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Cosas que pasan

Aquel día llegó el otoño

Volví a cerrar los ojos. Intenté imaginar cómo sería mi vida sin ti. Tenía la mente en gris. El mismo gris de mi abrigo.

Eran las cinco de la tarde. Estaba sentada en un banco. Me acuerdo que el otoño era especialmente precioso. Aquel banco también era bello. Un banco de madera desgastada, rodeado de hojas de todos los colores. Creo que el destino es mucho más compasivo de lo que llegamos a sospechar. Aquel año el mes de noviembre fue de cielos enfadados y hojas de colores. Llovía. Llovía a ratos: una hora sí, otra no. Nos parecíamos mucho con aquel noviembre. Le agradecí que no permitiese que los rayos de sol pasasen por las nubes de cemento. No venían a cuento. Sobraban.

Siempre me ha hecho gracia la gente que dice que “están como el tiempo”. Estoy convencida que el tiempo va de acorde con cómo me encuentro yo. No al revés.

Yo llevaba un abrigo de lana. Era mi día de abrigo de color gris cálido. En mi iPod sonaba “Mad About You” y las hojas bailaban con la música. Ellas también estaban locas por ti. No. Ellas sí, estaban locas por ti.

Apareciste con tu gabardina beige. Te vi desde lejos. Tu melena se levantaba con cada soplo de viento, tus ojos verdes se volvieron grises. Te conocía demasiado bien. Percaté lo que significaba esto.

Me trajiste un café. Americano. Sin azúcar.

Iba a quitar los auriculares para saludarte, pero hiciste un gesto con la mano. Ese gesto tuyo que conocía tan bien. Aquel gesto que decía: “No lo hagas”, el mismo que antes significaba “No pares”. Me tenías calada. Sabías que cuando me sentaba en un banco con la música, tenía que escuchar la misma canción cuatro veces. Tres me parecían pocas, cinco- demasiadas. Y ésta era la segunda.

Saboreé el café. Sorbo a sorbo. Estaba más amargo que mis ánimos. Encendí el cigarro. Hace meses que sólo fumaba cuando estaba nerviosa. O nostálgica.

“Give me all your true hate”, – estaba cantando Liesje. Te pusiste de rodillas. Justo delante. Hundiendo los vaqueros desgastados en la alfombra de colores. Me cogiste las manos y me miraste. Cerré los ojos y recordé cómo nos conocimos aquel día soleado. Yo volvía de Madrid, cansada pero contenta. Siempre me pasa lo mismo: Madrid me cansa y me hace feliz. Me ayudaste a bajar la maleta por las escaleras del vagón. Te lo agradecí. Te miré. Me sonreíste. Me enamoré. Primero de tu sonrisa, luego de tu voz, unos días más tarde de tus manos y al cabo de unas semanas de ti. De tu malhumorado pelo, de tu tos crónica, de tus ojos verdes, de tus gin tonics perfectos, de tus libros que jamás entendía, de tu acento, de tu vida llena de caos tan estudiado, de tu soberbia, de tu inteligencia, del sonido de tu piano los domingos por la noche, de tu bici vieja y simpática. Hasta de tu gato color humo. De tu maleducado y caprichoso gato.

Abrí los ojos. Seguías observándome.

En tu mirada descubrí el día de la playa, dos años antes. Me estabas poniendo la crema en los brazos, te acercaste a mi oído y susurraste: “Eres bella”. Encogí los hombros. Me abrazaste. Y unos segundos más tarde me confesaste que me querías. No te respondí. Siempre creía que no existía nada con menos personalidad que devolver algo tan íntimo con un “Yo también”. Y no te lo dije.

En tu mirada descubrí cómo fuimos al cine a ver aquella película tan estúpida, cómo no podíamos parar de reírnos todo el rato, y cómo las abuelas nos dirigían sus susurros amenazadores. Y nosotros seguíamos comportándonos como dos adolescentes, hasta que nos echaron de la sala. Compramos una botella de vino y fuimos a casa. A tu preciosa casa de paredes blancas. Sacaste el vinilo de Cat Power, y antes de que me sirvieses la primera copa te dije que te adoraba. Porque no sólo te amaba, te adoraba. No es lo mismo. Jamás lo va a ser.

En tu mirada descubrí aquel viaje a Niza y el atardecer lleno de pasión; aquellas noches de hacer el amor sin parar; aquellos días en los que estabas especialmente cansado y te preparaba una ensalada “de las perfectas”, como las llamabas tú; aquellas tardes en los que tú tocabas y yo escribía. En tu mirada descubrí el día en el que operaron tu caprichoso gato que jamás tuvo nombre; la noche en la que murió y en la que lo enterramos. En tu mirada descubrí nuestra primera discusión, mi maleta a medio hacer y tus labios suplicándome que me quedara. Vi también como me despedía de ti en el aeropuerto porque te ibas tres meses fuera y mi vida perdió el sentido de golpe; las noches de soledad absoluta, de tus notas de voz enviadas a las tres de la madrugada, de aquella foto en la que me decías que me echabas terriblemente de menos y lo escribiste en un banco de Berlín. Sigo pensando en que me gustaría conocer ese banco. Sabías que me fascinaban los bancos. ¿Te acuerdas de cómo me llevaste a una casa rural perdida en la montaña? Tenía un jardín y un banco pintado a medias. Era perfectamente feo. Me dijiste que el día que tuviésemos nuestra propia casa, me harías uno igual. Y que cada año, esa misma fecha, lo celebraríamos allí, acompañándolo de tus maravillosos gin tonics.

En tu mirada descubrí mis lágrimas silenciosas cuando parecía que algo no iba bien; aquel intento de hacer que funcionase y el maldito e interminable cariño: tan entrañable y molesto a la vez. Descubrí aquel portazo y el primer insulto. El primero y el último. Pero lo escuché. Aquel día dolió, pero jamás lo hablamos.

Volví a cerrar los ojos. Intenté imaginar cómo sería mi vida sin ti. Tenía la mente en gris. El mismo gris de mi abrigo. Algo más claro que el de tus ojos. Me pregunté si alguna vez volvería a sentir algo parecido por alguien que no fueses tú. Si siempre lo estaría comparando contigo.

Apagué el segundo cigarro. Liberé mis manos congeladas. “That is why I am so mad about you. Mad about you”, – esa fue la cuarta. Apartaste la mirada. Te levantaste. Te sonreí. Te fuiste.

Y yo… yo me sentí muy feliz por haberte tenido en mi vida. Por habernos despedido en un banco, con un café y millones de hojas llenas de recuerdos únicos. Acabé el café. Empezó a llover: creo que en aquel mismo instante llegó el otoño.

Pulsé “repeat” para escucharla por quinta vez.

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Relaciones  Sentimientos  Separación  Tristeza  

58 comentarios

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“No existe nada con menos personalidad que responder a algo tan íntimo con un “Yo también”.”

58 COMENTARIOS

  1. Lau

    Lo escribiste hace tiempo y lo cuelgas ahora… Lo magnético de un relato así es que al leerlo después de un tiempo de haberlo escrito, descubres que algunos recuerdos y sentimientos siguen siendo exactamente como el día en que todo sucedió, pero la reacción que pueden provocar esas sensaciones ya de un pasado, son diferentes. Si sientes una nostalgia que te sube como un nudo a la garganta, una nube de lágrimas a punto de salir, éstas ya no te hacen temblar la barbilla si salen… o quizá ya ni si quiera salgan.
    Ya sabes que te voy leyendo bastante, y pocas veces te INTERpreto, pero éste me ha llegado de verdad, y cuando algo llega, encanta, y si encanta hay que decirlo.
    Gracias Alena.
    Lau (alias @Filgui)

  2. Beatriz

    Brutal. Te diría que no tengo palabras, pero he querido encontrarlas: es lo mínimo ante un texto escrito desde tan dentro.

    Siempre me ha dado por escribir aquellas situaciones que me hayan afectado en mayor o menor grado, y me he sentido terriblemente identificada por tu relato. Ya no por la historia, sino por la manera de describirla. Por la sensibilidad, el tacto y el cuidado de los detalles, que hacen que los demás podamos sentirnos partícipes de cada segundo que tú realmente viviste, o mejor aún, alguno que incluso nunca sucedió y aún así has conseguido plasmar.

    Enhorabuena Alena, sé que hablas el español a la perfección, pero aún así admiro que además te expreses tan bien en un idioma que no es tu lengua materna, por así decirlo.

    B.
    @bgarciatoro

  3. LORENA C.R

    La última vez que me pase por aqui creo que terminamos muy mal :D de hecho dije que no iva a volver a comentar nada por estos lares pero bueno,donde dije digo,digo Diego,ya se sabe…te refrescaré la memoria : El post trataba sobre las bloggers de moda,su presunta frivolidad y el poco gusto y conocimiento que tenían por cualquier otro tema vital que no fuese el color mint.En el momento me pique bastante y escribi un pedazo de rollo en forma de comentario porque me gusta molestarme en mis respuesta y no poner simplemente el tipico : Que genial está tu post.
    Y creo que me contestaste algo así como : Ay (en plan suspiro)
    Eso fue lo que me enfado y no el que tuvieras otra opinión diferente a la mia…me parecio cierta falta de educación en ese momento ignorar con un simple Ay! a una lectora que se molesta en hacer comentarios largos,osea que llevan algo más de tiempo que decír : Ay.
    Entiendo que tengas muchos comentarios y que sea imposible dedicar a todos ellos el respeto que se merecen pero hubiera preferido directamente que ni se me contestase.
    El caso es que aquel post algo me reconcomio por dentro y aunque sigo con mi blog frivolo sobre moda y color mint (Ahora viene la autopromoción)http://www.whatyoushouldwearmen.blogspot.com.es/ en el que en mi último post hablo no sólo de trapitos sino también de THE WAY WE LIVE,evento organizado en Asturias,concretamente en Gijón de donde yo soy

    pues el caso es que algún tipo de resorte salto en mi interior pero me hizo dar el paso y abrir otro blog totalmente diferente a este,llamado http://inspiracionesvarias.blogspot.com.es/ que a lo mejor nunca me hubise atrevido a abrir sin esa pequeña discusión cibernética que tuvimos.

    Bueno,sea como sea tu post de hoy me ha hecho retractarme de mis palabras y creo que volveré a ser una asidua de tu blog una vez más.Sinceramente lo que has escrito hoy me parece poesía pura,incluso me emocionaste con lo cual creo que me ha servido para olvidar la pequeña manía que te cogi el otro día ;)

    P.D : Por favor no me contestes con un Ay! :P

  4. Cristina

    Pienso como tiu que no hay nada con menos personalidad que decir ” yo TAMBIEN”
    Y por el mismo motivo , tambien. odio decir ” me encanta como escribes” .
    Pero a veces ambas cosas son tan verdad , que no hay mas remedio que utilizar esas palabras …….

  5. ysugamo

    Gracias por compartirlo… es muy bonito… llevo tiempo leyéndote y lo cierto es que escribes bien, tienes fallos, permíteme la osadía, pero es que me está empezando a dar la sensación de que el español no es tu lengua materna… a lo mejor sólo me estoy montando películas.

    Tus ideas me resultan excelentes. Eres buena… y no hablas de lo que todo el mundo.

    Me gustas… y, de nuevo, gracias…

    Un beso,
    Nerea

    1. La gata

      Efectivamente, Nerea: el español no es la lengua materna de Alena. Ella es rusa. Pero ya quisiera yo dominar el ruso la tercera parte de lo que domina ella el español. Para mí es admirable lo bien que escribe. En la forma, pero sobre todo en el fondo.
      Saludos.

  6. La gata

    Precioso, me dejas sin palabras! Se me ha hecho un nudo en la garganta. Además, me pilla en un momento especialmente “sensible”, así que no sé ni cómo no estoy llorando ya a lágrima viva.
    Algunas cosas me son tan familiares…
    “Me pregunté si alguna vez volvería a sentir algo parecido por alguien que no fueses tú. Si siempre lo estaría comparando contigo”. Brutal.
    Es realmente admirable lo bien que escribes.
    Un beso.

  7. Hermanas Bolena

    No sé si habrá sido meditado Alena, pero a tu escrito de hoy le faltan 2 líneas para hacer llorar. Y hacerme llorar a mí (en un momento perfecto de mi vida) te aseguro que no es nada fácil.

    Este post es sencillamente perfecto. Es de una calidad increíble (te confieso que a ratos pensé que al llegar al final pondrías la referencia del libro donde lo sacaste). Hoy te has ganado un trozo de mi corazoncito. Y no es que los otros temas no me gusten, que me encantan, pero si me obligas a elegir un único escrito de entre los cientos que tienes, no me lo pienso…

    Ojalá un post pronto (aunque sé que es más que egoísta… te parecerá de coña, pero creo que hoy mil personas empatizamos con el dolor que tuviste que sentir ese día).

    Ay Rusi de mi corazón…

    Un abrazo largo,

    Ana B.

  8. Imma Dou

    IMPRESIONANTE.

    No solo es precioso, emocionante y real, es que además está muy bien escrito. Te juro que me parece muy muy admirable e increíble que alguien pueda escribir tan bien en una lengua que no es su lengua materna. Dios mío y yo viviendo en Inglaterra y los problemas que tengo con el inglés, te admiro!:)

    Sobre el relato, sin palabras, me has emocionado de verdad. Y he recordado mucho, yo también he tenido un momento similar al que cuentas, y nunca me había parecido tan bello, más bien doloroso. Me lo has hecho recordar con cariño. Gracias.

    un besito!:)

  9. Piensa en Carlsberg

    Supongo que puedes contar uno mas, dentro de tus lectores valientes.
    Te tengo en rss desde que te encontré, hará ya al menos un par de meses.
    Pensé en buscar algo para el ideal, pero no saqué mas que un par de ideas sobre desmigajar clásicos de canciones españolas sobre el tema acordado y vertir un poco de sangre entre la opinión de si, últimamente, ya no los temas, si no, las expresiones, se van repitiendo cada vez mas y si eso repercute o significa que a su vez las relaciones se estan convirtiendo en un material precocinado, listo para obtener un mínimo de aspectos dejando al margen el simple hecho del descubrir y conocer por inquietud, o es una mera escasez creativa latente. No creí que, con eso, me diera para una sección semanal como buscabas. En cualquier caso, ha sido un placer cruzarme con lo que tienes aqui montado. Respecto a por qué aqui, sencillamente porque entre la foto, el ambiente y el recuerdo tan deliciosamente tangible, me han entrado ganas de volver a tocar el piano. No soy estudiante de música, suelo tocar por impulsos y por lo general suelo tirar de la guitarra que siempre tengo mas a mano y requiere menos abstracción, para el piano, en cambio, necesito una atmosfera entera. (Perdona el reguero de comentarios eliminados, pero ya que tu te tomas el tiempo, seguramente agilizado por la costumbre, necesario para una redacción tan apreciable, me sabía mal estrenarme de cualquier manera).

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