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Relaciones

A veces un “nada” lo dice todo

Ni durante la cena sacó el tema, ni mientras tomaba mojitos, pero le fue imposible aguantarlo mucho más tiempo.

Hacía años que no sabía nada de Equis (vamos a llamarla así y a conservar su anonimato) y ver en la pantalla del teléfono un “Hola, ¿qué tal?”, después de tanto tiempo, fue como si la escena llevara incorporada música extra, como cuando en las películas se ve ese primer plano del mensaje y de repente entra una nota grave muy larga que crea ese entrañable suspense que da paso a la historia que vendrá a continuación.

Una mezcla de recuerdos aparecieron de golpe en mi cabeza. Años atrás, Equis y yo habíamos compartido unos meses realmente geniales que acabaron sin más. Por más que lo intentaba, no podía recordar exactamente qué pasó para que dejáramos de vernos. De hecho, me sorprendió mi incapacidad de ubicar nuestra relación-llámalocomoquieras en el espacio-tiempo.

Equis me dijo de quedar para cenar y su idea era ir al lugar dónde cenábamos siempre, cosa que me pareció genial, y aquí empezó todo.

Una de las cosas que más nos gustaba era la comida japonesa, por eso fue bastante sorprendente que me llevara a un libanés (aunque acertó el barrio, eso sí). En la puñetera vida habíamos pisado un restaurante libanés juntos, y ese desliz fue la primera pista de que, al igual que me había pasado a mí, los recuerdos de Equis también parecían estar en cajones diferentes.

Me pidió que la pusiera al día de mi vida y no me costó demasiado, liquidé ese trámite de una manera bastante divertida y todo (o eso creo yo). Entonces llegó su turno y volvió a sonar esa nota grave larga del suspense. Podríamos decir que a Equis las cosas le habían ido fantásticamente a nivel laboral, pero su vida personal parecía igual de tranquila que uno de esos pueblos de Oklahoma que viven permanentemente en alerta de tornado.

La cena fue genial y decidimos buscar un sitio para ir a tomar algo. Esta vez me tocó a mí decidir dónde ir y hasta recordé lo que solía beber; punto para mí. Parecía que mis recuerdos se iban colocando en su sitio y fue entonces cuando Equis empezó a preguntarme sobre ‘nosotros’. Me pareció curioso que tuviéramos recuerdos distintos sobre situaciones concretas, igual de curioso que observar que ninguno de los dos sabía a ciencia cierta qué había pasado años atrás para que dejáramos de vernos.

Equis ahora vive sola en una casa preciosa que huele a Jazmín. Una de esas casas perfectamente decoradas con cuadros Pop y detalles de revista de decoración. Recordé que cuando nos conocimos compartía piso y le daba mucho miedo la idea de vivir sola, se lo comenté. Me dijo que se había acostumbrado porque era la casa dónde vivía con su ex-novio, y muchas noches dormía sola porque él viajaba mucho. Aquí salió el tornado que tenía guardado toda la noche: hacía un par de meses que lo había dejado con su novio. Ni durante la cena sacó el tema, ni mientras tomaba mojitos, pero le fue imposible aguantarlo mucho más tiempo. Supongo que la teoría era no parecer la típica mujer que corta con el novio y busca en el baúl de los recuerdos de los antiguos ligues.

La conversación en la que me hablaba de su ex fue muy curiosa porque en algunas cosas me vi tan reflejado, que la niebla que parecía recubrir los recuerdos se iba disipando por momentos.
Ahora parecía que empezaba a encajar todo, cada pequeño detalle volvía de nuevo a su cajón y cada sensación me trasladaba a años atrás, cuando Equis me miró por primera vez y me dijo que no le gustaban Los Planetas justo antes de darme el primer beso.

Tumbado en su cama, abrazado a ella mientras dormía, no podía dejar de pensar en lo curioso del reencuentro. Su olor se mezclaba con el jazmín de la casa y me quedé dormido medio hipnotizado por las estrellas fluorescentes que tenía pegadas en el techo.

Por la mañana me volvió a pasar lo que me sucede últimamente fuera de casa: me despierto sin tener ni la más puñetera idea de dónde estoy y tardo demasiados segundos en ubicarme. Será cosa de la edad. A mi lado, Equis dormía profundamente mientras asomaban por debajo de los párpados dos ojos en blanco que provocaban entre miedo y mucha risa.

Bajamos a la calle y nos estaban trayendo el desayuno cuando observé que me estaba mirando fijamente y me dijo la frase que acabó de despejar toda la niebla que había a nuestro alrededor:

«Entre nosotros no pasó nada para que dejáramos de vernos, a veces ‘nada’ es lo peor que te puede pasar.»

Nos miramos, sonreímos y empezamos a criticar situaciones que se estaban produciendo a nuestro alrededor en la terraza del bar, cuando me volvió a mirar y me dijo:

- Nunca en la vida habíamos ido a un Libanés, ¿verdad?

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2 COMENTARIOS

  1. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Los recuerdos son muy poco fiables. Cuando mi madre se reúne con sus hermanas y cuentan una anécdota de la infancia, a veces disienten hasta en lo más básico. Luego cada una de ellas te coge por wl pasillo para tratar de convencerte de que las otras dos mienten como bellacas.

    La realidad es que ninguna miente, o mienten todas, según cómo lo quieras ver. La capacidad de la memoria es limitada, no tenemos terabytes suficientes ni para guardar los vídeos de nuestros momentos importantes. No es como en el capítulo de Black Mirror en el que la gente da al replay y vuelve a ver la escena exacta. Nos creemos que ea así, pero no.

    En realidad guardamos detalles muy puntuales, cosas muy pequeñas y salteadas, y cuando recuperamos el recuerdo interpolamos, rellenamos los pedazo de agujeros de nuestra memoria con invenciones de nuestra imaginación. Después, volvemos a guardar esa película que nos hemos montado, tan mal guardada como la vez anterior. Milagro es que coincidamos en algo y, cada vez que lo pienso, echo de menos haber llevado siempre un diario.

    Es fácil dejar de ver a los amigos por nada, o más bien porque continuar la relación te lleva, en ese momento, más tiempo del que puedes o quieres dedicar. Pero se me hace más raro que alguien deje de ver a una persona con la que tiene una relación sentimental por nada (aunque lo de Equis puede, tal y como lo cuentas, haber sido solo un rollo, y en ese caso vale lo de los amigos, que por nada es porque no me compensaba el esfuerzo).

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