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Cosas que pasan

Crisis existencial: y ahora, ¿qué hago con mi vida?

Odias a tu trabajo, pero sabes que tal y cómo están las cosas, no puedes arriesgarte. Al fin y al cabo es lo que te da de comer.

-  Estoy en crisis.

-  Todo el país está en crisis, Noelia.

-  Estoy teniendo una crisis existencial y te aseguro que es de verdad. No sé qué hacer con mi vida.

Era obvio que lo estaba pasando mal: Noelia no paraba de fumar, tenía una mirada preocupada, vestido arrugado, uñas descuidadas y una mala cara. Supongo. Lo de “supongo” lo digo porque soy incapaz de ver mal su cara. Noelia es de estas mujeres tan increíblemente bellas que creo que habría que embalsamarla tras su muerte y exponerla en un museo. Así de cruel e injusto. Supongo que tenía mala cara, pero la seriedad del asunto la reflejaban sus uñas. Noelia es de las mías: tiene que estar verdaderamente estresada, apática o deprimida para llevarlas mal. Si no fuese por las uñas, lo de su crisis no me lo habría tomado demasiado en serio.

Tiene su explicación: mis amigas son exageradas. Me imagino que tengo amigas exageradas porque yo soy bastante exagerada. No al revés. A veces me da la sensación de que lo hacen adrede. Parece que se sienten hasta obligadas a contarme algo increíble. Para inspirarme. Siempre añaden: “oye, eso para el blog podría ser un buen tema”. ¿No son adorables? Pero ellas exageran en las percepciones, yo en las descripciones. Nos complementamos. Me di cuenta de ello hace unas semanas, el día que me reencontré con Dennis, un antiguo rollete, y me dijo:

- Sabes, me he fijado que eres bastante más exagerada desde que escribes. Detestas cosas “normales” y las conviertes en algo menos habitual, pero bastante más interesante desde el punto de vista del lector.

- No creo entenderte.

- Sí. Sabes que a nadie le interesaría leer sobre algo normalito. Un polvo de los de toda la vida no le impresiona a nadie. Pero si es “extremadamente desastroso” o “Increíblemente fantástico”, tiene chicha.

Tiene razón, supongo. Y digo “supongo” porque de la misma forma que la cara de Noelia siempre es guapa, las palabras de Dennis nunca son de fiar. Con esos dos no puedo ser objetiva. De hecho me acuerdo de como un día Javier Mariscal dijo: “Ya que no soy objeto, sino sujeto, no puedo ser objetivo, sino subjetivo”. Tal cual.

Pero Noelia estaba mal. Mal de verdad. Sin exagerar. Según ella, su vida había perdido todo el sentido. De hecho, sospechaba que nunca lo había tenido. Estaba confusa: no se sentía entusiasmada con nada, no tenía muy claro qué camino escoger, detestaba su trabajo pero no podía irse de la empresa.

-  Vale. Y ahora es el momento en el que me vas a decir que soy la única responsable de mi vida. Oye, en serio, déjalo. Tengo 35 años y sé perfectamente que nadie puede hacer nada al respecto, salvo yo misma. Tampoco me sirven LAS frases motivadoras con las que nos hinchan en las redes sociales.  La “Yes, we can!” se la regalo a los americanos. Yo no “can”. ¿Vale? No “can” más.

Pidió coñac. ¿Coñac? Era más grave de lo que parecía.

-  Es más, a mí me cansa esa gente que asegura que para ser feliz lo único que debo hacer es desear serlo. No, ahora en serio: ¿cómo se atreven a insinuar que si tengo el momento de crisis, es porque me da la gana? Yo lo quiero es salir adelante. Pero supongo que para seguir tirando, tengo que parar y reflexionar. Pero reflexionar me abrume. Básicamente porque, haciéndolo, me siento una desgraciada. Una perdedora. De veras. Tengo 35 años y no sé qué cojones me pasa. No me gusta la vida que tengo y no sé qué debería hacer para cambiarla. Sólo sé que tengo que hacer algo. Y ya está. A partir de ahí me pierdo.

De acuerdo. ¿Quién no habrá sentido algo parecido? Te levantas un día y te das cuenta de que no puedes más. Que lo único que te apetece es dejarlo todo y desaparecer. Lo cuentas a un amigo y éste te suelta: “Lo que necesitas son unas vacaciones”. Y piensas: quizás sea cierto. Pero no puedes irte de vacaciones. O sí puedes, y te vas. Pero cuando vuelves, todo te sigue dando el mismo asco que antes. O, incluso, más.

Odias a tu trabajo, pero sabes que tal y cómo están las cosas, no puedes arriesgarte. Al fin y al cabo es lo que te da de comer. Te molesta la gente. Te molesta el lugar en el que vives. Y, por si fuera poco, estás pagando una hipoteca y eso te impide hacer todo aquello que te gustaría hacer: dejar de trabajar y dejar de vivir dónde vives ahora mismo. Tampoco tienes claro si escapar de aquí habría sido una solución o, simplemente,  resultaría ser muestra de cobardía.

Y entras en bucle. Tú no soñaste con una vida así. Cuando eras mas joven, te imaginabas acabar la carrera y trabajar de aquello que tanto te apasionaba. Pero luego, años más tarde, te diste cuenta de que tu profesión tampoco te gustaba demasiado. Que tu vida no es para nada interesante. Que algunos de tus amigos tienen trabajos emocionantes con sueldos atractivos, vidas llenas con acontecimientos destacables e, incluso, aseguran ser felices. Tú te tranquilizas pensando en que no todo es oro lo que reluce, y sigues adelante. Pero no.

La gente suele decir que para solucionar un problema, primero tienes que darte cuenta de que tienes un problema. De acuerdo: si eres alcohólico, el primer paso es aceptar que lo eres. Pero la teoría falla cuando se trata de la crisis existencial. Aceptar que no eres feliz no sólo no sirve de nada, sino que hace que te hundas más. Porque la felicidad es algo tan abstracto, tan relativo, y a la vez tan deseable que nadie sabe definir qué es exactamente y nadie, repito, nadie podría asegurar que es feliz. Pero a la vez absolutamente todos podrían hacerlo.

Entonces, ¿cómo superar la apatía? ¿Cómo dejar de dudar si lo que estás haciendo está bien o mal? ¿Es necesario realizar un gran cambio para poder salir de este estado de insatisfacción?

La gente se equivoca pensando que lo importante es encontrar el motivo de la apatía: buscar el motivo de tu infelicidad es como intentar encajar las 5000 piezas de un puzzle sin saber cuál debería ser la imagen final. Es decir, no se puede encontrar la verdadera causa de tu insatisfacción sin saber exactamente qué es lo que te hace feliz y qué es lo que no. Parece simple, ¿verdad? Te aseguro que no lo es. Saber qué es lo que quieres exactamente es el trabajo más difícil que conozco. Estamos demasiado influenciados por lo que nos dicen por ahí. Absorbemos lo que se supone que es bueno y nos equivocamos pensando que es bueno para todos. Lo hacemos por dos razones: pereza y desconocimiento de uno mismo.

No me fío de los gurús de felicidad igual que no me fío de las cremas para todo tipo de pieles. No hay dos personas iguales. NO hay dos felicidades idénticas. Cada vida es un hijo único.

El problema de Noelia no se solucionará con hacer un cambio. Porque para hacerlo es imprescindible conocer hacia dónde quieres dirigir tu vida. Puede que te equivocarás. Pero la única forma de conocer a uno mismo es ir descartando cosas.

Siempre me ha caído muy bien la gente que ha trabajado en sectores muy distintos. Gente que ha tenido varias relaciones. Gente que ha vivido en diferentes lugares. Esas personas resultan ser ambiciosas, tienen ganas de vivir y saben reflexionar sin caer en la apatía. Ellos entienden que sus prioridades cambian con la edad, que cada día van a descubrir algo que les gusta más que lo anterior, que para cada momento de su vida la felicidad es diferente. Saben lo que quieren por una sola razón: son honestos con ellos mismos.

Necesitamos reflexionar, sí. Pero tenemos que aprender a hacerlo sin pasar por la supuesta crisis que es, nada más y nada menos, la pereza de tirar adelante y ganas de darte un respiro, porque “tú te lo mereces”. No te equivoques. Nadie merece desaprovechar meses de su vida lamentando el presente. La vida no da para todo. Es más, da para muy poco. Está en tus manos escoger ese “poco”.

Lo que te mereces, lo que todo el mundo se merece es tener una vida que más desea. Para ello tiene que experimentar, arriesgar, probar, escupir y volver a probar. Conocer a sí mismo sin experimentar es como comprar un melón porque tiene pinta de estar rico. Jamás sabrás si lo está si no lo abres.

Así que, después de escuchar a Noelia durante una hora, sólo le dije lo siguiente: “Lo que tienes que hacer es perder miedo a vivir.”

Puede que digas: “Y yo que pensaba que me darías una solución”.

Te la he dado.

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Apatía  Crisis existencial  Dudas  

24 comentarios

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“La vida da para muy poco. Está en tus manos escoger ese “poco”.”

24 COMENTARIOS

  1. Avatar de LlysDonLlysDon

    Es genial el post y el consejo de lo mejorcito. Posiblemente estas crisis surjan cuando tu vida empieza a llevarte a ti en lugar de tú a ella. Ahora mismo, creo que si contase como me va la vida la conclusión sería “regular tirando a mal”, pero desde hace un tiempo empecé a coger las riendas de las cosas y tomar las decisiones que quería y necesitaba. Y desde entonces siento orgullo. Y eso hace que todo lo demás sea menos importante, y todo el mundo me dice que me ve genial :)
    ¡Así que valor y a coger la vida por las riendas!

  2. barnalolabarnalola

    Muy buena tu respuesta a Noelia, uno solo puede vivir si se atreve a hacerlo, sin miedo a equivocarse, a sufrir, a que las cosas no salgan como estaba previsto… pero en definitiva dejarse llevar tiene sus cosas buenas, dejarse sorprender y disfrutarlo no tiene precio. Genial tu post Alena, a día de hoy aún tengo muchas dudas por resolver, pero me niego a entrar en crisis, prefiero dejar que la vida me sorprenda, es mucho mejor.

  3. pekeleo

    Tengo 28 años. sin empleo estable. viviendo en casa de mis padres.
    Yo que pensaba que a los 26 me casaria con MI principe azul y tendria niños.
    (si, ese era uno de mis sueños. yo es que en el fondo soy simple aunque parezca complicada)
    Un sueño que no se va a cumplir, al menos dentro de los plazos de edad que yo tenia en mi cabecita.
    Tuve la crisis existencial, en los dias grises aun amenaza con sus nubarrones negros, pero aprendi 2 cosas cuando peor estaba:
    La primera: A veces hay que hundirse hasta tocar fondo para darte un empujoncito con el talon y salir a flote.
    La segunda: Te pongas como te pongas (con crisis o sin ella) , la vida te trae lo que ella quiere. Es como una partida de cartas, lo importante no son las cartas si no como juegues.
    Mi conclusion, hay que vivir dia a dia, sin miedo, sin agobios, cambiando las pequeñas cosas que no te gustan.
    Gran Post Alena =)

  4. EspoirEspoir

    Realmente vivir con miedo es horroroso. Y para conjurarlo sólo se puede hacer una cosa: hacer aquello que te da miedo. A mí me aterrorizaba perder mi trabajo, y simplemente lo dejé. Después de eso, me di cuenta que dando el primer paso llegan las demás soluciones… algunas por lo menos. Hay gente que simplemente se ahoga en su zona de confort y se sienten desgraciados, cuando tienen el remedio perfectamente al alcance de la mano: salirse del círculo y a ver qué. Además, si lo piensas bien, en función de lo mal que te hayas llegado a sentir las cosas peor no serán… Sí, es un buen consejo, compro!

    1. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

      Vivir con miedo es realmente horroroso y lo peor es que esa aversión a salir de la zona de confort tiende a empeorar con la edad así que, o te entrenas continuamente para mantener la capacidad de cambiar, o te ocurre como con la flexibilidad, que acabas necesitando un artilugio para ponerte los calcetines porque no llegas a tocarte la punta de los pies ni estando sentado.

  5. Avatar de Anita Patata Frita

    Simpre hay algo peor que lo peor y mejor que lo mejor, el tema es vencer ese miedo, pero no todo el mundo cree estar preparado para una cosa así, luchar contra tus miedos es muy de valientes y por muy antisistema que estemos en este momento por este país está plagadito de cobardes, yo la primera.

  6. monsieur le sixmonsieur le six

    La mayoría de los seres humanos no tenemos una idea clara de lo que queremos en la vida, o un plan perfectamente estructurado que podamos seguir. Más o menos intuimos hacia dónde queremos dirigirnos, pero no tenemos respuesta para cada situación en la que nos encontremos, por lo que nos vemos obligados a improvisar constantemente.

    Algunos, con más suerte, pueden seguir sus costumbres habituales sin alterarlas, pero no por la firmeza de sus convicciones, sino porque no encuentran problemas demasiado graves en su camino, y siguen recorriéndolo, por inercia. Otros se ven constantemente enfrentados a las circunstancias, y han de cambiar de planes una y otra vez. En el fondo, ni unos ni otros tienen una respuesta para todo. De hecho, si a los primeros se les produce una alteración en su rutina, el trauma es mayor, porque están menos acostumbrados al cambio.

    Desde pequeños, las ideas sobre lo que deberíamos hacer nos las dan nuestros padres y amigos. La sociedad en general, podríamos decir. Se nos dice que debemos estudiar y estudiamos. Se nos dice que debemos salir los fines de semana y salimos los fines de semana. Se nos dice que tenemos que aprender inglés y aprendemos inglés. Incluso últimamente se nos dice que tenemos que emprender y montar nuestra propia empresa. Así todo.

    Poco a poco, vamos descubriendo que, aunque muchas de esas recomendaciones tienen todo el sentido del mundo, debemos ir seleccionando las que verdaderamente nos convienen, y añadir alguna que los demás jamás nos harían, pero que sabemos que nos es propia. De este modo forjamos nuestro propio carácter, y con él, nuestro propio destino. Porque al final, cada cual sólo puede ser feliz a su manera; la de los demás no nos vale. Y en mi opinión, esa es la mayor fuente de frustración de todas: seguir los consejos de ciertas personas de tu entorno o de los ciertos medios y, después de haber seguido sus consejos, descubrir que no te llena ser como te dijeron que debías ser.

    Si no abordamos esta tarea de seleccionar y añadir, vamos metiéndonos en un personaje que nos es ajeno, adoptamos un modo de vida que no nos llena, y finalmente llega la frustración.

  7. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Cada cambio que he hecho en mi vida ha sido para mejor. Eso puede significar que las decisiones que he ido tomando han sido las correctas o que mi carácter es así de feliciano, que siempre acaba contento con mis circunstancias. Quizás sea un poco de cada pero, en cualquier caso, para mí el cambio es intrínsecamente bueno en este sentido:

    Imagina que cambias de trabajo, te sale fatal y acabas estando peor que en el anterior. Bueno, pues lo que llevas ganado es que ahora estás acostumbrada a cambiar y cada vez te costará menos darle la patada a lo que no te gusta para salir en busca de algo mejor. Quien dice en el trabajo, dice en el amor.

    Ahora bien, no me atrevo a decir que el cambio sea bueno para todo el mundo porque conozco gente que es al revés: decidan lo que decidan siempre se arrepienten de lo que decidieron. Miran atrás y echan de menos el trabajo que años antes no les gustaba, al novio que las hacía llorar un día sí y otro también y aquella falda de la que se quejaban que les hacía un pandero esteatopígico (que me acabo de aprender la palabra esteatopigia y la tenía que soltar :) )

    Para esos insatisfechos perpetuos dudo si el cambio será bueno. Tengo una cierta convicción de que sí pero tendría que estar un rato en sus zapatos para saberlo. Para el resto, seguro que sí lo es.

    1. CasiopeaCasiopea

      Esteatopigia, qué gran palabra. Yo leí hace muchos años la historia de la africana a la que luego disecaron cuando falleció para enseñar su trasero porque era descomunal. Qué cosas hace el ser humano.

      Ahora a lo que estamos. Gran post, Alena. Y grandes los comentarios al respecto. Me ha llamado mucho la atención el de Espoir porque, como ella, yo también tenía pánico a perder mi trabajo y lo acabé dejando. Y ahora estoy con una inseguridad laboral tremenda y más feliz que en mis ocho años de seguridad. Y eso es así, en mi caso.

      Y me gusta lo que dices, Ronro, de que aunque el cambio sea para mal ya trae algo bueno porque cada vez te costará menos cambiar (y que se aplique al amor ya me chifla).

      Un abrazo!

    2. Avatar de MM

      Completamente de acuerdo contigo salvo en una cosa; yo creo que todos los cambios son buenos, en todas las situaciones, me explico: si es un cambio positivo, nos abrirá muchas puertas o nos acercará a aquellos estados que hemos querido alcanzar siempre (por estado entiéndase: trabajo, relación, vida…)
      En lo relativo a los insatisfechos, creo que el problema no son los cambios, el problema es de fondo, es decir, su mentalidad. Por muchas cosas buenas que les sucedan, si tu estás predispuesto a la insatisfacción nada te parecerá bien, siempre echarás de menos lo que tenias y no sabrás aprovechar la oportunidad que te da la vida, aunque sea a través de un revés.
      Porque aunque te den un golpe durísimo, siempre puedes llevar ese cambio ‘ a tu terreno’ y que te sirva para probarte a ti misma, o simplemente, para conocerte mejor.

      Así que, resumiendo, pienso que el cambio siempre es bueno, sólo que ellos no lo saben apreciar.
      Puede que sea una mentalidad muy happy o muy ‘del mundo de yupi’ (me han dicho siempre que vivo ahí permanentemente jajaja:$), pero sinceramente, prefiero tomarme las cosas con optimismo mientras pueda.

  8. LaractuallyLaractually

    Creo que no me he podido sentir más identificada. En mi caso, yo dejé mi trabajo porque no soportaba que mi jefa de 2 metros por 2 metros, me gritara desde las 8 de la mañana. Llegó un día que de tanto NO, se me quitaron las ganas de seguir buscando trabajo, las ofertas eran sólo becas, sólo me apetecía dormir y que pasaran rápido los días… Mi mala leche iba en aumento y siempre lo pagaba con mi familia. Hasta que decidí que necesitaba hacer una locura, dejarlo todo y vivir una experiencia. Tengo 27 años y trabajar como aupair este último año me ha cambiado la vida en todos los sentidos :-) Ahora tengo un nuevo punto de vista, soy más segura, tengo nuevos amigos, gente que me valora por lo que hice y que me llama valiente.

    En un mes o dos, retomo mi carrera en recursos humanos en Suiza! quién lo iba a decir! :D

  9. LeaLea

    “Chapeau” Fantástico artículo Alena. Enhorabuena.
    Yo me siento en ese punto, acomodada en la zona de confort, frustrada con mi vida sin motivo aparente y aterrada a mis 40 ante la posibilidad de realizar cualquier cambio sustancial. Algunos somos demasiado cobardes. Felicidades a tod@s los que sí habéis tenido la valentía de dar un paso adelante y ser felices o al menos estar en tranquilos con vosotros mismos.

  10. Avatar de LaurinLaurin

    Ponte coderas, rodilleras si hace falta, un casco de flores, ponte un abrigo acolchado, unas alas por si acaso, agárrate a la barandilla, a la mano de un amigo, al beso de tu pareja, a los abrazos de la familia… Agárrate a lo que quieras, pero pierde el miedo a vivir :)

  11. Avatar de Marcel AlbornozMarcel Albornoz

    Pensaba que la brillantez, la sutileza y la sensatez en las entradas dedicadas a cuestiones distintas del ámbito temático puro del blog -las relaciones (sexuales, sentimentales)- eran un fenómeno reciente, pero compruebo con este ‘oldie’ (al que no había llegado) que vienen de lejos. Chapeau, felicidades.

  12. Cintia

    Y si esta crisis es sólo por haber idealizado la vida que se suponía que iba a tener a esta edad (41), y si la solución es aceptar que es lo que me toco vivir, y dejar de comparar con lo que me hubiese gustado que fuese. Pero como lo hago, como acepto, No me gusta estar asi, no me siento nada bien, No me gusta mi trabajo, (si bien busco otras alternativas, no me animo a renunciar y quedarme sin nada) me siento sola , (no tengo pareja, no tuve hijos y mis amigos que agradezco tener, estan contentos con sus vidas y no parecen entenderme). Nada me llena,(hago cursos, salgo, voy a reuniones, viajo, pero no logro estar bien) …..

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