuras, siempre se sale por peteneras y acaba poniéndome en el camino lo que a ella le da la gana. Yo me paso los ratos muertos haciendo planes y definiendo estrategias que luego no me sirven porque pasa otra cosa completamente distinta y entonces me meo de risa. Tomo decisiones meditadísimas que me salto al primer antojo porque, afortunadamente, soy una control freak a la que no le gusta serlo y que a la primera oportunidad se ríe de sí misma.

    Me gusta mucho hacer planes detallados para después romperlos en cuanto surge algo mejor.

    Pero sí creo que hay que tener estrategias a corto y a largo plazo, muy generales, pero que definan quién eres y a qué aspiras. “Daré más importancia a mi pareja que al trabajo”. “Haré deporte cuanto más mejor”. “Me negaré a envejecer en el sentido de que intentaré seguir al tanto de las novedades, evitar la crítica automática a las nuevas generaciones y mantener la capacidad de asombro y el gusto por aprender”. “Moriré pataleando e inmensamente contrariada”. Cosas así.

    1. Alena KHAlena KH Autor

      Te tengo que confesar algo. Hace dos días he soñado con que estaba en mi parada de bus de toda la vida (de Vitebsk, mi ciudad natal), con mi madre y una amiga, esperando que llegases. No me preguntes de dónde. Pero venías a comer a mi casa.

      Le estaba explicando a mi santa madre que no te conocía y que eras muy “guay”, y mi madre me decía: “No entiendo cómo puedes asegurar que es ‘guay’ si no la has visto jamás.”

      Y yo le repetía todo el rato: “ya verás, mamá, ya verás…”

      Y apareciste con un melenón hasta la cintura y tenías en las manos la tela ésta, la del corazón con una “I” dentro. La de la foto de #tesigodesde. Y yo llorando. Y mi madre alucinando. Y tú emocionada. Muy bonito todo.

      Llámame loca.
      Lo superaré.

  3. Avatar de Sashimi Blues

    Me encanta que la vida me sorprenda, que me pille en bragas, con la cas asin barrer. En mi día a día soy un tanto organizada, pero por pura supervivencia: el trabajo, la casa, la niña… Eso sí, soy consciente de que todo se puede ir a la mierda en el mejor momento y sólo me quedará la sonrisa como arma.
    Me despiertan pena y enfado las personas excesivamente organizadas. Se pierden en la cuadratura del círculo!!

  4. fvendrellfvendrell

    Alena, normalmente tienes la virtud de convencerme con tus posts (cosa poco frecuente). Soy muy fan de tu forma de ver el mundo. Hoy ha sido una excepción. El post es demasiado extremo.

    Algunos comentarios más o menos críticos:
    (1) Tu tienes estrategias. El modelo freemium de este blog no es algo baladí.
    (2) A mi modo de verlo planificar ciertos aspectos de la vida profesional es bueno. Sino, ¿por qué estudiar? ¿por qué mejorar?
    (3) Quizás estoy de acuerdo que en la vida amorosa es mejor improvisar (aunque a mi me cueste) sobre todo en los primeros estadios de las relaciones.
    (4) Las estrategias no son necesariamente mejores por dedicar más tiempo. Es de locos (y me incluyo) hacer iteraciones infinitas (como jugadores de ajedrez) sobre posibles reacciones de terceras partes. Te doy la razón en que no es bueno perder excesivo tiempo en planear cosas. La clave esta en la justa racionalidad.

    Un saludo!
    F.

  5. Avatar de Anita Patata Frita

    Todos seguimos estrategias, pero las mías no son para nada de lo que dices antes, son para que me de tiempo en la vida a hacer todo lo que me “obligan” (trabajo, tareas del hogar, madre perruna, hija, amiga y pareja) y así que además me de tiempo a salir a la calle a buscar ladrillos que me hagan dar un giro a mi vida, las estrategias son una forma de poder echarle la culpa a “algo” cuando después la has cagado. Soy muy metódica en la vida pero solo para que me quede tiempo libre para buscar aventuras… que ilógico no? creo que es mi gran conciencia que no me deja vivir libre del todo.

  6. barnalolabarnalola

    buffff, las mejores cosas que me han pasado en mi vida han sido aquellas que ni contaba con ellas o que simplemente sucedieron. Cuanto más me empeño en algo peor, uno de mis peores errores es querer controlarlo todo. Finalmente un buen día aprendes que es mejor dejarse llevar, disfrutar del momento (profesional o personal). Tengo amigos que necesitan tener planificado el fin de semana, las vacaciones, su día a día… TODO sin tener espacios en blanco donde dar rienda suelta a la improvisación, al momento… a mí personalmente cada vez me gusta menos tener las cosas tan atadas porque la vida un buen día te da un revés y todo a tomar por … ;) )

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