Guiri
Cosas que pasan

Aunque la guiri se vista de seda, ¿guiri se queda? Parte I

Llevaba encima 300 dólares americanos, una maleta llena de ropa, un montón de ganas de la aventura, el amor inexplicable por España, un visado para 30 días y una firme decisión de hacer algo en esta vida.

Mientras miraba por la ventanilla del avión, pensando: “Y si Natasha no viene a buscarme, ¿qué hago?”

Natasha, mi ex compañera de la Universidad, se fue a vivir Barcelona un año antes. “Ven a verme”, me decía. Me lo dijo tantas veces que, finalmente cedí. La llamé una semana antes de coger el avión. Una voz masculina respondió:

- Ya no vive aquí. A veces pasa por aquí para recoger el correo. Si quieres dejarle un recado…

- Soy su compañera de la Universidad y llego mañana a Barcelona a pasar un par de semanas. Hemos perdido el contacto, ¿sabe? ¿Podría anotar mi numero de vuelo y la fecha de llegada, por favor ?

- Vale, si la veo, se lo digo.

“Sí, claro…” – pensé con toda la desconfianza tan propia de mis 19 años. Aterricé en el Prat  excesivamente ilusionada. Recogí mi maleta, salí por la puerta nerviosa, buscando a Natasha.  Llevaba encima 300 dólares americanos, una maleta llena de ropa que no se conjuntaba entre sí (cosas que pasan cuando empiezas a meterlo todo caóticamente sin pensar demasiado), un montón de ganas de la aventura, un amor inexplicable por España, un visado para 30 días y una decisión firme de hacer algo en esta vida. Mi madre creía que me iba de vacaciones a Salou y no entendía demasiado por qué la abrazaba con tantísima fuerza antes de subir a aquel avión.

Natasha no estaba en el aeropuerto. Era de esperar.

Me puse en cola para cambiar dólares por pesetas. Decidí llamar Bárbara, mi amiga de intercambio escolar de Zaragoza para preguntarle si podía quedarme un par de semanas en su casa. A Salou no iba a ir, obviamente.

 - ¡Alena! Pensaba que no te encontraría… - Natasha no había cambiado en absoluto. Tenía esa misma melena envidiable y una sonrisa contagiosa. Salvo que su mirada estaba algo más apagada:

- Acabo de pasar por mi antiguo piso y Max me ha dicho que en una hora aterrizasen Barcelona. Dios, ¡pensaba que no llegaba! ¡Alena! ¡Qué contenta estoy de verte! ¿Has quedado con alguien? ¿Qué piensas hacer? ¿Dónde paras?

Media hora de besos y abrazos. Un café para decidir el próximo paso.  Yo no paraba de sonreír:

 - La verdad es que he venido así, tal cual. Hace una semana he pensado que no estaría mal que desconecte del todo, he comprado un billete, he reservado un hotel en Salou (ya sabes, de lo contrario no te abren el visado) y aquí estoy. Aún no me lo creo.

- ¿Salou? Ni se te ocurra. No hay nada, salvo playas y muchos rusos que se creen dioses- se puso a reír.-  Te vienes a mi casa. Eso sí, te aviso que mi vida aquí puede parecerte algo penosa, comparando con lo bien que te lo pasabas viviendo sola en Minsk.

- No importa, Nat, sólo faltaría. Te lo agradezco un montón.

De camino a su casa me compré un móvil de prepago: un Alcatel gris y muy moderno para aquel entonces. Era de Amena y tenía una pantalla amarilla. Yo era de Bielorrusia y tenía una piel pálida. Llamé a mi madre para decirle que me quedaría en casa de Natasha. Empecé a asimilarlo: estaba en España. Sí, estaba a 4000 km de mi casa, me quedaba un mes por delante para definir lo que quería hacer y tan sólo 40.000 pesetas en mi cartera. “Esto promete”. Sonreí.

El piso de Natalia me recibió con siete sonrisas: las de sus compañeros de piso: siete hombres marroquíes que me habían cocinado un cuscús para celebrar mi llegada. Yo no daba a crédito: ¿qué hace Nat viviendo con siete tíos?

 - No pienses nada raro, Lena. En Barcelona la vivienda es muy cara. Con lo que  dices que llevas en la cartera, no te daría ni para pagar una habitación en un piso compartido. Esta es la peor zona de Barcelona, convivimos muchos, pero son muy majos. Todos nos encontramos en la misma situación. Quédate aquí si te parece bien, y no hace falta que pagues nada. Los chicos no tienen nada en contra. Sobre todo, no los mires mal.

- ¿Por qué iba a hacerlo?

- Ya sabes, en España los árabes no son muy bienvenidos.

No, no lo sabía. Había vivido algo más de dos años en Libia, rodeada de la gente musulmana. Lo que me dijo Natasha era cierto: Said, el “padre” de la casa, y sus compatriotas eran encantadores. Me cedieron una habitación entera para mí sola y me recibieron como si fuese su hermana.

 - ¿Y tú, Natasha? ¿A qué te dedicas?

- Trabajo de camarera en una discoteca. Se paga relativamente bien, pero no lo suficiente como para poder vivir en una zona más céntrica. Pero considero que tengo suerte. Y espero que tú tengas más que yo.

Natasha no paraba de sonreír y de abrazarme:

- Estoy tan feliz de que estés aquí… Este mediodía he llamado a un amigo de Said, si quieres empezar a trabajar, te contrataría en su panadería. Está aquí al lado de casa. Ellos se ocuparían de arreglarte los papeles para que pudieses estar aquí un tiempo. Con lo demás apenas puedo ayudarte. Yo no tengo un empleo decente, y eso que hablo bien el idioma. Pero poco a poco.

Así empezó mi aventura española. Era el 18 de Agosto del 2001, yo tenía 19 años y la vida me parecía magnífica. Aquel día empecé a ser una “guiri” más de la ciudad. Pero estaba contenta: una “guiri” no es “guiri” mientras sigue rodeándose de los demás “guiris”. En cuanto te metes en el territorio nacional, eres “de fuera”. No era mi intención por ahora. “Poco a poco”, repetía Natasha.

Recordar aquellos tiempos me deja completamente anonadada. Parece mentira que cuanto menos tienes, menos necesitas. Cuando las cosas, observándolas con el paso de los años, parecían verdaderamente preocupantes,  yo no me preocupaba en absoluto. En aquel entonces una pequeña alegría, como podía ser tener un empleo de mierda, se transformaba en una emoción descontrolada. Y fíjate ahora: una ambición pendiente de cumplir se hace enorme y agobiante.

Cuando llegué aquí, no sabía qué iba a comer al día siguiente, dónde estaría y con qué dinero iba a comprarme un abrigo de invierno. Pero todo carecía de importancia. Cambié un país donde vivía bien y lo tenía todo, por uno al que adoraba desde mi infancia, pero que no me prometía nada.

Lo único que me importaba en aquel verano del 2011 era descubrir un nuevo país y su gente. Ayudar y permitir que me ayuden (eso último lo perdí con los años).

Yo paseaba por Passeig de Gracia y me quedaba boquiabierta de la belleza de Barcelona. Me sentía muy afortunada de poder contemplarla. No me importaba la ropa que llevaba, ni el maquillaje que utilizaba. Me sentaba en un banco y escribía. En ruso. Le escribía las cartas a mi madre. Ella las sigue teniendo guardadas en una caja con todos mis posts de Intersexciones impresos. Dice que me las dejará leer en unos años y no me explica el porqué de su decisión.

Varias semanas más tarde empecé a trabajar para una agencia de traducciones: cartas de restaurantes, folletos de hoteles, programación de los tours turísticos. El verano se acabó, pero en mi vida apareció José. En una situación rozando la ridiculez. Y con un sentimiento que arañaba por su intensidad. Lo que pasó unos meses después, podéis leerlo aquí: Cómo me casé en dos meses. 

Si quieres seguir leyendo la historia, aquí tinos la segunda parte:  Aunque la guiri se vista de seda, ¿guiri se queda? Parte II

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Actitud  Inmigración  Optimismo  Soledad  

14 comentarios

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“Una pequeña alegría como un empleo de mierda, se transformaba en una emoción descontrolada.”

14 COMENTARIOS

  1. Ronronia Adramelek

    Echo pocas cosas de menos de cuando tenía 19 años pero hay una que vale por todas: no tenía miedo a nada y me lanzaba a cualquier novedad con curiosidad y cachondeo pero sin preocupación. Como tú, a esa edad era feliz con bastante poco (hablando de lo material).

    No cambié de país ni fui guiri. Al revés, yo me sentía guiri en la ciudad en la que nací y cuando llegué a Zaragoza encontré allí mi hogar. Mi cambio, sin embargo, no fue ni tan arriesgado ni tan valiente como el tuyo.

    A los 19 años, por motivos que no vienen al caso, ya había trabajado dando clases de matemáticas y francés en una academia, en una tienda de ropa, como monitora de campamentos, cuidando niños, en unas colonias francesas y poniendo copas los fines de semana en un bar de ambiente, pero exceptuando algunos meses en verano, no dejé mi país ni tuve que enfrentarme a la incultura de quienes rechazan a los extrajeros. Ahora hay crisis y cuando eso ocurre la xenofobia se dispara y uno empieza a oír cosas asquerosas sobre los emigrantes. ¡Como si fuera fácil dejar tu casa, tus raíces y tu familia para irte a buscar la vida con una mano delante y otra detrás y el único apoyo de tu ingenio y tu valor! Ninguno de los imbéciles xenófobos que sueltan esas barbaridades sería capaz de hacerlo. Bestias incultas.

    Me gustan muchas cosas de este post. Me gusta descubrir parte de tu vida pero también ese permitir que te ayuden subrayado, qué fino, qué incisivo. Con la edad algunos pierden flexibilidad, otros fuerza, muchos valor y gusto por lo desconocido pero lo que casi todos perdemos es la humildad de aceptar con alegría la generosidad ajena. Nos hacemos orgullosos y nos cuesta recibir.

    Espero con ansia la continuación.

  2. Míriam Fuentes

    La gracia de Barcelona sobretodo es eso, la gente como tu que viene de otro pais con ganas de dejarse seducir por ella y acabar formando parte, sin vosotros no seria para nada lo mismo. Me gustaría ser igual de valiente e irme de este Pais que dudo de si tiene un lugar para mi.

  3. Anonymous

    Hola Alena, me ha sorprendido esta nueva manera tuya de escribir. No crees que es más interesante cuando cuentas las cosas de forma més espontánea y con ese humor tan natural que son propios de ti?? Sigo este blog precisamente por tu estilo, pero este post me ha resultado como una narración de novela standard. No lo digo para mal!! No pierdas tu estilo que te hace tan interesante!!! Besos

    1. INTERSEXCIONES

      Es probable, pero, si te has dado cuenta, aquí hay varios posts que no “pegan” en absoluto con el resto. El claro ejemplo es “Aquel día llegó el otoño”.

      Siento si te ha parecido poco interesante, pero hay las cosas en la vida que son imposibles de contarlo con más gracia de la que tienen. Y te aseguro que es una de ellas.

      :)

  4. Denbrough

    Encuentro que es una historia muy interesante, como una persona va a otro país y allí pasa sus visicitudes. Me pregunto que lleva a una joven chica de 19 años a abandonar su país e ir a otro, por el que entiendo ha estado en un intercambio. Eso sí, espero que fueras bien recibida ;)

    Por lo que veo, leo, etc, te ha ido muy bien por esta ciudad, en la que siempre, como cultura mediterránea, nos hemos vanagloriado de acoger a las personas de otros países sin problemas. Espero de veras que haya sido así, al menos a mi parecer somos una sociedad bastante abierta.

    Tengo ganas de leer la segunda parte de la historia, es muy diferente a todo lo que posteas normalmente, aparentemente, mucho más fresco y espontaneo a primera vista aunque el trasfondo sea también muy elaborado como todos tus posts, pero es… diferente, personalmente me gusta más este estilo.

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