Cosas que pasan

Confundimos “estar” con “ser”

Felicidad. Un término que no está del todo claro. Tan admirado y tan odiado a la vez. En cierto modo me recuerda al proceso de Lana del Rey. Primero es adorable: todo el mundo quiere formar parte de algo tan novedoso, pero que a su vez es algo muy visto y renovado. Luego, tras un [...]

Felicidad. Un término que no está del todo claro. Tan admirado y tan odiado a la vez. En cierto modo me recuerda al proceso de Lana del Rey. Primero es adorable: todo el mundo quiere formar parte de algo tan novedoso, pero que a su vez es algo muy visto y renovado. Luego, tras un pequeño teaser, se vuelve vulgar. Ya no se lleva.

Parece que ser feliz es una tendencia pasajera. 

En realidad el problema no está en ser o no ser feliz, sino en la interpretación del término. Como si de un estado de euforia interrumpida se tratase.

Confundimos “estar” con “ser”.

Ser feliz no excluye sus baches más acentuados, no descarta los ratos de tristeza temporal, no prohíbe los momentos de dudas, no rechaza las rachas de incertidumbre. La felicidad no es un estado. Es una decisión. Como muchas otras que tomamos en nuestras vidas: enamorarse de alguien también es una de ellas. Nuestra mente decide que la persona que tenemos al lado es LA persona. Le da señal a lo que solemos llamar “corazón”: un órgano que no tiene neuronas, no tiene la capacidad de razonar, de ni siquiera sentir.

Nuestra mente es poderosa. Es la que hace que cerremos los ojos a unas cosas inaceptables desde el buen principio, es la que se responsabiliza de callar a nuestra vocecita interior- la responsable de diferenciar en voz alta lo que está bien de lo que está mal. Nos hace ser sordos. Sordos y ciegos. Y si nos volvemos invidentes con nosotros mismos, ¿cómo podemos no serlo con los demás?

Mi amiga Verónica es infeliz. Eso dicen de ella todo nuestro entorno. Es sufridora por naturaleza. Nació llorando más que los demás niños, creció rodeada de problemas provocados por ella misma: todo eran desgracias, todo eran complicaciones. A los 15 se enamoró de un drogadicta acabado. Gastó (malgastó, según los amigos) los tres años de su desgraciada vida para intentar sacarlo adelante. Fue patético. O eso creíamos. La veíamos mal. La veíamos infeliz. Nos daba pena y lamentábamos todo lo que le pasaba a lo largo de su tan inoportuna vida.

A los 18 se casó con un hombre 20 años mayor que ella. Dejó los estudios y se dedicó a ser una ama de casa. Cuatro años más tarde conoció a Marc, al chico más adorable del planeta, su ya ex novio, el protagonista del romance más corto que había tenido. Y el más normal entre todos sus novios.

Ahora tiene 30 y está con un perezoso y descuidado. Ahora, quince años más tarde, me di cuenta que en esto consiste su satisfacción. No se siente cómoda en un mundo correcto. No quiere formar parte de lo que llamamos felicidad, lo que es felicidad según la gran mayoría. Su paz está dentro de su caos. Es igual de respetable que nuestra paz, la tocaya, que lo único que comparte con la suya, es el maldito nombre.

Claudia, la otra conocida, proviene de una familia muy rica. Siempre lo ha tenido todo: el mejor colegio, la mejor universidad, el mejor bolso, el mejor rollo, la más fantástica vida y el más maravilloso entorno. Pero siempre ha estado sola. Estaba harta de escuchar que “los ricos también lloran”, como el consuelo de las pobres como nosotras. Nos parecía que si tuviéramos lo que tenía ella, llegaríamos a ser verdaderamente felices. Pero ella ya lo es. Adora la soledad. Por mucho que nos fastidie, sigue teniendo todo lo que quiere tener: desde su pisazo en pleno centro, hasta la cama para ella sola. Nos gusta decir que tanta soledad es antinatural, que todos tenemos la necesidad de estar rodeados de gente. Pero no es cierto. Conozco bien a Claudia. Y es una de las personas más felices que jamás he encontrado en mi corta y caótica vida.

También hablamos mucho con Sonia: la lectora habitual de los libros de autoayuda. Hace diez años nos reíamos de ella, porque nos parecía completamente patético que alguien se inspire en cuentos de los buddistas o experiencias de la gente supuestamente frustrada. Despreciábamos a sus autores y nos creíamos gurús de la felicidad. No sé: a Sonia le van muy bien. Le han ayudado mucho. A mí no me trasmiten nada, pero para ella son un desahogo, su manera de verse las cosas más claras.

Conocerlas a ellas y entender que son completamente felices en un mundo tan distinto al mío, me hizo entender a muchos de los personajes (o lo que yo consideraba “personajes”) de los que me rodean. Todas ellas tenían algo que no tenía yo en aquel entonces: la seguridad de que han escogido la vida que más les llena. La suficiente fuerza para descartar las cosas que no les aportaban nada y la sabiduría de no dejar de mirar algo, que les llenaba de verdad.

Conocerlas a ellas me ayudó a conocerme a mí, y a todos los demás. Me dio la oportunidad de criticar menos y seguir más mi propio camino. De averiguar que llamarle a alguien “infeliz” no tiene ningún fundamento.

Conocerlas a ellas, conocerlas de verdad, me empujó a escribir lo que estoy escribiendo ahora y compartir este pequeño gran descubrimiento: somos responsables de nuestra felicidad. Ser feliz no requiere euforia ni emociones extremadamente fuertes, sino un estado de equilibrio constante y satisfacción perseverante.

También ha sido una de las razones por las que entendí a los trolls de este blog: en el fondo son felices de seguirlo; estar pendientes de la vida social y personal de la otra persona probablemente les llena la suya. Su felicidad, dependiente , pero felicidad por igual, es igual de respetable.Yo no los llamaría “infelices”. No lo son.

La manera más fácil de ser feliz es la que te aporta más satisfacción moderada pero prolongada y no euforia corte, pero intensa. Desequilibrios nunca fueron muy de fiar.

Ser feliz no está de moda. Pero “ser feliz”, al igual que “ser gilipollas” requiere personalidad fuerte: a pesar de que se ponga de moda, o deja de formar parte de ella, es una decisión permanente. Así que…si te gusta Lana del Rey, no te excuses delante de tus amigos: “Emmm, no sé qué hace en mi iPod. Mira que no me gusta en absoluto…”

¿Y tú? ¿Eres feliz? ¿Te da vergüenza hablar de la felicidad? ¿Qué es lo que te hace sentirte satisfecho? ¿Eres o estás?

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Felicidad  Sociedad  

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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26 COMENTARIOS

  1. Anonymous

    Hace años decidí que me gustaba estudiar. No me gusta nada trabajar, no tengo necesidad de sentirme útil o realizada por el hecho de que me paguen por lo que hago. Así que voy cambiando de trabajo porque todos me aburren y acumulando carreras y cursos. Podría tener un trabajo muy bien pagado y a veces me arrepiento un poco, pero quedo con amigos de la universidad, veo lo que hacen en su día a día, y sé que eso no es para mi. Soy feliz haciendo 30 cosas a la vez que para la sociedad en general no son de provecho.

    Pero yo tengo paz dentro de mi caos, paz real. So una persona está siempre nerviosa, tensa, triste, no es feliz en su infelicidad, es infeliz. Últimamente no hago mas que oír este tipo de comentarios y me cansa. Hay gente que piensa que no puede ser de otra forma cuando en realidad es un límite que se ha autoimpuesto, normalmente por un motivo absurdo, y que ha convertido en rutina. Hay momentos para estar feliz, y momentos para estar infeliz. Una persona que estuviera siempre feliz tendría una disfunción: si se te muere un hijo, un padre, te amputan un brazo, se pierde tu gato, estarás infeliz. Pero estar siempre infeliz “porque yo soy así” es igual de enfermizo. Es una droga. El cómodo y calentito espacio en el que nos autocompadecemos y pensamos que tiene que ser así.

    Hoy no puedo estar de acuerdo ni con la mitad del post.

  2. M. Cinta Ferrera

    Para mi la felicidad son la suma de muchos buenos momentos. En terminos generales y a pesar de las desgracias que haya podido pasar (perder a mis padres por ejemplo) sí me considero feliz. Tengo todo lo que quiero. Un hogar, un trabajo que no me hará jamás rica pero con un sueldo muy digno y un marido al que amo con locura y sé que me adora.

    mi mundo no es perfecto y alrededor siguen pasando infinidad de desgracias, como a todos pero a pesar de todo ello el saberse amado (no solo por la pareja, sino por los hermanos, familia amigos…) hace que cada día dé gracias por todo lo que tengo y por el cariño que recibo porque sin eso sí sería infeliz. Eso da una fuerza increible para en los momentos malos sacar pecho y salir adelante.

    Yo sí soy feliz hoy por hoy. feliz como yo entiendo la felicidad, con lo que deseo y me conformo. Obviamente habrá gente feliz con menos que yo y mil más que necesitarán mas argumentos o diferentes para ser felices, eso depende de cada uno… yo soy feliz cuando programo el despertador 10 min antes de la hora de levantarme para poder abrazar a mi marido 10 minutos antes de empezar el día…

  3. Blurp.

    Damn, qué entrada tan genial!
    Mi receta de felicidad es cuando sacas lo mejor que puedes de la situación, entonces es cuando me quedo a gusto. Por ejemplo, soy una explotadora de las relaciones “que no llevan a ningún lado” y “pierdo el tiempo” pensando o llevando al cabo detalles poco prácticos e insignificantes que considero importantes mientras la gente de mi alrededor piensa *facepalm*. Pero descubrí que soy feliz cuando soy así y actúo de acuerdo a mis principios.

  4. Lileth

    Estoy de acuerdo en que la felicidad depende de uno mismo. Me enerva la gente que se deja llevar por la vida lamentándose de que no le cae un trabajo del cielo, de que está gordo, o de que no le gusta su trabajo.

    Hay cosas en la vida que no decidimos, pero hay una gran parte que depende de nuestras decisiones y de nuestro esfuerzo. En nuestras manos está.

  5. Fassion Viktim

    KE AMIGAS TAN INTERENSANTES TIENES ALENA ZIELO YO SOLO KUENTO KOMO AMIGA-AMIGA KON LA MARI KE ES ESTETIZIEN Y NO ES MU FELIZ PQ SU KARRERA EN EL MUNDO DE LA BELLEZA PERSONAL NO ESTÁ RESULTANDO KOMO ELLA KERRÍA PERO ASÍ ES EL MUNDO AKTUAL NO TE PAREZE ALENA Y AHORA TAMBIEN ES AMIGA UNA BEKARIA DEL TRABAJO KE SE LLAMA JUANAMARI KE KASUALIDAZ MIRA Y SE RIE ASI LARGO “JAA….JA….JA….”Y TENDIDO Y TIENE AL JEFE LOKITO KON ESA MELENAZA RUBIA Y ESOS JERSEIS KE SE PONE KON KUELLO DE PICO DEJANDO VER TODO EL KANALILLO KE YO ME KREO KE VA A HAZER KARRERA EN LA EMPRESA KON ESAS ARTIMAÑAS PERO SIN EMBARGO LA DIZES “PERO NO PUEDES SER UN POKO SIMPLE HIJA” Y SE ENKOGE DE HOMBROS Y SONRIE KOMO DIZIENDO “KE HAGO PARA DEJAR DE SER YO MISMA” Y TE KAE HASTA BIEN Y YO KREO KE ELLA ES FELIZ PQ ADEMÁS TIENE UN NOVIO KE SE LLAMA CHUCHI ( KOMO “CHUCHO” PERO KON I ) KE ES ABOGAO Y MEGAPIJO Y LA VA A BUSKAR EN COCHE Y ELLA DIZE “KE PASA CHUCHI” Y EL LA DIZE “KE PASA CHOCHO” SON EL UNO PARA EL OTRO HIJA AJAJAJAJ Y ASI ES LA VIDA Y LA FELIZIDAD DE LAS PERSONAS INDIVIDUALMENTE ES UNA KOSA PERSONAL EN SI MISMA PIENSO YO ¡UN BESO ALENA ZIELO! Y PERDON POR LO DEL OJO AJAJAJAJAJAJJAA

  6. Chopstick girl

    La felicidad es un estado, no una condición. Y su éxito reside en su volatibilidad. Cada día construímos nuestra felicidad y, en ocasiones, disfrutamos de sus intereses.
    Odio a esos padres babosos que dicen :”Yo quiero que mi hijo sea feliz”. Pues yo no, no lo quiero, porque es imposible. Le inculcaré las herramientas para poder forjarse su felicidad y para disfrutar de cada uno de sus días, vengan las cosas como vengan. Necesitamos estar tristes, cabreados, melancólicos, apáticos y felices. Todo ello conforma nuestra felicidad
    Lo demás, son cuentos baratos alejados de la realidad.

  7. Ronronia Adramelek

    Creo que tienes razón y la felicidad es más ser que estar. Si definimos un “estado básico” como aquél que alguien tiene en ausencia de tragedias y cuando no tiene alguna mosca cojonera jodiéndole la existencia, hay gente cuyo estado básico es feliz y otros cuyo estado básico es triste.

    Es decir, hay quien necesita reveses reales para no ser feliz, y a veces ni aún así pierde completamente ese estado, y personas que a pesar de tenerlo todo de cara no consiguen ser felices.

    En estos dos últimos años me han pasado cosas muy gordas. Si me hubieran preguntado antes de que ocurrieran cómo me las iba a tomar seguro que no me habría pensado capaz de soportarlas, me habría imaginado un sufrimiento constante. Sin embargo, en ningún caso ha sido así y ahora, si miro hacia atrás en el tiempo, tengo que reconocer que he sido muy feliz a pesar de todo lo que nos ha caído encima. Recuerdo que en los peores, peores momentos, no hubo un sólo día en el que no me riera, parece increíble.

    En este caso, este estado de felicidad es circunstancial y se debe a que tengo al montañés a mi lado. Si estamos juntos, todo está bien por mal que esté. Pero también se debe a que creo que he aprendido a priorizar, a distinguir qué es lo verdaderamente importante en mi vida y qué secundario, a darle importancia sólo a lo primero y a apoyarme en eso para sortear el resto de obstáculos. Hay un estar y un ser.

    Sin embargo, cuando conocí al montañés ya era feliz y llevaba siéndolo muchos años. Fue ese estar bien conmigo misma parte de lo que le atrajo hacia mí en un primer momento. Pero es que deberías oir a mis amigas cuando comemos, te cuentan las cosas más horrendas mondándose de risa. A mí me han hecho reir contando rupturas, divorcios, enfermedades, despidos,… es algo digno de verse.

    Así que sí, pienso como tú, que si dejamos a un lado las tragedias horribles, la felicidad es más cuestión de ser que de estar. Lo que no sé en que se sustancia ese “ser”, si es un tomarse con sentido del humor los propios problemas, un centrarse más en los ombligos ajenos que rumiar mirándose el de una misma o un estar a gusto con lo que eres unido a una cierta confianza en que serás capaz de salir adelante en cualquier situación.

    1. INTERSEXCIONES

      Creo que todo depende de cada uno (como no). “Ser” para algunos es centrarse en el ombligo de los demás, para los otros- vivir su propia vida.

      A lo que me refería es que jamás podemos etiquetar a nadie por “infeliz” por el simple hecho de que su felicidad no se aproxime a la nuestra.

      ¡Qué ganas de conocerte a tí y al montañés!

  8. Cristina

    Shopenhauer decía que la autentica fortuna es el carácter …
    Y es verdad
    Ese carácter que te hace reirte de todo , minimizar las tragedias , no dramatizar las gilipolleces , disfrutar a lo bestia de lo pequeño , considerar cosas que los demas las ven normales cómo un milagro , y sobre todo no necesitar en realidad a nadie para sentirte bien .
    Ese carácter que te permite sentirte casi siempre feliz .
    Y yo creo que lo tengo ….óleeeeee
    Lo triste es que sospecho que es genético , es una cualidad con la que se nace y si no la tienes ,es muy difícil adquirirla
    Espero equivocarme …
    Me pasa mucho …
    Así que es probable .
    Un beso Alena

  9. Noelia

    La felicidad es delicada y efímera y la busco con tanto ahínco que no la encuentro. Pero bueno, así también me entretengo y tampoco se está tan mal. Ahora que lo pienso la felicidad está muy sobrevalorada, el concepto muy inflado en general, y ya sabemos que pasa con las burbujas, los globos y demás, que explotan y luego se te queda cara de susto por lo menos hasta el gintónic siguiente…^___^

  10. J. Vela

    Yo creo firmemente que hacer felices a los demás es el verdadero secreto de la felicidad; no hay otro truco y no hay enemigos. Un enemigo es un amigo que necesita de nuestra ayuda. Si le ayudamos, conseguiremos dos cosas: una persona feliz en el mundo y un amigo más. Así lo describe Jaume Sanllorente.

    Te sigo desde hoy. Un saludo!

  11. Blanca

    Sé que éste no es el más reciente pero estoy leyendo varios post acumulados con un poquito de retraso… yo soy de las “fijas” ;)

    Lo he leído con curiosidad porque llevo un tiempo afirmando justo lo contrario a ti: que la felicidad no es ser, sino estar. Sin embargo, leyendo el texto y los comentarios que has hecho después, creo que ambas coincidimos: no se puede esperar que una persona esté eufórica o en un supuesto estado de paz (¿algo así como zen es lo que se espera de la gente feliz?) permanentemente.

    Siempre que pienso en la felicidad, me acuerdo de unas declaraciones que aparecieron en el testamento de Abderramán III (el gran califa omeya que construyó la ciudad de Medina Azahara en Córdoba): “Tengo setenta y siete años. He sido rey en la ciudad más hermosa del mundo. Amé y fui amado por la mujer más hermosa del mundo. En mi reino estuvieron los filósofos más profundos, los músicos más sutiles, los poetas más ágiles…”. “Y fui feliz catorce días. No seguidos”.

    Pero probablemente, Abderramán también fue feliz mientras luchaba por la construcción de su ciudad y por el amor de Azahara, porque la ambición era su forma de ser feliz.

    Enhorabuena por el post. :)

    blancadel

  12. Diana y Julia (sommes démodé)

    Yo creo que podría responder que sí soy feliz, pero porque hoy me pillas así, jaja;)
    Ahora más en serio: estoy de acuerdo contigo en la mayoría de cosas. Justo hoy reflexionaba sobre todo lo que se queja la gente. Resulta que tengo algunas amigas que yo definiría como quejicas, de esas que parece que tienen el peor trabajo, el peor novio, la peor salud… y luego por el contrario conozco a gente que no para de contar lo estupendísimo que le va todo, la gran cantidad de dinero que gana, patatín patatán… no me gustaría pertenecer a ninguna de estas categorías, pero quien sabe, tal vez sí y no me doy ni cuenta.
    Creo que a ser feliz también se aprende. O por lo menos así ha sido en mi caso. Basta con tener claro lo que quieres e intentar eliminar de tu vida eso que te da más quebraderos de cabeza.
    Eso sí, no olvidemos que la gente desgraciada también existe. Y ésta es la que a veces nos da lecciones de qué es precisamente la felicidad. ¿Tal vez la ausencia de no felicidad? jaja, en fin, que ya desvarío.
    Un besote Alena!!!

  13. LeaLea

    Ahora que soy premium tengo la oportunidad de leer todos tus posts. Aunque sea un poco tarde….estamos en el 2013.
    Ni soy ni estoy, aunque si soy realmente sincera conmigo misma, podría decir que soy féliz. Creo que he aprendido a ser feliz al dejar de tener grandes pretensiones. Esta frase del post es lo que definiría mi “ser feliz”.
    “Ser feliz no requiere euforia ni emociones extremadamente fuertes, sino un estado de equilibrio constante y satisfacción perseverante.”
    ¿Poco ambiciosa? Quizás…..pero feliz.

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