Disfrutar.-No-gracias
Cosas que pasan

¿Disfrutar? No, gracias

En vez de sacar conclusiones de los fracasos, nos quedamos con la parte buena de la experiencia, como si una cosa no pudiese convivir con la otra.

Helena me llamó emocionadísima: ”¡Mi novio viene a verme!”. No me extraña. Lleva dos meses sin verlo, desde que a Marc lo enviaron a Londres por trabajo.

-      ¿Cuándo viene? ¿Cuánto tiempo se queda?

-      ¡En dos semanas! Y pasará cuatro días aquí.

A lo largo de las siguientes dos semanas, Helena tachaba los días que quedaban para su llegada. No paraba de hablar de ello, le compró un regalo, montó una cena sorpresa. Un día se gastó medio sueldo en una lencería carísima, peluquería, manicura, pedicura, limpieza de cutis, sábanas nuevas y miles de cosas por el estilo. Me diréis: “¿Qué malo hay en ello?”. La verdad es que nada. Si no fuese porque, pasadas las dos semanas, la cosa cambió. Cuando llegó EL día, mi amiga parecía más tranquila, más normal y me atrevo a decir que menos ilusionada que las semanas anteriores. No insinúo que no estaba feliz de verlo, pero tanta serenidad ante la ilusión y los nervios de antes, me parecía un poco ilógica. Mientras conducía hacia el aeropuerto para recoger a Marc, la llamé (lo típico de las amigas) y le pregunté: “¿Qué? ¿Histérica?”. Me respondió: “Qué va. Me alegro de que venga”. Se alegra. ¡Qué menos!

Varias semanas después la volví a ver y, por supuesto, le pregunté por Marc y su estancia. “Bien, bien”, me respondió. No insistí más. Parecía que algo iba mal.

Pero hoy me siento protagonista de “Groundhog day” (“Atrapado en el tiempo” en versión española o “El día de la marmota” como lo llamamos en Rusia). Acabo de recibir la llamada de Helena: “¡La semana que viene Marc! ¿Qué podría planear para esta vez? ¿Un viaje a Costa Brava? ¿Una cena sorpresa? No, la cena sorpresa no, ya ha tenido la vez pasada… Hmm, ¿qué opinas?”. Y yo no opino porque, sinceramente, no entiendo absolutamente nada. Creía que había pasado algo entre ellos. Algo malo. Pero por lo que veo, no. ¿Entonces? Siguiendo mi propia teoría de “Cuando no entiendes el comportamiento de alguien- hay algo que no te ha contado”, he optado por no cargarme demasiado la cabeza y esperar que me lo cuente. Pero no había nada qué contar. Ha resultado ser más sencillo de lo que me imaginaba: Helena vivía más la ilusión que el propio acontecimiento. Se reveló con “joder, es que en 5 días se va a marchar otra vez” el día de su llegada.

Y, ¿acaso era la única?

Otro día leí sobre un estudio. Decía que el viernes era el día más feliz de la semana. Concretamente, se trataba de un estudio realizado por The Journal of Positive Psychology, en el que entrevistaron a más de 300.000 personas, investigando su estado de ánimo del día anterior. Los entrevistados describían su humor con las palabras como: felicidad, tristeza, pena, estrés o ganas de pelea.

Lo curioso del asunto no sólo son las conclusiones que sacaron los psicólogos, sino más bien las formas con las que los medios nos comunicaban la noticia: “El viernes resulta ser el día más feliz de la semana …

…como era de esperar”

… lógicamente”

…por supuesto” u

…obviamente”.

¿Cómo que “por supuesto”? ¿Os parece normal que el hecho de esperar algo- en este caso la llegada de sábado o domingo- es mucho más placentero que vivirlo? A mí no.

Otro de los estudios nos revela que, por la misma razón, la mayoría de las parejas entrevistadas suelen mantener relaciones sexuales los jueves por la noche, ya que están más animados que los demás días. “Normaaaaaal”- dicen- “Sólo queda un día para el fin de semana. ¿Hay algo mejor?”

Sí, el fin de semana.

Estamos felices por la llegada de las Navidades: decoramos el árbol, compramos regalos, soñamos con los días de vacaciones que nos están esperando, con lo bien que lo vamos a pasar, con lo mucho que nos apetece ver a la familia y… el día que esto sucede, perdemos el interés.

En realidad lo único que nos está pasando es que no sabemos disfrutar del momento. ¡Toma el clásico!  No no, no me refiero al “carpe diem” de toda la vida que nos exige vivir como si no hubiera mañana. Ojalá sólo fuese esto. Para completar, nos amargamos por lo que está por llegar. ¿Disfrutar? No, gracias. Disfrutar requiere estar contentos. Y claro, es mejor soñar con estarlo o vivir con la nostalgia bajo el brazo: qué bien lo pasamos aquel día, ¿te acuerdas?

La memoria es una hija de puta. Una zorra que, por otro lado, nos hace la existencia mucho más agradable y mucho menos realista. Gracias a ella, las mujeres vuelven a dar a luz:  la memoria nos borra el horrible recuerdo del parto y guarda el de “maravilloso nacimiento de nuestro bebé”. Sin embargo también tiene el don de deformar la realidad, cargándola de recuerdos engañosos, para así amargar la existencia en el presente.

La imaginación es otra de nuestras gran amienemigas: creo que las dos tenían el mismo profe. Igual que la primera, nos aleja del realismo regalándonos un mundo lleno de alegrías y esperanza. Un mundo necesario para poder sobrevivir día a día,  pero a su vez, destinado al fracaso.

Sí, es fácil buscar culpables. Pero no deberíamos. Porque el principal problema (como siempre) lo tenemos nosotros: no sabemos hacer el uso correcto a las cosas y nos sorprendemos de los resultados. En vez de sacar conclusiones de los fracasos, nos quedamos con la parte buena de la experiencia, como si una cosa no pudiese convivir con la otra. Preferimos la parte “buena” de la memoria y nos volvemos a cometer los mismos errores por haber filtrado los recuerdos de una manera supuestamente positiva. A su vez, no aplicamos la imaginación para hacer de éste un mundo mucho más innovador. La juntamos con falsas expectativas y las esperanzas, construyendo un mundo mejor, pero irreal.

Nos pasa absolutamente con todo: mentimos a los que necesitan un jarrón de agua fría y decimos la verdad a lo que nos quieren engañar; nos preocupamos de las personas que no lo necesitan e ignoramos a los que lo están pasando verdaderamente mal; nos cargamos la cabeza con unos asuntos que no tienen demasiado importancia y estamos completamente vacíos de neuronas a la hora de buscar soluciones. Y, por qué no: estamos ilusionados con el fin de semana y no sabemos disfrutarlo como es debido.

Somos raros.

No sabemos disfrutar sin amargarnos.

No sabemos vivir. De ahí el resultado: a la pegunta “¿Cómo va todo?”, respondemos: “Vamos tirando”.

Tú tira, tira. Hasta que te rompas.

 

 

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9 comentarios

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“Si no entiendes el comportamiento de alguien, es que hay algo que no te ha contado.”

9 COMENTARIOS

  1. XX

    Pues… qué quieres que te diga. A mí no solo me parece completamente normal, sino que además, en el fondo no lo veo como un problema (como parece ser el enfoque del post). Es normal porque rara vez la realidad satisface las expectativas. Ojalá estas pudieran controlarse, pero no, no podemos. Por eso cuando son bajas y la realidad es mejor (por ejemplo, vas a ver una peli sin mucho interés y resulta que te encanta) la alegría es doble. Y al contrario. Y al final, te das cuenta de que esto rara vez ocurre. Eso sí, estoy de acuerdo con que deberíamos tratar de disfrutar más el momento. Pero que incluso así este sea comparable a lo que esperabas, eso ya es más difícil. Quizá es que esperamos demasiado, quién sabe.

  2. monsieur le sixmonsieur le six

    La clave de la cuestión es que una cosa es el placer respecto a vivencias presentes y otra cosa son la ilusión (o sea, el placer actual al pensar en una felicidad futura) y la añoranza (o sea, recrearse en el recuerdo de placeres pasados). La ventaja de sentir placer respecto a experiencias pasadas o futuras, es que no dependemos de nadie más que de nuestra memoria y nuestra imaginación (ambas convenientemente adaptadas a lo que nos interesa recordar e imaginarnos, claro). No nos hace falta nada más; por muy jodidos que estemos, nadie puede privarnos del placer de recordar aquel día fantástico o de ilusionarnos con el nacimiento de nuestro nuevo hijo o el crecimiento de nuestra futura empresa.

    Por tanto, nuestra memoria y nuestra imaginación son una fuente inagotable de placer (o para algunas personas de sufrimiento) a la que podemos recurrir siempre. En cambio, las experiencias reales, presentes, dependen de las circunstancias, y ya no es tan fácil que los planetas estén alineados para que disfrutemos aquí y ahora. Dice el artículo:

    ¿Os parece normal que el hecho de esperar algo- en este caso la llegada de sábado o domingo- es mucho más placentero que vivirlo? A mí no.

    A mí tampoco, pero yo no diría que la gente piense que la espera del sábado sea más placentera que vivir el sábado, sino que el placer de un viernes al levantarte y saber que es tu último día de trabajo, lo puedes experimentar durante horas, siempre que te plazca, y por muy mal que te vaya el día. Es un placer seguro. En cambio, el placer de vivir el sábado, dependerá de muchas circunstancias que quizás se den… o quizás no. Es un placer inseguro. Ahora bien, en caso de que todo vaya bien y el sábado sea la hostia, no creo que nadie piense que habrá sido menos placentero que la ilusión del viernes.

  3. MiriamMiriam

    Pienso que en el fondo lo que le sucede a tu amiga es que durante los preparativos esta con la fantasía de que es su novio que viene a verla, pero que cuándo llega el día se acuerda de que ese novio esta en Londres días y días sin verla y que quizás solo quizás no son tan pareja como cree…tal vez son dos personas que se han querido mucho y que ya nunca volverán a ser lo que eran y que ya solo le quedan estas visitas de cuatro días con él…así que la fantasía es mucho mejor que la realidad, en sus sueños sigue siendo su novio.

  4. Avatar de Sashimi Blues

    Dicen que existe un Dios de las pequeñas cosas. Y de los días grises. Hay épocas en las que tu vida es un caos y la rutina un oasis de paz. Partiendo de la base de que hay días especiales, más que por lo esperado, por lo encontrado, creo más en momentos que en fechas. Esos instantes, ratitos que hacen que la vida brille.
    Antes de acostarse, piensa en cinco cosas buenas que te hayan pasado. Creeme, habrá muchas más. Incluso si has catalogado tu jornada de forma escatológica!!

  5. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Creo que la angustia es consustancial al ser humano y casi toda ella está provocada por el miedo a perder lo que se tiene. Así que es normal que cuando amamos mucho a alguien nos angustie un poco la posibilidad de perderlo, que a las madres les angustie un poco la seguridad de sus hijos,… ese tipo de cosas.

    En las relaciones a distancia también es inevitable un cierto grado de desgaste conforme pasa el tiempo, morirte de ganas de ver al otro cuando está a punto de venir, vivir el tiempo juntos con su puntito de angustia y cuando se va de nuevo quedarse desinflado.

    No significa que no puedas disfrutar el presente, pero sí es cierto que tienes que aprender a controlar esa angustia para hacerla algo más manejable. A los veinte casi no la sientes, a los treinta algunas personas la conocen por primera vez y a los cuarenta ya es una vieja amiga. La buena noticia es que, si puedo juzgar por mi madre y sus amigas, a los setenta te has librado de ella y vives el día a día sin pensar en el futuro.

    Echar la mirada atrás y acordarnos sólo de las cosas buenas es aún más corriente, hay experimentos que apuntan a que cuando hemos tomado una decisión en el pasado, al cabo de unos años tendemos a calificarla de buena aunque objetivamente no siempre lo fuera. Así funciona nuestro cerebro. Y lo de no aprender de nuestros errores… de verdad que creo que se aprende más y mejor de los aciertos, o al menos esa es mi experiencia, al menos en lo que a las relaciones se refiere.

  6. CristinaCristina

    Es verdad
    Es verdad lo que planteas en el post y es verdad todo lo que dicen los comentarios , soy fan de tus seguidor@s tanto como tuya …
    Añadir que el ser humano es raro
    Y que cuando se trata de sentimientos , el ser humano del sexo femenino quizás más .
    Y un apunte súper profundo
    La lencería femenina súper sexy y carísima : mal
    Si la necesitas , malo
    Si no la necesitas ,
    ¿Para qué coño te la compras ?
    Te dura puesta ¿tres segundos?
    Y creerme , unas bragas de Don Gato no son nada sexys , vale , pero funcionan igual
    Porque lo que importa es el culo que haya dentro .

    Lo mejor del mundo es vivir sin expectativas
    Entonces la vida si que es de “La Perla”

  7. Avatar de Anita Patata Frita

    Somos unos animales muy curiosos y a mi me mola… además me emociono con lo de antes, lo de durante y me quedo con lo bueno y lo malo lo cuento como si fuera menos malo, y soy una happy de la vida con crisis emocionales cuando me da y con subidones de ego cuando me place, y cuando me preguntan ¿cómo va todo? Siempre respondo genial, por joder, los felices somos odiados #muahahaha

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