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Relaciones

¿Cómo saber si un hombre vale la pena?

Una habló de los celos, otra del sexo en la primer cita, otra de fijarse en sus amigos, de cómo era su piso.

Algunas veces me encuentro con mis amigas para tener charlas estúpidas. Ellas las llaman “intento de entenderlos”, refiriéndose a los hombres. Yo las llamo “charlas estúpidas”, porque al final por mucho que nos pongamos a descifrar el comportamiento masculino, nunca nos sirve de ayuda. Yo las escucho y de vez en cuando abro la boca para contar alguna salida de mi madre, que suele decir cosas increíbles, pero nada más. Con ellas he aprendido a no opinar sobre sus relaciones, porque acabo saliendo malparada. También es verdad que, a esas alturas, no estoy segura de poder ayudarlas, porque conozco tantos casos y situaciones de todo tipo (a través de los mails que recibo) que podría darle razón a cualquiera y ponerme de lado de cualquiera. Porque si algo he aprendido durante todos estos años es que todo el mundo tiene razón en algo, por muy imbécil que sea.

Nos reunimos en casa de una de ellas para ayudarla a entender si el chico que acababa de conocer valía la pena o no. Lo sé, lo sé, dicho así, parecemos unas quinceañeras. Pero Claudia tiene una sorprendente capacidad de toparse con idiotas, y últimamente ha cogido la pesada costumbre de presentarnos a todos los idiotas que conoce para que opinemos sobre ellos. Lo bueno de Claudia es que sabe aceptar las críticas. Lo malo es que se fía demasiado de nosotras, y eso que ninguna tenemos una relación estable. Pero ella asegura que se fía de nosotras precisamente por eso.

Antes, cuando era más joven, nos reunía cada semana, porque cada lunes estaba enamorada. Luego se dio cuenta que ya la dejamos de creer y se calmó. Al principio seguía enamorándose semanalmente, pero era más selectiva a la hora de hablarnos de alguien. Con los años aprendió a no tomarse en serio a todos los hombres con los que se cruzaba y si alguien le empezaba a gustar de verdad, entonces nos llamaba para conocerlo y al día después nos reuníamos para comentar la jugada.

Esta vez se trataba de Alex, un alemán callado y rubio. Pasamos dos horas tomando algo con ellos dos y analizándolo entre todas. Lo habíamos intimidado tanto que el pobre no habló, y no supimos sacar ninguna conclusión. Al día siguiente, en nuestro reencuentro habitual, todas le hemos dicho lo mismo: “Claudia, se acabaron las valoraciones. Ya tienes 35 años, deberías empezar a opinar por ti misma y construir tus relaciones tú solita, basándote en tu propia opinión. Nos sentimos incómodas por hacerles pasar una especie de examen y a ti no te deja en un buen lugar”. Es curioso, pero Claudia nos dio la razón.

Pasó media hora suspirando, agarrada a su copa de vino y luego nos dijo:
- De acuerdo, lo entiendo y es lo más sensato. Pero hablemos de cuáles son las cosas que deberían alarmarme.
- ¿Qué quieres decir?- preguntó Alba, la más cansada de todas por sus múltiples desengaños amorosos.
- Me gustaría crear una especie de manual de instrucciones para mí misma. Soy tan inepta a la hora de reconocer a los idiotas, que me gustaría tener más o menos claro qué tipo de frases, acciones o forma de ser deberían alertarme desde el principio, para poder reaccionar a tiempo.

Al principio nosotras nos hemos indignado diciéndole que aquello era de niña pequeña, que cada persona es un mundo y que no se puede encasillar a la gente por las cosas que dicen o hacen. Empezamos a darle ejemplos de que eso no tenía sentido, hasta que descubrimos que todas teníamos una opinión al respecto y que encima no nos poníamos de acuerdo en nada. Para variar.

Alba empezó con los consejos:

- Pues mira, ahí va una: si no se lleva bien con sus ex, corre. También se llevará mal contigo.

Cristina (soltera por convicción y la mayor del grupo) objetó:

- Si se lleva demasiado bien con ellas, sobre todo con las más recientes, puede traerte más problemas que si se llevan mal. Mi último ex, el de hace cinco años, se llevaba tan bien con su ex que se preocupaba más por su bienestar que por el mío.

Mónica, la única que estaba en pareja desde hace tan sólo dos meses, con lo cual no estaba segura de si estaba en pareja o no, añadió:

- Alba, una vez os separáis, ¿de veras piensas que te va a importar si os lleváis bien o mal? Por mí que se lleve bien conmigo estando conmigo, y ya veremos. Yo creo que puede llevarse cordial con sus ex, pero tampoco hace falta que sean sus amigas del alma o – qué Dios me salve – las maravillosas mujeres a las que él dejó escapar. Paso.

Cristina cogió el relevo:

- Si un tío habla mucho de sí mismo y te pregunta poco sobre ti, descártalo. Poca cosa más molesta que una persona mirándose el ombligo todo el rato.

Y así estuvimos un buen rato. Resulta que todo el mundo tenía su manual de instrucciones, pero ninguno se parecía. Una habló de los celos, otra del sexo en la primer cita, otra de fijarse en sus amigos, de cómo era su piso. Alba llegó a decir que lo primero en lo que se fijaba en los hombres eran sus manos. Si no las tenía cuidadas, su partes íntimas tampoco lo estarían. Total, se habían discutido miles de teorías, unas más ridículas como la de las uñas, otras demasiado obvias, como la de Mónica “si dice cómo tienes que vestirte o qué aspecto tienes que tener, mándalo a la mierda” (a Mónica, de toda la vida, la llamamos “Doña Obviedad”, además es de las que te cuenta un chiste y te lo explica luego). Pero no hemos llegado a ninguna conclusión.

Es entonces que recordé lo que me dijo un día mi madre: “Si quieres saber cómo es un hombre, fíjate en cómo trata a las mujeres que no le parecen guapas o no le acaban de caer muy bien”. Me acuerdo que me costó pillarlo, le di mil vueltas antes de pedirle una explicación. Entonces me lo aclaró:

- Mira, cariño, de aquí a 30 años ya no tendrás las piernas ni las tetas de ahora. Tampoco tu cara va a ser la que él está acostumbrado a ver. Todos nos haremos viejos y feos, pero aparte de eso, todos nos volveremos más insoportables y menos pacientes. Si un hombre desprecia, ya de entrada, a una mujer no agraciada o con sobrepeso, te tratará igual cuando seas mayor. Si trata mal a una chica que no le cae bien por el carácter que tiene, más de lo mismo. Tu carácter irá a peor con los años.
- ¿Entonces no le puede caer mal nadie?- le pregunté, sorprendida.
- Claro que sí. Pero una cosa es que le caiga mal, otra, que la desprecie. Y sobre todo, fíjate cómo trata a las mujeres con un físico que está lejos de lo perfecto. Hazme caso.

Cuando las chicas me preguntaron mi opinión, les conté la teoría de mi madre. Últimamente lo hago mucho, porque ella suele tener la razón y siempre me sorprende con algo, sin embargo yo tengo el radar con interferencias que me molestan ver las cosas obvias.

Claudia suspiró y dijo que ahora lo tendía menos claro que antes y que iba a guiarse por su propio instinto.

Al final hemos conseguido que sea autónoma con su vida. Yo pensé: madre mía, la que de hostias que la esperan… Pero luego dejé de preocuparme.
Probablemente, las mismas que a todas nosotras. ¿Y qué sería de la vida sin ellas?

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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UN COMENTARIO

  1. Avatar de GemmaGemma

    muy buen consejo el de tu madre…sería genial tener el manual para detectar o clasificar a todos según lo k busque una…Pero quizás seria demasiado fácil,n?
    Y por lo que dicen, lo fácil es aburrido aunque a veces nos encantaría agarrar algo fácil y no soltarlo…

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