Cosas que pasan

El Somnífero con la bufanda de logos

Muerta de frío. Esperando a mi queridísima amiga, fumándome un cigarro. Uno de aquellos del “último paquete de mi vida”, impresionándome con las imágenes que ponen (y bien que hacen), y culpándome por ser una verdadera imbecil que no para de fastidiar su maravillosa salud. Sentada en una terraza con 10 grados en la calle- [...]

Muerta de frío. Esperando a mi queridísima amiga, fumándome un cigarro. Uno de aquellos del “último paquete de mi vida”, impresionándome con las imágenes que ponen (y bien que hacen), y culpándome por ser una verdadera imbecil que no para de fastidiar su maravillosa salud.

Sentada en una terraza con 10 grados en la calle- a lo parisina made in Russia- me tomaba mi té con limón, mientras notaba que alguien me estaba penetrando con una mirada: intensa y seductora. La notaba, en serio. La tenía clavada en mi oreja. En la izquierda. Me di la vuelta.

Un maravilloso hombre (a la primera vista): con su abrigo largo negro, sus zapatos y su camisa blanca. Le sobraba la bufanda de logos (de aquellas que ponen la marca en cada milímetro de una tela cara y agradable al tacto), pero se lo perdoné al instante. Los ojos negros me hipnotizaron.

Me sonrió y seguía hablando por móvil. Le respondí con una sonrisa de las mías ( no, no, no voy de seductora, justo lo contrario: mis sonrisas suelen ser tímidas, forzadas, artificiales. A las que no se os da bien ligar, me entenderéis. Aunque en realidad todo depende del día, situación y estado de ánimo. El día era frío, la situación extraña y mi estado congelado. Todo un pack).

Llegó mi amiga y nos pusimos a hablar de cosas más importantes que un hombre de ojos negros y bufandas pijas. Hasta que tuve que ir al baño.
Cuando salí de la cabina, me lo encontré. Un lugar algo extraño para ligar, mientras sales poniéndote bien el pantalón ( ya lo sé, esto se hace dentro, pero tenía mucha prisa).

- Hola. ¿Cómo te llamas?
- Alena
- Marcos, encantado.
- Muy bien, Marcos, espera que me pongo bien el pantalón y vuelvo a salir.
Volví a meterme dentro de la cabina. Salí.

- ¿Cuándo nos veremos? (así me gusta, hombre, ¡al grano!)
- ¿Cuándo quieres que nos veamos? ( toma ya, aquí hace calorcito, y mi valentía se descongelaba por momentos).
- No sé… necesitaría un contacto tuyo…
- Vale, apunta mi número, que tengo prisa.

Y así nos conocimos. Diez minutos más tarde ya me envió un mensaje y quedamos para el día siguiente.

Para un café. Café lo suficientemente largo como para poder enterarme de que tenía una productora de música, era argentino y estaba soltero ( un dato importante). Llegó mi turno: rusa, bloguera y libre. Y allí se cambió el asunto. Al oir “rusa”, su comportamiento ha disparado. De repente me confesó que ya había salido con tres rusas, y como las tres resultaron ser pijas (cuestioné el ambiente en el que se movía), cambió su discurso. Me explicó lo mucho que viajaba, la gente tan famosa a la que conocía, las marcas tan caras que le gustaban y lo poco que entendía a la gente que viajaba con una tienda de campaña, con lo cómodo que eran los hoteles de cinco estrellas.

Lo cierto, es que estaba completamente aburrida de escucharlo y no me quedó otro remedio que decirle:

- Marcos, no me impresionas. Bájate un poquito de tu nube de lujo y escúchame aquí: me encanta la gente que viaja con tiendas de campaña, seguramente son mucho más humildes que tú, e incluso que yo. Yo también tuve un novio argentino, que además fue un completo gilipollas, y no por ello te clasificaría como tal. Aunque podría, teniendo en cuenta todas las sandeces que me estás soltando. Pero te ofrezco volver a empezar la conversación, modo “Hola, soy Alena, y tú?”

Se quedó callado. Por un momento me supo mal. Pero Marcos, sin cambiar la expresión en su cara, se disculpó. Un punto a su favor, teniendo en cuenta que llegó a la cita 10 minutos tarde, con lo que restó los 20 puntos iniciales de golpe. Será que era partidario de la famosa teoría de los puntos: cuesta menos sumar, que restar. Así que vale la pena empezar algo tranquilo.

Acabamos el café y nos despedimos. Sinceramente, estaba convencida de que no nos volveríamos a ver. Pero no. Me llamó al día siguiente para tomar algo. Y yo, sin conocer muy bien el porqué, acepté la invitación.

Esta vez Marcos fue otra persona: era el mismo argentino con el mismo abrigo y la maldita bufanda de logos, pero esta vez amable, galán y humilde. Cosa que me alertó todavía más. Un amigo bipolar no entraba en mis planes de futuro próximo. Un mentiroso tampoco. Pero decidí ver que pasaría. Modo espectadora, nada de protagonismo. Que todo fluya…

Me llevó a un bar oscuro, íntimo, pero agradable. Empezamos a charlar. No. Así no. Empezó a charlar. Me contaba historias maravillosas de su humilde familia y me dejada fascinada: ¡cuanto esfuerzo por un polvo!
Y en aquel preciso momento, en el que me hablaba de los campos que rodeaban su humilde casa de infancia al otro lado del charco…

…me dormí.

Sí, me dormí. Tal cual lo leéis. Estaba tan a gusto en aquel sofá, estaba tan relajada pensando en los zapatos que me iba a comprar al día siguiente, qué cómodos y preciosos que eran, que bien quedarían con mi vestido negro favorito…que me dormí.

Me desperté, teniéndolo delante, susurrando: “Alena, te has dormido, guapa. Estás cansadita ¿verdad? Qué tierna que eres… Y mitra que parecías dura, eh”.

Se acabó. Me levanté con un: “Perdona, pero he tenido un día muy duro”, y me fui. Me siguió y se ofreció a acompañarme a casa: “Es de noche y prefiero que no camines sola por la calle, preciosidad”. Gracias, Marcos, gracias.

Creo que fue la primera vez en mi vida que no tenía ganas de hablar de nada con alguien. Ni debatir. Ni expresar mi punto de vista sobre todo lo que me decía (peco de ello). Ni siquiera seguir siendo yo. Me aburría tan profundamente que no consideré necesario de caerle bien. Al llegar a mi portal, tuvo ganas de acompañarme hasta mi puerta y mi cama, si hacía falta ( y sus ojos expresaban la esperanza de que sí, hacía falta), y yo seguía indignándome: ¿de verdad no se da cuenta que no hay nada que hacer?

Le dije “adiós”, haciendo un gesto de una niña pequeña, para convertir la situación en algo más ridícula (si fuera posible), y me fui corriendo. Corriendo de verdad, imaginándome escapando de un fantasma que me perseguía en una noche oscura en medio de un bosque (no es un trastorno, es un humor ruso no pijo).

Marcos me seguía enviando unos cuantos mensajes hasta que, probablemente, se le acabó el saldo. Y no le respondí; no quería que tuviera que vender su bufanda para recargar el móvil.

Y me sigo preguntando: ¿hace falta intentar ser algo que no eres para conseguir la tarjeta verde a la cama? ¿Tan mal está el mercado? Y no me digáis que le gustaba de verdad. Ya somos grandecitos, eh…

¿Cuál fue vuestra cita más ridícula /aburrida?

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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20 COMENTARIOS

  1. Anonymous

    Cuando un tio se arrastra tantiiiiiisimo por un polvo, está demostrando lo poco que merece la pena. Qué mal está el mercado no, qué triste es ver que existen tíos que se arrastran tanto por un poco de placer en la cama.

  2. erre_ele

    Jajaja, ya me has animado el día, Gracias. Odio a los tíos que intentan impresionar sin enterarse que no van por ahí los tiros. Una vez un tio me dijo en menos de media hora cuatro veces que bajaba a Tarifa desde Sevilla para surfear, y a ello le seguia comentarios como, me encanta sentir el viento en mi pelo, me encanta el olor del mar, me siento libre montando las olas….yo tambien corrí. Salu2

  3. Wilhelmina

    Jaaaaaajajajaja… Me he quedado con el “me dormí” XD Apoteósico… Pero sobre todo, debería haber sido muy ilustrativo para él.
    A mí se me duermen en una 2ª cita y me retiro con toda la dignidad posible (que sería poca, dado el caso) para los restos ¬¬
    En fin, está mal el mercado, está mal…
    No es que haya tenido muchas citas que digamos, pero recuerdo un chico en concreto que tiene el don, el pobre, de cada vez que abre la boca hacer huir a mi cerebro, a lo Homer Simpson. Debe ser un defecto genético mío, o algo así, pero no le aguanto la conversación más de 2 minutos.
    Y eso que yo hablo hasta con los muebles… XD
    Un abrazo,
    Wilh

  4. María Sánchez

    Pero Alena, mujer, ¿aún no reconoces a los ególatras? Un ególatra está tan carente de autoestima que se cambiará de disfraz como tú de zapatos, un ególatra no pillará tus indirectas porque no escucha a nadie más que a sí mismo y un ególatra, esto es lo más importante de todo, es inasequible al desaliento porque tu opinón al respecto le importa un comino.
    Todo lo que vino detrás de la bufanda de los logos sobraba porque se veía venir de lejos, así que ¿para qué perder el tiempo?
    Saludos.

  5. Anonymous

    Yo unas cuantas veces quede con un tio que sólo hablaba de sí mismo,ni siquiera te dejaba meter baza en la conversación….lo juro!!!! pero ni una ni dos palabras…tu intentabas hablar y te interrumpia con sus cosas…para más inri pocas veces se atrevia a acercarse a mi para besarme pero luego por internet era de lo más basto e insistente con la idea de echar un polvo….un poquito bipolar si que debía de ser jajaja la verdad quede unas cuantas veces con él porque no me creia que pudiera ser así de verdad una persona….intente buscarle un trasfondo,algo de corazoncito,de personalidad….y no encontré nada de nada…..aún hoy me resisto a admitir que pueda existir un personaje tan vacio por dentro…todavía sigo pensando que algún truco tendría detrás de aquel físico que se quedo en nada….pero me cansé de intentar seguir descubriéndole (o perdiendo el tiempo con él…según se mire)y elegi a un chico fisicamente normalito (eso sí…con una mirada y una sonrisa increíbles es decír poco…sí creo que me estoy enamorando :P )pero con un interior que no me canso de explorar un poco más cada día

  6. Ronronia Adramelek

    Nunca me ha pasado algo así pero es que toda la vida me he negado a tener citas. Nunca he tenido una cita, lo que significa que he conseguido engañarme a mí misma y, lo que es más importante, engañar al tío para que ambos saliéramos por ahí sin la palabra “cita” en la cabeza (que tuviera a bien darme el gusto de fingir que se dejaba engañar, más bien, que a mí los tontos no me gustan pero los caballeros sí :) ))

    Que no te creas que no me ha costado esfuerzo e inventiva darle la vuelta a algunas situaciones para convertirlas en “conozcámonos a ver si nos apetece ser amigos” pero yo para eso tengo a las chicas.

    Porque si conoces a alguien porque de alguna forma es amigo de un amigo y coincidís de forma natural, es más fácil ir hablando con él y quedar cuando ya ves que te cae bien. O si lo conoces en el trabajo, en clase de Aikido o en Alcohólicos Anónimos (Me estoy viendo Mujeres Desesperadas y estoy enganchá)

    Pero ¿qué haces si un tío te entra en el súper o en una exposición o en una conferencia o saliendo del baño de la FNAC o en la piscina cubierta compartiendo calle y te dice que le apetecería quedar contigo un día?
    (con el gorro de nadar tiene mérito ¿eh? porque es el mismísimo antídoto de la lujuria)

    O te lo llevas a hacer recados (“pues mira, tengo un montón de recados que hacer ahora pero si te apetece acompañarme”) que es una idea muy buena porque si te hace de taxista te ahorras mucho tiempo y si no, paseáis y habláis mientras hacéis otra cosa. No hay que ser egoísta, si él tiene recados se hacen también.

    Y la otra es quedar con él y con más personas. En realidad siempre que he estado desparejada he utilizado internet para conocer gente, así que la vez que más tiempo duré sin novio estaba en contacto con dos o tres grupos (de IRC, de ICQ) que quedaban en mi ciudad una vez por semana, unos en una bolera, otros en un bar. De modo que lo que me resultaba más sencillo era decirle a quien fuera que me podía encontrar allí y de paso conocer un montón de gente soltera de vez de nuestra misma edad. Claro, siempre estaba el riesgo de que le gustara más otra pero, salvo que los encierres en casa, ese riesgo siempre está.

    Total que nunca he tenido una mala cita porque he hecho improbos esfuerzos por no tener citas jamás.

  7. Almoraima

    Yo no voy a opinar sobre la cita.
    Hoy me vuelvo a sorprender con tu post.
    Me ha enganchado desde el primer párrafo y, los siguientes, han logrado mantenerme enganchada a cada palabra con esa sed de “quiero leer más” que pocos escritores saben producir.
    Alena!!! ¿Para cuándo ese libro?

  8. Anonymous

    Has dado con lo que yo llamo un camaleón. Alguien que tantea a la persona que tiene delante y intenta adaptarse a lo que cree que a esa persona le puede atraer. Hicistes bien en huir! Quien es auténtico no necesita venderse… Me voy a hacer fan tu blog! Un beso Alena! @Titu86

  9. Pipah

    Por favor jajaja lo que me he reido cuando has dicho lo de “me dormí” xDD

    No entiendo la mania que tiene la gente en general por aparentar ser alguien que no son, y menos aun por parte de los tios… de que te sirve si al final no consigues nada igual? a no ser que la chica deje que ocurra algo, claro.

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