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Cosas que pasan

Cómo nos conocimos. Parte II

Al separme con un montón de problemas, decidí ir a un banco a que me dieran un préstamo. Rellené un formulario por internet y él me llamó por teléfono para que vaya a la oficina...

Ahí va la segunda parte del especial “Cómo nos conocimos”. Pasamos al TOP 5 de vuestros mails.

Gracias de nuevo por participar. La primera parte AQUÍ : Cómo nos conocimos. Parte I

 

PUESTO Nº 5: Todo sucedió porque cerraron la calle

Eran las seis de la tarde, y yo como siempre llegaba tarde al encuentro con una amiga e iba corriendo para coger el bus que me llevaría a una de las estaciones del metro en menos de 10 min (lo cual era imposible). No hacía otra cosa más que mirar mi reloj. De repente un chico (monisimo) llegó a la parada del autobús y nos miramos de manera fugaz. Transcurrieron unos minutos en silencio y yo, al ser tan tímida, no me atreví a hablarle. Hasta que él caminó unos pasos hacia mí y me preguntó:
- ¿También vas hacia la estación del metro?
- Sí  (le sonreí).
- Parece que ha habido un accidente y han cerrado la calle, así que no creo que pasen los buses. ¿Te parece si compartimos taxi?

Empezamos a charlar mientras esperábamos. Al llegar el taxi él se portó de la manera más caballerosa posible: abrió la puerta del coche y me dio la mano para que entrase. Una vez dentro, empezamos a hablar. Todo era tan natural, tan agradable…

Llegamos a la estación del metro. Yo no tenía ticket del metro y tenía que comprar uno. Pero él tenía mucha prisa y no podía esperar y la cola era interminable. Le dije que sería mejor que se vaya para que al menos uno de los dos no llegara tarde. Nos despedimos y unos segundos más tarde me di cuenta que no sabía su nombre.Pero él volvió y me dijo: “¿ Te parece si me das tu número de teléfono y así terminamos esta conversación?”

Esa misma noche me llamó y retomamos nuestra conversación: esa conversación que aún no termina.

Enviado por Xilena.

PUESTO Nº 4: Necesitaba un crédito

Al separme con un montón de problemas, decidí ir a un banco a que me dieran un préstamo. Rellené un formulario por internet y él me llamó por teléfono para que vaya a la oficina. Cuando quedamos en la oficina el dia acordado  y le vi, cuando me dijo: “Yo soy Jorge Arroyo”, me di cuenta que jamás había sentido algo así. Mi corazón me dijo: Marta, sal de esta oficina que la vamos a liar.

Intenté no pensar en él (llevaba dos meses separada), pero fue imposible: me había enamorado. Así que desde junio del 2008 no nos hemos vuelto a separar. Sin embargo no fue facíl. Mi situación personal: divorciada, con un niño y con problemas económicos, no facilitaban que su familia me aceptara a la primera ni a la segunda. A día de hoy me los voy ganando, demostrando que no he cometido ningún crimen y que lo único que hago es querer a su hijo. En él he encontrado al hombre y un padre maravilloso.

Enviado por Marta.

PUESTO Nº 3: Me masajeó los pies

Pues yo conocí a mi ex gracias a un masaje de pies. Estábamos de fiesta y yo iba con tacones. No había dejado de bailar en toda la noche y un chico se me acercó para ofrecer terapia a mis pies doloridos. Para cuando me quise dar cuenta, me había sacado de la discoteca en brazos y me había sentado en un banco. Un masaje increíble que terminó en intercambio de teléfonos.

Enviado por Macarena.

PUESTO Nº 2: No comenté por pereza

La primera fase: Facebook.

Un amigo en común subió un video tonto. Yo iba a comentar algo y mi novio que por aquel entonces era un completo desconocido (¡vaya! Que ni fichado le tenía…) escribió lo mismo que yo quería poner. Así que por pereza, le di a “me gusta” a su comentario y no escribí nada.

Al cabo de unos días recibí un privado suyo diciendo que seguramente yo era más de sombreros de la época de Sissi que del Antiguo Egipto. Como sabes, me dedico al diseño de tocados, pero lo que a lo mejor no sabes es que estuve trabajando en una excavación en Egipto ejerciendo de arqueólogo. Asií que le respondí que se equivocaba, que justamente era egiptóloga…

Así empezaron muchos privados. Hablamos de conocernos en persona, pero a cada oportunidad o él no podía o yo. Y la verdad no me apetecía desvirtualizar a alguien. Estaba en época “anti chicos”…

Fase 2: la vida real.

Mi mejor amiga me pidió que fuera a su casa ese día. Llegué tarde a la parada del bus y lo perdí. Asi que me armé de paciencia para esperar el siguiente.

De repente alguien se plantó delante de mí, quitandome el sol. Abrí un ojo y tardé en reconocerle.

Resulta que se iba a esquiar con amigos. Iban todos en un coche y habían salido más tarde de lo previsto. Él iba sentado detrás y me vio inmovil entra la gente que andaba con prisas. Se lo contó a sus amigos y estos pararon el coche sólo para que se bajara y me saludara. Me dio un par de besos, me dijo que se alegraba muchísimo de conocerme en persona pero que sentía tener que irse así corriendo.

Me quedé con tal sonrisa que cuando subí al autobús, le mandé mi telefono por Facebook y empezamos a escribirnos por whatsapp todo el finde.

En marzo ha hecho un año que estamos juntos.

Enviado por Inés.

PUESTO Nº 1: Haciendo tatuajes de henna

La conocí una noche, mientras yo estaba trabajando. Comenzaba a currar ya que estaba acabando de montar el chiringuito de hacer tatuajes, que me estaba manteniendo ese verano. Sí, hacía tatuajes de henna en un rinconcito de una conocida discoteca, entre el lavabo y una de las barras cercanas a una de las pistas.

Lo recuerdo como si fuera ayer, y de esto hace ya más de 10 años, vi entrar a la disco a un chico con pelo rizado con aspecto de extrajero con una chica morena muy risueña. No hacían mas que reí­r a carcajadas, y yo pensé: mira éstos dos qué bien se lo pasan, no deben ser pareja, sino amigos.

Se fueron a la barra, tomaron algo, bailaron, siguieron con sus risas y en un momento dado ella me miró y vino hacia mi chiringuito. Hablamos cuatro tonterías, se llamaba Jessie, vivía en mi ciudad y trabajaba en un matadero. Me enseñó sus manos llenas de cicatrices, eso fue lo poco que pude averiguar, o mejor dicho, quiso contarme. Le hice el tatoo y continuó a lo suyo con su amigo haciendo de acróbatas hasta que en cierto momento de la noche desaparecieron.

No pude evitar pensar en ella durante los días siguientes, me causaba tanta curiosidad aquella desconocida, matarife y alocada “garrulilla”… y volvió a aparecer por la disco dos noches después, con otro chico. Recuerdo que me pidió que le retocara el tatuaje y que se le cayó un fajo de billetes del bolsillo, lo cual añadió mas curiosidad al asunto.

Se pasó cuatro días sin aparecer por la disco y al quinto día vino sola, se quedó hasta que terminé de trabajar, nos fuimos de after y luego a la piscina de los apartamentos dónde se hospedaba. Y ahí fue dónde me enganche del todo, “¿cómo puede llevar unas chanclas de piscina tan sumamente feas?”, pensé. Pero no pasaba nada. Ahí estaba yo para cambiarle su vida, los “haiga” por los “haya” y sus chanclas por unas hawaianas… Y así comenzaron dos años y medio de relación.

En realidad no se llamaba Jessie, sino Carmen y no ejercía de matarife, era prostituta, pero ésta historia solo debe hablar de cómo nos conocimos…

Enviado por Elena.


Gracias de nuevo a todos.

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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