El dormitorio no es comedor. Follar no es amar
Sexo

El dormitorio no es comedor. Follar no es amar

Tenemos un problema gordo con la sexualidad en pareja. Vivimos en una especie de loft amoroso, en el que el dormitorio y el comedor resultan ser exactamente lo mismo. No sé vosotros, pero yo prefiero un piso normal: con sus paredes, separando lo que es mi relación de día a día con la de noche a noche.

Conozco a bastante gente aficionada al buen comer. Lo cierto es que es una de las obsesiones con más clase, dado que tan sólo una pequeña parte de la población sabe lo que realmente come. Los demás les envidian, mientras se conforman con un kebab del bar de la esquina. La gente de “buen comer”, la gente sibarita en general despierta respeto. Controlan dónde y cómo. Y conocen bien el porqué.

Si además saben cocinar, puedes estar seguro que tienen sus paraditas en el mercado con la mejor selección de fruta y verdura, compran carne y pescado en un lugar de fiar y lo tienen todo controlado: esto de aquí, y aquello de allá. El Sr. Juan vende los mejores tomates y Srta. Juani, los mejores melones.

Existe una especie similar de sibaritas sexuales que, en vez de ser admirables, son ridículos: están llenos de prejuicios y valores equivocados. Uno de ellos es Dani, un amigo emparejado desde hace más de diez años, que suele hablar conmigo sobre el sexo. Un día fuimos a tomar una copa y le hice la pregunta que llevo haciéndoles a todos mis amigos durante todo el mes. Así, sin vergüenzas: ¿sueles correrte en la cara de tu novia? Dani, como muchos de los hombres a los que se los había preguntado, exclamó: “¡Qué va! A mi novia la quiero”. Lo curioso es que las mujeres con las que he hablado sobre el tema comentan exactamente lo mismo: “Uy no. Me parece humillante”.

Llamé a Casiopea, nuestra colaboradora, y me alegró con un “Hace poco hablé con una sexóloga acerca del tema y me comentó lo que opinaba acerca del sexo y el respeto”. Le propuse a escribir sobre ello. Aceptó. Así que atentos a su próximo post.

Mientras tanto yo os voy a hablar de esta división entre las cosas que le harías a tu pareja y las otras, las que practicarías más bien con un desconocido al que no le tienes tanto respeto.

Curiosamente muchas de las mujeres a las que conozco se han aficionado a leer las novelas eróticas. Les encanta fantasear con que les hagan “aquellas cosas tan atrevidas” que salen en estos libros. Sus novios, mientras tanto, prefieren no hacerlas, pensando que ellas no se atreverían a experimentarlo o que, simplemente, no se deben hacer con las mujeres a las que aman de verdad.

Dani, tras acabar con el kebab me dijo:

-  No, ahora en serio: ¿cómo quieres que “maltrate” a Laura en la cama? Yo la quiero. Cachetes, corridas fuera de lugar y las demás guarradas son para hacerlo con las guarras.

-   Joder, Dani, las mujeres que permitimos este tipo de cosas ya no somos las “libres”. Ahora resulta que somos “guarras”. Lo que nos faltaba.

-  Ya, pero tampoco lo harías con todo el mundo. ¿No?

-  Exacto. Yo, justamente, lo haré con mi pareja. No con un desconocido.

-  ¿No te da cosa?

- ¿Cómo? Tú tienes unos conceptos muy equivocados, amigo. Una cosa es lo que pasa en el dormitorio. Otra es tu vida en pareja. Puedes follar como una “zorra” perdida con tu novio (no me gusta el término, pero intento hablarte en tu lenguaje) y seguir teniendo miedo a los truenos, o pedir un beso con voz de niña buena.

Tenemos un problema gordo con la sexualidad en pareja. Vivimos en una especie de loft amoroso, en el que el dormitorio y el comedor resultan ser exactamente lo mismo. No sé vosotros, pero yo prefiero un piso normal: con sus paredes, separando lo que es mi relación de día a día con la de noche a noche.

Ayer hablé con una amiga sobre el tema. Tania lleva tres años en pareja. Cuando me describe su vida sexual, a pesar de que le cueste mucho intimar al respecto, me comenta que no entiende la necesidad de practicar algunas de las cosas:

- Sabes, yo si un día vengo a casa y le encuentro a Juan con un delantal sin nada debajo, me entraría tanta risa, que no follaríamos ni de coña. Lo mismo pasaría si de golpe, en medio de un polvo, le pidiera atarme las manos o vendarme los ojos. ¿Para qué? Tampoco veo necesidad de tener un vibrador, por ejemplo. No estoy soltera. No necesito estas cosas. Tengo un novio.

A mi pregunta de “si habían visto el porno en pareja”, respondió que no. Lo de correrse en su cara estaba descartado, sexo anal no resultó ser imprescindible, masturbarse delante de Juan le daba vergüenza y gritar demasiado la cohibía.

Claro que todo es cuestión de gustos, pero… ¿no se supone que innovar tiene su “aquel” y que la pareja es la persona en la que más confías? En su caso, tanto Tania como Juan nunca han comentado sus fantasías sexuales. Dicen que no es necesario hablar de ello, pero tampoco practican nada más allá de cuatro posturas. Vosotros diréis: si son felices así, ¿qué más da?  Y tendréis una parte de razón. La ignorancia siempre ha sido una manera muy fiable de ser felices, pero.. ¿y qué tal si resulta que se puede ser más feliz y sentirse todavía más satisfecho? Si pasas años comiendo pavo, sospecho que en algún momento de tu vida te apetecerá probar un buen bistec. Y, quizás, hasta se convierta en tu plato favorito.

Muchos aseguran no tener necesidad de descubrir más cosas. Otros no me creen cuando comento que hay demasiada gente que no experimenta nada más allá del famoso “misionero”. Sin embargo, el éxito de las novelas eróticas y de los Tuppersex ya son un hecho y nos demuestran claramente lo contrario. Como persona dispuesta a probar muchas cosas, no entiendo la necesidad de acceder a un cursillo en el que una mujer me hablaría acerca de los juguetes eróticos. Me parece innecesario reírme “por lo bajini” mientras me enseñan una gran polla de plástico. Pero claro, viendo cómo está “el mercado”, entiendo que puede ser el primer paso en el desarrollo de erotismo de las mujeres modernas que, por lo visto, no son tan modernas como nos lo intentan vender.

Tienen los últimos móviles del mercado y siguen amando en vez de follar.

Confundimos el sexo con el amor. Se refleja absolutamente en todo: empezando por las personas que, tras acostarse, esperan que, acto y seguido, haya una relación sentimental que complemente el sexo, y terminando por tener miedo de parecer una zorra o un salido en la cama por si tu pareja te dejase ver con “buenos ojos”. No entienden que el secreto está en follar con la persona a la que amas y no amar a la persona a la que te follas.

El dormitorio no es comedor. Follar no es amar. El amor es lo que se demuestra día a día. “Lo otro” es sexo: diversión, placer, satisfacción, fantasías, descarga emocional y física. ¿Existe algo más completo y satisfactorio que follar salvajemente con alguien a quién adoras?

Las mujeres siguen soñando con polvos de muerte, con morir de placer, con sentirse deseadas y vivir las escenas salvajes, escondiendo las portadas de los libros que leen, mientras que sus parejas están obsesionados por hacer “guarradas” con mujeres ajenas para no estropear el romanticismo. ¿Qué narices os está pasando? ¿Dónde está la lógica? ¿En qué momento el respeto se termina con un cachete o una cara llena de semen?

Estaría bien que el supuesto respeto lo dejaseis para las cosas cotidianas y lo perdieseis nada más entrar en el dormitorio.

Yo también compro los tomates al señor Juan y los melones a la señorita Juani. Pero tanto unos como otros me los como en casa.

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“El secreto está en follar con la persona a la que amas y no amar a la persona a la que follas.”

9 COMENTARIOS

  1. La GraduadaLa Graduada

    Efectivamente. Yo pienso igual que tú. No dejaría NI DE COÑA que un desconocido se corriese en mi cara. Vamos, es que es escribirlo y me da grima… dios mío… sólo haría esas “guarradas” con una persona a la que amase, en la que confiase. Puede no ser un novio de toda la vida o un marido, pero sí alguien querido, alguien generoso, alguien majo.

    En este rinconcito que no nos conoce nadie puedo decir que… para mí, el sexo anal, que me gusta muchísimo, tiene su encanto por ser un placer un poco más “prohibido”, más dificultoso, más gourmet. No le daría mi trasero a cualquiera, porque es algo muy delicado. Pero a mi amor… me encanta sentir que tengo la confianza suficiente con él como para dejarle hacer eso y mucho más.

    Ay Alena, este post de hoy me ha encantado. A pesar de que seguramente, no lo pretendes, lo veo muy romántico. Besos.

  2. Infinito SiempreInfinito Siempre

    El sexo con amor para mí es la clave. Empezar haciendo el amor y terminar follando o viceversa es fantástico. No todos los días puedes hacer el amor cayéndote lágrimas de lo feliz y enamorada que te sientes (me pasa a veces), sería agotador. Por ello creo que un combinado de ambos es perfecto.

    Vivir la sexualidad con libertad es, quizá, uno de los mayores placeres que se ha logrado en esta época que vivimos. Y me fastidia que haya personas que sigan teniendo esos pensamientos acerca de que si tu pareja te pides que le ates, que te eche polvos por toda la casa salvajemente o como bien dice Alena “que se corra en tu cara” es vulgar dentro de la relación. No saben bien lo que se pierden!

    Pues mira que os digo… esa gente para mi no la quiero!

    Pero también creo que por lo que voy “conociendo” a las personas que forman el día a día de Intersexciones, los que escribís y los que creamos debate, somos un grupo heterogéneo pero naturales. Y no hay nada más natural que el sexo. No olvidemos que somos animales.

    Y sí, tal y como comenta La Graduada, es muy romántico. Es tan tan tan romántico sentir que tienes a tu lado una persona que va a atender a tus deseos y tu a los suyos… sin doble moral; que se me escapa una lagrimilla de pensar que menuda suerte he tenido con mis parejas que me han hecho sentir que “ser unos guarros” era maravilloso.

  3. monsieur le sixmonsieur le six

    Para mí, el hecho de que la mujer sea mi “pareja” o no, es absolutamente intrascendente. Se trata de hacer algo que a ella le guste. Que haya una relación afectiva más o menos intensa o que nos conozcamos desde hace más o menos tiempo, no tiene ninguna importancia. Si mi pareja me pide algo “guarro” (aunque esto es subjetivo), probablemente se lo haré; si a la chica que acabo de conocer le da corte algo, pues no se lo pediré.

  4. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Aquí hay dos problemas:

    Uno, considerar que determinadas prácticas sexuales sólo las hacen personas “inferiores”, que me parece una visión del sexo bastante enfermiza aunque desgraciadamente no infrecuente.

    Dos, sea sexo o no sea sexo, me parece moralmente reprobable ser capaz de pedirle a alguien, conocido o desconocido, algo que te parece una falta de respeto. Si piensas que algo es sucio, malo o una falta de respeto y no eres mala persona, no se lo pides a nadie.
    (Cosa distinta es “sucio” en el sentido de “qué guarro esto que estamos haciendo, qué malotes somos, que morbo da”, que es algo que forma parte del juego, por así decir)

    Y al final es lo que dice monsieur, que si te metes al jaleo con alguien, qué menos que tener la consideración de estar por la labor de pasárselo bien ambos y no poner al otro en situaciones desagradables o presionarle para que haga lo que no le apetece.

  5. Avatar de KK

    Chapo. Se puede decir mas alto pero no mas claro. Llevo defendiendo estas ideas desde que tengo uso de razon – sexual. Y lo sorprendente es q aun tengo amigas, o conocidas, que cuando hablamos de sexo siguen cohibiendose porque me guste hacer “guarradas”… Y nosotros somos la generacion liberada? A veces creo que vamos ‘patras’ en vez de evolucionar…

    Congrats!

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