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Relaciones

El Whatsapp y yo

Si hombre, y qué más. Al final todos hemos hincado la rodilla en este tema.

Mi teléfono ni suena ni vibra. A ese nivel de auto-engaño he llegado, supongo. Y me vengo arriba cuando lo apago unas horas y creo que en mi vida ha entrado un golpe sereno de tranquilidad, calma, orden y sosiego. Al rato lo enciendo y me invade un extraño orgullo de haber conseguido ver la pantalla apagada todo ese tiempo sin perder la cabeza, una curiosa sensación de proeza personal que fulminas en un minuto; el que tardas en ponerte al día de todo lo que te has perdido mientras jugabas a hacerte el fuerte.

No sé a quién quiero engañar con esta milonga. Ya se veía venir de lejos que ese nokia 5110 con antena, iba a ser la primera piedra de una escalada loca de comunicación totalmente innecesaria. Ese cacharro maligno en el que intercalaba partidas interminables del juego de la serpiente con sms de amigos, novias y tontadas varias. Ese cachivache de pantalla monocromática al que podías cambiarle la carcasa. Menudo invento del demonio.

El teléfono fijo se iba desvaneciendo y la gente te llamaba directamente sin tener que pasar por centralitas familiares. Yo, sin ir más lejos, más de una vez había llamado a una novia haciéndome pasar por vendedor de algo en cuanto escuchaba la voz de su padre al otro lado. Recuerdo una vez que, con los nervios, me dio por hablar con voz de mujer. Eran otros tiempos.

Años más tarde ya me había acostumbrado a no mandar tantos sms, ya ni recordaba la contraseña del Messenger, Facebook me enganchaba y me aburría a la vez, y apareció como una plaga bíblica el invento del Whatsapp. Y empecé a avisar a todo el mundo de que esa ventana estaba abierta para mi también y para mi flamante Iphone3 de segunda mano. Y salí a la calle con los brazos en alto a gritarle al mundo que ya no era un incomunicado.

Empecé a contactar con amigos con los que hacía siglos que no hablaba. Esa especie de boom absurdo que te lleva a hacer el tonto a unos niveles casi inexplicables. Tenía el número de toda esa gente, tenía todos y cada uno de los correos electrónicos, pero me pareció que no existía nada más efectivo que mandar una caca con una sonrisa. De locos.

Y oye, la cosa se consolidó. La comunicación entre la gente se transformó para siempre y nos lanzó a una dimensión desconocida que estabas obligado a conocer si no querías ser un paria de la hipercomunicación. Algunos valientes aguantaron un tiempo sin Whatsapp y lo alardearon a los cuatro vientos, como toda aquella horda de visionarios que creían que podían vivir al margen de internet. Si hombre, y qué más. Al final todos hemos hincado la rodilla en este tema.

Ahora una persona sin Whatsapp no existe para el mundo. Es lo más parecido a comprarse una cabra e ir a vivir al monte (aquí iría el emoticono de la cabra con dos más de aire de esos para que parezca que corre, y de remate una montaña).

Para mí el Whatsapp es la prueba de que la gente no sabe comunicarse. Y se han establecido una especie de parámetros para que la gente entienda las cosas fundamentales de la aplicación. Si no te contesto rápido es que no me importas mucho, si tardo es que no me importas demasiado y si directamente no contesto, es que el nivel de importancia se reduce a la nada.

Lo que deberíamos hacer es salir a la calle, estampar el teléfono contra una pared y darle un abrazo al primer extraño que pase por allí. Y acto seguido, entrar en la primera tienda de móviles a comprar otro con la cabeza gacha y en claro gesto de sumisión. ¿a quién queremos engañar? Esta mierda es superior a todos nosotros.

Mi teléfono se enciende de repente mientras escribo. Lo dejo todo. Es una tontería pero me ha arrancado una sonrisa. Ahora una nota de audio. Una foto. Risas. ¿De qué demonios estaba hablando? Ah si, de que soy un yonki del Whatsapp.

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3 comentarios

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3 COMENTARIOS

  1. Avatar de Ana IsabelAna Isabel

    Es curioso, me acabo de dar cuenta que el día que se publicó este texto yo me di de baja de Whatsapp…
    Mi idea era llegar a formas de comunicación más cercana y sin tanta chorrada… Pero al final medio mundo pensó que le había bloqueado, otros preguntaron a amigos de amigos que me pasaba, pero realmente llamarme, me llamaron pocos… Pero sigo con el experimento, unos días más, pero sin abrazar a desconocidos para eso ya se han inventado las redes sociales.

  2. Avatar de Kruzio BaalKruzio Baal

    Tanto como romper el móvil no que vale su dineral… pero sí ser consecuentes y responsables con las relaciones, no dejar cabos sueltos y mucho menos poner excusas, al final no nos relacionamos y lo poco que lo hacemos se puede perder por ser egoístas o simplemente gilipollas.

    Hace dos años que tengo whatsapp… y no me relacionaba y ahora creo que lo hago, pero sé que no.
    Lo malo de este invento del demonio es la ansiedad que crea por la expectación a que te contesten.
    Lo bueno, que puedo hablarme con mi mejor amiga que vive en Galicia o mi familia en Andalucía (que vivo cerca de Bilbao).

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