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Cosas que pasan

A mi “yo” de hace diez veranos

No, Pau, no. Eso no era amor. Eso son polvos picapica en las bragas.

Hola Pau, ¿qué tal? Supongo que ahora estarás en la feria de aquel pueblo en mitad de la Mancha. Hoy habrá sido la cabalgata y te habrás puesto tu mejor vestido. Supongo que ya has dejado atrás el Malibú con piña, los chupitos de Peché y el Martini-limón. Supongo que este verano ya te has enamorado, otra vez. Este año te tocaba el bajista punk con ojeras. Menudo elemento, Pau. «Esta vez sí que es de verdad», pensarás (otra vez). Habrá más de los que #estavezsíqueesdeverdad. De verdad. El verano que viene te esperará más de lo mismo. Y el siguiente y al otro… y así hasta diez veces más. Sabrás ponerle fin a cada verano dignamente sin llorar a escondidas en el coche durante el camino de vuelta a casa. Poco a poco entenderás que los amores de verano caducan en septiembre y el año dejará de dar girar sobre un mes: agosto.

Los veranos han cambiado mucho desde que te dejé allí. La primera mala noticia es que las vacaciones ahora son más cortas, aunque intensas. La buena noticia es que ahora planeas viajes que a veces sí puedes llegar a cumplir. Viajar sola, muy lejos y escribiendo un diario que poco tiene que ver con aquel que solo recogía miradas cruzadas y encuentros al atardecer en el parque. «Este año sí que me he enamorado de verdad. Lo noto. Lo veo. Nos hemos mirado quince veces». No, Pau, no. Eso no era amor. Eso son polvos picapica en las bragas.

Vale, sí. Reconozco que a veces pienso cuánto me gustaría pasar todo el maldito verano en ese pueblo sin nada relativamente importante que hacer. Esperar pacientemente comiendo pipas en la plaza mayor hasta que llegasen las fiestas y esos cuatro días de descontrol máximo entre el botellón en las escalinatas y la orquesta en la plaza. Una aventura digna de «Comando actualidad: descontrol veraniego».

El botellón. Otra mala noticia: ya mejor no. O al menos, no en cualquier condición. Créeme, torcerás el morro cuando te comenten lo de beber en vaso de plástico de cumpleaños y sin hielo. Tu “yo” de dentro de diez veranos prefiere una cena en la que sentirse como dioses griegos entre ríos de vino y montañas de droga fruta.

No sé muy bien qué hago yo aquí hablándote(me) de esto. Supongo que ese verano ha sido raro. Diferente. Increíble. Hace diez veranos ni siquiera nos lo podríamos imaginar. Te hubiese gustado saber que llegaría este momento. He vuelto a dormir en literas enanas de un albergue en mitad del campo, he vuelto a pintar sin miedo a mancharme, a sentir la libertad asomada en la ventanilla de un autobús mientras el aire chocaba en mi cara. He vuelto a bailar sin vergüenza, a disfrutar de un helado que te daban por sorpresa. He vuelto a beber en vaso de plástico y sin hielo. He vuelto a pensar que a pesar de todo, hemos tenido unos veranos con mucha suerte.

Tú sigue así, que no lo haces tan mal. Lo mejor está por venir(nos).

Por cierto, le preguntaré a mi “yo” de dentro de diez veranos a ver si King África sigue entre nosotros, y te cuento…

Agosto, 2015

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PaulaPor
Paula

Publicista. Parezco normal, pero no.

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