Los-GPS
Sexo

El maravilloso (ejem) mundo de las personas GPS

Expresiones como “a tu derecha”, “a tu izquierda” o “gira” eran más que comunes, pero llevarlas así tal cual al contexto de la cama resulta de todo menos sexy.

“A cuatrocientos metros gire a la derecha. Después, en la rotonda, coja la tercera salida”. Las frases que os acabo de escribir pertenecen al GPS que llevo en el coche pero también son las que escucha en su cabeza mi amiga Silvia cada vez que tiene que dar instrucciones a un chico en la cama. Ella, que es de orgasmo más o menos complicado, me cuenta (cada vez que se acuesta con un chico nuevo, cosa que sucede con bastante frecuencia) que le cuesta guiar a un hombre en la cama porque, por muy amable que sea, se siente como si estuviera poniendo voz a un GPS. No lo puede evitar. El hecho de que algunos hombres le hayan confesado que les corta el rollo que les hagan indicaciones tampoco ayuda demasiado a que lo haga con naturalidad.

Hace unas semanas nos escribía una lectora pidiéndonos precisamente que le echásemos una mano en esto de decir en la cama qué queremos y cómo lo queremos. La lectora nos pedía una forma de dar instrucciones “con morbo” y no en modo “El rescate del talismán”, que para quienes seáis demasiado jóvenes o no os acordéis, era un concurso de televisión por equipos de finales de los ochenta en el que, en algunas pruebas, unos concursantes debían dar instrucciones a otros que llevaban los ojos vendados. Expresiones como “a tu derecha”, “a tu izquierda” o “gira” eran más que comunes pero, a decir verdad, llevarlas así tal cual al contexto de la cama resulta de todo menos sexy.

 

Lo primero que me pregunté cuando me puse manos a la obra para preparar este post es si las instrucciones en la cama pueden resultar sexys de alguna manera. ¿Es erótico que te digan lo que tienes que hacer? Mi amigo Iván opina que “depende de cómo se haga”. Para él es mucho más sexy “que te enseñen lo que tienes que hacer a que te lo digan”. Por ejemplo, a él le gusta “que me muevan las manos, que me guíen pero con gestos, es mucho más efectivo que ella te coja la mano y te muestre cómo a que te diga así o asá. Las palabras a veces sirven, pero casi siempre en cosas como velocidad y así. Para el resto, mejor que lo hagan por ti. Aprendemos rápido”.

Para mi amigo Carlos, sin embargo, las instrucciones habladas sí son eróticas. Eso sí, cuando “se dan con esa voz, ya sabes, de que está muy excitada. La voz GPS no le gusta a nadie. Pero a vosotras tampoco” asegura. Y eso es cierto. Personalmente, una de las cosas que más me corta el rollo es que me digan que lo haga de otra manera con voz de “a ver, queridos niños, hoy vamos a aprender las partes de la célula”. Pero ¿cómo se pone voz de excitación cuando estás intentando no perder la que tengas a causa de un (o una) amante torpe? Difícil.

Así que veamos. He consultado a casi una veintena de amigas y amigos sobre cómo dan instrucciones en la cama (y en el caso de ellos, sobre cuáles son las mejores que han recibido) y os traigo las conclusiones a las que hemos llegado entre todas y lo que, entre todas, hemos considerado que funciona mejor. Y antes de haceros una lista más abajo (que sé que os encantan, aunque luego no las usemos prácticamente nunca), os cuento la que para mí ha sido la conclusión más valiosa a la que hemos llegado chicos y chicas en mi pequeña encuesta: por muy torpe que seas indicando, si le molesta que le digas lo que quieres… malo.

Y ahora sí, vamos allá con unos truquillos para guiar a tu partenaire y que resulte erótico para los dos.

1. Habla fuera de la cama: antes de ponerte a dar instrucciones como un sargento en plena campaña militar, comunícate fuera de la cama con tu pareja sexual. Cuéntale lo que te gusta, con pelos y señales si crees que es necesario. Tener vergüenza no sirve nada más que para que luego no disfrutes. Cierto que esto es más complicado si se trata de un ligue de un día, pero en el camino a casa, igual que os decís guarradas o habláis del tiempo, podéis contaros lo que más os gusta.

2. Sin miedo a preguntar: ni dentro ni fuera. No se trata de estar todo el rato preguntando si algo le gusta o no a la otra persona (porque eso corta el rollo, también), pero si hacemos algo nuevo y no estamos seguros de si funciona, lo mejor es preguntar. Así damos pie a recibir instrucciones, por si fueran necesarias.

3. En la cama, mejor demostrar que decir: muéstrale cómo lo haces tú. Mastúrbate. Acaríciate. Que te vea y tome buena nota. Sí, al principio da corte. Pero ¿qué prefieres: tener vergüenza o tener buen sexo? Pues eso.

4. Conviértete en guía: pero con gestos mejor que con palabras. Si quieres que te toque de una forma determinada, tómale de las manos y hazlo con él/ella. Además de ser muy erótico, aprenderá los movimientos que haces tú y luego podrá reproducirlos. Una de las cosas más eróticas que he hecho nunca, con mi ex, fue acariciarme con su mano y la mía entrelazadas para enseñarle cómo quería que lo hiciera. Y vaya si lo aprendió bien.

5. Y si hay que hablar… hazlo en positivo (es más efectivo un “me gusta más así” que un “así no”), evita las frases cortantes y huye de las instrucciones demasiado elaboradas. Recuerda que si tienes que explicarlo mucho, es mejor guiarlo con las manos (vamos, que es mucho más efectivo atraerlo hacia ti con las piernas, por ejemplo, que pedirle que entre más, o ponerte tú encima si te está aplastando y decirle después, cuando hayáis terminado, por qué lo has hecho).

Éstas son nuestras conclusiones y truquillos, pero seguro que vosotros tenéis más. ¿Le echáis una mano a nuestra lectora (y a mi amiga Silvia, y a todos los lectores que se encuentran con el mismo problema y no saben qué hacer)?

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“Tener vergüenza no sirve nada más que para que luego no disfrutes.”

7 COMENTARIOS

  1. CristinaCristina

    Tus cinco puntos me parecen fantásticos .
    Y ponerle siempre sentido del humor también ( a mi no me parece que este reñido con la pasión )
    De todos modos el ese contexto con un poco de sentido común es fácil dar órdenes como un militar y que cuele como si fueras un cachorro de leona ¿no?

    1. Alena KHAlena KH

      Jajaja, Cristina.

      No paras de sorprenderme:)

      Yo siempre he optado por dirigir la mano o esquivar si algo no me acaba de gustar.

      También hablarlo fuera de la cama. En plan informal. A medio desayuno le sueltas algo así como “oye, ¿qué tal se te da atar cosas?”. Guiño, guiño y unas risas.

  2. Avatar de PrimaveraPrimavera

    Buenos consejos! Yo también soy más de guiar aunque también lo hablo abiertamente fuera de la cama. Si tienes confianza con la otra persona, todo puede resultar mucho más fácil. Cuando no hay confianza, pataplam! no vas a disfrutar nada!

  3. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Hablar en positivo y hablar fuera de la cama son dos buenísimos consejos. En el sexo y fuera de él, no es tanto lo que digas como la manera en que lo digas. Cualquier “queja” planteada con dulzura suele ser bien recibida.

    En cuanto a la vergüenza no sirve para nada. Te lo dice alguien con un sentido del ridículo enfermizo que se ha perdido muchas cosas por culpa de la vergüenza pero que, afortunadamente, no se la lleva a la cama.

    Los cinco consejos son buenos aunque no sé si hacen falta tantos paños calientes porque lo cierto es que nunca me he encontrado con ningún hombre al que le moleste que le pidas algo o le cuentes cómo te gusta más, todo lo contrario.

  4. EspoirEspoir

    Que un tío se me rebote en la cama ante un “así no, así” es la prueba del algodón definitiva de que no vamos a llegar a ningún sitio, ni siquiera al desayuno. Si no puedes comunicarte eficazmente en la cama con alguien, cómo vas a hacerlo en Ikea cuando él quiera comprar esa cómoda horrorosa que, además, sabes perfectamente que no cabe en la habitación minúscula del pisillo miserable que ha resultado el único habitáculo que os podéis permitir? Yo creo que durante el sexo nos mostramos al máximo tal y como somos, y yo no soy una generala pero sí decidida a la hora de decir qué me gusta y qué no, y como tal me comporto. Si no le gusta, significa que no le gusta mi yo más real. Y por lo tanto, puerta.

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