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Relaciones

Alegato de una marica rancia

¿Bailar a la luz del día y poder pasearnos de la mano en micro shorts?

Por mucho que a Barcelona le guste presumir de laicismo, en agosto la Ciudad Condal es el destino preferido de los politeístas. La culpa de todo la tiene el Circuit Festival, el evento lúdico-festivo para sodomitas más multitudinario del mundo, que durante casi 2 semanas inunda mi ciudad de turistas y autóctonos con apariencia de dioses griegos.

Explicadme entonces por qué no puedo evitar poner cara de estar oliendo a pedo cada vez que uno de esos visitantes que se ha cruzado el mundo para disfrutar de este acontecimiento me manifiesta su envidia por tener mi domicilio habitual en este Olimpo urbano. Llamadme marica rancia.

Mi problema con el Circuit Festival, listado de precios aparte, es que no me identifico con el target del gay hiper musculado y fiestero al que se dirigen, a pesar de comprar en Nutritienda y conocer más afters que los Mossos de Escuadrada; pero sobre todo, mi rechazo viene por una rabieta personal como ex activista gay (si es que de eso se puede ser ex), que se lamenta de cómo su colectivo, abanderado de la vanguardia y la diferencia, haya abrazado un estereotipo around the world tan reconocible en aspecto y maneras como el garrulo de gimnasio o la choni poligonera.

Pienso en los tiempos en los que empecé a socializarme como gay y no puedo evitar sentir cierta decepción. Fue en un mundo anterior al Circuit, a Grindr, e incluso a la banda ancha. Yo tenía 18 años, y me convertí en uno de los miembros fundadores de un grupo universitario LGTB llamado “Sin Vergüenza”. Éramos herederos del activismo más guerrero que había despenalizado la homosexualidad y ya no nos sentíamos enfermos, pero estábamos hartos de vivir nuestra condición en una discoteca bailando en la oscuridad. Los viernes por la tarde nos reuníamos en el aula 102 de la Universidad de Barcelona y organizábamos charlas, debates y demás actividades, con el único objetivo de sentirnos más acompañados cuando tuviéramos que enfrentarnos a la homofobia que sufríamos en nuestra vida diaria.

Me pregunto cuál es el legado que hemos dejado nosotros. ¿Bailar a la luz del día y poder pasearnos de la mano en micro shorts? Me parece bien pero estúpidamente conformista. Mientras saltamos del Circuit de Barcelona al de Ibiza, recuperándonos como podemos del colocón de la fiesta anterior y con esa sensación de que somos los nuevos dioses del Olimpo, nos convencemos a nosotros mismos de que la batalla ya está ganada porque ahora no hay gran marca que se precie que no tenga una pareja de homo chulazos protagonizando una de sus campañas publicitarias.

A veces me gustaría saber leer las cartas como mi tía Pili y visionar dónde estaría el colectivo gay ahora sin esta facilidad nuestra para sacar la Visa Rainbow. ¿Hemos conseguido nuestro lugar en el mundo porque somos personas a las que incuestionablemente se les deben reconocer sus derechos, o porque somos grandes consumidores a los que no hay que dejar escapar? ¿Hemos peleado por nuestra libertad o la hemos comprado con dinero rosa?

Quizás ése sea el motivo por el que nuestras homónimas femeninas, las lesbianas, gocen de menor visibilidad y atención. Si la bollera mainstream se acercara más al 90-60-90 y comprara en Victoria’s Secret, posiblemente Ellen de Generes ocuparía el puesto de Obama en la Casa Blanca.

Bailar y follar son algunas de las mejores cosas que nos pueden ofrecer la vida, pero aunque la frivolidad siempre fue utilizada por el movimiento gay como arma para hacer más ligera la carrera, el hedonismo nunca fue la meta. Si mi tía Pili me hubiese tirado las cartas y me hubiera advertido de que al final de tanta charla y tanta pancarta nos esperaba este negocio para maricas pudientes y cicladas, quizás habríamos preferido quedarnos bailando en la oscuridad un ratito más.

Llamadme marica rancia.

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2 comentarios

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NadaramaPor
Nadarama

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2 COMENTARIOS

  1. monsieur le sixmonsieur le six

    Ah, el postureo, ese cáncer contra el que no se conoce cura y que contamina todo lo que toca. Da igual que sea una tendencia sexual, un estilo musical, una reivindicación como el ecologismo o los derechos de las mujeres… todo se pudre y se vuelve confuso cuando se pone de moda y un colectivo más o menos numeroso (no hace falta que sea muy mayoritaro) lo toma como bandera a seguir.

    Salir a correr era algo sano hasta que un ejército de zombies vestidos con las mejores galas de Decathlon y un montón de apps en el móvil que medían las calorías quemadas, inundaron las calles con la intención de publicar luego en facebook sus progresos. Defender los derechos de los animales era algo lógico y necesario hasta que un montón de payasos quisieron ser más papistas que el papa inundando redes sociales reptiendo mensajes del tipo “amo más a mi perro que a las personas” o alegrándose de que algún torero se debatiera entre la vida y la muerte; porque así parecían más ecologistas que Jacques Cousteau y Félix Rodríguez de la Fuente juntos. Incluso cosas tan sencillas como dejarse barba pasan a formar parte de una especie de marca social. Yo casi estoy por afeitarme la mía para que no piensen que formo parte de ese colectivo que se cree “guay” por imitar el estilo del zar Alejandro III. Y menos mal que nunca he llevado moño.

    Cuando empecé escuchando heavy metal era igual, la eterna lucha entre los trues (supuestamente los que comenzaron todo de manera espontánea y natural) y los posers, que en principio sólo lo hacen por formar parte de un grupo y conseguir aceptación social. El problema es que llega un punto en que es imposible diferenciarlos, porque precisamente el objetivo del postureo es parecer lo más auténtico posible; y lo hacen tan bien que ya no sabes quién es quién. Al final, te asqueas de todo y pasas a otra cosa.

    Supongo que con la movida gay ha pasado igual. ¿En qué se parecen todos estos musculitos de piel morena y ropa cara que van a hoteles de 4 y 5 estrellas con el clásico “mariquita” de los 70 o los 80 que tenía suerte si no le partían la cara como si fuera un apestado social? Ya lo digo yo: en nada. Encima estos van de guays, como si fueran los reyes del mambo, y no son más que otro colectivo poser, como pueden ser los hipsters de moño y barba poblada que pasan fotos en un tablet de Apple mientras toman un frappé en un bristo. Pero con su actitud, creen formar parte de un colectivo elitista. Pues vale.

    Y lo mismo que pasa con la movida gay, se podría decir de montones de cosas.

    Creo que hace cosa de un año escribiste un artículo parecido sobre el día del orgullo en Madrid, y también me pareció muy necesario. Ojalá se hiciese más hincapié en este tipo de cosas.

  2. Avatar de JesúsJesús

    Por cosas como esas es por las que yo evito eventos como “El Orgullo Gay”, ¿orgulloso de qué? Lo siento mucho si alguien se siente ofendido pero yo como gay a mí me da VERGÜENZA lo que se vende como gay en el mundo: ir en tacones, hablar en femenino, participar en un frívolo catálogo de carne a ver si alguien te revienta como a una “perra”, etc. A mí sinceramente me da mucha lástima los gays que salen en TV y demás, porque no sé ustedes, pero yo los veo que los tratan como…¿mascotas? En plan “típica pija tonta del culo y su consejero gay, acompañado por supuesto de su chihuahua, yorki, bichón maltés…o cualquier tipo de raza de “perro patada”; me pone ENFERMO que se venda esa imagen de los gays, que nos tiene que gustar la moda, que nos volvemos locos por el típico musculitos, que nos encanta el rosa y Britney Spears, ¡BASTA YA JODER! Y encima si le sumamos el fenómeno “postureo” pues ya apaga la luz y vámonos. La sociedad de hoy en día es una puta mierda, demasiada superficialidad y los valores que realmente importan se han perdido, y ya basándonos en el mundo gay, ¿dónde está la sinceridad? ¿la madurez? ¿el conversar? ¿el conocer? ¿DÓNDE?

    Yo no sé a dónde va a llegar esto, lo único que sé es que el colectivo gay es una mierda, y los que nos representan otros mierdas, y la mayor mierda de todas es que yo, que soy gay, no esté orgulloso de serlo.

    Muy buen post. Saludos.

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