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Sociedad

El amargo don de la belleza

Ya en el colegio los profesores no me ponían notas, sino que me escribían poemas de amor.

No puedo creer lo que ven mis ojos.

No ha sonado el despertador y sigo soñando,

o el mundo realmente se acaba hoy,

y estoy en la cola del paraíso por error.

 

Nada de eso, tarado.

Sigues vivo, aunque lógicamente trastornado.

Es el efecto que causo.

A mi paso, los ateos rezan el Padrenuestro,

y los mudos recuperan la voz.

Estoy acostumbrado.

Ya en el colegio los profesores no me ponían notas,

sino que me escribían poemas de amor.

Y no ha pasado un solo día desde mi nacimiento,

en que mis padres no hayan recibido en su buzón

una carta o dos de agradecimiento.

Pero no me siento afortunado por ello.

Te lo digo con resignación.

 

Lo siento, pero no te escucho.

Toda mi atención está secuestrada

por la coreografía que bailan tus labios

cuando pronuncias la “c” y la “o”.

Tu cara es un espectáculo del Circo del Sol.

El moonwalker del Rey del Pop.

 

 

Por eso ya no me esfuerzo en decir nada interesante.

La gente da por sentado que no sé nada de Rusia,

y que Confucio fue quien inventó la confusión.

Pocos son los que me hablan,

y cuando lo hacen es para preguntarme

a quién me tiraría de Gandia Shore.

Creen que todo mi tiempo y esfuerzo

los dedico a cincelar este escultural cuerpo,

y cuanto más cito a Paulo Coelho,

más risas provoco a mi alrededor.

 

Perdona.

No te sigo.

Creo voy colocado,

y lo que siento por ti es adicción.

Eres cocaína para la retina.

Subidón, subidón, subidón.

Tratarán de que llevarme a rehab, 

per yo les diré: no, no, no.

 

No te confundas mi yonki y nuevo amante.

No serás el primero de mis seguidores

que abusó del superlativo calificando la película

sin haber echado antes un vistazo al primer trailer.

Sé que para ti será difícil mirarme y no pensar en el sexo,

olvida por un segundo que mis polvos son en dubstep.

Te propongo una cena tranquila y distendida,

y que suceda lo que tenga que suceder.

 

 

¿Cómo sentarme a la mesa contigo sin querer comerte de un bocado?

Eres como un cheescake horneado en la Casita de Chocolate.

Un mash-up entre un Ferrero Rocher y un Brownie con helado.

 

 

No creas que me halagas diciendo lo del Brownie,

más bien me angustia la certeza

de que con este olor me envuelve

no sobreviviría a un holocausto zombie.

Pero ahora me doy cuenta.

Ya para más amigos sólo era carnaza.

Para poder pillar en la pista.

Para poder entrar gratis sin estar en la lista.

Pero cuando las luces se encendían

y el DJ daba la sesión por acabada,

era yo quien se marchaba solito para su casa.

 

 

Ahora por fin te escucho.

Creo poder comprenderte.

Entonces estoy condenado a ser un extra en tu vida.

No estar bueno nunca más, sino simplemente potable.

Que tu luz, más que iluminarme, me deslumbre.

Ser la “h” que nadie pronuncia.

Impactar lo mismo que el desnudo del hombre invisible.

 

 

Para que acabes de entenderme te cuento.

Una funesta tarde de febrero,

el único amigo que me quedaba

me citó en un Starbucks del centro.

Te dejo, me dijo, aliviado.

Te abandono.

Me voy.

No puedo seguir a tu lado,

porque a tu lado ya no soy yo,

sólo soy el chico que camina tu lado.

Un anexo explicativo.

Un admirador cansino.

 

¿Qué haces?

¿Me dejas?

¿Te vas entonces?

 

 

Lo siento.

No puedo.

Sé que estar contigo puede ser espectacular.

Como un fiesta de fin de año sin que suene Pitbull.

Como tener un novio argentino humilde y puntual.

Pero no quiero asumir ciertos riesgos.

Que mi familia no quiera verme a mí,

sino ver cómo quedas tú a mi lado.

Que mis amigos no me llamen más,

por la inseguridad que tú les puedas provocar.

Que te pille manía por ser tan guapo y perfecto

que cuando te brotan granos en la cara

lo hacen en paralelo, elevando tu mirada.

Cada día contigo podría ser un duelo,

en el que tú portas 2 pistolas de oro

y yo me defiendo con un tirachinas, tan sólo.

No quiero siquiera intentarlo,

porque sé que voy a perder,

y si te pierdo una vez te haya tenido,

lo habré perdido todo.

 

 

Adiós entonces.

Tranquilo.

Es el efecto que causo.

Deseado por todos.

Querido por ninguno.

Estoy acostumbrado.

Ésa es mi maldición.

Una increíble apariencia

que actúa sobre el que se me acerca

con el mismo efecto repelente

que provoca un spray de pimienta.

Nadie llama a mi teléfono porque creen

que mi número siempre debe comunicar.

Nadie me pide una cita porque creen

que en mi agenda no cabe nadie más.

 

La belleza es un regalo extraño,

un don difícil de degustar,

muy dulce para quien la contempla,

pero quien la posea que prepare el paladar.

 

 

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8 comentarios

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NadaramaPor
Nadarama

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8 COMENTARIOS

  1. CristinaCristina

    :D
    Como decía Baudelaire
    “La belleza es una promesa (incierta) de Felicidad ”
    El paréntesis es mío .

    Por cierto , los tienes cuadrados por hacer un post taan largo en la época que la gente no tiene tiempo ni de ir al baño porque están pelando gambas
    Pero merece la pena sentarse y chupar un par de cabezas mientras lo lees

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