Relaciones

El hundimiento de mi Titanic

La mayoría de veces una tarde de cine sólo es una tarde de cine, pero aquella tarde en concreto fue una visita al Oráculo. Nene, vuelven a dar Titanic. Quiero ir a verla, otra vez. “Buf, menudo coñazo” -pensé, aunque no estaba yo como para rechazar gestos románticos- ”despiértame cuando estén con el agua al [...]

La mayoría de veces una tarde de cine sólo es una tarde de cine, pero aquella tarde en concreto fue una visita al Oráculo.

Nene, vuelven a dar Titanic. Quiero ir a verla, otra vez.

“Buf, menudo coñazo” -pensé, aunque no estaba yo como para rechazar gestos románticos- ”despiértame cuando estén con el agua al cuello”. No sospeché entonces que aquella historia infumable que transcurría con sopor ante mis poco favorecedoras gafas también encerraba una premonición sobre lo nuestro.

Hasta aquel momento nosotros sólo éramos “follamigos”, amantes, compañeros en una partida del Teto. Pero un día me dio por ponerle nombre a lo que sentía cada vez que finalizaba una de tus visitas, y elegí ese “palabro” que empieza por A y acaba por R y que tantos necesitan. Podría haber sido ADELGAZAR, pero no, fue AMOR.

Yo también te quiero- me dijiste, sin medir las consecuencias que aquella frase tan recurrente podía tener en mi ingeniosa cabecita; porque si el común de los mortales suele montarse películas, las mías son en 3D y en formato IMAX.

Para colmo, nuestras historias personales contenían algunos de los ingredientes indispensables de una tragedia romántica:

Tú: huérfano de padre, recién mudado a la acera de enfrente, y con un entorno hostil que te impedía ser quien eres.

Yo: blogger en la treintena aunque adolescente emocional, y si eso no fuera trágico por sí mismo, añade lo de inmigrante en un país tan proclive al bad romance como Argentina.

En poco menos de una semana, y financiados por los Bancos “Te Quiero” y “Jamás he sentido esto”, construimos nuestro propio Titanic: un amor transatlántico de pretensiones descomunales.

De repente, el mundo que conocemos me pareció un bonito lugar en el que vivir, donde ya no tenía cabida mi Mr Hyde irónico. Después de todo Mariano hace lo que puede y le dejan, Celine Dion es una belleza aún sin estar de espaldas, y Penélope es un gran actriz…and my heart will go on and on.

Hasta que un día, durante la travesía, surgieron los primeros indicios de naufragio. “Nunca he comido sushi”, me dijiste como quien confiesa un crimen, y detrás de aquello vino eso tan sobrevalorado y dañino para el amor como es el conocerse. Recuerdo el disgusto que te llevaste cuando te dije que una relación es algo más que un estado de Facebook, o que lo de “juntos para siempre” también incluía los fines de semana. Pues va a ser que sí, que el secreto del amor eterno tiene que ver con que uno de los amantes muera a los 4 días de haberse conocido.

Aquella noche ni siquiera escuché el choque contra el iceberg, y a pesar de las evidencias preferí pensar que lo nuestro no se hundía, que simplemente habíamos pasado a “modo submarino”. ¿Dónde está la Bruja del Mar? Cambio piernas por aletas. Pero ahora lo tengo claro: no debimos subir en aquel barco. Ni yo sabía como manejar un timón, ni tú habías superado tu miedo al agua. Debimos quedarnos en aquel pequeño velero, inseguro e inestable cuando había tormenta, pero a flote después de todo.

Ahora, ya en tierra firme, intento superar la tragedia. Me está funcionando muy bien hacer terapia con otros supervivientes, la mayoría de ellos con historias mucho más desgraciadas que la nuestra. Los sábados nos reunimos en la playa y ponemos a prueba nuestro fobia a los barcos dando pequeños pasos hacia el mar. Pocos somos capaces de llegar a la orilla, algunos incluso volveríamos a lanzarnos al agua, pero los más asustadizos nos gritan indignados desde la arena:

¿Pero qué hacéis? ¿Es que no habéis aprendido nada? ¡Que nos vamos a ahogar!

Y es que aunque todos compartamos el mismo pánico a terminar sumergidos en el fondo del mar, sólo aquel que ha navegado en el Titanic sabe que es preferible hundirse con sus tesoros que sobrevivir siendo un simple náufrago.

¿Cuáles son vuestros Titanics?

 

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21 comentarios

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21 COMENTARIOS

  1. Mª José Bernal

    Ni yo misma hubiera podido explicar mejor mi última relación.Estoy totalmente de acuerdo con:sólo aquel que ha navegado en el Titanic sabe que es preferible hundirse con sus tesoros que sobrevivir siendo un simple náufrago.A pesar de lo mal que se pasa en una ruptura,al final siempre prevalecen los momentos buenos que as pasado con esa persona.Me ayudan tantísimo estos posts…Gracias =)

  2. Alx

    Muy bien redactado. Me ha gustado todo.
    Al final nadie se ahoga. No se muere por amor. Se pasa mal pero la vida sigue. A largo plazo solo gana la banca, como en los casinos, pero en estos casos ganar es jugar, tirarse de nuevo a la aventura que es lo que da la vida y conviene desdramatizar los finales, porque no tienen por qué ser algo tan negativo y abren las puertas a otros ciclos.
    Para mí lo importante no es lo que dure una historia ni la formalidad con la que se la quiera adornar, sino que después de todo sea memorable.
    El modo submarino que tú dices es mejor ahorrárselo.

  3. Cristina

    Por eso antes de meterte en el Titanic con toda la vajilla Inglesa y los trajes de noche haya que probar a dar una vuelta pedaleando en patinete ……..aunquë ….¡Qué coño !
    No tiene nada que ver …….
    Si hay que naufragar , se naufraga …( saber nadar es bueno porsi)
    ¡Y qué te quiten lo navegao!

    1. Mme. Noémie

      Estoy de acuerdo con Cristina… es mejor tirarse al agua, aunque naufraguemos, se aprende a nadar y te sirve para el futuro. Y, claro, siempre es mucho mejor tirarse y experimentar que quedarse en la orilla pensando que hubiera pasado ;)
      Me gusta mucho como escribes Nadarama!

  4. Bel

    Nadarama! sabes que si te acuestas con la misma persona varias veces acabas segregando unas hormonas (creo q son hormonas, sino una sustancia) que hacen q te sientas a gusto con esa persona y ella contigo.
    No sé porque esta sustancia no funciona siempre :( (
    Asi, que si no quieres naufragar, lo mejor es ser promiscua…

  5. Espoir

    Me encanta ese histérico “que nos vamos a ahogar!” :)

    Como de costumbre, suscribo las palabras de Alx. Nadie se muere por amor, excepto los personajes de las novelas rusas. La sal de la vida (sal, mar, hundimientos… ñeeee, mala asociación de ideas, dejémoslo en “lo bueno de la vida”) es buscarse de vez en cuando algún que otro problema innecesario. Ánimos, y suerte con esos largos.

  6. LORENA C.R

    Por supuesto me encanta.Yo soy muy de símiles también jajaja no tienes más que leerte mi monólogo sobre “EL MALDITO SATCHEL”…si es que…al final todos y todas no dejamos de darle vueltas a los mismos temas que por mucha experiencia que lleguemos a tener nunca dejan de rompernos la cabeza por muy repetidas que parezcan ya algunas historias de amor…Te dejo enlace…a lo mejor te gusta oye ;)

    http://inspiracionesvarias.blogspot.com.es/2012/06/el-maldito-satchel.html

  7. Uol Free

    Tengo una espantosa atracción por los Titanic, compro pasaje aún a sabiendas de que se van a hundir. Ah… ¿pero y la emoción de la travesía? ¿Ese no saber cuánto va a durar, cuándo va a chocar contra el iceberg, o alcanzar una mina submarina, o rascar todo el fondo contra un arrecife? Embarcarse en una relación es una experiencia inconmensurable que uno no se debe perder. Los veleros… bueno, uno acaba embarcando en ellos alguna vez, pero no es lo mismo, sobre todo si uno sube sin convencimiento. Pero seguro que algún trasatlántico llegará a puerto alguna vez: sólo hay que esquivar a Hades.

    Nadarama, me ha encantado la alegoría.

    Y sí, la playa está ahí. Hay que mojarse, hay que nadar y si la corriente te arrastra, a alguna playa acabará llevándote. El ser humano no se ahoga tan fácilmente. :)

  8. Anonymous

    Pues a mi el relato no me ha producido nada, cuando pensaba que ibas a llegar a la parte interesante lo has terminado. No explicas nada! Y la analogía con el titanic es de lo más simple que he leído en años…

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