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Relaciones

Los amigos de tu pareja no son tus amigos

Por Alena KH | 25 mayo, 2015
Por un momento pensé que Juan era un idiota. Y luego intenté recordar si alguna vez había hecho lo mismo.

“Los amigos de mis amigos son mis amigos”. La frase ya de por sí es bastante utópica, pero a Mark Zuckerberg le ha servido para crear un imperio tras haber traicionado a los suyos.

Desde hace años tenemos más amigos de los demás que nuestros propios. El término “amigo” está más deteriorado que mis vaqueros de Topshop de tan sólo dos meses. Tenemos tantos “amigos” que ni siquiera recordamos qué le contamos a quién, pero tampoco nos paramos a valorar quién es el amigo de verdad y quién no.

Yo, hasta hace poco, no tenía tiempo para ver a todos mis amigos. No sabía si era cuestión de tener poca organización o demasiados amigos.

Entonces una tarde me paré a pensar, y me di cuenta de que tenía cuatro tipos de “amigos”. 1. Gente que es mi amiga y para la que soy igual de amiga: con la que comparto mi vida y la que me hace partícipe de la suya 2. Gente que me considera su amiga, pero que, desafortunadamente, me aporta bien poco. 3. Los “colegas”: gente interesante con quien me tomo un par de copas al año (siempre con ganas), pero que no hay nada más. 4. Gente con la que quedo por compromiso y sin ganas (WTF?).

Que una clasifique sus amistades puede parecer ridículo, pero os aseguro que desde entonces, tras descartar el segundo y el cuarto grupo (suena cruel, pero así es la vida) tengo suficiente tiempo para ver a la gente que de verdad me importa.

Resulta que sólo se trataba de priorizar. Como en todo.

Pero si los amigos de tus amigos todavía tienen una oportunidad, los amigos de tu pareja son un tema bastante delicado. CONTINÚA LEYENDO >

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Relaciones

Hasta la vista, baby.

Por Alena KH | 25 febrero, 2015

¿Te acuerdas de cuando te fuiste al cole sin haber preparado los deberes porque preferiste haber jugado al fútbol o haberte quedado con tus amigas a...

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Follar-de-lejos-no-es-follar
Relaciones

Follar de lejos no es follar

Por Paula | 7 noviembre, 2014

Las relaciones a distancia son una movida. En mi histórico hay dos. En la primera yo vivía en Valencia y él en Madrid. En la segunda los dos vivía...

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Sexo

No al Sexo Cuqui

Por Paula | 22 mayo, 2015
no-al-sexo-cuqui
¿Me queréis decir que os gusta echaros cera caliente pero solo de velas que huelen a «besito de esquimal»?

Cuando me enteré, se me mojaron las bragas… de tanto llorar. Habían llegado a nuestras farmacias de confianza sin avisar, irrumpiendo como caramelitos dulzones para la tos en nuestros ultramarinos de la salud. «No puede ser», me repetí miles de veces, bueno, igual miles no, pero cinco o seis sí. Cogía de las solapas a la gente que me cruzaba por la calle y les decía mirándoles a los ojos que no podía ser mientras los agitaba suavemente (esta técnica de agarrar a los desconocidos de las solapas me la enseñó un buen amigo y relaja bastante).

Caminé toda la tarde sin rumbo, paré sin rumbo alguno en una tienda aleatoria a comprarme unos zapatos que quería y seguí caminando sin rumbo hasta la heladería más cercana. Cogí el metro sin rumbo hacia mi casa, me metí sin rumbo en la bañera y pensé: ¿y si los unicornios en vez de un cuerno tuviesen un pene en la frente?

Distorsiona, ¿verdad? Esta sensación de qué-mierda-me-están-contando suele pasar cuando algo muy cuqui choca con algo no tan cuqui: véase una mierda apestosa rosa fucsia. Distorsiona porque es rosa cuqui y de textura espumosa pero no deja de ser un excremento. También suele pasar cuando una marca de preservativos Control que no voy a mencionar se alía con una marca de cosas cuquis que prefiero mantener en la Mr. Sombraful. ¡Eh! Y no sólo se asocian comercialmente, además lo cuentan. Y puf. Mira, no. CONTINÚA LEYENDO >

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Relaciones

Sobre los matrimonios y las almas gemelas

Por Martínova | 20 mayo, 2015
Almas-gemelas
Ahora me toca conocer a la quinta alma gemela y espero que sea pronto porque empiezo a aburrirme de esta soledad.

- Cuando tenía siete años me enseñaron lo siguiente: tienes que estudiar desde ahora hasta que acabes tu carrera en la universidad, aprovecha los ratos libres para viajar, leer, escuchar música de todo tipo y con suerte encontrarás un novio responsable que te acompañe y te cuide. La vida así planteada, con esfuerzo, dedicación y energías positivas, no podía más que presentarse como un oasis de estabilidad emocional que…

Llegados a este punto del monólogo de Angie bostecé irremediablemente. Sabía bien hacia dónde conducía la conversación: el drama. Angie iba por la tercera copa de vino y la cosa empezaba a decaer. Yo estaba preparada para animarla cuando llegaran las lágrimas.

Acababa de conocer a Angie esa misma tarde en un evento de una marca francesa de cerveza local, pero tenía la sensación de conocerla de toda la vida. A veces conectas con la gente enseguida. Con otras personas, nunca llegas a conectar, aunque las tengas al lado durante años. La vida es así de rara.

Decidimos salir a tomar algo a otro sitio. Teníamos hambre y estábamos en París, la ciudad del vino y el amor, dicen.

- Claro que es lo que hice. Cuando me puse a estudiar arte en la Goldsmith conocí a John y nunca más volví a separarme de él. John era un chico cariñoso, sensible, divertido, responsable, me quería con locura y pasamos muchos años felices viajando, estudiando, creando ideas juntos. Es maravilloso cuando eres capaz de crear arte con tu pareja. El magnetismo de hacer el amor a través de las palabras, las formas, las texturas…

Angie tenía 33 años, era morena y tenía los ojos negros pero la piel muy blanca, casi transparente. Abría mucho los ojos cuando hablaba de formas o colores y movía sus grandes manos de artista haciendo aspavientos:

- Pero todo lo que sube baja, ya sabes. Siempre igual. Después de acabar la carrera abrimos el despacho de diseño que tenemos ahora en Mitte, nació Hannah y no tuve oportunidad de tomar decisiones personales propias hasta ahora. Durante años he decidido por mi hija, por mi marido, por nuestra empresa, muchas veces ni siquiera estaba decidiendo nada, solamente hacía lo que mis profesores de primaria me habrían recomendado hacer. Es decir, iba tirando, el camino más fácil, el menos arriesgado. CONTINÚA LEYENDO >

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Relaciones

El amor también es una caja de bombones

Por Alena KH | 17 mayo, 2015
Amar-es
El amor es una colección de piezas minúsculas, únicas y prácticamente invisibles...

Tantos años escribiendo sobre las relaciones: las alegrías y las tristezas, los encuentros sorprendentes y las despedidas desgarradoras, las promesas cumplidas y las esperanzas incompletas. Llevo años recolectando las historias, coleccionando experiencias, propias y ajenas, reuniendo palabras con la ilusión de narrar un sentimiento, aún sabiendo que cualquier intento de teclear una emoción en pantalla no deja de ser una ambición que acaba convirtiéndose en una utopía.

Pero hace unos días mi sobrina me hizo una pregunta que, por muy primaria que sea, no deja de ser una de las más difíciles de responder: «¿Qué es el amor?»

Le contesté que tenía que pensármelo. Ella me miró con ojos llenos de decepción, suspiró y, unos segundos después, exclamó levantando el dedo índice hacia arriba: «Es fácil, tieta, el amor sería tener siempre bombones en el cajon de mi mesita de noche y poder comérmelos sin que nadie me diga nada.»

Qué sencillo es ser una niña de ojos grandes y ansiosa por el chocolate. Qué bonito es saber qué es lo que te hace feliz y estar segura, sin dudar siquiera, que el amor y la felicidad siempre andan cogidos de la mano. Qué triste y qué precioso es descubrir que el amor y las agujetas tienen mucho en común: duelen, pero te hacen más fuerte.

Llegué a casa, me tumbé en la cama, abrí la caja de bombones que llevaba meses en mi mesita de noche, cerré los ojos y me pregunté: «¿Qué es el amor?». CONTINÚA LEYENDO >

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Relaciones

A la mierda

Por Nadarama | 13 mayo, 2015
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La de regalos innecesarios, tiempo malgastado, y compromisos irritantes que nos podríamos ahorrar si empezáramos a ser menos adecuados.

No me merezco los padres que tengo. Y no lo digo en un falso ataque de humildad. Yo les debo taaanto a mi padre y a mi madre… Exactamente 161.522,18€, céntimo arriba céntimo abajo, y sólo en concepto de inversión educativa. La enseñanza privada y católica, aunque predique el ejemplo de un señor que aconsejaba vivir en la pobreza, paradójicamente no es barata. Una de mis fantasías preferidas consiste en decorar en blanco y madera el casoplón en el que podría haber vivido con mi familia, si mis padres no se hubieran emperrado en darme la misma educación que Benedicto XVI.

Y no entiendo cuál ha sido el motivo de tanto derroche en mi formación sacra. Dudo mucho de que mis progenitores tuvieran la esperanza de que algún día en mi nombre se encendiera una fumata blanca. Seguramente algo diabólico vieron en mí, y pensaron que la mejor manera de contener esa semilla sodomita sería haciéndome crecer entre sotanas y crucifijos. Bueno, también creyeron que sería buena idea invertir en preferentes de Bankia.

Aunque no todo el dinero dedicado a mi educación ha caído en saco roto; gracias a mis años de docencia cristiana, he logrado controlar esa mala hostia heredada, y sin llegar al extremo de poner la otra mejilla, sí he conseguido morderme la lengua, y especializarme en el arte de mandar a la mierda. CONTINÚA LEYENDO >

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Sociedad

Un día seré madre… o no.

Por Alena KH | 6 mayo, 2015
Un-dia-sere-madre
Tengo 33 años y el “de momento” ya no me sirve, me aseguran que es “o ahora, o nunca”.

Hubo un día en el que casi me siento culpable por no tener hijos.

Fui al Cumpleaños de una pareja de amigos. A los dos los quiero mucho. Él es programador friki, ella es enfermera, y tienen dos hijos preciosos que me vuelven completamente loca, teniendo en cuenta lo loca que me pueden volver los niños en general, claro. María y Pep son niños-trampa: aquellos que te hacen pensar: “Bueno, oye, tener uno no está tan mal. Fíjate María: nada de princesas y gilipolleces. ¿Y Pep? Mira qué simpático y cómo va totalmente a su bola.” Y luego claro, los tienes tú y nada que ver. Lo que decía, niños-trampa.

Teniendo en cuenta lo que mola toda su familia y las fiestas que suelen montar en su casa, el Cumpleaños prometía bastante.

Pero no. Fue todo un poco raro.

Sabes, es como suponer que todas las películas de Woody Allen iban a ser la leche. Ves una, te fascina, exclamas: «¡Qué genio, me cago en todo!», esperas la siguiente y resulta ser un poco raruna, pero no pasa nada. Al cabo de unos años saca otra joya y te vuelves a enamorar. Y ahora vuelve a estar de estreno, la estás viendo y… pues oye, pintaba muy bien, pero no. Y claro, ¿cómo se lo dices a los demás sin parecer pedante o desagradecido? Te callas e intentas disfrutar la película, le buscas el “qué” y sonríes como un idiota.

Así estuve yo en la fiesta de los padres de María y Pep.

De repente todas las mujeres se juntaron en el mismo sofá que yo y, de un momento a otro, se convirtieron en madres. La rubia de la coleta empezó: CONTINÚA LEYENDO >

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Cosas que pasan

¡Lo que hay que ver!

Por Alena KH | 3 mayo, 2015
lo-que-hay-que-ver
«Coño, es un accidente de tráfico», pensé y salimos corriendo de casa hacia la carretera de arriba.

Acabo de volver de las vacaciones y, como no, el primer día de mi estancia en las Canarias viví una experiencia surrealista.

Os cuento.

Llegamos a Lanzarote, alquilamos un coche y nos fuimos a una casa que estaba ubicada en medio de la isla. Sí, la casa esa que sale en la foto del post. Una alemana muy maja nos recibió con una sonrisa desbordante:

- Espero que os gusten los perros- nos dijo presentándonos a sus dos perros enormes y efusivos.

Me encantan los chuchos de todos los tamaños y razas. Los llené de besos (no pude evitarlo). Nina y Galleta (¡qué nombres tan adorables para los perros!) me trajeron dos pelotas y cinco huesos para mostrar su alegría de ver a alguien que los besa en la nariz sin conocerlos de nada. Me recordaron a Nico, mi ex rollo de hace años, que estuvo tan agradecido por besarlo a los cinco segundos de conocerle, que me invitó a la cena más romántica de mi vida. Y a las dos pelotas.

Pero no nos desviemos.

Nos sentamos en la terraza de la casa a tomar un vino de bienvenida. La casa, bastante lejana de la carretera (apenas se oían los coches), estaba en una zona muy tranquila y de poco tránsito.

Mientras hacíamos el primer trago de vino local y escuchábamos el canto de los pajaritos, diciendo «Por fin las vacaciones», oímos un ruido desconcertante. Pensé que se había caído una avioneta, o algo por el estilo. Los tres nos quedamos inmóviles, hasta que la alemana gritó:

- ¡Un accidente! ¡Corred!
Por un momento no supe de qué me hablaba: ¿correr adónde? ¿Se nos está cayendo algo encima?

- ¿Accidente?- pregunté gritando. CONTINÚA LEYENDO >

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Relaciones

¿Y ahora me suelta que tiene pareja?

Por Martínova | 26 abril, 2015
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¿Es normal que un hombre o mujer oculte la existencia de una pareja en una primera cita?

Hace unas semanas me mudé de piso. “Otra mudanza, qué coñazo”, pensaba, mientras hacía cajas con libros, cajas que había pedido en el mercado de la esquina de casa, con restos de lechuga en el fondo. Las mudanzas, después de las rupturas, son lo peor que te puede pasar en momentos bajos, pero cuando se junta una ruputura con una mudanza, entonces es el doble peor. Era mi caso. No solamente estaba acabando (o más bien dicho empezando) de superar la ruptura con mi exnovia, sino que tenía que irme de la habitación donde estaba desde hacía dos meses porque mi compañero de piso quería vivir allí solo con su pareja. Vaya panorama.

Y ahí estaba yo, metiendo mis libros, entre ellos algunos de mi ex, en una caja lechugosa. Pensaba que mi día no podía mejorar, es más, seguro que empeoraba y que en qualquier momento llegaba mi compi de piso con su novia y se ponían a follar en la habitación de al lado. Pero no. Resulta que el destino me había reservado una alegría para ese día. Recibí una llamada de mi amigo Farabundo, un mexicano muy majo que conocía desde hacía un tiempo.

- Hola Laurita, ¿qué hases? ¿te animas a venir a una senita bien chida? Es el cumpleaños de mi amiga Chiara y vamos a organisar una velada mexicana. Como sé que te encantan los burritos pensé en llamarte.

- Hola Fara, pues ahora mismo estoy muy ocupada con unas lechugas…

- Venga va, anímate, es viernes noche y te irá bien despejarte un poquito.

- Vale, va… Un ratito solo…

Desde luego, necesitaba salir. Llevaba muchas horas encerrada en mi cueva desmontando estanterías, ordenando ropa que nunca me pongo, rompiendo fotos de mi ex, moqueando, hasta me había cortado el flequillo. CONTINÚA LEYENDO >

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Relaciones

Una mañana… ¿cualquiera?

Por Edu Batet | 22 abril, 2015
Mujer-duerme
Llevo un rato siguiendo con el dedo índice los huesos de la espalda desnuda de una preciosa mujer que duerme a un metro escaso de mí.

Ser soltero implica dormir la mayoría del tiempo solo. Por eso, cuando abrimos los ojos y observamos que alguien duerme a nuestro lado, la sensación es increíblemente extraña.

No recuerdo en qué momento me he despertado, pero llevo un rato siguiendo con el dedo índice los huesos de la espalda desnuda de una preciosa mujer que duerme a un metro escaso de mí. Se da la vuelta y me regala una hermosa mueca de sueño profundo mientras aprieto con mis dedos la punta de su nariz.

Ver a una mujer durmiendo es una maravilla que un soltero debe dosificar, porque en el fondo somos unos románticos que vamos en busca de una perfección que no queremos encontrar. Justamente por eso, la mayoría de los solteros tenemos gato. No existe otro animal con ese nivel de perfección. Y encima tampoco exige un gran compromiso con sus cuidados y sus atenciones porque, generalmente, van totalmente por libre.

Sigo apretando la nariz de la preciosa mujer mientras le tiro de una oreja. Ahora parece que se está despertando. Con los ojos cerrados alarga la mano y me da un tortazo sin querer. Se acerca, me da un abrazo, me pide perdón por el tortazo y vuelve a dormirse. Le abro un ojo y escucho entre bostezos la palabra “desayuno”. CONTINÚA LEYENDO >

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Sociedad

La triste vía de escape

Por Alena KH | 19 abril, 2015
Influencers
Nos ayuda más una fotogénica taza motivadora llena de café con espuma que un abrazo.

Hace un par de días me fui a tomar algo en una de mis coctelerías favoritas. Tocaban jazz en directo y yo necesitaba unas horas de desconexión. Me pareció un buen plan.

Me senté en un sofá rojo y pedí un Dry Martini. La sala empezó a llenarse para el concierto. Tres chicas jovencitas se sentaron a mi lado. No tendrían más de veinte años. Las tres iban vestidas igual: un pitillo negro y alto con las rodillas al aire, camiseta corta que dejaba ver su abdomen plano, zapatos con una suela muy ancha (yo presumía de unos parecidos a finales de los 90, qué curioso), y un par de anillos en cada dedo. Todas tenían el pelo largo y lo llevaban suelto. Lo único que las diferenciaba eran los tatuajes. Bueno, no. Todas llevaban tatuado el mismo triángulo, pero en diferentes partes de su cuerpo: en la clavícula, en la muñeca, en la parte interior de antebrazo.

Pidieron algo para beber, pero no se hablaron entre ellas en ningún momento: estaban muy ocupadas solucionando algo que estaba pasando en Facebook. Tenían caras de preocupación absoluta.

Cuando apareció el camarero con unos cócteles rocambolescos, empezó el show. El show de selfies. De repente lo estaban pasando de puta madre, levantaban las copas tres veces por segundo, ponían morritos, sacaban la lengua, se besaban entre ellas… CONTINÚA LEYENDO >

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