Para que narices tenemos una pareja

En el mes de abril, el metro cuadrado construido costaba de media en España alrededor de 1.900 euros. Son datos del Informe Fotocasa.es sobre precio de la vivienda en venta. La media del importe hipotecario se sitúa en nuestro país en unos 100.000 euros mientras que la media salarial de un trabajador en España es de 22.800 euros brutos anuales, aunque el más común no pasa de los 16.500. Analizando un poco las cifras y sin estrujarse demasiado la cabeza, uno llega a la conclusión de que comprarte un piso si eres una persona soltera es poco plausible. Pues bien. Una inmobiliaria vasca (de Guipúzcoa, para más señas) ha encontrado la solución perfecta para los potenciales compradores solteros: si les compras una vivienda, te ayudan a buscar pareja para que no tengas que pagarla sola. Así de sencillo.

Encontré la curiosa noticia hace unas semanas en Twitter, trasteando un poco por el TL. He de reconocer que al principio me hizo gracia pero luego, pensando un poco, me percaté de lo triste que debe ser tener la necesidad imperiosa de buscar pareja para poder comprarte una vivienda o peor, para seguir pagando la hipoteca de la que ya te has comprado. Pero ¿realmente las personas buscamos pareja por cosas tan materiales? Abrí sesión en el grupo de whatsapp que tengo con mis amigas, a ver qué opinaban ellas. “Yo pienso que no es que sea la razón fundamental, pero sí ayuda a querer encontrar pareja ese tipo de cosas” comentó enseguida una de ellas, Inés.

Su razonamiento establece que, a medida que vas cumpliendo años y ves que sólo con tu sueldo no te es suficiente para independizarte de verdad y dejar los alquileres y los pisos con amigas, hay personas que deciden ponerse en modo búsqueda (muy) activa de pareja para, al menos, dejar de vivir en piso compartido con desconocidos para hacerlo en propiedad y con la pareja. Seguir leyendo…

No hay nada imposible

¡Qué manía que tenemos de tirar las palabras al viento! ¡Cuánta frase hecha demasiado gratuitamente! “Nunca te olvidaré”, “Siempre estaré a tu lado”, “Lana del Rey: descubrimiento de siglo”, “Jamás llevaré pantalones de color flúor”, “Nunca me prostituiría”. Qué barato todo y qué poca duración tiene. Tanto juramento, tanta expresión rocambulesca, para que pase un año y ver a todo ser viviente separado, detestando a la de los labios de pato, teniendo el trasero cubierto de color amarillo chillón y follándose al hijo de su jefe. Qué falsos y qué facilidad tenemos para decir lo primero que se nos pasa por la cabeza sin pensar en las consecuencias. Y qué de todo.

Por eso cuando veo a individuos que nos regalan las grandes frases que, supuestamente, deberían motivarnos, tengo ganas de sentarme a su lado, poner mi mano encima de su hombro, clavarles mi mirada de rusa chunga y decirles: “Oigan, ¿para qué cojones abren la boca?”

“No hay nada imposible”, nos dicen. Ojito a la frase. No hay nada imposible. ¿Lo captas? Piénsalo mejor: “No hay nada imposible”. Te motiva, ¿eh? 

Pues espérate, a ver cuánto tardas en darte cuenta de que es una chorrada. Incluso yo, sentada en mi sofá a las tantas de la noche y cansada como una mula, soy capaz de encontrar diez cosas que son imposibles. En cincuenta segundos: cinco segundos por cada cosa imposible. Mira, allá voy: es imposible que yo sea

presidente (por mucho que me lo plantee). Es imposible que no me terminen apareciendo arrugas. Es imposible que mañana se presente un señor majo y me diga “A partir de hoy te regalo todos mis millones.” Es imposible que aparezca un bote de Cola Cao en mi armario de la cocina sin que mueva el culo del sofá. Es imposible que decida que quiero llevar unas uñas desastrosas, es imposible que tenga un hijo el 30 de mayo de este año. Es imposible que Josh Holloway deje a su asiática por mí. Es imposible que cambiemos la mentalidad de toda la gente a la vez. Es imposible que el ayuntamiento de Barcelona decida que a partir de hoy en vez de agua, el grifo de mi cocina suelte vino. Es imposible que aprenda chino en dos meses. 

No hace falta que siga, ¿verdad? 

Pues os digo una cosa, si es imposible que suceda la chorrada de Cola Cao, ¿cómo iba a ser posible que la gente esté siempre feliz y contenta? Seguir leyendo…

Modi y Jeanne

Amedeo Modigliani (1884 -1920) fue un pintor y escultor italiano, perteneciente a la denominada Escuela de París. En 1917 conoce a Jeanne Hébuterne (1898 – 1920), pintora que sería su mujer y musa.

Modigliani, o Modi, como le llamaban sus amigos vivió el París de inicios de 1900 rodeado de los grandes: Picasso, Diego Rivera, Brâncuşi, Juan Gris… Hasta aquel momento su arte se basaba en el procedimiento de manchas, pero luego fue influido por Toulouse-Lautrec, por Picasso, y posteriormente, por Cézanne. En 1909 conoció a Brâncuşi y por algún tiempo se consagró casi exclusivamente en la escultura, ejecutando figuras simplificadas de traza primitiva.

De Montmartre, se trasladó a Montparnasse, donde vivió miserablemente abusando del alcohol y de la droga. En 1917, gracias a la escultora ucraniana Chana Orloff conoce a Jeanne Hébuterne, y se enamoran al instante. Ella se convertirá en su musa y tema principal de sus obras.

Debido a su delicada salud, en otoño de 1918 se ve obligado a trasladarse cerca del mar y se van juntos a Niza, rompiendo definitivamente los lazos con la familia Hébuterne y los ingresos que de ella Jeanne percibía.

El 29 de noviembre de1918,  Jeanne trajo al mundo a un niña, a la que llamarían con su mismo nombre. La pequeña fue entregada al nacer a una institución, para asegurarle unos cuidados que sus padres no podían darle. Permaneció allí hasta la muerte de Hébuterne. Su hermana la acogería y criaría posteriormente.

El delicado estado de salud de Modigliani se agravaría hasta morir finalmente de meningitis tuberculosa, a los 32 años de edad, el 24 de enero de 1920. Seguir leyendo…