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Cosas que pasan

Cómo conseguir sobrevivir sin dejar de luchar por tus sueños

Pero… ¿hay que luchar por un sueño? Espérate, hay dos preguntas más importantes que esta.

¿Perseguir o no un sueño? Nos llenan de mensajes contradictorios y acabamos confusos en vez de tomar una decisión.

Parte I: Somos uno más.

Todo va de modas. Hay los que siguen la moda y hay los que la detestan, porque se supone que tienen personalidad. También hay los que van a la moda pero fingen que la detestan, y los que detestan lo que está de moda y no lo dicen. Hay los que aman la moda en silencio y los que la detestan fingiendo que la adoran. Hay personas a las que simplemente no le importan las modas, y muchas otras que nunca se han hecho esta pregunta.

En cualquier caso, y por mucho que nos esforcemos para demostrar lo contrario, seguimos perteneciendo a alguno de los grupos. “Eres único”, nos dicen. Probablemente así sea, pero todos esos “únicos” acaban formando parte de algún grupo. Nunca he entendido por qué nos empeñamos tanto en negarlo.

Partiendo de esa base, hay miles y miles de grupos. Por ejemplo, están los malditos buenrolleros que no paran de repetir: “Lucha por tus sueños”, mientras se fuman el décimo porro con la mandíbula tensa de tanto sonreír, y permanecen eternamente sentados debajo el arco iris doble. Están también los terroristas emocionales que se cagan en todo y se lo vuelven a comer en desayuno.

Y luego estamos todos nosotros, los equilibrados. JA! JA! JA! Sí, claro. Nosotros, los coherentes. Nosotros, los respetados. Nosotros, lo que nos vemos superiores a toda esa chusma que no se entera de nada. Los que tenemos el término medio.

Me meo de la risa.

Se nos olvida por qué sabemos que los extremos no son de fiar. Y es que lo sabemos, porque nosotros también habíamos formado parte de ellos. Todos fuimos buenrolleros en algún momento de nuestra vida, pero también fuimos amargados y desquiciados.

Si tú nunca habías estado confundido, tu criterio de ahora no vale una mierda.

Pero… ¿hay que luchar por un sueño? Espérate, hay dos preguntas más importantes que esta.

Parte II. Las auténticas preguntas.

Hace poco fui a una conferencia de un experto que se dedica a enseñar cómo pensar de una forma diferente. Al principio de la conferencia me pregunté a mí misma: «¿qué cojones estoy haciendo yo aquí?» Con cada nuevo “yes we can” estaba a punto de tener un ataque epiléptico. Decidí relajarme un poco e intentar prestarle más atención. El experto nos propuso algún que otro ejercicio interesante y hasta acabé aprendiendo cosas. Pero bueno, me aburrí bastante.

Fui algo cruel hablando de él con mi amiga:

- Ese tipo, a sus 50 años, “descubrió” el buen rollo. Se vendió muy bien, hizo una presentación en powerpoint con Comic Sans , y ahora viaja por el mundo intentando convencernos de que tenemos que dejar de trabajar. Y se planta en España con un par de cojones. Dejar de trabajar en España. ¿No te parece un chiste?

- Sí, es un poco ridículo. Pero él gana mucho dinero, y nosotras no.

- No es cuestión de dinero- le dije sorprendida por la temporal ausencia de sus principios. – Es cuestión de hacer algo que te gusta. Y hacerlo bien.

- Él hace algo que le gusta y hay gente que cree que lo hace bien. De lo contrario no ganaría tanto dinero.

- Ahí te doy la razón.

La cuestión es que ese señor, tras una hora y media de explicarnos cómo hay que vivir, nos dijo que teníamos que luchar por nuestros sueños, y que, tarde o temprano, acabaríamos recogiendo nuestros frutos. Lo típico, vamos. Entonces un amigo mío, Enric, le hizo la mejor pregunta que podía haberle hecho: «¿Y cómo sabes cuándo tienes que parar de luchar por tu sueño? ¿Dónde se encuentra el indicador de que tu sueño es inviable y que deberías abandonarlo?»

El Señor Experto no supo qué contestarle. Y es que claro, el mundo no es tan simple como les parece a los flipados, pero tampoco es tan complicado como nos lo pintan los amargados.

La pregunta “¿Hay que luchar por un sueño?” no es relevante, porque la respuesta es demasiado obvia. Lo importante es saber cuándo parar de luchar y, sobre todo, qué es lo que tendrás que sacrificar mientras estés apostando por un sueño.

Parte III. O eres un bohemio, o eres un inconsciente.

Si no eres “un niño de bien” (como es el señor experto de la conferencia), el camino para perseguir tu sueño va a ser mucho más jodido que el de él. Jodido, incierto y de pocas alegrías.

Si no te hace falta preocuparse por cubrir tus necesidades económicas, eres un bohemio y un artista. Si eres “del montón”, serás un arriesgado y un inconsciente. Que no te quepa duda. Para cumplir un sueño, primero deberías evitar morirte de hambre.

Es más, un bohemio, al no tener este tipo de preocupaciones, probablemente va a tardar menos en conseguir sus objetivos. Tú, artista inconsciente, acabarás pringando en una empresa de mierda para mantenerte con vida. Te guste o no. Tu camino será mucho más largo que el suyo. Pero es lo que hay.

Que quede claro que el talento no se mide en euros. Un bohemio puede no sólo tener más dinero y más tiempo que tú, sino también ser más talentoso que tú. Puede que sí, puede que no. No hay que tachar a los “afortunados” de tontos. Separemos las cosas.

Tu talento no es más talento por hacer un mayor sacrificio.

Parte IV. Dedicada a los “del montón”.

¿Cuáles son los sacrificios que tendrás que hacer si eres “del montón”?

Ser un artista es duro. Ser un emprendedor (¡dios sabe cómo odio esta palabra!) es muy duro. Tener un sueño es muy bonito, pero es muy duro. Si eres de la gente “del montón”, has decidido volcarte en cumplir un sueño y no tienes dinero para seguir con tu vida como si nada, tendrás que elegir. O tienes un empleo a jornada completa (“demasiado completa”, como la que te ofrecen la mayoría de los empleos en España) para vivir mejor y disfrutar de la vida a la que estás acostumbrado, o acortas las horas que le dedicas al empleo y, por tanto, reduces tus ingresos. Y esto conlleva a cambiar por completo tu día a día.

Precipitamos diciendo que el dinero no importa, que dedicarnos a algo que nos ilusiona es lo esencial. Pero se nos olvida que, probablemente, el tiempo que tendrás que estar en estas condiciones es incierto: puede que 5 años, puede que 15. Puede que tengas muuuucha suerte y consigues lo que te propones en poco tiempo, pero no cuentes con ello. Esto no suele pasar. La gente que lo ha alcanzado es poquísima, y por muchos reportajes que leas sobre ellos, resultan ser los mismos cracks de siempre.

Lo más probable es que te esperen años y años de trabajo sin que veas un horizonte. Años, durante los cuales tus amigos (que trabajan en empresas multinacionales) se van de viaje, cenan en restaurantes, se compran ropa cada fin de semana y viven en un piso en pleno centro de la ciudad. Tú de eso no vas a tener. Pasarás los mejores años de tu vida luchando por algo incierto: tu sueño.

Tus amigos te dirán: «Al menos haces algo que te gusta». Sin embargo, al cabo de unos años tendrás ganas de contestarles: «Sí, claro, pero no te creas que mi día a día es tan maravilloso como parece. Hacer algo que te ilusiona te aporta momentos muy bonitos, pero también te arrastra hacia las depresiones más oscuras. Porque hacer algo que te ilusiona hace que te importe lo que haces. Y cuando esto no sale como tú quieres, te frustras».

Parte V. ¿Cómo no frustrarme?

Hay una cosa que puede molestarte mucho. Son los “intrusos” que lo consiguen.

Me explico. Imaginemos que tú quieres publicar un libro (grabar un disco, ilustrar un cuento, protagonizar una película, ser periodista), pero no consigues hacerlo. Y ves como llega el blogger, youtuber, modelo o presentador del turno y acaba sacando una mierda de libro que se convierte en un best seller.

Dos cosas que te pueden cabrear (aunque no deberían): 1. ¿Qué necesidad tiene de escribir un libro? 2. ¿Cómo cojones la gente compra esta mierda?

Las respuestas son obvias:

1. Para esta persona el libro es una herramienta más que formará parte de su carrera que, por cierto, no tiene nada que ver con ser un escritor. Su carrera es la que es y ha trabajado para estar donde está ( algunos más, otros menos, pero todos lo han hecho). No puedes compararte con él porque publicar un libro (grabar un disco o rodar una película) nunca tiene el mismo valor ni importancia que tiene para ti.

2. La gente suele comprar de todo. Sea cual sea el motivo, hay público para todo. Pero no te olvides: lo que para ti es una montaña mierda, para otro es un mousse de chocolate. Ah, y la publicidad vende.

Para no frustrarte tan sólo tienes que aprender tres cosas. La primera es dejar de compararte con todo el mundo, la segunda es no tenerle rabia al que lo ha conseguido. (algo habrá hecho bien, te guste o no. Otra cosa es que tú no lo harías por tus principios, o simplemente no has tenido la oportunidad de hacerlo).

Y por último, necesitas un objetivo final. A partir de ahí es hacer cosas que te acerquen a él, nunca al revés.

Ah, y date tiempo.

Parte VI. Hay que saber reinventarse.

Si hay algo que no llevamos bien, es rendirnos. Todo el mundo nos dice que no lo hagamos. Rendirse es como divorciarse. Está mucho mejor visto cumplir un sueño que “fracasar”. Es mucho más deseable, socialmente hablando, estar casado que divorciarse, pero muchas veces un divorcio es un auténtico “triunfo”.

Hay que saber afrontarlo con dignidad. Saber poner un punto final sin llamarlo “fracaso”. Y saber parar sin que esto sea un drama.

¿Sabes por qué?

Porque no es un drama. Y, de hecho, tampoco es un fracaso, fíjate. Porque una cosa es tu talento y otra, muy distinta, es tener una buena idea. No por haber elegido mal la idea, tu talento deja de ser el que es. Con lo cual, tu autoestima debería seguir intacta.

Por un lado hay gente que tiene una buena idea, pero no tiene talento para realizarla. Por otro lado, hay gente que además de tener talento, también tiene una buena idea. Está muy bien querer ser uno de ellos, pero es importante marcarte objetivos reales para evitar posibles frustraciones.

A veces, la solución es modificar la idea o el plan de ejecución de ésta. Quizás hay que cambiar de objetivo final, o tendrías que corregir la intensidad con la que lo vives.

Y una vez lo haces… hay que volver a empezar.

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7 comentarios

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“Tu talento no es más talento por hacer un mayor sacrificio.”

7 COMENTARIOS

  1. Avatar de EnricEnric

    “Porque hacer algo que te ilusiona hace que te importe lo que haces”

    Una gran reflexión que deberíamos todos entender porque si no te ilusiona tu trabajo, te dará igual como lo hagas y hacer un trabajo sin ilusión será mucho más frustrante que no conseguir tus objetivos.

  2. Avatar de Jose Anibal Arias AguilarJose Anibal Arias Aguilar

    Me ha gustado mucho el post.
    Me recordó que cuando iniciaba la universidad tenía una novia de mi edad que no continuaba sus estudios porque “no sabía que estudiar”. Nuestras discusiones eran frecuentes porque yo le decía que se matriculara en algo, en cualquier cosa que le llamara, y que si durante los meses siguientes descubría que eso no era lo que quería pues que intentara otra cosa. No, en lugar de eso, no hacía nada. Los años pasanron y nunca se decidió por ningún estudio; dedicó su vida a trabajos informales que nunca le aportaron nada. Creo que si se hubiera matriculado al menos hubiera podido tener alguna formación o experiencia, o pudo haber descubierto algo que le gustara. Pero nunca lo intentó, por no tenerlo “muy claro”.
    Lo que quiero decir que a veces, aunque no tengamos las cosas muy definidas, hay maneras de seguir avanzando. Si en este movimiento vamos teniendo ciertos logros, por modestos que éstos séan, eso es un pequeño indicador de que vamos en la dirección correcta.
    Y por último, detesto las platicas de superación personal. “Sonríele cada mañana al mundo y el mundo te sonreirá”. Vaya mierda.
    Saludos.

  3. Avatar de AnaAna

    Otra que está saturada de mensajes positivistas y buenrolleros. Que sí, que están bien para animarte una mañana cierto día torcido, o para regalar en la enésima libreta a una amiga (porque siempre se agradece una dosis de optimismo) pero hay tal bombardeo por todos lados y en todos los formatos que empalaga ya.

    Yo para que me hablen de sueños cumplidos, del esfuerzo que has de hacer, de no rendirse…que me pongan casos prácticos. Por ejemplo, el de un amigo mío cuyo sueño desde que empezó a hacer deporte ha sido convertirse en entrenador personal (y vivir de ello, entiéndase). Le apasiona el mundo del fitness y es fiel a sus horarios y rutinas de entrenamiento desde que comenzó. Tanto que un día, a sus 35 años, decidió dejar un trabajo súper estable en la gestoría en la que trabajaba y liarse la manta a la cabeza. Puede que ahora no tenga el mismo sueldo que tenía antes, ni la misma estabilidad en cuanto a trabajo…pero es tremendamente feliz. Y le ha costado llegar a donde está, ¡por supuesto! Ha sido un trabajo de poco a poco mucho antes de que tomara la decisión de lanzarse a dejarlo todo. Pero ahora cada vez que alguien habla de sueños le hablo de él, de su historia, de su perseverancia y sobre todo (y para mí lo más importante) de las toneladas de horas que le ha echado para llegar a vivir de lo que más le gusta.

    Por eso creo que los que lo consiguen en “menos” tiempo no tiene porque ser porque tengan más facilidades. Es que han tenido más suerte (porque la suerte es un factor fundamental, por mucho que digan que te la buscas tú) y sobre todo, porque han currado más.

    Me encantó el post, por cierto. Y me viene en un momento perfecto ;)

  4. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    “Si quieres, puedes”. Me cagüennnn. ¿Pero no veis que si eso fuera verdad, en el banquillo del Barça o del Real Madrid habría cincuenta mil españoles y, lo que es peor, todos tendrían que salir de titulares en el derby?

    Está el panorama lleno de gurús, que pretenden enseñarte a ser feliz. Lo primero es trabajar en lo que te gusta. Si no te gusta tu trabajo, lárgate, so acomodaticio cobardica. A ver, iluminao, que en un país con la tasa de paro de España, decir eso es hacer apología de la imprudencia temeraria. No, claro, al que, como tú ya dices bien, le funciona el chollo de escribir un libelo contra la responsabilidad y se gana la vida vendiéndolo y diciéndole a los demás que se lancen a la aventura del paro (sin cobrarlo, encima, que si te vas tú, no lo cobras) , a ese dejar el trabajo le viene de vicio. Habría que investigar su historia: si lo dejó o le echaron, o si vivía en EE.UU. en el momento en que era sencillo dejar un curro y coger otro, y la gente lo tenía por costumbre, para poder coger vacaciones que de otra forma no le correspondían.

    Que, como siempre, lo que hay que tener es sentido común. Y, sí, también una dosis de valor para saber cuándo plantarse, pero siempre que vaya acompañada de la madurez de saber cuándo hacerlo. No parece fácil ¿verdad?, y desde luego no parece el tipo de decisiones en las que te puede acompañar uno de estos sabios de pacotilla con sus librito ridículo.

    Nada, que se ha puesto de moda decirle a la gente que si es infeliz es porque es cobarde y gilipollas. Y encima pagamos para que nos lo digan. Tiene tela, hasta donde está llegando nuestra necesidad de no sentirnos impotentes.

    1. Alena KHAlena KH Autor

      Estoy completamente de afuero contigo (qué raro) ;)

      La cosa es que en la misma conferencia del “gurú”, cuando Enric le hizo LA pregunta, yo le pregunté si no le parecía utópico decir “si quieres, puedes”. Le di el ejemplo: el niño nacido en la pobreza en un país africano quiere ser el presidente de EEUU. ¿Puede? No, ¿verdad?

      Entonces… ¿dónde está el límite de no poder lo que quieres? Porque, evidentemente, lo hay, pero de eso no se habla.

  5. essostreessostre

    Cuando tenía unos veinte años estaba seguro de que el matrimonio no era lo mio. Cuando busque mi primer trabajo estaba seguro de que una oficina no era lo mio. Y tal vez era cierto en aquel momento. Hoy llevo más de veinte años casado y trabajando en una oficina y lo que me hace feliz o desgraciado es mi propia actitud. La gente tiene expectativas ( no digo sueños) y éstas son muy poco de fiar y mucho de abandonar. Nunca dejes que una expectativa te guíe. No sabes lo que son las cosas hasta que las vives, y la vivencia depende mucho de tu actitud.
    Soñar es gratis, pero saber lo que se quiere no es fácil. Yo hoy se que quiero una vida tranquila, digna, útil y valiosa. Mi trabajo me gusta porque me sirve para ayudar a la gente, y consigo capear la rutina y el sinsentido con amabilidad y haciendo las cosas bien y de buen humor. No trabajo para mi jefe, sino para quien precisa de mi ayuda, y nunca tengo prisa.
    Cada uno encuentra su sitio si puede combatir su enemigo interior.

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