el amor es como las pastillas
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El amor es como las pastillas

Nos empeñamos en que el amor tiene una fecha de caducidad. Yo no creo en las fechas, creo en las dosis. Y es que el amor es como las pastillas: de ti depende si las tomas todas de golpe y, si tienes la mala suerte, acabarán contigo, o vas alargando el “tratamiento”.

Eso de “vivir como si ese día fuese el último” suena cojonudo. De hecho, la idea de disfrutar todos los días de tu vida es muy buena en sí, pero poco realista. Terminamos agotados de tanta emoción, de tanto cambio, de tanta pasión desmesurada y de tanta tristeza exagerada. Vivimos como si tuviéramos una enfermedad terminal, dándonos prisa en absolutamente todo, estresándonos hasta en el amor. Y, como consecuencia, todo acaba terminándose mucho antes de lo que nos gustaría. Todo, menos la vida.

Y queda un eterno vacío. Porque no supimos encontrar un ritmo adecuado para hacer bien las cosas.

Lo mismo sucede en el amor. Por algo dicen eso de “todo lo que empieza rápido, acaba rápido”. Nos empeñamos en que el amor tiene una fecha de caducidad. Yo no creo en las fechas, creo en las dosis. Y es que el amor es como las pastillas: de ti depende si las tomas todas de golpe y, si tienes la mala suerte, acabarán contigo, o vas alargando el “tratamiento”.

Hace días me llamó Marina. Me pidió que le ayudase con la mudanza. Estábamos haciendo las cajas, mientras que Miguel, su novio que ya no era novio, estaba de viaje. Marina y Miguel se enamoraron de una manera envidiable. De película, diría yo. Me decía: “sé que es él. Nunca he sentido algo parecido. Sé a ciencia cierta que es mi hombre” y,  unas semanas después, estaba convencida de que lo quería.

Puede que fuese cierto. Puede que llegase a quererlo. Puede, incluso, que Miguel resultase ser el hombre de su vida, pero hoy, mientras Marina está fumando su décimo cigarro y tomando la tercera copa, todo eso ya no tiene ninguna importancia. Sus cajas ya están hechas, en unas horas va a venir su mejor amigo para ayudarle a llevarlas a casa de su madre, y en sus ojos sólo hay tristeza, decepción y lágrimas.

Se enamoraron mucho. Se quisieron con todo el alma. Compartieron todo el tiempo que tenían en conocerse, amarse, hacer cosas juntos. En tres meses decidieron irse a vivir juntos. “Total”, me decía emocionada, “Si pasamos las 24 horas uno con el otro..”

Marina me ponía de ejemplo a Nuria y Pablo, nuestra pareja favorita. Se conocieron en un avión, se casaron en un mes y llevan cinco años juntos, felices y enamorados.

A todos nos gusta pensar que somos una excepción de la regla. A veces lo somos. Pero las estadísticas no juegan a nuestro favor.

Marina y Miguel no se supieron dosificar. Creían en eso de que no hay que ponerle límite, que no hace falta echarse de menos, aguantar sin verse, hacer algo que no les apetezca. Y lo hacían todo. A la vez. Sin controlar el ritmo y sin pensar en el mañana. Se tomaron todas las pastillas en apenas unos meses. Y se intoxicaron.

Marina está haciendo el lavado de estómago con la ginebra. Miguel, el lavado de cerebro en compañía de sus amigos, con los que se ha ido de viaje para desconectar de la realidad.

Cuando nos enamoramos, queremos tenerlo todo y ya. Queremos que así sea para siempre y agotamos todas las reservas en muy poco tiempo. La objetividad la perdemos entre las sorpresas, los regalos, las decisiones importantes, las palabras significantes, las cenas románticas, las noches juntos, el sexo variado, los amigos compartidos, la convivencia, las promesas que todavía “no tocan”. Lo vivimos a tal velocidad que, cuando pasan meses, ya no nos queda nada. Las palabras pierden el valor, los regalos ya no hacen tanta gracia, las noches juntos se convierten en una rutina, igual que todo lo demás. Y sí, la rutina es bonita, la rutina es algo precioso y necesario. Pero una rutina precipitada es un veneno. Vivir, a los pocos meses, como viven las parejas consolidadas, agota. Porque éstas tienen un pasado, una historia. Y vosotros, un pequeño apunte lleno de pasiones.

Todo tiene sus plazos. Es cierto que nunca son los mismos. Sin embargo es más sano echar de menos que echar de más.

Miguel y Marina decidieron separarse. Quién sabe, puede que hayan tomado la decisión correcta. Pero eso de “fast life” no sólo no funciona con los enamoramientos, sino tampoco con las separaciones. Si algo va muy bien, nos tiramos de cabeza en una piscina sin agua. Si la piscina resulta estar vacía, intentamos salir de ella.  Cojeando.

Quizás, si nos quedásemos en la piscina, si intentásemos curar el esguince mientras permanecemos sentados en su fondo, reflexionando sobre “el porqué” del salto sin mirar, un día ésta empezaría a llenarse. Y todo resultaría haber valido la pena.

Nos enamoramos deprisa. Y fallamos. Vivimos deprisa. Y fallamos. Pero incluso, tras haber fallado en ello, nos separamos deprisa. Como si no nos quedara vida por delante. Como si el objetivo de nuestras vidas fuese el de “encontrar cuanto antes a alguien especial”.

Hay que tener paciencia. Hay que dosificar. Hay que saber hablar, pero también saber callarse. Hay que saber estar con alguien, pero también aprender a estar solo. Hay que entregarse, pero también guardar una parte importante para uno mismo. Hay que saber compartir, no regalar. Hay que ser conscientes que a pesar de que la vida sean los dos días contados, es mejor vivirlos lentamente. Disfrutándolos. Alargándolos lo máximo que podamos.

El amor dura en función de la cantidad de pastillas que te tomas. Tarde o temprano el bote se queda vacío. Pero si lo haces bien, una vez se termina, ya no vas a necesitar otra receta.

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7 comentarios

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“Es más sano echar de menos que echar de más.”

7 COMENTARIOS

  1. Jen GomezJen Gomez

    La verdad que esta es la teoría que nos aplicamos y recordamos cada vez que empezamos algo con alguien, pero a veces llevarlo a práctica cuesta. Yo personalmente me doy un poco aludida en este post, a los dos meses de empezar con mi novio le surgió la oportunidad de marcharse a estados unidos.. Ahora llevamos casi 5 y se marcha en 5 dias y la verdad que éstos últimos dos meses hemos vivido con el condicionamiento de su marcha y a veces creo que si no fuera por eso hubieramos llevado la relación de otra manera, la hubieramos dosificado mas. En fin, ahora tenemos meses para echarnos de menos y ver lo que pasa, que porcierto Alena, estoy impaciente por leer tu post sobre las relaciones a distancia. Deseadme suerte!! ;)

  2. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Creo que en una relación cada persona necesita su propio ritmo que ni siquiera es siempre rápido o siempre lento dependiendo de la persona y la pareja sino que puede depender también de la decisión concreta. No veo motivo para que dos personas no puedan quererse siempre estando todo el día pegadas como uña y mugre al igual que no lo veo para que no puedan quererse siempre viéndose un fin de semana al mes. Supongo que lo importante es estar uno cómodo en un ritmo, una velocidad y una frecuencia que ni agobie a la pareja ni la “espaciencie”. Eso en cuanto a la “dosis”.

    En cuanto al asunto del amor para siempre (hasta que uno de los dos palme, vaya), no veo porqué no va a ser posible a cualquier ritmo que les agrade a ambos aunque entiendo que no sea muy frecuente porque muchas veces la pregunta que habría que hacerse es demasiado dura para enfrentarse a ella y es esta: ¿Estás con la persona con la que quieres estar, con la que estarías si fueras asombrosamente sexy y tuvieras más dinero del que puedes imaginar o estás con lo mejor que has conseguido pillar dentro de lo que tú crees que son tus posiblidades?

  3. EspoirEspoir

    No sé qué decir, nunca me ha pasado. Para mí enamorarme es un proceso lento que se precede del conocimiento mutuo, la confianza plena y la explosión sexual que te obnubila y que hay que disfrutar sin pretender tomar decisiones trascendentes bajo sus efectos. Si todo eso ocurre, pasa y aún seguimos aquí, puedo empezar a plantearme si siento algo profundo por la otra persona. Lo otro tiene un nombre claro, y es encoñamiento. Que mola mucho, pero igual que molan los fuegos artificiales.

    Si un hombre te dice que te quiere a los 15 días de conocerte, mi consejo es “corre”.

  4. CristinaCristina

    Pues yo soy muy de sobredosis ,Alena
    De todos modos es imposible controlar eso , las cosas pasan por algo y si tienen que ser rápidas serán rápidas y si a fuego lento también .
    Estoy con Ronro que cada historia tiene un ritmo distinto y tienes que bailar con la música que te toca .
    Yo no veo como un drama que una historia sea corta , que dramatizamos en exceso con el amor
    ¡¡Ya te llegará la larga !!

  5. m!m!

    Mucha razón. El otro día una amiga que lleva unos meses con su pareja me comentaba que se van a ir a vivir juntos y ya se plantean casarse e incluso tener un hijo… me quedé a cuadros pero me alegré por ella porque se nota que es lo que desea ahora mismo.

    Pero… tomar decisiones importantes con tanta facilidad… ¿y tan rápido?

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