el no que no tuve
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El “no” que no tuve

¡Joder! Acabo de adquirir la otra mitad de imbécil que necesitaba para serlo enteramente. Levanto el vaso de whisky, dibujo un par de círculos en el aire, el hielo choca contra el cristal... clinc, clinc... y bebo de un solo trago todo lo que quedaba.

Estamos sentados en una mesa de un bar. Él toma un gintónic de esos que ahora llaman “premium” y que no son más que la mezcla de una ginebra de marca desconocida y extraña que va en botella de diseño con una agua tónica escanciada con suavidad a lo largo de una cuchara larga y retorcida que parece el invento de un ser caído del espacio exterior. El llamado “premium” lleva implícito un precio más elevado de lo normal. Espero que cada uno acabe pagando lo suyo. Yo bebo un whisky que apuesto lo que sea que está obtenido al exprimir el tronco de un árbol. Un árbol de buena madera, eso sí. Me gusta su color y sobre todo, su sabor ahumado. Llevamos un buen rato hablando de mi situación sentimental actual, la cual no goza de muy buena salud. Es mi amigo y para eso está, para aguantar mis desvaríos de vez en cuando.

—Díselo, —sentencia. Da un sorbo del gintónic y continua: el “NO” ya lo tienes.

Maldita sea. ¿Cómo no se me habrá ocurrido eso a mí? Llevo meses dándole vueltas a la situación porque no sé por dónde cogerla y resulta que todo es así de sencillo. Ahí están un montón de horas desperdiciadas comiéndome la cabeza y manteniéndome lo más al margen posible, intentando verlo con perspectiva, procurando no dar ningún paso en falso, expectante por si ella aún sigue con sus líos mentales desde que acabó su anterior relación y todo puede quedar solucionado… ¡diciéndoselo! ¿En qué estaría pensando todo este tiempo?

—Decírselo… —digo para mi pero en voz alta, como si valorara esa posibilidad en serio.

“El NO ya lo tienes” es de esas obviedades que tú sabes de sobras, que pocas veces te auto-aplicas pero que los demás te sueltan como si fuera el gran descubrimiento del siglo cuando dudas en tomar una decisión. Es como el empujón definitivo que necesitas para lanzarte al vacío. Sí, al vacío. Es sencilla y llanamente el vacío, porque si supieras que no lo es y que al final hay un colchón mullido que amortiguará la caída, no necesitarías que nadie te vaya dando empujones. Te lanzas sin dudar, sin pensar. Es decir: la duda desaparece cuando sabes que si preguntas vas a obtener un SÍ por respuesta.

Estamos sentados en una mesa de un bar. Ella toma un gintónic de esos que ahora les llaman “premium” y que no es más que una ginebra con un aroma exótico mezclada con una agua tónica, trocitos de alguna fruta, gominolas o especias extrañas flotando y servida en copa de balón. Yo bebo un whisky enfriado con un solo hielo. La marca del whisky es la misma de antes porque no hay otra. Las 200 botellas diferentes de ginebra no solo dan un supuesto glamour al bar sino que además, no dejan espacio para más de una marca distinta del resto de bebidas. Calculo que ese gintónic me costará unos 12 euros, por lo menos. Llevamos un buen rato hablando de nuestras cosas, cada uno de las suyas. Bueno, a decir verdad, ella habla y habla y cuando puedo, le interrumpo para decir algo. A la que pueda, se lo pregunto.

—Y ¿cómo te va el trabajo? —Consigo decir.

Mierda. No estoy aquí tomando un whisky a las once de la noche para hablar de trabajo. Claro, que tampoco puedo preguntárselo en la primera oportunidad que se me presenta. Ni dar rodeos ni entrar pisoteando, debo encontrar el término medio.

Ella me cuenta casi todo su historial laboral, como la empresa para la que trabaja ha ido endeudándose cada vez más y como ve su futuro en breve, cuando esté en el paro. No pinta muy bien todo. Ahora que estaba remontando anímicamente tras su relación rota una año atrás, va y se queda sin trabajo. Bueno, no tiene por qué afectar a mis propósitos, supongo.

—Y… —digo tras un sorbo de whisky—. ¿Cómo va tu constipado?

¡Casi! Juro por lo que más me importa en este mundo (aunque ahora mismo no sé muy bien qué es) que lo tenía en la punta de la lengua, pero mira, me han salido otras palabras. ¿Qué me importará su estado tras el resfriado? Nada. Bueno, en realidad me debe importar si acabamos besándonos porque puede que mañana tenga que quedarme en cama. Pese a todo, lo importante es despejar la duda, dejar de darle vueltas en si sí o si no, matar este tema para poder seguir hacia adelante por un camino o por otro.

—¡Céntrate, coño! —digo sin querer.
—¿Cómo? —Me pregunta.
—Nada, nada… cosas mías.

Ella da un sorbo tan largo de su gintónic que acaba vaciando la copa. Se pasa la lengua por sus labios húmedos y de dentro de la copa saca el pedazo de regaliz que le habían echado para que el sabor de la ginebra con aroma a frutas exóticas no fueran el único. Acaban metiéndole de todo que al final no sabes a qué sabe. Se lo lleva a la boca y empieza a masticarlo. Yo la miro, la observo. Me abstraigo pero en seguida, regreso a la tierra pensando que he tenido el gol en mis botas y he echado la pelota a la segunda gradería.

—¿Quieres otro gintónic? —Le pregunto.
—No, con uno me basta.
—Bueno, —le digo medio sonriendo—, el NO ya lo tenía.

¡Joder! Acabo de adquirir la otra mitad de imbécil que necesitaba para serlo enteramente. Levanto el vaso de whisky, dibujo un par de círculos en el aire, el hielo choca contra el cristal… clinc, clinc… y bebo de un solo trago todo lo que quedaba. Ahora mismo necesito una botella entera si quiero remontar este partido. Saboreo momentáneamente la quemazón de mi garganta y dejando el vaso encima de la mesa, digo:

—Cuando quieras, nos vamos.

Estamos sentados en una terraza de un bar. Es mediodía y tomamos café mientras vemos pasear a la gente. Hace un buen día, es domingo. La miro y sigue estando tan radiante como hace tres años. El sol en la cara le sienta bien. Se da cuenta de que la miro y me sonríe.

—Bueno… —me dice— ¿cuándo piensas echarte novia?

Tras un silencio, nos ponemos a reír a la vez.

—Estoy bien así —le contesto casi sin poder respirar—. No hay quien me soporte.
—¿Sabes lo que te hubiera contestado, verdad? —Me pregunta de repente cogiéndome las manos.
—Sí, lo sé —le contesto sin vacilar—. Ahora lo sé.

Ella paga los dos cafés y desparece rápidamente. El domingo es de esos días en que se celebran comidas familiares y ella debe acudir a una, junto a su marido y a sus dos hijos. Yo, si eso, me quedo un rato más en la terraza, veré la gente pasear arriba y abajo, me beberé un whisky con un solo hielo con sabor a madera de fábrica de muebles caros y luego iré a recoger el pollo asado que encargué esta mañana para comer.

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15 comentarios

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“La duda desaparece cuando sabes que si preguntas vas a obtener un SÍ por respuesta.”

15 COMENTARIOS

    1. 4Colors4Colors Autor

      Pues porque no es sencillo escribir. Primero lo pienso, luego le doy un par de vueltas, lo corrijo… si el final no me gusta, lo vuelvo a pensar y a reescribir… y si no me convence, lo tiro a la basura. Ni tan siquiera lo guardo para aprovecharlo después.
      La próxima vez espero escribirlo más rápidamente
      :)

  1. Avatar de Sashimi Blues

    Mierda! se te ha escapado!
    Yo he vivido la situación contraria y ni te imaginas qué desesperación. No me importa dar el primer paso, obvio, pero frena el ver que la otra parte no lo tiene claro. Sí no lanzaste fue porque algo te frenaba: dudas, miedos, reparos, intimidación… Llamalo como quieras. No es sexy, no nos gusta. Nos desencanta

    Nada hay más atractivo que un hombre decidido, sin,miedos

    1. 4Colors4Colors Autor

      ¡Mierdas! ¡Tienes razón! Pero… “la situación contraria” depende desde el lugar en que se esté. Aquí nadie da ningún paso, ni en un sentido ni en el otro. Pero sabemos que, gracias a quien lo cuenta, él sí que está intentando darlo. Es un poco memo, pero el pobre, lo intenta. Pero y ella, ¿qué hace? ¿Pasa de todo o está esperando verlas venir? Supongo que en este caso, la desesperación puede ser de él… ella (también) puede que dude, tenga miedo, tenga reparos, etc… sabiendo, lastimosamente, que al final pensaba exactamente como él.

      Sinceramente, son dos tontos a las tres.

    1. anitaanita

      Yo, igual que la Patata frita, soy de dar el primer paso. En mi caso con mis amigas la teoría no se llamaba “el no ya lo tienes” sino “qué coño!!” y he hecho todo tipo de cosas porque qué coño, no tenía nada que perder. Creo que la inauguramos el día en que salíamos de un ascensor y salió la primera, salió la segunda y cuando iba a salir la menda lerenda pensó qué coño y me di la vuelta y me abalancé sobre la única persona que quedaba en el ascensor, jajaja. Mis amigas se fueron a casa, claro, y a mí me salió bien. ;P
      En general, no me acuerdo de alguna vez que me haya salido mal, la verdad, aunque sí de alguna en la que no me he atrevido y me lo perdí por tonta.

  2. Avatar de sweetcidesweetcide

    Eso de “El No ya lo tienes” funcionaría si lo creyéramos de verdad, pero muchas veces pensamos que mejor no tener el no (ni el sí) y seguir en la incertidumbre…

    A mi me cuesta, soy de pegarme el batacazo si hace falta, que ya me recuperaré después, pero lo veo en muchas personas…prefieren no hacer nada por no sufrir ese golpe

  3. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Recomendar valor es fácil. Lo difícil es tenerlo. “Con la vergüenza y el miedo no se va a ninguna parte,” es una frase genial y completamente cierta pero ¿y qué haces cuando tienes mucho sentido del ridículo o te angustia desmesuradamente el rechazo? Éste es uno de los pocos asuntos en el que las tías lo tenemos increíblemente más fácil porque, generalizando mucho, siempre podemos lanzar “señales de humo” y fiarnos de que al final será él quien se descare mientras guardamos nuestras espaldas de manera que si en realidad no le gustábamos podamos decir: “¿Yo? ¡Qué vaaaaa! Si yo sólo estaba siendo amable.” en lugar de quedarnos expuestas y en cierto modo humilladas por un “lo siento pero no me gustas de esa forma”. Y, sin embargo, un tío que no sea capaz de echarle ese valor no se va a comer un rosco salvo que sea excepcionalmente atractivo y a las pruebas me remito porque, si miro a mi alrededor, conozco un montón de chicas cobardicas para “declararse” que no han tenido ningún problema en su vida para tener novios sin ser superguapísimas –y entre ellas me incluyo- y, sin embargo, tengo varios amigos que no mojan desde el siglo pasado (literalmente) porque son incapaces de cruzar un bar para presentarse a una chica, invitar a alguien a un café o al cine y, ya no digamos, abrirse lo suficiente como para decir “me gustas”. Gente buena y amable pero extremadamente sensible al rechazo, y no sólo en el cortejo, que se pierden parte de lo mejor de la vida por la vergüenza y el miedo. Y, claro, cuanto más te gusta alguien, más difícil todo y más duele el rechazo ¿no? así que igual el remedio es tirarle los tejos a todo el que te guste un poco pero, eso sí, un poco antes de que te guste demasiado :) )))

  4. Infinito SiempreInfinito Siempre

    Justamente hace un rato acabo de tener una conversación con mi “partenaire” acerca de por qué él nunca toma la iniciativa conmigo! … Acaba de leer. Su opinión: Es un mal extendido entre los hombres. (Agradezco mucho esta información, aunque no creo que deba ser generalizada)

    Creo que no se trata de ser hombre o mujer para tomar la iniciativa. En mi opinión, se trata del tipo de persona que eres. Y por supuesto aprendí hace años que mejor ese NO (o si tienes suerte un SI) que la incertidumbre.

  5. chis_garabischis_garabis

    Me ha gustado mucho. Todos hemos pasado por una situación así alguna vez. Estoy con ronronia en que no es tan fácil para todo el mundo vencer el miedo a rechazo y lanzarse, y que en algunos casos hay que asumirlo, no se puede y punto. También es cierto que creo que las mujeres tenemos ventaja en esta situación, una va mandando señales y con un poco de suerte, las pillan y responden!

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