burkini
Sociedad

Burkini: ¿sí o no?

¿Qué tendrá el cuerpo de la mujer que siempre es objeto de controversia?

Hace días me di cuenta que no podemos hacer un post sobre burkini firmado por un solo colaborador, porque pensamos diferente (y menos mal, de lo contrario, qué aburrimiento de blog). Así que aquí van nuestras reflexiones. Una por una.

¿Con la opinión de qué colaborador te quedas?

sashimibluesSASHIMI BLUES 

Bendito final del verano. Se acabó el preocuparse por un pelo rebelde, la celulitis de los muslos, la tripa posparto o cualquier de los complejos que nosotras mismas nos encontramos. Solo faltaba que nos prohibieran cómo debemos vestirnos o desvestirnos para ir a la playa. El asunto se quedaría así si no fuera porque el burkini lleva ya la prohibición en su origen. ¿Es una mujer musulmana libre de vestirse como quiera? Pero libre de verdad. No porque esté de acuerdo con las normas de su religión. Igual que las gitanas de mi barrio que se bañan con pantalón, o las judías ortodoxas que pasean por la orilla con faldas largas. O la occidental liberada que se mata a dietas para lucir un bikini.

¿Qué tendrá el cuerpo de la mujer que siempre es objeto de controversia? ¿Dejaremos en algún momento de ser algo más que un culo y unas tetas?  Bastante tenemos ya con lo nuestro como para que nos lo pongan más difícil. Vestidas o desvestidas, respeto, por favor.

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edu

EDU BATET

Odio las prohibiciones. Igual que odio a la gente que dedica tiempo a crear polémicas que van camufladas de moralidades absurdas para no ir de frente con los problemas reales. Prohibir el burkini es algo tan absurdo como llevarlo puesto, pero la libertad debería estar ahí para albergar a quién quiera asarse en la playa sea cual sea su religión.

Si me preguntas a mí, no soporto las religiones. Y lo digo desde el máximo respeto y la máxima distancia. No me interesa nada de lo que proponen en ninguna dirección. Es por eso que cuando el debate gira entorno a un tema así, lo mejor que se me ocurre es que empecemos a hacer el baile del robot.

Seamos honestos (menuda palabra la honestidad), nunca nadie se pondrá de acuerdo en nada mientras detrás del problema exista cualquier religión. Y nos llevamos las manos a la cabeza porque el tema afecta a la libertad de la mujer. Que yo sepa, la libertad de la mujer ha sido, y sigue siendo, lo más pisoteado por cualquiera de los -ismos que se os ocurran.

Burkini: ¿sí o no? No lo sé, se me acaba el sentido común cuando empiezo a hacer los primeros movimientos del baile del robot.

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alenakh1ALENA KH

Veo la foto de los dos policías quitándole el burka a una señora musulmana y me pregunto hasta dónde hemos llegado. Bueno, realmente no hemos llegado a ningún lado, sino seguimos donde estábamos hace décadas: imponer a la mujer qué es lo que tiene que poner y dónde.

De acuerdo, se supone que “los de allí” se lo imponen. Sin embargo aquí presumimos de ser modernos y hacemos exactamente lo mismo.  Hay gente que defiende a Francia diciendo “ no es porque sea mujer, es porque estamos desacuerdo con su religión machista”. ¿Es machista su religión? Lo es, o eso creo, vamos. Ahora bien, si tan liberales somos, debemos respetar que hay mujeres que quieren ser machistas y no imponerles a no serlo, sino enseñarles alternativas para que reflexionen y se den cuenta de que eso no es lo mejor para ellas.  Yo soy feminista, y a mí también me fastidia que hay mujeres machistas, pero jamás le impondré nada, sin embargo haré lo posible para concienciarlas, para hacerles ver que ese camino es dañino.

Obligarlas a no serlo, igual que cuestionar si su religión es mostrar nuestra superioridad moral por el simple hecho de ser occidentales.

Nosotras les abrimos las puertas precisamente para eso: para que puedan tener una vida mejor (porque ser machista no lo es, según nosotros), para que puedan elegir, cosa que, como se supone, no pueden hacer en sus casas. Les dejamos entrar y… volvemos a decirles cómo tienen que vestirse y como no. Muy absurdo todo.  

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nadaramaNADARAMA

En mi última visita en la farmacia encontré a Nieves, la farmacéutica, tomándole la tensión a una mujer joven a todas luces musulmana, a juzgar por el hiyab que cubría su pelo y su cuello y descansaba extensamente sobre sus hombros, la blusa ancha de manga larga, y la falda rosada a juego que llegaba hasta sus pies, haciendo casi imperceptibles los zapatos cerrados de tono grisáceo.

La mujer, con la voz tímida propia de una niña, le contaba a Nieves que estaba pasándolo mal durante el verano, padeciendo constantes bajadas de tensión, y que prácticamente se veía obligada a tomar café cada 2 horas para evitar un desmayo. Ya sé que Nieves no es meteoróloga, pero eché a faltar entre sus consejos, que hablaban de comer bien y tomar mucha agua, alguna mención a los 36º de justicia que caían aquella tarde, y al hecho evidente de que la afectada llevaba encima más algodón y poliéster que toda la colección primavera-verano de Calzedonia.

Mientras tanto, su marido la esperaba con sus dos hijos en la puerta de la farmacia. Por su aspecto se diría que él no sufría los mismos mareos que su mujer, es más, parecía que él sí disfrutaba del verano, o por lo menos se había adaptado mejor a los pormenores de esta estación: bermudas cargo, polo pijotero de manga corta, sandalias de polipiel fresquitas…no es que él no fuera musulmán, es que ella era musulmana por los dos.

Una vez hubo regresado la mujer al caluroso infierno que era la calle a esa hora, le comenté a Nieves (porque hay “confi”)  el tema de ese consejo que yo pensaba imprescindible. Pobreta, me dijo primero Nieves, y poco más. Nieves había aceptado como normal e incuestionable el martirio que esa mujer estaba pasando en pos de sus creencias religiosas y su estatus como esposa de un musulmán que por su condición de hombre estaba a salvo de las incomodidades del islamismo.

Y ahora contadme el cuento de que ella es libre de vestir así, que un buen día se cogió la Vogue Tendencias y dijo: anda mira, este verano se lleva ir rollo super heroína de la castidad, que lo ha petado en París. Contadme que una mujer puede sentirse segura de sí misma ocultando a la vista lo que la hace bella y femenina por miedo a ofender.¿Para qué coño quemaron sujetadores las feministas? Normalizar los símbolos del machismo y la segregación que la cara más conservadora del Islam está trayendo a nuestra sociedad no es de izquierdas ni de derechas, ni siquiera es de xenófobos contra buenistas, es de ilusos desconcertados que nos enredamos a discutir sobre ropa sin saber realmente en el fondo de qué estamos hablando. Contadme que la libertad adoctrinada es realmente libertad.

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alex-bio

ALEXANDRA SEN

La primera vez que escuché la palabra “burkini” fue en la película Sexo en Nueva York 2 y me hizo gracia. Yo que soy de las que se enteran de las cosas cuando el cataclismo ya ha pasado y por terceros, no tenía ni idea de que en 2003 una diseñadora australiana empezó a comercializar un bañador integral al que llamó “burkini” y me pareció una curiosa ocurrencia del guión. Qué palabra tan entrañable, pensé. El caso es que la prenda tiene ya trece años y se lleva viendo en la playa desde antes de que yo tuviera edad para ir a la universidad. Y no pasaba nada.

Entiendo la crispación del ambiente en Francia a raíz de los terribles atentados que ha sufrido el último año. Y entiendo que si esto se suma a la laicidad del Estado francés cualquier manifestación religiosa en un espacio público pueda ser considerada una provocación. Pero lo que no entiendo es el calibre de la polémica desatada. Ni a los que dicen velar por los derechos de la mujer musulmana cuando ni siquiera aceptan creerlas cuando afirman que visten así porque quieren.  “Dan por hecho que mi libertad es que vaya desnuda” declara la activista Hallar Abderrahaman y estoy de acuerdo. ¿De verdad vamos a medir nuestra autonomía por la largada de nuestra falda?

Opiniones puede haber varias, pero lo que no podemos hacer es mezclar churras con merinas. Si de lo que se trata es de defender los derechos de las musulmanas deberíamos comenzar por aceptar que ellas, al igual que todos, son dueñas de sus cuerpos. Y que ya está bien de enfocarlo todo desde nuestra perspectiva etnocentrista, porque así no hay —ni habrá—  manera de conocer ni entender nada.

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mendez1MENDEZ

¿Qué prohíbe la prohibición del burkini? Teóricamente prohíbe que las mujeres sean obligadas por su religión a ocultar su cuerpo, al menos en la playa. Es decir, prohíbe que, en la playa, se prohíba a las mujeres hacer caso de lo que dictan sus creencias. Es Occidente luchando por la igualdad de género. Es este lado del mundo librando una batalla contra la ortodoxia islámica. Es el desembarco de la libertad en las playas de Francia, como si se tratara de un Día D en la Costa Azul.

Occidente se equivoca. En su afán “progresista”, el hemisferio, comete un contrasentido cultural utilizando el nombre de la libertad para prohibir las prohibiciones de otros, además de manera regulatoria y con intervencionismo de estado. Occidente se olvida que la igualdad de género es que hombres y mujeres sean libres de decidir (en este caso decidir sus creencias) y vivir de acuerdo a sus convicciones, aunque eso signifique ocultarse tras un trapo anacrónico.

El resultado es la legitimación de la muerte de la libertad de culto en una batalla contra la ortodoxia islámica que, en vez de promover la tolerancia, promueve la persecución religiosa.

Es Occidente discutiendo consigo mismo, contradiciéndose a sí mismo, asesinándose a sí mismo; cuando nuestro rol cultural debería ser la aceptación del otro, sea en bolas o en burkini.

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davesantleman-1DAVE SANTLEMAN

Madre mía. La que has liado, pollito. Y por pollito me refiero a ti, Francia. A ver, que sí, que yo cuando me encuentro con situaciones de este tipo me gusta ponerme en el pellejo de ambas partes. Y, hasta cierto punto, entiendo a los franceses. De verdad. Pero señores, no mezclemos churras con meninas.

Soy perfectamente consciente de lo caldeados- y es comprensible al cien por cien, he de decir- que están los humos en nuestro país vecino. Comprendo que a la luz de la aparentemente incesable amenaza a la que están sometidos, la población esté dominada por el pánico y la sospecha; y esas dos palabras, como todos sabemos, no son las mejores aliadas del pensamiento racional. Pero si bien puedo llegar a comprenderlo, también me declaro incapaz de apoyar algo tan absurdo como la prohibición del burkini por “evitar que se generen riesgos evidentes para el orden público”. Una prenda ideada para dotar de una mayor libertad a quienes la llevan no puede convertirse en el icono representativo ni el foco de críticas de un sector de la población que, atemorozado por el terrorismo, convierte su miedo en racismo. 

Prohibir el burkini es cohibir a unas mujeres que ya están lo suficientemente cohibidas por su religión de hacer algo que, hasta la invención de dicha prenda, parecía imposible: disfrutar de la playa de la misma manera en la que lo hace usted, ciudadano francés. Y yo me pregunto: si de tolerancia, paz y respeto va la cosa, ¿no deberíamos de poder ir con la cabeza bien alta y empezar predicando con el ejemplo? Ahí lo dejo.

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martinova

MARTÍNOVA

Me parece bien que cada uno vaya a la playa como le apetezca, vestido, desnudo, en pijama, bañador… ¿Dónde está el problema?

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Un comentario

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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UN COMENTARIO

  1. monsieur le sixmonsieur le six

    No tengo una opinión muy formada sobre el tema. Es difícil opinar porque hay un equilibrio delicado entre la (para mí) indudable imposición machista de su cultura y la (posible aunque improbable) decisión individual y libre de la mujer de ir vestida como quiera, aunque se trate de un trapo que la convierte en una especie de buzo, cuando probablemente eso no es lo más cómodo.

    Entiendo y respeto (y casi hasta comparto) las opiniones de todos los autores, pero la mía, aunque no muy definida, se acercaría bastante a la de Nadarama.

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