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Chicas de revista

Diosas de Botero, de suntuosas curvas, desbordantes escotes, orgullosas de su talla cuarentaytantos.

Pocas cosas me producen tanto estrés como comprar una revista. Una de esas llamadas revistas femeninas. Suelo hacerlo en ocasiones concretas: viajes, vacaciones, estancias en hospital, cuando necesito una bolsa de playa o una agenda para el bolso. Plantada frente al quiosco, contemplo con cierto síndrome de Stendhal la amplia gama: has hay grandes, pequeñas, con todo tipo de regalos, de portadas impactantes, de promesas milagrosas. Seguramente, existe una revista femenina para cada tipo de mujer. O quizás no, porque yo, compre lo que compre, siempre me siento un poquito defraudada.

Hagamos repaso mental a la oferta del mercado. Desde las de moda y belleza, pasando por las de cotilleo, bienestar, salud mental, deportistas, madres, tercera edad… Está todo inventado. ¿Adelgazar?, ¿Conocer lo que se lleva?, ¿Saber quién está liado con quién?, ¿Encontrar mis chacras? El papel couché tiene la respuesta. No sé vosotras, pero yo, cuando salgo con la revista debajo del brazo, me siento sabia y poderosa. Los mandamientos de la belleza y la salud están a mi alcance. Cuando acabe de leer el ejemplar, insondables secretos se me habrán desvelado y alcanzaré el santo grial femenino. Vale, no será para tanto, pero todas hemos creído en mayor o menor medida en las promesas de la portada de turno.

¡Benditas promesas! ¡Benditas chicas de revista! Esas jovenzuelas escuálidas, bien vestidas y mejor maquilladas que juran comer de todo y tener como único ritual de belleza dormir ocho horas y ser felices. La ilusión desaparece según pasamos las hojas, tornándose en frustración, pena, indignación y rabia. No son solo las modelos, sino el modo de vida que nos presentan: viajes paradisíacos, restaurantes prohibitivos, tratamientos millonarios, joyas, mansiones… No, gracias, hace tiempo que dejé de leer cuentos de hadas. Como no todo es Chanel en la viña del señor, también encontramos revistas supuestamente más realistas, con productos asequibles y modelos más normalitas. Eso sí, quedando muy claro que, como no llevas un bolso caro, se supone que te va el cotilleo, los “arg” y el chonismo (un abrazo a las chonis que nos leen).

Cuando ya teníamos asumido que las chicas de revista eran seres lejanos, llegados del planeta de la envidia cochina, llegó la moda de las mujeres reales. Diosas de Botero, de suntuosas curvas, desbordantes escotes, orgullosas de su talla cuarentaytantos. Publicistas y editores proclamaron que no pasaba nada por vestir tallas grandes, que en ellas también había belleza. ¡Pues claro que no pasa nada! Ni por lucir lorza ni por ser delgada cual suspiro. Cada cuerpo tiene sus misterios y sus bellezas. Lo que pasa es que, la mayoría de nosotras no estamos ni en un punto ni en otro. Pertenecemos a esa estirpe a la que siempre nos sobran dos kilitos, que tenemos complejo de culo o de tripa, que según la temporada no conseguimos ni a tiros entrar en el pantalón tendencia. Las que viviríamos felices y nos veríamos hasta guapas si no nos metieran por los ojos un prototipo de belleza creado por ordenador.

Con los años y la experiencia aprendemos a discernir lo real de lo inalcanzable. Nos sentimos a salvo de ese mundo irreal, sabemos que las revistas venden humo e ilusiones. Ahora bien: ¿Y esas jovencitas que se atormentan por no tener el aspecto de las portadas? ¿Y esas mujeres autoexigentes que siguen a pies juntillas dietas y trucos más que peligrosos? Hay mucho dolor detrás de cada promesa inalcanzable. Puede parecer fácil y recurrente señalar a la industria de la moda como causante de la plaga de trastornos alimenticios y problemas mentales que causan los cánones impuestos, pero son parte culpable. TODAS hemos sentido en algún momento esa presión, la frustración de no poder alcanzar semejante ideal. Y las hay que sucumbieron, que se dejaron arrastrar por sus miedos y nunca más vieron al ser tan hermoso que había al otro lado del espejo. He sido testigo del dolor y de la muerte que conlleva. ¿No es el momento de parar todo esto?

Queridas directoras de revista, estilistas, editoras, gestoras de grandes cuentas. Sabemos que estáis haciendo un gran esfuerzo por acercaros a la mujer real, no sé si por propia conciencia o por exigencias del mercado. Os pedimos un poquito más. Que no importa qué mujer pueda abrir una revista y sentirse identificada. Sin mentiras, sin cuentos. Es más, que no importa qué mujer pueda ser modelo suya.

Yo me llamo Marta, soy un doble cuarenta (cuarenta años y talla cuarenta). Tengo los ojos verdes, el pelo castaño y la piel muy blanca. ¿Podría ser su próxima portada?

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Sashimi BluesPor
Sashimi Blues

Madre, esposa, profesora de secundaria y otras etiquetas al uso. En Intersexciones doy mi visión sobre esa vida estable que algunos anhelan y otros demonizan.

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6 COMENTARIOS

  1. monsieur le sixmonsieur le six

    No sé si os habéis fijado, pero existen multitud de revistas (ahora más bien serían webs y blogs) “para mujeres”, y en cambio, apenas ha habido ni hay un equivalente para los hombres. Las pocas revistas “para hombres” con algo de tirada suelen ser en realidad revistas de coches o de deportes, o en caso de que se centren sobre el cuerpo, suele ser sobre el de la mujer, como FHM o la ya más clásica y antigua Interviu.

    Los hombres, en general, crecemos sin modelos o, si los tenemos, no están en las revistas; si acaso en las películas, las series o los libros. No leemos ninguna publicación periódica en la que se nos diga cómo tenemos que cuidar nuestros abdominales, qué zapatos nos quedarían mejor o cuál es la manera más sexy de cortarse la barba. Si acaso, los que practiquen el culturismo sí leerán cosas sobre cuidar los músculos, pero claro, es un colectivo concreto que se centra justamente en el cuerpo.

    Resulta curioso observar que en una sociedad tan supuestamente avanzada como la nuestra y en la que cada vez hay más sensibilización contra el “patriarcado” (últimamente hay gente muy pesada con este tema), las publicaciones que mezclan cotilleos sobre las mujeres ricas con consejos sobre cómo esta más guapa y llevar una vida amorosa-sexual más interesante, siguen gozando de buena salud. Quizás sería ya hora de que las propias mujeres dierais carpetazo final a toda eso. Porque en el fondo, lo lógico es que a quien le interesen los viajes, lea revistas de viajes, a quien le interese la medicina, lea revistas de medicina, y así. Sin importar si es hombre o mujer. Las revistas “para mujeres” o “para hombres” son un signo de que en el fondo no superamos los esquemas de toda la vida.

    1. Sashimi BluesSashimi Blues Autor

      De un tiempo aquí si que las hay: Esquire, GQ, Icon… Mismo perro con distinto collar. como ves, las mujeres seguimos siendo dirigidas hacia un canon de belleza inventado por hombres.
      A mí me gusta la moda, la belleza, las tendencias. Pero no soporto que solo se centren en un prototipo.

      1. monsieur le sixmonsieur le six

        Sinceramente, no sé qué cantidad de lectores tienen revistas como GQ, pero me atrevería a decir que muy pequeño (igual estoy equivocado). El hombre medio no lee esas revistas, al menos no percibo eso en mi entorno.

        Por otro lado, es discutible lo del “canon de belleza inventado por hombres”; creo que en muchos casos son mujeres las que inventan o refuerzan esos estereotipos, entre otras cosas porque el personal de estas revistas está a menudo formado en buena medida por mujeres.

        Hoy en día, que existe Internet, sería más fácil entender el canon de belleza que gusta a los hombres mirando en las estadísticas de los buscadores las búsquedas del estilo “famosas sexys” y cosas así. Creo que acabaríamos encontrando un modelo (si es que lo hay, dentro de tanta variedad), muy diferente al de esas revistas, las cuales se apoyan más en las ideas preconcebidas de las propias mujeres que en lo que podamos opinar nosotros. Nuestra opinión no cuenta, porque no somos compradores.

  2. Armario DesordenadoArmario Desordenado

    Nunca he entendido esa propuesta de mujer que sale en las portadas de revista o en la pasarela. Supongo que lo segundo será por la percha y lo primero un reflejo del negocio. Y sí, hace daño a la mujer de la calle, que no puede tener un equipo de estilistas y dietistas a su disposición. Aunque si es cierto que estas cosas suceden más entre las mujeres que entre los hombres. Y no se a que es debido. Recuerdo, en mi época de instituto, que una compañera me decía que se cambiaba en los baños del vestuario para que no la vieran las otras compañeras. Supongo que, por el mero hecho de no sentirse bien consigo misma o vete tú a saber qué. Y era una chica muy guapa. Lo sigue siendo. Y seguro que hace feliz al tipo que está a su lado. A veces eso es más importante que no compararse con revistas, pasarelas o personas genética y metabólicamente afortunadas.

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