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Sociedad

El armario de los famosos

Aunque te plantes en la boda de tu hermana con tu novio de la mano y una tiara de flores en la cabeza a lo Lana del Rey, siempre habrá quien te pregunte: «y tú, ¿te animarás con tu novia?».

A veces me entusiasmo con demasiada rapidez. Es una mezcla de precipitación y optimismo. Y es que aunque resulte paradójico, después de poner verde a la gente por sus descuidos con el photoshop, mi pasatiempo favorito es aplaudir los actos heroicos ajenos. Sobre todo si son celebrities. Todo lo que hace una celebrity, regional o planetaria, es más y mejor. Una celebrity es un espejo en el que se mira el mundo. Por eso, un acto tan heroico como que un personaje conocido reconozca públicamente su homosexualidad, se escucha mucho más allá de donde puedan alcanzar los gritos de 2 millones de maricones desfilando por la Gran Vía de Madrid.

Hace poco volví a precipitarme con mis aplausos. Fue la última semana de este pasado mes de agosto. Entre mis amigos de Facebook, corría de muro en muro un vídeo en el que Sandra Barneda, presentadora multiusos de Tele5 y lesbiana vox populi, supuestamente hacía pública su orientación sexual. Todos aplaudimos el gesto y la llamamos heroína. Ahora me pregunto si todos los desarmarizados vimos el vídeo en un iPhone que, como el mío, se quedó encallado en el “modo avión”. Por mi parte entono un “oh my god, i’m heartily sorry” por opinar antes de conocer, porque una vez visto el vídeo en su totalidad, creí sufrir una crisis bipolar. Éstas fueron las palabras de Sandra:

“…y la paz en el mundo” le faltó decir.

Pero yo me alegro de todo corazón por el tío que inmortalizó lo de la “indemnización en diferido” para Loli Cospedal; parece que le han dado otra oportunidad escribiendo este discurso para Sandra. Vaya manera de dar volantazos. Qué arte esquivando las palabras para decir lo que no se quiere nombrar. Seguro que la mayoría deducimos su orientación sexual en este alegato al amor libre que podría haber pronunciado con la misma credibilidad una tía mía viuda que que se ha retirado a vivir su jubilación en Roquetas de Mar. Que sí, que todo su derecho tiene de pedir respeto por ser una lesbiana en la sombra, pero esto es un arranque de heroicidad que se queda en nada. Subes a por el gato que está en la rama del árbol y en lugar de bajarlo le pones una lata de Whiskas. Muchas gracias, Sandra Barneda, pero yo, como gay, y dejando empatías a un lado, lo que me llega de tu emocionado discurso es: “calladita estoy más guapa”.

Y perdóname, Sandra, porque no te tengo especial manía. Bueno, no te tengo ni manía. Pero tu discurso me sirve para rebatir los 3 argumentos principales que utilizan muchos gays y lesbianas para seguir en el armario:

La condición sexual es privada.

Bueno, con quien te acuestas sí. Es decir: nombre y apellidos. Pero que te acuestas con el alguien todo el mundo lo supone, y si eres chico, aunque te plantes en la boda de tu hermana con tu novio de la mano y una tiara de flores en la cabeza a lo Lana del Rey, siempre habrá quien te pregunte: «y tú, ¿te animarás con tu novia?». Porque igual que todos somos presuntamente inocentes, también somos presuntamente heterosexuales. Así que no es que no se metan en nuestra vida privada, es que presuponen que somos heterosexuales, y si no nos hacemos ver, no existimos.

Las etiquetas son malas.

Qué le vamos a hacer. Pues sí. La gente necesita etiquetar, ordenar y clasificar. Ikea lleva años explotando con éxito esta característica humana. Pero la etiqueta no es mala en sí. Es el valor que tú le das. Si tú aceptas esa etiqueta sin el prejuicio con el que te la colocan, dejará de ser dañina. No hay nada más indignante para un gilipollas homófobo que te llama “maricón” que le contestes: «pues sí, ¿y?». Si compartir tu vida con un hombre o una mujer no es importante, ¿por qué el que otros te identifiquen como gay o lesbiana se convierte en un insulto?

Somos libres de decir nuestra orientación sexual.

Pues mira, depende. Como ser humano eres libre de hacer lo que quieras, pero como homosexual, la libertad de la que te beneficias hoy en día te la consiguieron otros que no la disfrutaron. La historia del movimiento gay es bastante reciente aunque homosexuales ha existido siempre, y en casi 50 años de lucha LGTB se ha conseguido que, por ejemplo, puedas ir de la mano con tu novio por una ciudad como Barcelona sin causar mucho revuelo, y no acabar condenado a muerte como actualmente sucede en lugares como Arabia Saudí.

A veces me pregunto cómo habría sido mi infancia y adolescencia si hubiésemos tenido referentes famosos homosexuales. Si mis padres, tíos o abuelos los hubiesen tenido también. Cómo se habrían tomado mi confesión si, antes que yo, gente que ellos admiraban como Lina Morgan o Camilo Sesto hubieran aclarado su supuesta homosexualidad. ¿Habría servido de algo si Miguel Bosé hubiera ido más allá de ponerse una falda? ¿Habría sido igual el discurso de Sandra Barneda si anteriormente una lesbiana famosa no hubiese tenido miedo a la etiqueta? ¿Cómo habrán repercutido en el día a día de miles y miles de gays y lesbianas adolescentes de todo el mundo las declaraciones de Jesús Vázquez, Ellen Degeneres o Ricky Martin por ejemplo? No sé si esos adolescentes serán más felices de lo que yo lo fui; de lo que estoy seguro es que no se sienten tan solos ni tan raros como yo me sentía.

Dime una cosa, Sandra: si tuvieras la oportunidad de que una cámara te colocara ante millones de personas y con una sola palabra pudieras ayudar a miles personas a sentirse menos raras, menos solas, más orgullosos de amar a un hombre, más orgullosas de amar a una mujer, a mejorar en algo la historia de su vida…¿ tú qué harías?

Gracias a los que se sienten orgullosos de marcar la diferencia.

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Famosos  Homosexualidad  Sandra Barneda  

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NadaramaPor
Nadarama

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UN COMENTARIO

  1. monsieur le sixmonsieur le six

    Bueno, estoy al 50% con Sandra y al 50% contigo.

    Por un lado, es verdad que su discurso suena un poco a tirar la piedra y esconder la mano, a un quiero y no puedo, a un sí pero no. Pero por otro lado, entiendo lo que quiere decir (o eso creo). Pienso que ella no quiere definirse como gay ni como nada por el estilo, y me parece bien. Es muy respetable alguna gente se defina como hetero, como gay, como bisexual o lo que quieran, incluso que hagan activismo para defender su opción personal; pero por la misma razón es respetable que haya gente que quiera huir de eso, que hoy están con una persona de su sexo, pero mañana a lo mejor rompen y acaban con otra del contrario, o simplemente solas, pero que tampoco es que sean “bi”, simplemente es que no quieren encajar en nada de eso.

    Me recuerdan bastante las declaraciones recientes de Jim Parsons, cuando se mostraba sorprendido de que se le diera importancia a que estuviera con otro hombre: Nunca he considerado mi relación con Todd como un acto de activismo. Es un acto de amor, tomar café por la mañana, ir a trabajar, lavar a ropa, pasear a los perros… Vivimos un amor normal y monótono.

    Como leí hace poco en el twitter de una sexóloga, lo de homosexual y heterosexual es como si me preguntan si soy rubiosexual o morenosexual. Evidentemente, dicho así es una exageración, pero el fondo de la frase tiene sentido: uno no tiene que decantarse siempre ante cada combinación de gustos: rubias o morenas, hombres o mujeres, delgaditas o gorditas… Puede ser que simplemente quiera esperar a que su sensibilidad se dispare ante una persona que la atrae, sin saber por qué, y sin querer saberlo.

    Lo único que me provoca rechazo de su discurso es que ese aire de grandilocuencia que le pone cuando dicen eso de que está orgullosa de ser como es y tal… Si tan desapercibida quiere pasar, que no se ponga solemne; si se pone solemne, no sé a qué viene eso de que la sexualidad es privada. Yo creo que no tiene por qué ayudar a miles personas a sentirse menos raras, como dices en el último párrafo; nadie le pide heroicidades; pero si decide no hacerlas, pues que abandone los discursos solemnes y diga, como Parsons, que lo que hace no es más especial que sacar a pasear al perro. Y sacar a pasear al perro no es para sentirse orgulloso.

    Supongo que el día que todos pensemos como él, será cuando hayamos alcanzado la verdadera “normalidad”.

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