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Relaciones

El síndrome de Papá Pigg

Se limitan a cumplir con su rol de macho dominante y a hacer aquello que se supone que tiene que hacer. Nada.

Una de esas cosas que te suceden cuando eres madre es que a tu tele le salen canales nuevos, llenos de colorines estridentes, vocecillas chillonas, animalitos parlantes y princesas muy rosas.  Te conviertes en ávido consumidor de dibujos animados. Después de siestas al amor de Clan TV,  terminas teniendo tus favoritos. En mi casa, durante un tiempo, nuestro preferido ha sido Peppa Pig.

Os pongo en situación: una cerdita que vive en lo alto de una colina con su hermano George, su madre y su padre. Hasta ahí todo normal. Mamá Pigg es una víctima de nuestro tiempo: trabaja, cocina, tiene un fuerte carácter y lleva las riendas de su casa. Visto a priori, nos vende una familia ejemplar, fruto de la paridad y la conciliación. Pues no. Después de arduas sesiones de visionado, había algo que no pintaba bien. Mamá Pigg es una mandona. Le gusta controlar todo y todo lo hace bien. Papá Pigg, sin embargo, queda siempre en segundo plano. El buen cerdo es trabajador, correcto, amante esposo y padre, pero en todos los capítulos tiene el papel de tonto, riéndose de su simpleza. ¿Os suena?

Hace poco, en un cumpleaños infantil (si, la vida social de una madre gira en torno a tartas hipercalóricas, mocos y ganchitos de queso), estuvimos hablando del tema. Las mamás presentes, todas mujeres muy de hoy en día, coincidían conmigo: Papá Pigg es tonto. El pobre tiene buena intención, pero siempre hay algo que le sale mal: o es miedoso, o es torpe, o no da la talla. Total, que la mayoría de los capítulos acaban con el pobre padre como centro de bromas.

Si miráis a vuestro alrededor, seguro que conocéis a algún Papá Pigg. Hombres a la sombra de una mujer, actores secundarios de su propia vida familiar. Os pongo un ejemplo. Mi amiga Sandra es una todoterreno. Se levanta muy temprano para tenerlo todo listo antes de que los demás abran el ojo. Sabe aprovechar cada segundo de su existencia. Sus niñas, dos gemelas entrañables, son educadas y correctas, hacen todo tipo de actividades, desde la danza al yoga, pasando por clases de chino. ¿Resultado? Sandra está hecha polvo, y se pasa el día quejándose. Pero no de las tareas que ella se impone o de las famosas metas, sino de su pareja. Según ella, su marido es un inútil que nada sabe hacer: no se levanta por las noches cuando las niñas lloran, no sabe hacer la comida, no sabe ocuparse de las tareas domésticas. Así que no pierde la ocasión de lanzar la famosa frase: “los hijos son de las madres”. Como si se tratase de un trabajo de campo, los he observado de cerca intentando adivinar el porqué de tal inutilidad. Muy fácil: el pobre señor está anulado. Cada vez que se pone a hacer algo, aparece Sandra y lo quita del medio a grito de “déjalo, que tú no sabes”. Pobre amiga mía, pobre marido y pobres niñas. Una, amargada, otro, ninguneado y las pequeñas, criándose con el peor de los ejemplos. Cuando sean mayores y tengan pareja, también creerán que la responsabilidad es cosa de una sola. ¿Hay mayor muestra de machismo que esta?

Por desgracia, son muchos los Papa Pigg que me encuentro. Algunos aprendieron desde pequeños que la mujer es la que se encarga de todo, y que en ella recae el peso de la crianza. ¿Acaso no tenéis algún amigo que sigue viviendo en casa de sus padres, pasados los treinta, y al que su madre le plancha hasta los calzoncillos? Otros, han tirado la toalla frente a una mujer controladora. Sabiendo que no podrán estar a su altura ni cumplir con sus expectativas, dejan de esforzarse. Se limitan a cumplir con su rol de macho dominante y a hacer aquello que se supone que tiene que hacer. Nada.

Semejantes despropósitos me llaman la atención. En mi casa, somos dos para lo bueno y lo malo. En la cómoda de la habitación tenemos un cuadrito que dice “cuando yo flojeo, tu fuerteas”. No creo que los Papá Pigg que andan sueltos por el mundo surgieran por generación espontánea. Un hombre ausente lo es desde la primera cita, no muta al reproducirse. Así que, si la falta de entendimiento era patente, os pregunto, queridas féminas ¿Por qué seguiste adelante con la relación? ¿O es que no sabías que otra vida en pareja era posible?

Queridos hombres que estáis al otro lado de la pantalla. Sé que podemos ser mandonas, controladoras, e incluso insoportables. Pero queremos copilotos en nuestra vida, no tripulantes de primera clase.

Por ello, me gustaría saber cómo vivís la paternidad, o la vida en pareja. Si sois Papás Pigg o movéis el culo del sofá cuando hace falta , y sin que se os diga. ¿Vuestra relación es cosa de dos? ¿Tuvisteis una madre sobreprotectora? ¿Os ha influido en vuestra vida adulta? ¿Tenéis algo que reprochar al género femenino? ¿Y algún pecado que confesar?

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Sashimi BluesPor
Sashimi Blues

Madre, esposa, profesora de secundaria y otras etiquetas al uso. En Intersexciones doy mi visión sobre esa vida estable que algunos anhelan y otros demonizan.

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12 COMENTARIOS

  1. Avatar de IvánIván

    Por más que me haya costado un poco abandonar la idea de que el punto de vista es algo “machista” (es imposible no analizar el texto buscando ese componente), coincido con el post y con el concepto “papá Pigg”. No creo que sea una consecuencia de la actitud de la mujer y sí un comportamiento asentado en el hombre gracias a haberse criado dentro de la comodidad y en un entorno donde los roles tradicionales estaban muy marcados. ¿Debemos culpar a la mujer por imponer su criterio dentro de las labores de la casa? Yo creo que no: el hombre no debería amilanarse y sí hacerse cargo de, al menos, la mitad de las obligaciones; quiera o no su compañera. ¿Que siguen habiendo muchas parejas que no asumen esta igualdad dentro del hogar? Creo que la clave está al final del post: no sigas adelante con una relación en la que ya ves cómo será la actitud de la persona con la que estás.
    Por hablar en primera persona… Mi madre me obligaba a lavarme mis sábanas cuando era pequeño; además de limpiar toda mi habitación, la casa, fregar los platos… ¿Queremos una sociedad igualitaria? Enseñemos a los niños creando un entorno en el que cada uno aporte la parte que le toque. Y más, que el amor también es para eso.

  2. monsieur le sixmonsieur le six

    No es sólo papá Pigg, a mí esta descripción me ha recordado mucho a Homer Simpson y, en general, a muchos padres de familia de muchas series y películas, tanto americanas como españolas.

    Mientras a la mujer se la siga viendo como la dueña del hogar, probablemente esto no cambie. Desde la antigüedad ha venido siendo así: Hera, la esposa de Zeus, era la diosa de la familia. Zeus se pasaba el día poniéndole los cuernos con ninfas, diosas y mujeres. Luego ella le echaba una bronca monumental y listo. De alguna manera, Zeus y Hera fueron el primer episodio de esa serie que hoy en día aún sigue con Homer y Marge.

    Como la mujer no ha tenido, tradicionalmente, un trabajo fuera de casa, se ha aferrado mucho a su tesoro, que es el hogar. Dejar que el hombre se encargue de él al 50% hubiera supuesto en aquellos tiempos renunciar a su espacio, a su poder, a su rol; hubiera sido perder casi lo único que la hacía sentirse necesaria e importante. Quizás esto ha propiciado que durante generaciones, se haya gestado ese personaje de la mujer mandona, que puertas adentro hace lo que quiere, imponiendo su ley a un marido cuya única labor parece ser la de traer el dinero a casa y darle algún hijo. Hoy los tiempos han cambiado, y la mujer tiene otras cosas en las que ocuparse, por lo que podría relajarse un poco y dejar parte de la responsabilidad en manos de su compañero, que a su vez podría sentirse algo más útil. Pero supongo que para ambos escapar a la influencia de tantas generaciones es difícil. A uno le da palo porque ha de trabajar más, y a la otra le parece que está renunciando a su rol. Es el residuo de siglos de sociedad tradicional (o machista, según se quiera ver).

    Por otro lado, la mentalidad moderna, asociada con determinados tipos de feminismo (aunque este término ya está muy contaminado y cada cual lo usa para lo que quiere), no ayuda, porque se empeña en ideas como la de que los hombres modernos estamos “desorientados” ante el rol de la nueva mujer, y que no sabemos encontrar nuestro sitio; muchas veces lo leo o escucho en entrevistas a gente supuestamente feminista. Pero decir eso, ¿no es a fin de cuentas fomentar aún más esa idea del papá Pigg inútil? ¿No es una cierta autocomplacencia de muchas mujeres creer que el género masculino está formado básicamente por un ejército de Homers Simpson gandules y borrachos que no se enteran de nada? ¿No es igual de absurdo que cuando nuestros tatarabuelos creían que las mujeres eran incapaces de llevar una empresa o tener una carrera política?

    Sinceramente, discrepo bastante, y no creo que los hombres modernos estemos “desorientados”. Creo que para algunas mujeres es algo jodido reconocer que a menudo los hombre cocinamos igual de bien, hacemos la compra igual de bien, o llevamos las cuentas de la casa igual de bien, pero sobre todo: que podemos educar igual de bien a los niños. Pero claro, nos tienen que dejar hacerlo. Y apartar al hombre diciéndole “deja, que tu no sabes” es igual de absurdo que cuando un hombre le dice a una mujer que intenta abrirse paso en la universidad o en un oficio, que se dedique a coser y fregar. Las actitudes del “deja, que vosotr@s no valéis para eso”, nunca ayudan, sean de hombres o de mujeres.

    Luego otra cosa serán las habilidades de cada persona y cada pareja, claro. Cada caso es diferente. Yo por ejemplo, me apaño muy bien planchando y cocinando, pero no limpiando. Pues ya está, se reparte el trabajo según las cualidades y listo. Como en cualquier empresa.

    En cuanto a los niños, sí es cierto que, al menos en los primeros años, cuando es un bebé, la mujer está mejor adaptada, de manera natural, a sus cuidados. Pero luego, cuando ya empieza a hablar, creo que no hay diferencia, y que es un error que la mujer monopolice la educación del niño.

  3. Avatar de JyJy

    Cuando me encuentro este tipo de ejemplos de hombres y mujeres con roles distintos, siempre hago el siguiente ejercicio: traduzco el caso intercambiando los papeles de la mujer y el hombre, y cuento las valoraciones que la gente da para ambos casos. Lo hago para saber si la gente juzga en función de los roles adoptados o en función del género de los involucrados. En este caso, el recíproco de mamá Pigg y papá Pigg serían un hombre dominante y una mujer sumisa.

    He conocido muchos casos de papá Pigg desde que era pequeño, y la valoración social ha sido sistemáticamente la misma: él es tonto o idiota por dejarse dominar por una mujer. También he visto muchos casos de mujeres sumisas, y la valoración social ha evolucionado con el tiempo: la valoración mayoritaria actual es que el hombre es un maltratador. También he conocido muchos casos de parejas normales.

    Me parece absurdo pretender que esto sea algo típico de mujeres superwoman o de hombres desorientados, sino de personas dominantes frente a personas sumisas. Y no solo esto, sino que se buscan mutuamente. Las personas dominantes (hombres o mujeres) buscan personas sumisas como pareja, son incapaces de establecer relaciones que no estén basadas en la lucha por dominar al otro. Mientras que las personas sumisas buscan a alguien que les dé “seguridad”.

    Personalmente, me he encontrado con mujeres dominantes que me han querido convertir en su hombre-objeto, y con mujeres sumisas que han querido que las proteja de un mundo cruel. Quizás por esto, por haber vivido ambos roles, me resulta difícil tomar partido. Las mujeres mandonas me parecen personas incapaces de amar a quienes lo único que les importa en la vida es el poder. Las mujeres sumisas me exasperan de lo dependientes que llegan a ser y que nunca tomen la iniciativa en nada. No sé qué han visto en mí, pero no me gusta su juego.

    1. monsieur le sixmonsieur le six

      Este es un punto muy interesante, en efecto, puede haber casos de gente que es dominante o sumisa por sí misma.
      De todos modos, también a veces son mujeres que en general no son dominantes, pero en la casa parece que tienen muy claro que el hombre no sabe. Del mismo modo, hay hombres muy listos y competentes, que se niegan a poner una lavadora porque la ven muy complicada, cuando en realidad sencillamente no les interesa.

  4. Alicia

    Pues yo siempre motivo a mi novio a hacer cosas aunque sepa que yo las hago mucho más rápido que él, y mejor, por supuesto. No es prepotencia: es un hecho. Él se agobia por cualquier chorrada relacionada con el hogar porque no sabe organizarse pero ahí estoy yo para contarle trucos que suele rechazar sentenciando que “él lo hace a su manera” aunque tarde media hora en fregar cuatro cacharros mientras yo me fumo un cigarro y le observo resoplando.
    A veces me dan ganas de ser yo la que se sobrecarga mientras es él quien se fuma el cigarro delante de la tele viendo las horas pasar pero entonces veo una imagen de un botón rojo que se llama ALARMA y no me dejo llevar por la educación machista que he recibido.
    Es un esfuerzo casi sobrenatural. “Tú no eres más tonto que yo ¿verdad?” le digo cuando resopla. “Claro que no”, responde.
    Reconozco que a veces soy dura con él porque no consiento que no deje las cosas como yo las dejo cuando termino una tarea. Y entonces me desespero porque sé que no es tontura no, es pereza, y me desespera. Al final por no discutir y entrar en un terreno peligroso soy yo quien termina lo que él ha dejado sin terminar porque me cansa más discutir que hacerlo yo misma.
    Me pregunto si seré maniática como él dice o es que él es muy perezoso y no encuentro la respuesta. Sin embargo el día que tengamos hijos, avisado está, sé que será un padre enrollado y yo la marimandona muermazo que educa a su hijo con mano dura y sin titubear, todo por su bien, claro está.

    En el fondo creo que a los niños les viene bien que haya esa dualidad: ni tan enrollado ni tan malo.
    Al menos entre nosotros hay una comunicación fluida y clara. Ambos sabemos hasta dónde podemos llegar y no solemos retarnos hasta el límite. Espero que nunca tengamos que hacerlo y si ese momento llega, sepamos atajarlo sin males mayores.

  5. Avatar de JesúsJesús

    Yo creo que el problema también viene en la liberación de la mujer. Me explico, la mujer antes era “sometida” al hombre, era su ama de casa y su fecundadora de hijos, pero…¿qué ha pasado ahora? Que la mujer se ha liberado, la mujer ahora tiene más libertades, más decisión, más fuerza, es capaz de hacer tantas cosas como el hombre o incluso más, y ha ocurrido tan rápido que algunos hombres no saben reaccionar debido a que han sido criados, por así decirlo, de otra forma. Ahora vivimos en una época de mujeres todoterreno, y hombres que se quedaron en los patines de 4 ruedas.

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