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Sociedad

Artistas, levantaos

En otros países, cuando en una conversación comentas que eres escritor despiertas en la gente cierta fascinación...

Son las dos y media del mediodía, acabo de levantarme y no encuentro ni mis gafas, ni mi dignidad. Encontrar la segunda me preocupa menos, pero ubicar dónde coño he puesto las gafas es de vital importancia; las lentes son especiales y me costaron un ojo de la cara- valga la redundancia-, así que espero no habérmelas dejado olvidadas en algún sitio anoche.

Así es mi vida desde que regresé a Madrid. Viviendo rodeado de actores, me arrastran a sus mundos- o al menos eso es lo que le digo a mi madre cuando me pregunta por qué salgo un Martes por la noche- y termino a las tres de la mañana bebiendo cañas en El Negro o bailando el Tengo el corazón contento de mi paisana Marisol en el Héroe a las cinco y media. No sé cuál es mi conexión exacta con esta ciudad, lo que sí sé es que ejerce un poder de atracción sobre mí al que no me puedo resistir, que me obliga a volver una y otra vez y quererla exprimir al máximo. Esta es la cuarta oportunidad que le doy a Madrid, y no me preguntéis por qué pero tengo el presentimiento de que va a ser la definitiva. Siento en mí una determinación que hacía tiempo creía perdida y sé que es mi momento, que las cosas me van a salir como yo quiero que lo hagan.

Ah, joder, mira dónde están las gafas. Debajo de la chaqueta. Uff, menos mal.

Me las pongo, me reincorporo un poco en la cama y decido que todavía no estoy listo para enfrentarme a la realidad. Cojo el móvil, me pongo a navegar por Internet un rato y me topo con un artículo de El País cuyo titular llama mi atención La mitad de los actores con empleo cobra menos de 3.000 euros al año. Genial, nada mejor que una noticia alentadora para empezar bien el día, ¿eh? A la mierda esas ganas de quererme comer el mundo.

Al parecer, sólo el 8% de la bolsa de actores de este país trabaja y vive de ello. Pero chica, qué quieres que te diga. Tampoco es que me sorprenda. Es, simplemente, un dato más que corrobora lo que por todos es sabido: a nadie- o muy poca gente, que las generalizaciones nunca son buenas- le importa el arte y la cultura en este país. ¿Lo más triste de todo? Que el hecho de que seamos indiferentes ante semejante pilar de la sociedad- y digo seamos porque estoy hablando de la población española en general y yo soy español, no porque me considere parte de ese sector- dice mucho más de nosotros de lo que podamos llegar a imaginar. ¿Queréis un ejemplo? Tranquilos, que los tengo a decenas.

Los Misterios de Laura, una gran, gran serie de ficción emitida por TVE entre 2009 y 2014. ¿Que por qué era una gran serie? Independientemente de sus increíblemente audaces guiones y su reparto estelar, fue la primera serie en la historia de nuestra televisión en llamar la atención de productores norteamericanos. La primera. Y no sólo llamó su atención, sino que también compraron sus derechos, la convirtieron en una súper producción protagonizada por la ganadora de un Emmy Debra Messing y la estrenaron en prime time en una de las cadenas más relevantes de los Estados Unidos. Lo que surgió de la mente, creatividad y esfuerzo de un grupo de artistas españoles terminó convirtiéndose en algo mucho más grande de lo que nadie habría llegado a pensar, traspasando nuestras fronteras y marcando un antes y un después dentro de ellas.

Pues bien, Televisión Española- esa cadena pública que pagamos tú, yo y todos los demás con nuestros impuestos- decide no sólo cancelar la serie y dejar sin trabajo a todas las personas responsables de ese récord sin precedentes, sino que además compra los derechos de la versión norteamericana y la emite en el tramo horario que antes ocupaba la nuestra, la española. Claro que sí, hombre, ¡y que se cague la perra! Es, por poner otro ejemplo aplicable a un sector distinto al del arte, lo mismo que hacemos con el aceite de oliva: un producto original de España, que nos hace famosos en el mundo entero y que deberíamos proteger a toda costa por ser un emblema de la calidad y riqueza gastronómica de la que disfrutamos, se produce en nuestras tierras y para abaratar costes en packaging se envía a Italia y se embotella allí. Y en el proceso, dejamos que los italianos le coloquen una etiqueta de “product of Italy“. Con dos cojones.

Así somos los españoles y por eso nos caracterizamos, por ser grandes empresarios y, ante todo, defensores de lo patrio. Y dentro de esos españoles, así somos los artistas: el aceite de la sociedad. Irritante, ¿verdad? Tranquilo, tómate una caña y verás cómo se te pasa.

La falta de seriedad y respeto con la que se nos trata a los artistas en este país es una vergüenza tan grande que llega a ser insultante. En otros países, cuando en una conversación comentas que eres escritor despiertas en la gente cierta fascinación, pues comprenden que hace falta un tipo de inteligencia emocional muy especial para poderse dedicar a algo así. Aquí, lo máximo que despiertas ante semejante declaración es curiosidad por saber en qué bar trabajas. El arte y la cultura en España son una broma, y lo peor de todo es que no siempre es sólo por parte de quienes toman las decisiones y ponen el dinero. Muchas veces lo es hasta para los propios artistas.

Usted, que aunque siempre tuvo muy claras sus inquietudes artísticas, decidió estudiar primero Podología para “asegurarse un futuro” y dedicarse después a lo que realmente quería hacer, usted no es artista. No se atreva a incluirse dentro de nuestro grupo. Un artista es una persona que se entrega en cuerpo y alma a su arte, y que regala con él un pedacito de su alma. Un artista es alguien que no tiene miedo a no tener un futuro asegurado, que arriesga y se levanta cada mañana para ir a doblar camisetas a una tienda o fregar cacharros en una cocina porque sigue aferrándose a esa improbable posibilidad de que, algún día, alguien vea en él ese potencial del que sabe que dispone. Aún siendo muy consciente de que quizás ese día nunca llegue y esté, por lo tanto, condenándose a sí mismo a una vida eterna de frustración y doblar ropa, lo hace. Así de grande es su entrega por lo que le apasiona.

Por todo ello, y en referencia al himno de mi tierra que cantaba la Jurado, os pido: artistas, levantaos. Quereos, no dejéis que nadie os haga sentir de menos por vuestro trabajo de mierda en McDonald’s o vuestro cochambroso piso en Carabanchel. Respetaos, no tengáis miedo en solicitar la cantidad que consideráis que merecéis por la ilustración de ese cartel que os han encargado para las Fiestas de la Paloma y que os llevó horas elaborar. Lo valéis. Lo valemos.

Hay que tener un par de cojones para hacer lo que hacemos nosotros, y bastante nos faltan el respeto de por sí como para no respetarnos ni a nosotros mismos. Porque si hay algo que no pueden arrebatarnos, ¿sabéis lo que es? Nuestra dignidad.

Anda mira, la he encontrado. Tampoco me la dejé olvidada en el bar de anoche.

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Arte  España  

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Dave SantlemanPor
Dave Santleman

Diseñador de moda y estilista. Andaluz, pero trotamundos. Habré tocado techo cuando me propongan rodar el anuncio de Navidad de Canal Sur.

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