el momento clic
Relaciones

El momento “clic”

Aguantamos porque amamos. Aguantamos porque creemos que todo esto no es nada en comparación con el gran amor que sentimos.

Me desperté a las ocho de la mañana. A diez minutos de mi despertar programado. Era martes, el día más injusto de la semana: todavía quedaba todo un día por delante para llegar al esperado ecuador de mi sufrimiento laboral, pero ya tenía un día menos de fuerzas que ayer.

Preparé el desayuno. Café y tostada para mí, huevos revueltos y zumo para él. Sonó su despertador. La única cosa que no teníamos en común, aparte de nuestros gustos, era el despertador. Cada uno con el suyo. Como debe de ser.

Él, como de costumbre, se levantó, se limpió los dientes, se puso una camiseta vieja y se sentó en nuestra nueva mesa de la cocina. Esta vez no me dio los buenos días ni me dio un beso. Se bebió su zumo y, cuando empezó con los huevos, yo acabé con nuestra relación.

Lo miré y me di cuenta que ya no le quería.

El sentimiento de “ya no amor” fue tan inesperado y agresivo que hasta me dolió la cara. Me quemaban las manos, me sorprendieron las nauseas, se me empezó a encoger el estómago. Seguía sentada frente a él, observándolo mientras desayunaba leyendo el periódico del día anterior. Todo seguía exactamente igual. Salvo mi “ya no sentimiento”.

Noté que me faltaba aire. El hombre que tenía delante ya era mi ex. Sin que él lo supiese. Esa decisión acababa de ser tomada repentinamente. Me parecía injusto, pero todavía más injusto era mirarlo y no querer tocarle la cara. Y que suceda un martes.

Necesitaba salir a la calle para poder respirar, pero no tenía claro si quería seguir respirando o prefería ahogarme ahí, en nuestra nueva mesa de cocina que ya no era nuestra, delante de él y su periódico con las noticias que ya no eran noticias. Morirme allí mismo, delante de él y su plato de huevos revueltos, un martes cualquiera, a las 8 y media de la mañana. Joven y despeinada. Pero morir. Morirme antes de que se enterase de que ya no lo quería.

Pero decidí seguir viviendo.

De pequeña descubrí que si comía helado, se me pasaban las anginas. Siguiendo esa lógica, un cigarro me haría respirar mejor y, quizás, si consiguiese odiarlo, le volvería a querer. No dije nada. “Ya no te quiero más” habría sido lo único que saldría de mi boca con aliento a café. Cogí las llaves y bajé a la calle. Encendí un cigarro. Pensé que quería hablar con alguien, pero no podía hacerlo: si lo vocalizaba, sería consciente de lo ocurrido.

Envié dos mensajes: a Ana y a Marina. Las dos tenían que saber que ya no sentía nada por el hombre que estaba arriba en la cocina. Incluso tenían el pleno derecho de saberlo antes de que lo sepa él. Ambas, mi amigas, llevaban aguantándome desde hace algo más de dos años. La única cosa por la que le podían estar agradecidas es por unirlas: se odiaban mucho hasta que lo empezaron a odiar a él. Desde entonces se querían. Tanto una como la otra no se cansaban de decirme: “No puedes seguir con él, ¿no te estás dando cuenta que no te trata como es debido?” Pero no. No me estaba dando cuenta.

Ana fue el testigo de un par de discusiones; de cuando se separó de mí en el aeropuerto, recién vueltos de vacaciones, para que sus padres no supiesen que estábamos juntos; de cuando me decía que tenía que ir al gimnasio para adelgazar y de cuando me llamó “gilipollas”. Marina vio cómo coqueteaba con mis amigas, cómo se reía de lo que yo hacía e, incluso, cómo me soltaba un “a ver si te cogen en algún lado, aunque lo dudo”, mientras intentaba buscar un trabajo.

“Ya no le quiero más”, les puse en el mensaje y recibí la misma respuesta de ambas: “Por fin. ¿Qué ha pasado?”. Pero no había pasado nada. Lo quise mientras me trataba mal. Lo quise mientras se reía de mí. Lo quise mientras intentaba ligar con mis amigas. Lo quise mientras… lo quise. Y esta mañana, cuando no me dio los buenos días ni el beso, lo dejé de querer. Así de simple y de estúpido todo.

La única a la que se lo podía contar era mi madre. Encendí el segundo cigarrillo para respirar mejor, y la llamé. Mi madre no conocía los detalles de mi relación. Normal, yo tampoco los conocía. Éstas son las cosas que ves pasado un tiempo, como cuando llega el tan esperado momento en el que dices “qué tonta fui”. Pero me quedaban unos cuantos años de reflexiones por delante.

- Mamá, ya no le quiero.

- ¿Qué ha pasado?

-  Nada. Ese es el problema. Justamente hoy, martes, no ha pasado nada. Sólo que no me ha besado esta mañana. Simplemente no he querido tocarlo más. Le estaba mirando, mamá, y no sentía nada. Dime que se me va a pasar. Que es una tontería. Que le volveré a querer más adelante.

Mi madre suspiró:

- Vaya. Has tenido el momento “clic”.

- ¿…?

- No sé cómo lo decís en España. Aquí hay una expresión: la lluvia que desborda un océano.

- Sí, la gota que colma el vaso.

- A las mujeres nos suele pasar mucho, querida. Aguantamos cosas, muchas cosas, permitimos que nos falten el respeto, que nos maltraten y que, incluso, nos humillen. Nunca sabemos cómo acabamos así. Sucede poco a poco: empieza por una broma mal gastada, después aparece un comentario fuera de lugar y empieza la cuenta atrás: una gota, la otra, la tercera, medio vaso, tres cuartos. Y aguantamos. Aguantamos porque amamos. Aguantamos porque creemos que todo esto no es nada en comparación con el gran amor que sentimos, con el tiempo que ya llevamos juntos, con los planes que tenemos para el futuro. Nos empeñamos tanto en que es “El Hombre” que se nos escapa lo básico: lo de darnos cuenta que ese hombre no nos hace feliz. El vaso sigue llenándose. Sin que te des cuenta. Hasta que un día una pequeña tontería desborda el vaso. O el océano. O, para ser exactos, nuestra paciencia. El “no beso” fue el detonante de tu momento “clic”. Por desgracia, no conozco el resto de las gotas y sólo espero que no sean grandes, de las que, cuando caen en la cabeza, hacen daño. Pero tenlo claro: ya no lo volverás a quererlo jamás. Y menos mal.

Colgué.

Tiré la colilla.

Intenté recordar cuáles habían sido el resto de las gotas, pero todavía no era capaz de verlas. Sabía que, varios años después, podría nombrarlas una por una. Las recordaría todas. Mi madre tenía razón. Ella lo llama “el momento clic”. Yo lo llamo: cansancio emocional.

Subí.

Volví a sentarme a la “no mesa”. Me miró.

- ¿Dónde te has ido?

Me comí la tostada. Cogí aire. Noté cómo me picaba la garganta.

“Ya no te quiero”, le dije. Saqué un helado del congelador y lo saboreé pensando en que los martes pueden ser liberadores.

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Desamor  Separación  

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“Mi madre lo llama “el momento clic”. Yo lo llamo: cansancio emocional.”

15 COMENTARIOS

  1. Avatar de Anita Patata Frita

    Me ha pasado por lo tanto le doy toda la razón a tu madre, fue un clic, lo noté en la barriga. Y se terminó. Fin.

    Pero haste ese clic lo pase de puta pena, pero no lo sabía hasta el momento en el que abrí de nuevo los ojos, justo ese día. Me gustaría que todas esas mujeres que no tienen lo que merecen tenga su “clic” y cuanto antes mejor que mejor.

  2. EspoirEspoir

    Un texto fantástico, Alena. Y sí, te sientes como una pequeña tirana, ahí, en la cocina, mientras miras un bote de Nesquick que compraste sólo para él y que te recuerda la rabia que te inspira la gente que no desayuna como un adulto, y que tendrás que tirar casi entero con la misma tranquilidad con que dirás que él tampoco tiene ya sitio en tu casa. Cuando abres la boca tiemblas un poco, pero las palabras construyen una realidad dura y fría en la que te apoyarás aliviada. Y una vez dicho, te darás cuenta que desprenderte de algo que ya no te gusta te hace más libre y feliz, y al día siguiente serás un poco más adulta. Resolver siempre es triunfar, incluso en caso de amputación.

  3. Avatar de SkiterSkiterioSkiterSkiterio

    En casos de maltrato psicológico, pase…pero en casi todos casos, los “clic” son el resultado de que la persona no tenia ni puta idea de lo que queria, y se terminó metiendo en un follon de relación en el que, como resultado del “clic”, alguien sale herido. Y eso, jode…cabrea más bien.

    (y no conozco ningun caso de hombre al que le haya pasado…pero puede que sea casualidad)

  4. Avatar de maru andres alonsoanonymous

    A punto de cumplir 5 años de relación y paso. Eso que no sabía definir hasta que he leído este post, pero todavía recuerdo completamente la sensación de alivio y libertad, lo inmediatamente feliz que fui! Y yo que me creía feliz con el! El jamás lo entendió, quizás yo no supe explicarlo bien y el siempre pensó que había otro. Pero no!

    Gracias por el post!

  5. FlorFlor

    Me gusta lo del “momento clic”… Seria como lo que los americanos llaman ‘aha moment’, no? El otro día escuchaba a una psicóloga decir que no hay muchos en la vida, y que la mayoría ocurren antes de los 35 años… No sé si será verdad, pero es curioso…

  6. Avatar de garcia orrigarcia orri

    Hola. Soy un hombre. Y también he tenido un momento clic. Gracias por darle nombre a este ” momento” que deshaciendolo todo hace que todo sea, de nuevo, posible. Siempre he pensado que hombres y mujeres somos muy distintos, si. Pero también nos parecemos tanto… Los momentos ” clic” son unos grandes momentos. Y casi nos pasan de largo si no estamos… atentos?

  7. Avatar de Orly GarcíaOrly García

    Se me han juntado varias gotas, durante 9 meses, pero desde el miércoles o jueves que no recibí un “Buenas noches/Buenos días” (porque mi novio es extranjero y nos separa un charco llamado Atlántico), traigo atorado el “Ya no te quiero”, porque no me hace feliz, porque no me pone la atención debida, porque para todos está en WhatsApp o chat de Facebook, pero cuando le pido 1 minuto o 5 minutos para vernos en webcam, dice que ya está cansado o que no está en casa…
    Y ya tengo cansancio emocional… Estoy cansada de llorar…

  8. Avatar de Sybil VaneSybil Vane

    Acabo de tener esta noche un momento click y esta mañana lo primero que he hecho es buscar este post recordando haber leido que a veces pasa. Había aguantado mil cosas, y estando los dos durmiéndonos en la cama he sentido que ya nada es igual, que ya no quería más eso. Sólo porque se ha dado media vuelta en la cama. Y otra media vuelta he dado yo, y mirando el gotelé he decidido que ya no quería más esto. Y hasta aquí he llegado.

    Es inspirador leerte. Sobretodo porque cuando una se siente perdida, es fantástico que haya algo/alguien que te ayude, aunque sea un poco, a que vuelvas a encontrar el camino.

  9. Avatar de silviadrasilviadra

    Hace nada que he tenido “mi clic” después de 13 años!!! se dice pronto, tantas cosas de las que describes las entiendo no ha habido malos rollos pero si “dejación de funciones” y sinceramente un día tras otro desbordan un océano(me encanta la expresión).
    Yo que me creía tan independiente va y tienen que pasar tantos años para darte cuenta que la persona con la que compartes tu vida ya no te cuida y no te hace sentir especial…. Una pena.
    Lo peor es ese momento en el que consigues cierta distancia y empiezas a ver “las gotas” como en un cristal que de repente se desempaña y ves que fuera ha llovido, en ese instante te das cuenta de lo poco consciente que has sido de la situación durante tanto tiempo

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