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Relaciones

El miedo a enamorarse y el miedo a parir. Tal para cual

Los dos aseguran tener un problema. Un problema inexistente y bastante popular entre la gente de nuestra edad: miedo a amar.

Existen dos tipos del supuesto “miedo a enamorarse”: el que dicen tener los solteros que no han encontrado a la persona adecuada, y el que aseguran tener los que acaban de encontrarla, pero necesitan un “pero” por darle más drama a su nueva vida.

Ambos miedos y yo nos hemos reunido esta mañana para ponernos al día. Como cada domingo desde hace más de dos años. El primero, que se hace llamar “miedo a sentirme vulnerable”, pero que en realidad tiene nombre de David y un lunar en la mejilla derecha que nos vuelve locas a todas, es mi amigo desde hace más de cuatro años. En realidad todo empezó con un enamoramiento esporádico que duró 3 horas ( las justas que nos faltaban para levantarnos al día siguiente e ir a trabajar) y acabó en nada menos que en una bonita amistad y un recuerdo chulo sin nada de celos de por medio. Creo que fue el enamoramiento más corto que tuve y la relación más larga que sigo teniendo hasta el día de hoy: de aquellas que se transforman en “para mí es como un hermano pequeño, como un oso de peluche, como un amigo gay” para darles a entender a mis posibles ligues que ya no hay peligro.

- Hola, Alyona – me dice y empiezo a ponerme de mala leche porque sé que lo sabe y él sabe que yo sé que lo sabe. Sí, no me gusta que me llamen Alyona. Me he librado de esa maldita cruz al irme de Bielorrusia, pero no. Aquí está mi barbudo favorito para darme por culo. Una y otra vez. Hace tiempo que disimulo que me da igual. Pero no es cierto. Él, por si fuera poco, no sabe pronunciarlo bien y le sale algo como “Aleona”. La gente me empieza a preguntar por qué me llamo Leona. Yo me he acostumbrado a contestar con un “Grrrrrrr” sacando la uñas y haciéndome la graciosa. En mi barrio, por ejemplo, muchos creen que “Leona” es mi nombre de verdad. Todo gracias a David que, además, cree que me teñí de pelirroja para hacerle más gracia a él y a mis vecinos.

El segundo miedo, apodado como “tengo miedo a enamorarme de él”, se llama Patricia y es hermana de David.

Dice que soy su cuñada más “corta” de tiempo y más larga de estatura, pero, a pesar de que no soporta los líos esporádicos de su hermano barbudo, a mí me tiene un cariño especial. Patricia también tiene el famoso lunar, pero a mí no me afecta. Por razones obvias. A mis amigos masculinos sí, especialmente a Dennis que parece estar enamorado de ella, a pesar de que ella tenga miedo de enamorarse. Un lío, vamos.

- Hola, Leona – me dice directamente y sin intentos de pronunciarlo bien ni recordar mi nombre real.

- Hola, hermanos tocahuevos.

Y así empiezan nuestras terapias domingueras. Los dos miedos y yo tragando el amargo café y repartiendo los amargos eructos del alma.

Hace poco cambiamos de lugar de los encuentros por culpa de la música y el café. En el anterior, la música era excesivamente buena y el café demasiado quemado. Los dos inconvenientes me mataban, pero no me daba cuenta de ello. La única cosa que es capaz de convertirme en una inútil es una buena música, y una de las cosas que me ponen de mal humor un domingo es el café con gusto a quemado. Cuando suena Feist, por ejemplo, me convierto en el típico hombre de los chistes: no sé hacer dos cosas a la vez. Me quedo sumergida en su voz y no hay nada, absolutamente nada, que podría llegar a sacarme de ese estado. Así que la música de aquel bar anulaba el quemado gusto del café, pero, a la vez, todo lo que me contaban los hermanos tocahuevos.

El día que pusieron a Bruno Mars,exclamé:

- ¡Coño! Qué malo está el café hoy. ¿Quién es ese Dennis del que me estás hablando,Patricia?

Patricia se enfadó conmigo por egoísta. Los camareros, por maleducada.

Pero volvamos a los hermanos miedosos.

Los dos aseguran tener un problema. Un problema inexistente y bastante popular entre la gente de nuestra edad: miedo a amar. Patricia conoció a Dennis hace más de medio año. Se ven casi todos los días. Yo diría que son novios, pero ¿quién soy yo para colgarles una etiqueta de “tanto” peso? Hacen cosas de pareja, hablan como una pareja, pero Patricia se ha empeñado en que tiene pánico a enamorarse.

David está soltero desde hace más de dos años. Dice que conoce a muchas mujeres pero en cuanto la cosa parece ir más allá, se asusta.

Patricia asegura que David tiene miedo a amar. David se empeña en que Patricia tiene el mismo problema. Y yo insisto en que ambos se están comportando como gilipollas.

“Tengo miedo a amar” es frase de café, no de vida real. Es un comodín para no enfrentarte a la realidad. Es una perfecta excusa para darle un toque de drama a la pereza y la desconfianza. Ese temor en sí no existe. Nadie en su habitación piensa “tengo miedo a enamorarme”. Es LA frase del siglo XXI. Lo único que consigue es borrar cualquier intento de introspección, sustituyéndola por algo supuestamente incontrolable. Nos encanta echar culpas a la subconsciente. Cualquier temor inexplicable, cualquier duda no deseada, cualquier necesidad de responsabilidad – todo acaba en nuestro cubo de basura mental, llamado “subconsciente”. Un cubo que nunca se vacía. Un cubo que termina apestando. Creemos que enamorarse es complicarse demasiado la vida, que nos va a hacer daño, que vamos a sentirnos vulnerables. Pero la vulnerabilidad es bonita, es intensa, es emocionante. Cuando tenemos un orgasmo, nos volvemos completamente vulnerables. Cuando encendemos el décimo cigarro del día, sabemos que puede acabar con nosotros. Cuando compramos una moto potente, somos conscientes de que podemos tener un accidente. Pero seguimos follando, fumando y corriendo. Sin embargo tenemos miedo a enamorarnos. No me jodas.

Somos honestos para lo que nos da la gana.

David y su supuesto miedo son ridículos. Sabe perfectamente lo que le pasa: le gusta seguir estando soltero. Le encanta no dar explicaciones a nadie. Le vuelve loco tener 20 números de teléfono de las admiradoras de su lunar. Le excita la variedad. Le va bien no tener que conocer a nadie porque, en realidad, le importa más conocerse a sí mismo. Y le queda un largo camino para conseguirlo.

Patricia y su supuesto miedo son irresponsables. En su situación es como tener miedo a parir una vez estés embarazada de 5 meses: ¿para qué sirve temer el parto si lo vas a tener sí o sí? Patricia no puede tener miedo a enamorarse, porque ya está enamorada. Y le queda un largo camino para darse cuenta de ello.

Todos los miedos son relativos. La mayoría son inventados por los inseguros corrientes y se apoyan por los inseguros influyentes: porque si alguien no es capaz de hacer algo, hará lo posible para que tú tampoco lo seas. Es aplicable absolutamente a todo. Esa gente que te dice que estás loco por cambiar de residencia y dejarlo todo, esas personas que te tacharán de imbécil por dejar de trabajar en los tiempos que corren, esos cobardes que te avisarán de que casarse a los seis meses es precipitado, esos “gurús” que te intentarán convencer que tu proyecto es demasiado arriesgado, esos amigos que te desmotivan “por tu propio bien”. Todos ellos jamás harán lo que tú estás a punto de hacer. Y eso jode.

Ninguna persona cobarde es feliz. Ninguna persona feliz te dirá que no lo seas. Y ninguna de las personas que impedirán que lo seas, es una persona de verdad. El miedo es la inseguridad que nos trasmiten los infelices para que no seamos mejor que ellos.

Terminé con mi café. Y a la pregunta “¿Qué opinas, Leona?” respondo:

“Tener miedo a estar enamorado de alguien en concreto sólo puede significar una cosa: ya lo estás. Y cuanto antes lo asumas, mejor. Para bien o para mal, pero mentirte a ti mismo es absurdo. Tener miedo a estar enamorado en general sólo puede significar una cosa: eres idiota. Y cuanto antes lo corrijas, mejor. A pesar de que el mundo esté lleno de idiotas no hacen falta más.”

(Hace tiempo que aprendí a enamorarme sin pensar en las consecuencias y evitar a los perezosos temerosos como vosotros.)

Patricia se ha levantado de la mesa. “Me voy al baño”, nos dice y se dirige a la barra. Le pide algo al camarero y se va a los lavabos. Cuando vuelve, suena Feist.

Me sumergo en la música. ¿De qué estábamos hablando?

No importa. No quieren acabar con el drama.

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“Tener miedo a estar enamorado de alguien en concreto significa una cosa: ya lo estás.”

9 COMENTARIOS

  1. Avatar de Sashimi Blues

    El miedo nos hace perder oportunidades. Nos impide vivir. Amar rs vivir. Parir es un acto de amor
    El desamor es parte del amor. Duele. Pero la vida es también eso. Parir duele. Una horita mala que se olvida pronto. Es como el miedo a que el hombre que te gusta te rechace. Pero te dice que sí. Vamos, un subidón
    De una mujer con un lunar en la mejilla izquierda

  2. EliEli

    Yo estuve con alguien que tenía el mismo miedo que Patricia. Nos veíamos muchísimo, hacíamos cosas de pareja y al cabo de un tiempo yo muy inocente pero sincera con mis sentimientos pronuncié las palabras prohibidas: “te quiero”. Y a partir de ahí todo empezó a ir mal: todas las inseguridades y los miedos de él salieron a flote. Me soltó lo típico: tenía miedo a enamorarse porque en el pasado le habían hecho mucho daño. Curiosamente a mí también, pero yo no lo pago con la persona con la que estoy en ese momento. Así que me sonaba a excusa: o bien no estaba enamorado o bien sí lo estaba y no era capaz de admitirlo. En cualquiera de los dos casos me pareció una actitud bastante cobarde. Llegados a ese punto, creo que es mejor dejarlo cuanto antes porque estar con alguien así te agota mentalmente.

  3. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Me creo el caso particular, el “tengo miedo de enamorarme de esta persona concreta” porque no me conviene y en vez de salir corriendo prudentemente te quedas ahí como quienes coquetean con la drogas, pensando que “tú controlas” aún viendo que el final anunciado de esa relación te va a deparar muchas lágrimas.

    El caso general me cuesta mucho creérmelo y lo identifico más con la clásica excusa para dar calabazas tipo “no estoy preparado para una relación, estoy muy dolida, la anterior me hizo mucha pupita mala, etc, etc” que suele disfrazar de buena voluntad la cobardía de no querer decir “no me gustas” o, lo que es aún más mezquino, un “no me gustas ahora pero te quiero tener ahí reservado y si te digo la verdad igual te vas a pagarle las Fantas a otra” (que invirtiendo géneros también sirve porque a una conocida mía se lo sueltan a menudo tíos que luego se le ennovian con otra en semanas).

    Y luego está el caso “las uvas están verdes” que sirve tanto en general como en particular, tanto si lo que te da miedo es que esa persona que te gusta no te corresponda como si llevas seis meses sin que nadie te diga por ahí te pudras, morena, y prefieres pensar que tú no quieres nada a que ligas menos que Torrente en la Milan Fashion Week.

    Eso a bulto gordo. Imagino que existe gente que lo ha pasado tan mal que prefiere renunciar al amor antes que arriesgarse a que lo hundan de nuevo. La lástima es que al hacerlo se pierde todo lo bueno y se queda sólo con lo malo. A la vida también hay que darle la oportunidad de sorprenderte para bien.

    1. 4Colors4Colors

      También me creo ese caso en particular. Ves que estás cayendo como un tonto y a la vez ves que no es la que hubieras escogido con la cabeza bien fría. Creo, ahora no puedo asegurarlo, que me ha ocurrido y juraría que me hice un buen lío. Si no recuerdo mal, muchas noches me despertaban la cabeza y el corazón dándose hostias por el dormitorio. Pero bueno, no recuerdo muy bien si es verdad.

      Desde hace mucho tiempo, años diría, que no tengo ningún miedo a enamorarme. Es más, lo deseo. Me encantaría. Y volver a sufrir como un idiota, ese estado tontuno en el que todo es de colores… aaah… ¿dónde hay que firmar?

      Lástima que no es tan fácil.

  4. CristinaCristina

    Debo ser una auténtica inconsciente porque jamás he tenido miedo a sentir nada y menos a enamorarme de nadie .
    La vida es un riesgo y una aventura y eso es lo que hay .
    Hija si alguien por quien te sientes atraída sabes que te hará sufrir hay dos opciones :
    Te arriesgas y ya sufrirás y que te quiten lo bailao
    O pones tierra de por medio antes de derramar la primera lágrima con el corazón tocao pero con dos narices .
    Soy mucho más partidaria de la primera
    Se trata de pasar por este mundo sintiendo ..
    Para lo otro queda la eternidad ….

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