quizas
Cosas que pasan

Quizás…

Por Alena KH | 30 julio, 2015
Seguro que tus amigos tampoco son capaces de mantener un diálogo durante veinte minutos sin haberse distraído por algo.

“El mundo es cruel y la gente ya no tiene corazón”, decimos mientras levantamos la pierna para no tropezarnos con un vagabundo que lleva un trozo de cartón “No tengo nada para comer” colgado en el pecho.

Esta es la imagen que aparece en mi cabeza cada vez que Sonia se pone a parir a María, su sobrina de ocho años, y a todos lo niños en general por no ser capaces de concentrarse en una sola tarea.

Es todo como muy cómico: mientras Sonia me está hablando de los problemas de la nueva generación, no despega su mirada del móvil. Se ve que todos sus amigos están de vacaciones y no perder sus fotos de Instagram forma parte de un pequeño ritual. Seguir la vida de los demás durante una conversación es una especie de música de fondo del siglo XXI.

Sonia cierra Instagram, abre el mail y desliza el dedo hacia abajo para actualizar la bandeja de entrada. Me mira por un momento, y continúa: CONTINÚA LEYENDO >

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Niños  Redes sociales  Siglo XXI  

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Relaciones

7 razones por las que no deberías publicar tu relación en Facebook

Por Nadarama | 5 marzo, 2015

Te entiendo. Llevas más tiempo cantándole a la soledad que Laura Pausini; y ahora que por fin encuentras a alguien con tantas fotos de sus pies en l...

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Relaciones

El primer año de convivencia son los lunes

Por Alena KH | 3 marzo, 2015

No entiendo por qué odiáis tanto los lunes. De veras, no lo entiendo. Yo odio los martes. Los odio con todo mi hígado. Los lunes son inocentes. De...

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Relaciones

A veces un “nada” lo dice todo

Por Edu Batet | 27 julio, 2015
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Ni durante la cena sacó el tema, ni mientras tomaba mojitos, pero le fue imposible aguantarlo mucho más tiempo.

Hacía años que no sabía nada de Equis (vamos a llamarla así y a conservar su anonimato) y ver en la pantalla del teléfono un “Hola, ¿qué tal?”, después de tanto tiempo, fue como si la escena llevara incorporada música extra, como cuando en las películas se ve ese primer plano del mensaje y de repente entra una nota grave muy larga que crea ese entrañable suspense que da paso a la historia que vendrá a continuación.

Una mezcla de recuerdos aparecieron de golpe en mi cabeza. Años atrás, Equis y yo habíamos compartido unos meses realmente geniales que acabaron sin más. Por más que lo intentaba, no podía recordar exactamente qué pasó para que dejáramos de vernos. De hecho, me sorprendió mi incapacidad de ubicar nuestra relación-llámalocomoquieras en el espacio-tiempo.

Equis me dijo de quedar para cenar y su idea era ir al lugar dónde cenábamos siempre, cosa que me pareció genial, y aquí empezó todo. CONTINÚA LEYENDO >

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Cosas que pasan

Sífilis equina

Por Valdearena | 21 julio, 2015
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Durante un glorioso mes, fui el mejor padre al sur del río Bravo.

Convertir a los hijos en depósito de nuestras frustraciones es, sin lugar a dudas, una de las posibilidades más gratificantes que ofrece la paternidad. Jugarás al fútbol o tocarás el piano porque yo no pude; con tu cerebrito en formación, tierno, esponjoso, deseoso de ser programado, serás (hija mía, hijo mío) el arma perfecta en mi revancha contra la cochina vida.

Por eso le ofrecí a mi vecino, el del rancho de alquiler de caballos, el campo de mi casa como zona de pastoreo. “A mis hijos les haría gracia”, le dije, en vez de decir: “De niño mis ídolos eran el Zorro y el Llanero solitario, amo a los caballos y siempre quise tener uno, pero nací en un suburbio, no en el campo, y en la clase media, no en la alta. Deme un caballo, por favor, se lo ruego, aunque sea apenas por un breve lapso de tiempo, aunque sea el que padece sífilis equina”.

Una semana más tarde mi vecino me trajo dos ponis, un macho y una hembra. CONTINÚA LEYENDO >

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Relaciones

Las tres (putas) fases del amor

Por Paula | 17 julio, 2015
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Salir implica volver a la primera fase con otro alguien con el que dejarse querer.

No sé qué me pasa… que siempre me pasa lo mismo.  No,  no son unas declaraciones de una folclórica con patillas. Es mi puta vida. No hay historia de amor o aventura absurda de fin de semana que no pase por estas tres horripilantes y nauseabundas tres etapas. Tres. Ya sé que sería mucho más fácil si todo se resolviese en una escena, pero no. Soy de naturaleza complicada y en el amor tampoco me lo iba a poner fácil. Así me va.

Fase 1. El niño, que se ha enamorado.

Chico conoce chica que para su desgracia soy yo. Tenemos una cita. Una cita guay, desconcertante pero guay. El susodicho se engancha a mis rarezas, a mi humor inglés del norte y a mi forma de gesticular. Me invita a más vino blanco. Otra cita y otra. Me mira en silencio y sonríe. Me da los buenos días cada mañana y las buenas noches cada noche. Hace que nuestros gustos coincidan y casualmente le gustan las croquetas. Le pregunto que si se casaría conmigo por la iglesia de la cienciología mientras suena una canción de Chayanne y me dice que sí sin pensar. Alucino. Se queda parado. Me río fuerte mientras el vuelve a abrocharse los botones de su corazón. CONTINÚA LEYENDO >

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Relaciones

Las novias que no amaban a tus amigas

Por Alena KH | 15 julio, 2015
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Si la Amistad tiene tetas, una cara preciosa y un cerebro de diez, cualquiera se despide de su autoestima.

Yo tengo una vecina. Ella tiene una terraza. Una enorme terraza porque vive en los bajos. Todos los demás tenemos balconcitos de dos metros cuadrados. Nuestros balconcitos salen a su terraza. Mi vecina, llamémosla Nuria, es una chica muy amable con una paciencia enorme. Cada mañana recoge bragas, calcetines y sujetadores que se habían caído de todos nuestros balcones. De vez en cuando yo también pierdo algo, bajo y le digo: «Hola, guapa. ¿Podría recoger mis bragas blancas?». Entonces salimos a su terraza y buscamos, entre otros objetos perdidos, mis bragas.

Se ríe y me pregunta cómo va el libro, y esas cosas. Le cuento alguna historieta interesante a modo disculpa. Siempre pienso que si me he tomado la libertad de entrometerme en su espacio, tengo que compensárselo de un modo u otro. Y le cuento historias. El otro día le conté cómo un ex rollete mío me dijo que a las bragas hay que llamarlas “braguitas” porque así parecería más señorita y no provocaría tanto rechazo. Comentó- además- y muy en serio que las mujeres groseras acabaríamos solas y follaríamos con los gatos. Obviamente lo dejé en aquel mismo instante, cantando “Bragas, bragas, braaagaaaas”, mientras me alejaba. CONTINÚA LEYENDO >

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Relaciones

El once de marzo lo cambió todo

Por númerocuatro | 13 julio, 2015
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La goma que estirábamos nos iba a dar en los morros y había que tomar una decisión.

Tras un proceso de selección en el que me asignaron el número cuatro (de ahí el nick, tampoco me he comido mucho la cabeza), en Intersexciones han pensado que puedo dar el perfil de ”hombre heterosexual que quiere tener pareja”. Que quiere tener pero no tiene, se sobrentiende. Sospecho que ser vasco no es el único obstáculo para estar solo.

De un pueblo de Euskadi. Cojonudo. Perfecto para este blog. En qué estarían pensando. Pero vamos al principio. Vamos al final. Al once de marzo de dos mil once, día exacto en que dejé de ser quien era y empecé a ser quien soy.

Todo iba como la seda cuando mi compi de piso (una sevillana igualita a Audrey Hepburn; a partir de ahora “Audrey”) y yo compartíamos un ático enorme en la Barceloneta. Realquilábamos la habitación más pequeña, por donde desfilaron un erasmus noruego, algunos gays, otro estudiante brasileño, un físico nuclear de Huelva que se llamaba Pepe, otra física nuclear que se llamaba María, más gays y un número indeterminado de invitados temporales random. Ojo, que menciono los gays por lo enriquecedor de convivir con gente de diferente orientación sexual, no porque piense que sea raro o meritorio vivir con homosexuales. Que os veo venir a los correctitos.

Ese piso era la hostia y como era de esperar montábamos unas fiestas de tracatrá, porque los vecinos creo que eran sordos. Un día lo mismo cuento la anécdota de cuando le hicimos a Audrey por su cumple el truco de magia de partirla por la mitad con una motosierra. CONTINÚA LEYENDO >

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Relaciones

#SoyFeliz ¿Lo eres?

Por Alena KH | 10 julio, 2015
Soy-feliz
Si tienes algo que decirle a tu ex pareja, nosotros no tenemos por qué ser testigos de ello.

Si no fuese por las redes sociales, yo jamás podría llegar a sospechar lo emocionante, extraordinario y sensacional que puede llegar a ser una ruptura amorosa. Y no, no hablo de las separaciones que, tras meses o años de sufrimiento mutuo, acaban siendo un auténtico alivio. Qué va. Hablo de las rupturas desgarradores, de las que se quedan, por un tiempo, entre las costillas y duelen hasta provocar arcadas.

A mi alrededor, desde hace unas semanas, las rupturas son Trending Topic, indiscutible y absoluto. Tres parejas de amigos, dos parejas que conozco muy por encima, y una pareja a la que seguía por Instagram por puro morbo. Todos ellos, separados.

Los amigos son los únicos que me preocupan de verdad, está claro. Sus rupturas no han sido para nada amistosas. (De hecho, ¿conoces a muchas parejas que llegan a separarse viendo un álbum de fotos de sus momentos bonitos? Yo tampoco).

Pues resulta que todos ellos, 48 horas después, están rematadamente felices. CONTINÚA LEYENDO >

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Relaciones

El síndrome de Papá Pigg

Por Sashimi Blues | 7 julio, 2015
papa-pigg
Se limitan a cumplir con su rol de macho dominante y a hacer aquello que se supone que tiene que hacer. Nada.

Una de esas cosas que te suceden cuando eres madre es que a tu tele le salen canales nuevos, llenos de colorines estridentes, vocecillas chillonas, animalitos parlantes y princesas muy rosas.  Te conviertes en ávido consumidor de dibujos animados. Después de siestas al amor de Clan TV,  terminas teniendo tus favoritos. En mi casa, durante un tiempo, nuestro preferido ha sido Peppa Pig.

Os pongo en situación: una cerdita que vive en lo alto de una colina con su hermano George, su madre y su padre. Hasta ahí todo normal. Mamá Pigg es una víctima de nuestro tiempo: trabaja, cocina, tiene un fuerte carácter y lleva las riendas de su casa. Visto a priori, nos vende una familia ejemplar, fruto de la paridad y la conciliación. Pues no. Después de arduas sesiones de visionado, había algo que no pintaba bien. Mamá Pigg es una mandona. Le gusta controlar todo y todo lo hace bien. Papá Pigg, sin embargo, queda siempre en segundo plano. El buen cerdo es trabajador, correcto, amante esposo y padre, pero en todos los capítulos tiene el papel de tonto, riéndose de su simpleza. ¿Os suena? CONTINÚA LEYENDO >

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Cosas que pasan

Qué hacer para cabrear a un veinteañero

Por Dave Santleman | 6 julio, 2015
veinteanero
La gente escribe sobre la crisis de los treinta en las mujeres y de los cuarenta en los hombres, ¿pero quién escribe sobre nosotros?

Sé que sonará a tópico, pero a veces de cosas corrientes y cotidianas surgen situaciones extraordinarias. Hoy, al ser mi primer artículo, siento la necesidad de presentarme y explicaros qué hago aquí. Me llamo Dave y, aunque mi nombre confunda, soy español y andaluz para más inri. Pero no tengo gracia ni sé bailar. Qué se le va a hacer.

Empecé a leer Intersexciones cada mañana con dieciséis años y el café de antes de ir a clase. Un café que, por cierto, al final ni me tomaba o lo hacía deprisa estando ya destemplado porque me había enrollado leyendo y llegaba tarde a clase. Un año después, y siendo aún menor de edad, dejé mi pueblo y me fui a Madrid para comerme el mundo. O eso creía yo. Acabé haciendo cosas tanto muy por debajo de mis expectativas como increíblemente por encima de ellas, desde servir copas en una discoteca para pagarme los estudios hasta trabajar en televisión y flipar con ese mundo de focos y teleprompters. Y mientras tanto, seguía amaneciendo con Intersexciones cada mañana.

No considero que sea un ser extraordinariamente único, pero si hay algo que no cambiaría de mí es mi espíritu reivindicativo (en el colegio me llamaban el “abogado defensor”, con eso os lo digo todo). Hoy, cinco años después, ya no leo Intersexciones, sino que escribo en él. Y vengo a reivindicar aquello que no encuentro escrito en palabras en ninguna otra parte. CONTINÚA LEYENDO >

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Relaciones

Casarse no es avanzar

Por Alena KH | 2 julio, 2015
casarse-no-es-avanzar
De repente el anillo empieza a molestarte y cuando le dices a alguien “Estoy casado” suena a “No me hables”.

Yo sueño mucho por las noches. Más de lo que debería, creo. A mí me agota soñar tanto. Desde que me acuesto hasta que me levanto, durante las 8 horas de sueño (por fin lo estoy consiguiendo), suceden muchas cosas. Dicen que todo lo que soñamos es, de una forma u otra, el reflejo de nuestro subconsciente. Yo espero que sea mentira, porque como si me pusiera a descifrar lo que significa cada una de las escalofriantes historias que aparecen en mis sueños, me volvería loca.

A pesar de lo hija de puta que es mi cabeza mientras duerme, yo me levanto de buen humor. Y hablo. Es muy agotador, lo sé. Sobre todo si tu pareja es de las que se despiertan de mala hostia y quieren silencio absoluto hasta la tercera taza de café.

Yo por la mañana lo cuento todo. Entiéndeme, durante las 8 horas que no me muevo de la cama, a mí me suceden tantísimas cosas que es casi imposible digerirlas por mí misma. Necesito ayuda. Y si a eso le sumas que durante las horas de sueño permanezco callada, imagínatelo. Con lo que me encanta hablar, la noche se me hace interminable. CONTINÚA LEYENDO >

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