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Relaciones

American Horror Coexistence Story

Estoy hablando, cómo no, del terror de los enamorados: la Convivencia.

En las noches de verano nos gustaba contar historias de miedo.  Todas eran leyendas urbanas que habíamos escuchado mil veces antes, pero no por ello habían dejado de asustarnos.  La chica de blanco que hace auto stop antes de llegar a la curva, el desapacible despertar en una bañera de hielo con un riñón menos … Relatos terroríficos “basados en hechos reales” que contenían una moraleja inquietante.

Pero aquello pertenece a una época en la que éramos singles. Ahora que unánimemente estamos emparejados, en las noches de este verano que ya se ha despedido hemos seguido contando historias para no dormir, aunque ahora nuestros temores están protagonizados por una única y pérfida villana, capaz de haber acabado con los mismísimos Romeo y Julieta si el Suicidio no le hubiera tomada la delantera. Estoy hablando, cómo no, del terror de los enamorados: la Convivencia.

Imaginadla como lo hago yo: un personaje de serie de horror americana que sólo podría interpretar con su registro más oscuro la genial Jessica Lange. La hermana Mary Convivence, una mujer madura que lleva toda una vida intentando ahogar a la femme fatale que lleva dentro con un hábito monacal, es la enfermera interina al cuidado de una acaudalada anciana poseedora de una magnífica casa a las afueras de la ciudad. Al casoplón arriban Oliver (nieto y único familiar que le queda a la anciana) y Theo, una pareja de recién casados que inician una vida juntos después de casi 2 años de relación despreocupada, y aunque al principio todo es armonía entre Oliver y Theo y la monja enfermera parece una bendición, a los 3 meses y 13 días están saliendo por la puerta de entrada sin mirarse siquiera a la cara.

“Fue ella, la Convivencia, esa mala bicha acabó con nosotros” dirán. Y puede que Mary Convivence sea tan hijaputa como pueda parecer, pero no se la puede culpar de que la cara de buenos días de Oliver fuera igual que su cara de buenos días en Instagram pero como volviendo de una fiesta de Halloween. Ella nada tuvo que ver con que la comentada colección de Clásicos de Ópera de Theo sonara igual que el primer trabajo discográfico de la Pelopony. Mary Convivence nada pudo interceder para que aquella pasión desatada el fin de semana acabara canalizada en forma de cólera cada vez que el presentador del reality de la noche nombraba al expulsado de la semana.

La historia de Oliver y Theo demuestra puede que la Convivencia no sea tan perjudicial para el Amor como todos advierten; puede que lo verdaderamente letal sea el Postureo. Si lo peor que puede traernos el vivir juntos sea el conocernos mejor, en las primeras citas deberíamos estar hojeando la web de Habitaclia.

Pero para los que sigáis pensando que mejor poco a poco y cada uno en su casa, os advierto de una leyenda urbana: si a media noche os situáis frente a un espejo y pronunciáis 3 veces el nombre de Mary Convivence, se os aparece inmediatamente y en formato din A4 el catálogo de Ikea.

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NadaramaPor
Nadarama

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2 COMENTARIOS

  1. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Yo, que soy asocial, y odio meter gente en casa, aún así he vivido con tres hombres. Con el primero la convivencia fue un martirio, no enteramente sorprendente, la verdad, porque aquel desastre se veía venir desde el panizo. Tampoco yo entonces debía de estar completamente ciega porque, a pesar de la insistencia del ínclito, me negué en redondo a comorar un piso a medias, como era su obsesión.

    Mi segunda convivencia fue un remanso de paz, salpicoteado con alguna tragada de ruedas de molino. Pocas. Muy pocas.

    Y luego llegó el montañés, que ha decidido respetar todas mis manías, y ponerme por delante de su trabajo y su familia, y desde que compartimos techo vivo como una puñetera reina.

    Entre medio he vivido temporadas solas y, sinceramente, a gustísimo. Al final yo soy una hija única, con aficiones de hija única, que en el invierno de Burgos pasaba días enteros sin más entretenimiento que la lectura y el perro.

    Pero nada es comparable a vivir con alguien que te quiere más que tu propia madre, y tiene menos rarezas. Los y las hay, así que, como dices, la convivencia no tiene por qué ser ese coco lleno de renuncias y negociaciones con la que nos llevan asustando toda la vida.

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