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Relaciones

El club de los solteros

La verdad es que yo tenía pensado celebrar mi solteraniversario agitando las bragas mientras leía en voz alta lo grandiosa que es la soltería. Pero no. Paso.

Hace justo un año me hice soltera. Me hice, sí. Porque la soltería es una movida a la que te adscribes con la intención de darte (no muy tarde) de baja. Es un estado alucinatorio que te parece la hostia pero por un tiempo limitado. Li-mi-ta-do. Seamos sinceros, la soltería mola un rato. Un rato pequeño. No es tan guay como la pintan. No hay tantas juergas ni tanto descontrol ni tanto rock & roll… ni tanto sexo.

Hacerse soltero es como apuntarse a un club de ajedrez. Desde dentro, te visualizas petándolo muy fuerte, te sientes potente, con la receta de la felicidad entre las manos y con un sabio volcán entre las piernas. Pero desde fuera, eres un pringado que anda salido y falto de abrazos. Le cuentas a tus colegas lo que mola pertenecer al club, lo loco que es, la de gente guay que conoces… mientras ellos (con sus adorables parejas) te miran con cara de lástima. Ellos sólo ven una cosa: un club de losers. Y eso que no saben que follar, se folla poco.

En serio. No hay tanto sexo. No lo hay. ¡No! Y no sé por qué. Todo parece estar a favor del desenfreno sexual, del sí a todo y a todos. Del “por supuesto”. Del ahora o nunca. Debería ser el momento de hacerle un jaque mate muy fuerte cada viernes a un rey diferente. ¡Debería! Supongo que es porque la soltería tiene unas fases que no siempre contemplan el jaquematear.

En la primera fase se jaquematea poco porque es una etapa de supuesto luto que te impide sacar la mariposa que llevas dentro porque sigues pensando en el gusano de tu ex. Te sientes perdida y necesitas actualizar el sistema operativo de ese nuevo no-estado sentimental. No te sabes las normas y sinceramente, no te apetece jugar.

La siguiente fase tiene otro color: la soltería te flipa. Empiezas a disfrutar. Los solteros os reconocéis por la calle, os conocéis en la cama y os volvéis desconocidos al día siguiente. Empiezas a ver lo bueno. Empiezas a follar. Ahora sí, nena, es tu momento. Me gusta. Like. ¡Match!

Fase tres o esto-ya-no-tiene-gracia. Que sí, que está muy bien. Que ya has follado para todo el trimestre, pero y qué más. Te mueves por casa como la masa Flubber: te vas dejando caer. Te sientes como un calcetín desparejado dando vueltas en la lavadora tragando shots de suavizante esperando a tu otro par perdido. La melancolía te hace pensar en tu ex, te hace follártelo y reconfirmar por qué lo dejaste. Vuelves a casa y te vuelves a dejar caer en el sofá mirando al infinito más cercano: la pared.

En la cuarta y última fase solo quieres una cosa: que pongan tu nombre en la lista Robinson de la soltería. Que ya no más. Que pasas. Que quieres amor. ¡Amor ajeno! Que de propio ya vas bien. Que ya no quieres comerte más peones. Que lo que tú quieres es llegar al rey definitivo y jaquemateártelo muy fuerte, muchas veces y en muchos sitios de tu casa. Y darle besos, muchos besos. Y amor. Lo admites, sí. Por fin. Quieres amor. Quieres ser la dama de algún rey.

Por supuesto que es mejor estar soltera que mal acompaña, que a veces es mejor una ducha caliente que un polvo frío y que hay vibradores que te hacen temblar más que dos manos. Vale, de acuerdo. Pero la soltería no es tan genial. Y si lo es, es porque algo gestionas mal en pareja. No puede ser que lo mejor de estar soltero sea pasar más tiempo con tus amigos o dedicarte más tiempo a ti mismo. ¿En serio necesitas estar soltero para eso? Mal.

La verdad es que yo tenía pensado celebrar mi solteraniversario agitando las bragas mientras leía en voz alta lo grandiosa que es la soltería. Pero no. Paso. Que vale, tienes toda la cama para ti sola pero de qué sirve si siempre duermes pegada al borde utilizando un tercio del espacio. Que sí, que pierdes a una suegra pero ganas a una madre que te pregunta cada domingo por tu ex. Que sí, que tocas a más cuando pides chino pero te lo acabas desayunando y eso no debe ser bueno. Que sí, que lo petas cada viernes en el bar de la esquina pero en las bodas vuelves a tener tu sitio reservado en la mesa de los desangelados. Admítelo. Los domingos son más tristes, los inviernos más fríos y los corazones menos rojos.

Y que sí, que la soltería está bien pero no tanto como para agitar las bragas.

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Soltería  

7 comentarios

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PaulaPor
Paula

Publicista. Parezco normal, pero no.

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7 COMENTARIOS

  1. monsieur le sixmonsieur le six

    Bueno, bueno, menuda competidora te ha salido, Alena. Justo ahora que vas a publicar el libro :P

    Uno de los artículos mejor escritos que leía últimamente por aquí. Y con mucha dosis de verdad.

    Eso sí, puntualicemos que lo que dice se aplica más bien a partir de los 30. De los 18 a los 25 uno pasa de estas cosas, y entre los 25 y los 30 se está en una especie de “terreno de nadie” en el que todo puede pasar y en el que a menudo ves a amigos que llevaban años con pareja y que al dejarlo están superjodidos, porque se habían planificado un futuro y todo se les ha derrumbado, y en parte te alegras de estar solo… de momento. Luego ya es cuando viene la época de “ir a mi bola molaba, pero quizás es momento de replanteárselo”.

    1. PaulaPaula Autor

      Bueno, bueno… eso digo yo ;) Aquí todo suma, nada resta. ¡Cualquiera diría que estáis deseando ver una pelea de barro entre nosotras!

      Yo creo que en algún momento en mitad de esa soltería llena de purpurina todo el mundo ha pensado que no le importaría “encontrar a alguien”, puede que sea un momento fugaz pero todos lo tenemos. Luego te vas de vinos y se te pasa.

      Nos leemos!

  2. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Me he reído un montón. En parte porque está escrito de una forma muy divertida pero también porque es imposible no ver algún momento de la propia vida reflejado en lo que cuentas.

    Yo fui muy feliz con mi solterismo, la verdad. Ayuda que tengo aficiones de hija única que se ha criado en una ciudad fría de inviernos largos y solitarios. También es un plus que soy un tanto asocial, de modo que cuando he tenido que pasar varios días sin hablar con nadie, he estado tan a gusto dedicada a mis frikadas. Pero, aun así, y aun teniendo el apartado sexo cubierto, reconozco que ha habido momentos en que, estando en casa sola, he añorado tener pareja. En mi caso no desayunando chino pero sí probablemente llenando una docena de tuppers monodosis con el medio kilo de lentejas con verduras que acabara de sacar de la olla express. Que es un rollo, pero todas las recetas buenas vienen expresadas para 6 u 8 comensales. Supongo que en el fondo, aunque no lo creyera posible, siempre he pensado que lo ideal es vivir en pareja, si encuentras a alguien perfecto para ti.

    Y luego hay cosas que sólo un hombre puede hacer por ti, naturalmente: recuerdo un chico que se fue de casa una mañana dejando la cafetera tan apretada que estuve varios días tratando de volverla a abrir y, da igual los métodos e inventos que probara, no podía con ella de ninguna forma, así que me la tuve que llevar al trabajo en una bolsa y pedirle a mi compañero más cercano -que afortunadamente también es muy buen amigo y sólo se rió lo justo- que me la abriera. Esto ya es broma, claro, seguro que se os ocurren ejemplos mejores :-P

  3. Avatar de NonMeChamesPrincesaanonymous

    He conocido el blog a través del libro (que no he leído), pero me gusta lo que voy leyendo. Paula, yo también he pasado fases similares, no celebro mi soltería y estoy ya hartita de que no me mimen, ya agitaré las bragas en otro momento, ahora en el cajón, en el proceso de lavado o puestas. Voy a buscar de nuevo el artículo de amigo víctor, os seguiré

  4. 4Colors4Colors

    No se pueden agitar las bragas —ni cualquier otro tipo de ropa interior— por la soltería como tampoco por estar en pareja. Opino que, cualquiera de los dos estados, son lo suficientemente difíciles como para sobrellevarlos durante mucho tiempo. Tanto la soltería como la “parejilia” tienen su momento dulce, soso y amargo. Al igual que uno decide estar soltero, hay quien decide estar en pareja pase lo que pase y pese a quien pese. Para ejercer la soltería hay que pasar muchos malos tragos pero al menos no rebotan en alguien directamente. Si uno aprende a estar solo y no se aburre de sí mismo, es muy llevadero (con lo cual no quiero decir que si uno no sabe estar solo o se aburre de sí mismo, acaba buscando pareja… no, no quiero decir eso. Bueno, a lo mejor sí). Conozco a más parejas sumidas en la monotonía y “acomodadas en la comodidad” que solteros luchando por dejar de serlo (claro que yo diga que “conozco” no es ningún reflejo de nada ni tiene que ser digno de ningún estudio). Pero a mi, no me anima a salir de la soltería ante esas expectativas.

    En cualquier caso pienso que si después de estar un tiempo solo —porque así lo has decidido— sientes que la soltería se torna en un coñazo es porque “naciste” para estar acompañado y es más que probable que acabes pasando con tu pareja mucho más tiempo en el estado soso que en el dulce. Seguramente, el amargo también acabe dilatándose.

    La soltería caduca pero no hay prisa. La “parejilia” también caduca y su final puede ser terrible. No defiendo ninguno de los dos estados, sencillamente defiendo mi estado y cómo lo siento (y padezco). A partir de ahí, que cada cual haga con su egoísmo lo que crea conveniente.

    Soy soltero convencido en un 75% :)

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